Divulgación

Cómo vencer a una flota de piratas ingleses

En este artículo vamos a relatar el que fue el primer viaje del famoso marino inglés Francis Drake. Acabó en derrota, y fue la chispa que encendió el fuego del odio hacia los españoles para el resto de su vida. Luego elevado a la categoría de vicealmirante y «Sir», sus méritos se elevan al haber acumulado derrotas a cargo de los ejércitos españoles, de América a Cádiz, pasando por Coruña.

Publicado en el número 11 de Descubrir la Historia (octubre de 2017).

Una fortificación española frente al puerto de Veracruz, en la isla de San Juan de Ulúa, permanece hierática y vigilante ante el que fue el enclave marítimo más importante de todo México y Nueva España. Con historia propia, busca ahora un reconocimiento internacional por parte de la UNESCO; no en vano fue, también, la fortaleza más poderosa y formidable de toda América, dedicada a la protección de la ruta de la Flota de Indias.

La isla dio nombre, por ser los muros de su fuerte testigo, a una de esas «batallas olvidadas» de nuestra historia: La Batalla de San Juan de Ulúa. La primera derrota a manos hispanas de los conocidos piratas John Hawkins y Francis Drake por una flota de escoltas de la Armada al mando del general Francisco Luján, descrito como un «hombre diestro de la guerra de mar y tierra».

La expedición Hawkins-Drake

El Jesus of Lübeck, en el manuscrito Anthony Roll | Wikimedia.

El Jesus of Lübeck, en el manuscrito Anthony Roll | Wikimedia.

La primera singladura de Francis Drake como saqueador y pirata, sería bajo las órdenes de su primo, el ya famoso por entonces John Hawkins. Conocido entre los españoles por la castellanización de su nombre: «Juan Aquines». No sería una expedición cualquiera, ya que la misma se encontraba bajo un marco de protección «legal» autorizado y sufragado por la ambiciosa reina de Inglaterra Isabel I, que hacía unos cuantos años ya había entregado al pirata un buque propiedad de la marina real conocido como el Jesus of Lübeck.

El 2 de octubre de 1567 salió la flota de Aquines con 6 naves delgracia  puerto de Plymouth directos hacia las colonias españolas de ultramar. Las unidades de su flota y sus capitanes eran: Jesús de Lübeck (John Hawkins), Minion (John Hampton), William and John (Thomas Bolton) y Judith (F. Drake). Además, contaban con dos embarcaciones más pequeñas: Angel y Swallow.

Curiosamente, Felipe II e Isabel de Inglaterra, tenían un pacto de no agresión por el que se garantizaba la libre circulación de los mercantes españoles y la seguridad de sus posesiones. Tengamos en cuenta también que, hasta 1568, Felipe II no se sentó a la mesa con su Consejo de Indias para gestionar la administración de sus territorios en el otro lado del Océano. Sería durante aquellas reuniones cuando se eligió a Francisco Álvarez de Toledo como virrey del Perú o a Martín Enríquez de Almansa para la Nueva España, ambas elecciones acertadas como se verá a lo largo de sus mandatos. Pero en la hora de salir la flota de Hawkins, la gestión, y seguramente la defensa, de las colonias y puertos no pasaba por uno de sus mejores momentos. Qué mejor ocasión pues para sorprender a los confiados españoles.

Llegada a Veracruz

Sir John Hawkins | Wikimedia.

Sir John Hawkins | Wikimedia.

La singladura de la flota pirata pasó primero por unas aguas que Hawkins conocía bien: las costas africanas. Había realizado con anterioridad (desde 1562) varias operaciones de secuestro y compra de seres humanos –no en vano, el futuro Sir está considerado como el primer británico traficante de esclavos de la historia–. En aguas de Cabo Verde interceptó una carabela portuguesa negrera (rebautizada como Gracia de Dios), a bordo de la cual viajaban un nutrido grupo de subsaharianos, unos 400 según las crónicas, que no dudaron en vender entre la Isla de Margarita, Borburata y otras villas portuarias.

El comercio esclavista bajo mano del pirata Hawkins es toda una historia de por sí. Solía llegar a los puertos y enviar cartas a los gobernadores, en las que amenazaba con bombardear las ciudades si no se le daba licencia de venta. Con estas amenazas, no solo lograba tener más dificultades para vender a los esclavos, sino que además hacía que los habitantes de las villas las abandonasen buscando seguridad en puertos más protegidos.

Más tarde, luego de vender a todos los africanos, ya en la zona del Caribe, se dedicaron al asalto de pequeños pueblos costeros, mercantes sin armamento y numerosas operaciones de contrabando sin que las autoridades españolas pudieran hacer nada al respecto. Cuando casi llevaban un año de fructuosas fechorías, decidieron poner rumbo a Gran Bretaña. Antes, necesitaban la recalada en un gran puerto a fin de poder reparar sus barcos, aprovisionar en condiciones y tomarse un descanso para llegar a Plymouth «impecables». El puerto que eligieron fue el de San Juan de Ulúa.

Su plan era sencillo. Según bastantes fuentes, secuestraron a un grupo de marineros españoles en las aguas cercanas a Veracruz y los utilizaron para forzar un trato con el Virrey de la Nueva España, Martín Enríquez Almansa, nombrado en noviembre de 1568.

Lo que no sabían los ingleses es que, don Martín, tenía como prioridad acabar con la piratería. Recientemente acababa de fulminar a los piratas afincados en Isla Sacrificios y, por supuesto, ellos no iban a ser menos. Felipe II había comenzado a poner en marcha su plan para la buena gestión de la Nueva España y el Virrey Enríquez Almansa era una pieza clave en ese engranaje administrativo.

No obstante, el Virrey, en lo que parece un plan meditado accedió a que se acercaran a Veracruz los confiados piratas a los que no dudó en mencionarles que, por supuesto iba a respetar el pacto de no agresión firmado por ambas naciones. Pacto tantas veces violado por los de Hawkins y Drake.

Sorpresa

Ilustración de 1887 de la Batalla de Ulúa | Wikimedia.

Ilustración de 1887 de la Batalla de Ulúa | Wikimedia.

Mientras estaban los piratas cómodamente atracados y realizando sus reparaciones, una flota de 13 navíos españoles llegó a la zona y fondeó. Los ingleses, confiados en la «estúpida caballerosidad» hispana, no temieron por su seguridad en ningún momento. Pero la Armada, al mando del general don Francisco Luján, ya había sido informada de quienes eran los que estaban allí atracados. El general estaba al tanto de todos los ataques que habían realizado los piratas, sabía quién era Hawkins, y no lo iba a dejar escapar de ninguna de las maneras.

Según las crónicas inglesas, que no dejan de ser un poco graciosas cuando se trata de detallar los combates contra España, el Virrey «traicionó a Drake y Hawkins» y ordenó el ataque sin aviso contra sus barcos. La realidad, contrastada por varios escritos que se pueden consultar en varios archivos españoles, es que el Virrey trató de negociar una rendición y entrega de lo sustraído en sus campañas de piratería, amenazando con un ataque si no accedían. Los ingleses negaron una y otra vez que ellos fueran piratas de ningún tipo.

Por otro lado, Luján había preparado otra estrategia. Ya que decían que no eran piratas, propuso organizar una cena de confraternidad entre oficiales, a la que se pediría el acudir desarmados. El plan era que los oficiales españoles llevaran ocultas unas dagas y los matasen en el banquete. Según el cronista Luís Cabrera ese «banquete sangriento» se llevó a cabo poco antes del ocaso, pudiendo matar a bastantes oficiales ingleses.

La batalla

Seguramente, se dieron cuenta de que algo pasaba, porque los de Hawkins no tardaron en preparan toda la artillería, así como ordenar a un pequeño grupo de piratas que corriera hacia las baterías del fuerte. Los primeros cañonazos no tardaron en sonar. La flota española castigó entonces a los buques más cercanos y estos respondieron. Los ingleses concentraron su fuerza en el galeón Santa Clara, de la flota de Luján, desarbolándolo y causando destrozos considerables en su casco. Sonaron contra los españoles, también, las baterías del fuerte de San Juan, que los ingleses habían logrado tomar.

Vista actual del fuerte de San Juan de Ulúa que se encuentra en Veracruz | Wikimedia.

Vista actual del fuerte de San Juan de Ulúa que se encuentra en Veracruz | Wikimedia.

Luján mantuvo la calma. Continuó disparando y ordenó a sus oficiales el abordaje de las naves inglesas. El Swallow fue el primero en capturarse, el Angel recibió entonces una descarga fulminante que lo envió el fondo del mar. El Gracia de Dios era el siguiente, estaba desarbolado y un bote se dirigía hacia allí con la dotación de presa, su comandante, Robert Blondel, al ver cómo se acercaban ordenó incendiar el buque y huyó hacia el Jesús. Mientras esto sucedía, la artillería de Luján seguía haciéndoles daño y una pequeña sección de infantería al mando del capitán Delgadillo recuperaba las baterías de San Juan.

La batalla estaba decidida. Hawkins, a bordo del Jesús, ordenó al resto de su flota cubrirle y comenzó una maniobra de evasión con su buque. Drake, viendo que su primo, y jefe de la flota, comenzaba a huir, inició su propia maniobra a bordo del Judith para escapar. Cuando ya parecía que Hawkins lo lograba, fueron abordados por sorpresa por el capitán Juan de Ubilla y sus hombres. Toda la dotación del Jesús, incluida la que había embarcado procedente del Gracia trataron de rechazar al puñado de hispanos, pero al verse superados Hawkins y otros se lanzaron al agua subiendo al Minion, que había soltado amarras, abandonando a los defensores del buque insignia a su suerte.

Así, sólo el Judith, comandado por Drake, y el Minion se dieron a la fuga, todo esto mientras la batalla continuaba en el puerto, dejando tras ellos al resto de sus tripulaciones, la mayor parte del botín y lo que quedaba de su flota. Los marinos y soldados españoles no dudaron en llamar a esto por su nombre: cobardía.

Tras el combate

La victoria española fue fulminante: cuatro barcos ingleses capturados y más de 500 enemigos abatidos. Además de la recuperación de un abultado botín fruto de un año de saqueos que hubiera terminado en las arcas de Inglaterra.

Una vez terminado el combate, y sin tiempo para celebraciones, el Virrey comenzó a trazar el nuevo sistema defensivo de San Juan de Ulúa con sus ingenieros. La artillería capturada a los piratas sirvió para montar las nuevas troneras, aunque a Luján no le gustó la idea (seguramente porque querría aquellos cañones para la Armada).

La reforma del fuerte fue la primera, y más costosa, de cuantas se llevarían a cabo a partir de ese día en las posesiones de la Monarquía Hispánica en ultramar. Según los cronistas ingleses esta sería una de las causas de la ruina del Imperio Español: el tener que reformar, y dotar de más y mejores medios, todas las fortalezas que tenía. Según ellos, Drake y Hawkins fueron los causantes –a la larga– de tal inversión.

¿Qué fue de los piratas supervivientes?

Drake llegó a Inglaterra el 20 de enero de 1569, sin tener señales de Hawkins. Afirmó que su primo había muerto y solamente ellos habían sido los supervivientes. Francis no dudaría en contar un fantasioso relato, que los cronistas ingleses creerían a pies juntillas, en el que se alababa la gran pericia de Drake al escapar con su barco del puerto de San Juan con vida. Por supuesto –como decíamos antes- todo había sido un «plan de los traidores españoles que no respetaron una tregua establecida desde los tiempos de Enrique VIII».

Para sorpresa de Drake, apenas un mes más tarde, su primo John llegaba a Inglaterra sano y salvo. Se había retrasado tanto porque llevaba demasiado personal a bordo y se «vio obligado» a desembarcarlo en las costas del sur de Norteamérica antes de emprender su vuelta. Se cree también que Drake habría realizado el mismo abandono de personal para ahorrar en víveres. Nunca más se supo de aquellos hombres.

Meses después, ya recuperados del susto, Hawkins le pidió a Drake el inventario del botín que había a bordo del Minion para poder repartir las ganancias entre las dotaciones… ¿Vosotros habéis visto algo de ese botín? Bueno, pues John Hawkins aún lo está esperando en su tumba.

Lope de Vega narró así la desventura del pirata Aquines:

Porque del puerto de San Juan de Ulúa
salió sin honra y con violenta huida,
quelo que por ardides se efectúa
llamada fe jurada, y fe rompida.
Apenas, una lancha y una falúa
sacar pudo Isabel por la ofrecida
empresa de correr a Nueva España

Para saber más:

García Abasolo, Antonio F (1983). Martín Enríquez y la reforma de 1568 en Nueva España. Diputación Provincial de Sevilla

V.A. (1870). Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística Tomo II .

Cabrera de Córdoba, Luís (1619). Filipe II. Rey des Espanna.

Barrow, John. (1843). The life, voyages, and exploits of Admiral Sir Francis Drake.

López Franco, Álvaro (2014). «Una nueva visión de la incursión de Francis Drake en Cádiz». Edición web de Descubrir la Historia.

 

Acerca del autor

Miguel Ángel Ferreiro Torrado

Militar de carrera e investigador. Director de ‘El Reto Histórico’.

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