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Rincón Mitológico: Los 12 trabajos de Heracles

Heracles fue una de las figuras más interesantes de la mitología griega. Su relato nos permite aprender muchas cosas, como la ira de los dioses, y también su beneplácito ante un constante esfuerzo. Nos adentramos en su historia a través de los 12 trabajos que tuvo que realizar.

Publicado en el número 11 de Descubrir la Historia (octubre de 2017).

Por Gala Yagüe Narváez y Álvaro López Franco

Cuando éramos pequeños, pensábamos que Hércules estaba hecho de bronce y de mazapán. Por su parte, si habíamos nacido en un país anglosajón —o nuestros padres eran de los que querían que aprendiéramos inglés desde la más tierna edad—, creíamos que era «dulce, nuestro sabor favorito». Los mitos bien podrían habernos llegado con esos datos, pero prefirieron darle la oportunidad a Disney.

En cualquier caso, hoy vamos a tratar de poner blanco sobre negro acerca de Heracles, más conocido por todos como Hércules, y los famosos 12 trabajos que, según la mitología griega, llevó a cabo. Heracles no es sólo un héroe griego más, sino que él fue ′el héroe′. Es decir, una figura a imitar, y con la que personajes reales, como algunos emperadores romanos, trataron de identificarse. Incluso el mismísimo Alejandro Magno, como vimos en el primer número de la revista, se sentía heredero de Heracles.

El nacimiento de Heracles

Deberíamos empezar por el nacimiento de Heracles, porque ya ese tema tiene bastante enjundia. Zeus era el padre de los dioses y los hombres, es decir, quien gobernaba en el Olimpo —el hogar de los dioses en la mitología griega—. Y quizá esto de padre podríamos considerarlo literal, porque Zeus tuvo una abundante descendencia, y no sólo con su esposa, Hera. Precisamente, ella no llevaba muy bien las numerosas infidelidades de Zeus y esto tendrá alguna importancia en la vida, también, de Heracles. Porque, claro, su padre no podía ser otro que Zeus.

Según cuentan los mitos, Zeus tuvo un romance con Alcmena. A pesar de ser una mujer mortal, llamó la atención de Zeus por su gran belleza. Ella era nieta de Perseo que, a su vez, era hijo de Zeus con otra mortal, Dánae. Por lo tanto, Alcmena era bisnieta de Zeus por parte de padre (Electrión) y abuelo.

Pero, volviendo al acto en el que se engendró a Heracles, debemos hacer una consideración para salvaguardar el honor de Alcmena. Ella era una mujer casada y enamorada de su marido, Anfitrión, y en esa infidelidad no es que se dejara llevar por los encantos de un Dios. Simplemente, el pícaro de Zeus, se hizo pasar por Anfitrión, que estaba fuera porque había ido a guerrear a los tafios, un pueblo de la Grecia occidental. Por cierto, agárrese a la silla: Anfitrión también era bisnieto de Zeus, precisamente porque él era, igual que Alcmena, nieto de Perseo. El padre de Alcmena, Electrión, era el tío de Anfitrión.

Zeus aprovechó que Anfitrión iba a regresar pronto para hacerse pasar por él y yacer con la feliz esposa, que aguardaba con ansias la llegada de su marido. De ese encuentro quedó embarazada. Y, claro, cuando llegó Anfitrión, en él se desataron las ganas de estar con Alcmena y ella, probablemente sorprendida por el entusiasmo de su marido tras el recibimiento que ya le había dado, debió dejarse llevar y no hacerse preguntas.

El caso es que por ese doble encuentro se quedó embarazada de gemelos (bueno, técnicamente serían hermanos mellizos por parte de madre). Ya sabemos que quienes transmitían oralmente los mitos y quienes los escribieron no conocían los detalles del proceso de fecundación. Pero no se lo tendremos en cuenta, porque en los mitos aparecen siempre cosas menos verosímiles que esta.

Mosaico con los 12 trabajos de Hercules, datado en el siglo 3 a.C. y hallado en Liria (Valencia) en el año 1917. Actualmente en el Museo Arqueológico Nacional | Wikimedia.

Alcmena llevaba en su interior a un hijo de Zeus, cuyo nombre sería Heracles, y a uno de Anfitrión, Ificles. Ya sabemos que Ificles no acumuló una gran fama, pero acompañó a Heracles en alguna de sus aventuras. Aunque, no nos engañemos, la mitología sólo le ha dado unas minúsculas migajas en comparación con su medio hermano.

Sigamos con el relato de la vida de Heracles. Hay un hecho importante que sucedió poco antes de nacer. Zeus hizo un juramento mediante el que prometía que el niño que naciera esa noche de su simiente se convertiría en un rey muy poderoso. Hera, molesta no sólo por la infidelidad, sino por tal augurio (los deseos de los dioses eran, más bien, profecías autocumplidas), decidió retrasar el nacimiento de los hijos de Alcmena, permitiendo que antes llegara al mundo un personaje clave de todo esto: su medio primo Euristeo.

Como había nacido antes que los gemelos, Euristeo fue el que, finalmente, llegó al trono de Micenas. Precisamente, Hera logró lo que pretendía. Pero el trono que Zeus había reservado para Heracles no era ese.

Aún quedan unas líneas para llegar a los doce trabajos de Heracles, pues debemos mencionar dos hechos muy interesantes de los primeros momentos de su vida. Sobre el primero hay dos teorías. La primera es que Hera quería matar a Heracles y envió dos serpientes mientras dormía. El resultado fue que cogió a cada una con una mano y las estranguló para, luego, jugar con ellas. La otra teoría es que Hera sabía perfectamente que ese iba a ser el resultado, y sólo quería saber quién de los dos hermanos era el hijo de Zeus. Este hecho, también permitió a Anfitrión darse cuenta de que ese no era un hijo suyo, algo que le corroboró un oráculo, Tiresias, quien también vio el prometedor futuro del niño. Se dice que, tras esto, Anfitrión intentó matar a Alcmena, pero que Zeus lo impidió.

El otro hecho interesante es el que daría explicación a la vía láctea. También hay varias versiones, pero nos quedamos con la que dice que Zeus consiguió engañar a Hera para que amamantase a Heracles, y así adquiriera virtudes que le dieran más rasgos divinos. Lo consiguió abandonando al niño en un camino y, Hera, que sintió piedad de él, lo amamantó. Sin embargo, bien porque Heracles era muy bruto o porque se dio cuenta de quién era (o por ambas cosas), lo soltó repentinamente, derramando leche que formó esa densa y bella mancha que cruza el cielo.

La llegada a la edad adulta

Hemos visto a un Heracles con una fuerza desigual siendo sólo un bebé, odiado por la esposa de su padre y repudiado en un primer momento por su padrastro —que, finalmente, lo aceptó—. Su juventud se desarrolló en términos normales para alguien de alta cuna. Recibió una educación exhaustiva: aprendió a leer y a escribir, medicina y astrología. Pero, además, fue formado en la lucha cuerpo a cuerpo y en el tiro con arco.

Sin embargo, su juventud estuvo marcada también por un escaso control de su fuerza. Heracles era, al fin y al cabo, hijo de un dios, y era para él difícil contener sus habilidades en un ambiente mortal, y sin ser consciente del origen de sus extraordinarias facultades. Esto llevó a que, en clase de música, matara a profesor, Lino, golpeándolo con una lira en la cabeza. Y todo porque le había amonestado con dureza.

Durante esos años de juventud también hizo algunas cosas buenas, como dar caza a un león, el León de Citerón, que pese a tener nombre propio no tenía ninguna virtud especial. Este felino estaba destruyendo los rebaños de los pastores locales. Cuando lo mató, le quitó la piel y vistió con ella, un atuendo que identifica al héroe, pues más tarde la cambiaría por la de un león mucho más especial y del que hablaremos en este artículo.

Heracles y la cierva de Cerinea. Fuente en bronce del siglo I a.C. | Wikimedia.

Tuvo otro acto más de valor, pero que acabaría convirtiéndose en su perdición. Heracles se topó en una ocasión con los emisarios que Ergino, rey de Minias (no tiene nada que ver con los minions, o eso creemos), enviaba cada año a Tebas para pagar unos tributos que había impuesto tras haber derrotado a los tebanos. Esos impuestos eran cuantiosos, y hacían pasar importantes apuros a Tebas. Heracles les cortó la nariz y las orejas, se las colgó del cuello a cada uno y los envió de vuelta con un mensaje muy claro: «este es el tributo que os envía Tebas».

Debido a esta afrenta, Ergino marchó contra Tebas, y el rey de la ciudad, Creonte, estaba dispuesto a ceder ante el ataque. Pero Heracles se plantó delante de Ergino y, según las versiones, le mató o le obligó a pagar el doble de los tributos que había impuesto a Tebas. Con esto, Heracles obtuvo el agradecimiento de Creonte, el rey tebano le ofreció a su hija como esposa, Megara. Con ella tuvo varios hijos, y su hermano, Ificles, se casó con la hermana pequeña  de ésta, que se llamaba Pirra.

Decíamos antes que este hecho fue la perdición de Heracles. La razón es que Hera, a quien no se le había olvidado que Heracles era hijo de su marido con otra mujer, y seguía pensando que tenía que hacerle la vida imposible a un pobre inocente. Así que le provocó un ataque de locura cuyo resultado fue que Heracles asesinó a sus hijos, a su mujer y a algún sobrino.

Hay otras historias que, aunque con el mismo desenlace, sitúan a Euristeo detrás de todo esto. Su primo, a pesar de ser el rey de Micenas, sentía celos de la fortaleza y fama de Heracles, por lo que quiso envenenarle o darle algún tipo de mejunje que trató de arruinar su vida de este modo.

Cuando Heracles se dio cuenta de lo que había hecho sintió un dolor insoportable, una culpabilidad inasumible y un horror desmedido. Por eso, decidió aislarse completamente de la sociedad, por temor a ser capaz de hacer algo parecido otra vez. Estuvo desaparecido durante mucho tiempo, pero fue localizado por Ificles. Le sugirió que visitara al Oráculo de Delfos para que le dieran consejo sobre lo que debía hacer.

Heracles preguntó a estos célebres adivinos qué debía hacer, y estos le dijeron algo probablemente inesperado para él: que se pusiera al servicio de Euristeo durante doce años y cumpliera los diez trabajos que él le encomendaría como penitencia por lo que había hecho. Si cumplía con todo ello, sería perdonado y obtendría la inmortalidad.

Euristeo, rey de Micenas

Como dijimos antes, Hera retrasó el nacimiento de Heracles para que el trono de Micenas lo ocupara su primo, Euristeo. Las habituales disputas entre hermanos, en este caso, se dieron más bien entre primos. Nos gusta pensar que Heracles no tenía, en principio, grandes problemas con él, sino que fue al contrario. Pero puede que algo sí tuviera en su contra, pues le había arrebatado su derecho al trono de Micenas, por mediación de Hera.

Pero lo que sí estaba claro es que Euristeo odiaba y envidiaba a Heracles. Tanto que, algunos relatos, lo ponen detrás de los hechos que llevaron a la muerte de la mujer e hijos de Heracles. Pero, sea como fuere, Euristeo le tenía ganas. Así que aceptó de buen grado lo que el oráculo había dicho, y le pidió a Heracles trabajos que parecían imposibles de cumplir, aconsejado por Hera, que también estaba en el ajo. Con lo que no contaba Euristeo es con que su primo podía con prácticamente todo, como veremos.

El león de Nemea

El primer trabajo que Euristeo pidió a Heracles fue que matara al león de Nemea y le quitara la piel. No parece gran cosa, después de que Heracles matara a otro león siendo más joven, e hiciera gala de ello portando, precisamente, con su piel. Sin embargo, el león de Nemea era una bestia muy poderosa. Este animal se dedicaba a matar sin atisbo de piedad a cuantas personas se encontraba de noche, lo que tenía atemorizada a la población de Nemea. Así que hasta allí se dirigió Heracles con su arco, dispuesto a clavar unos buenos flechazos al gatito. Su sorpresa fue que éstas no atravesaban su gruesa piel. Intentó lo mismo con una espada de bronce, pero el resultado fue el mismo. ¿Y un garrote? Tampoco a golpes conseguía matarlo.

Así que, en lugar de rendirse, le tendió una trampa en la misma cueva donde el león vivía. Lo encerró dentro, se acercó a él, lo rodeó con sus brazos y lo asfixió. Fin de la historia para el león de Nemea. Le arrancó la piel utilizando las mismas garras del león (imaginamos que con bastante esfuerzo) y la llevó a Micenas para que Euristeo comprobara que había finalizado la primera tarea. Como precaución, dicen que Euristeo ya no dejó entrar a Heracles en la ciudad, porque le dio bastante miedo lo que había logrado hacer. Así que, a partir de ahora, los logros los tendría que enseñar y explicar desde fuera de las murallas.

La hidra de Lerma

Escultura de Antoine Bourdelle que muestra a Heracles como arquero | Wikimedia.

Muchos lectores recordarán la escena de la película de Disney sobre Hércules que nos muestra a una enorme serpiente, similar a un dragón, a la que, cada vez que el héroe cortaba una cabeza, le aparecían dos nuevas. Lo que no narra el filme es que de la sangre que caía al suelo salían peligrosos escorpiones. Sólo de pensarlo, ya asusta.

Sin embargo, Heracles se enfrentó a ella, y pudo comprobar todo ello. Pero era una persona inteligente, y envió a su sobrino Yolao que hiciera un fuego para, así, quemar cada una de las heridas provocadas cuando cortaba una cabeza. Con ello, quería cicatrizarlas e impedir que salieran nuevas cabezas. Fue eliminando las que habían ido surgiendo en el combate y las originales, que eran nueve, hasta llegar a la central, que vio que era inmortal. Así que, tras cortarla, la enterró y colocó encima una piedra inmensa, para que nunca más pudiera brotar.

Cuando regresó a Euristeo para dar cuenta del cumplimiento de la tarea, éste no quiso aceptarla porque había tenido ayuda (la de Yolao). Hay quien dice que finalmente la aceptó debido a la presión social, pero también quien señala que esto fue lo que provocó que tuviera que hacer un trabajo más y que, en lugar de los diez previstos, de momento tuviera que hacer once.

La cierva de Cerinea

Hay discrepancias sobre si este fue el tercero o el cuarto trabajo, pero tampoco es algo demasiado relevante. El caso es que la cierva de Cerinea formaba parte de un grupo de cinco ciervos consagrados a la diosa de la caza, Artemisa. Ella quería capturarlos para engancharlos a su carro, porque eran animales con unas características muy especiales, como una velocidad fuera de lo común, cuernos de oro y pezuñas de bronce. Consiguió capturar a los otros cuatro, pero ella era muy escurridiza.

Así que Heracles tenía que conseguir atraparla, y estuvo durante un año persiguiéndola incansablemente. Un día, mientras la cierva bebía agua, Heracles le atravesó las patas con una flecha, logrando inmovilizarla, pero acertándole en un lugar preciso para que no derramara sangre. La llevó de nuevo ante Euristeo, que no tuvo más remedio que aceptar que había cumplido una nueva tarea.

El jabalí de Erimanto

Como el trabajo anterior, este no suena, a priori, demasiado temible. Se trataba de atrapar a un jabalí que causaba estragos en los alrededores del monte Erimanto, como provocar terremotos, arrancar árboles o alimentarse de personas. La tarea consistía en llevarlo vivo a Micenas, por lo que Heracles se dispuso a hostigarle y llevarle a una zona donde fuera más vulnerable. Consiguió que el jabalí se retirase hasta una zona cubierta de nieve, donde le costaba más desplazándose. De esta manera, saltó sobre él y lo encadenó. Lo cargó sobre su espalda hasta Micenas.

Los establos de Augías

El quinto trabajo de Heracles es, quizá, uno de los más desagradables. Al menos, para el sentido del olfato. De hecho, este trabajo lo pensó Euristeo sólo para humillar a su primo. Debido a la voluntad de los dioses, el rey Augías tenía el mayor ganado de la región, porque no sufría enfermedades, e imponentes toros lo protegían de cualquier depredador.

Hércules y la hidra, por Antonio Pollaiuolo (c. 1475) | Wikimedia.

Además, este Augías debía ser algo dejado, o no tener personal suficiente para abordar las cuestiones básicas para la salud pública de la época: limpiar los establos. Así que nunca se habían limpiado los establos con más cantidad de ganado de toda Grecia. Por eso, ¿qué mejor humillación que pedir a Heracles que lo hiciera en un solo día?

Tal era el reto que el mismo Augías le dijo que le pagaría con un porcentaje de sus rebaños,  se dice que la décima parte. Heracles sabía que la labor no era sencilla, y que aunque era un fortachón eso no le serviría de mucho para hacer esta tarea de manera directa. Pero sí podía cavar un canal y desviar el curso de dos ríos cercanos. Fue la fuerza de la naturaleza la que se llevó todos los excrementos y la que le permitió acabar esta tarea.

¿Cuál fue la reacción de Euristeo? Decirle que el trabajo no era válido, porque había sido recompensado por él con el ganado de Augías, así que no contaba y debía hacer otro (de aquí salen los doce, de los diez que originalmente se propusieron). Por su parte, Augías también dijo que no le iba a pagar lo prometido, porque «el trabajo lo habían hecho los ríos». Menudo jeta. Esto llevó a la realización de un juicio e, incluso, a la guerra. Para ahorrar tinta y páginas, diremos que al final Augías terminó muerto.

Los pájaros del Estínfalo

Seguimos avanzando, y llegamos al sexto trabajo (cuarto para Euristeo). Es uno de los menos interesantes, en realidad, y si esta fuera una película o serie de ficción diríamos que la pusieron de relleno. Heracles tenía que echar del lago Estínfalo a unas aves que eran peligrosas, porque atacaban al ganado y a personas, además de estropear las cosechas. Trató de eliminarlas con su arco, pero eran demasiadas. Atenea intervino, y le dio un cascabel o unas castañuelas. Tras utilizarlas, las aves huyeron de allí. Cuando Heracles volvió a Micenas para informar de la finalización del trabajo, vio allí algunas de las huidas aves, acosando a su primo. Heracles tocó las castañuelas. Fin.

El toro de Creta

Como vemos esto va, principalmente, de animales míticos. Tras la breve hazaña de los pájaros, Heracles tenía que capturar al toro de Creta, es decir, aquel que, junto con la reina Pasífae, engendró al famoso Minotauro. Heracles llegó hasta la ciudad y, tras una breve lucha, logró atraparlo. Lo cargó, vivo, a su espalda y se lo llevó a Euristeo. Él lo ofreció a Hera como un regalo, pero ella no lo aceptó debido a su ferocidad. Así que Euristeo lo liberó.

Hércules lucha con el león de Nemea, de Francisco Zurbarán (1634). Actualmente en el Museo del Prado | Wikimedia.

Las yeguas de Diomedes

Diomedes de Tracia era un rey un tanto cruel, pues alimentaba a sus caballos utilizando carne humana. Euristeo pensó que sería buena idea que un nuevo trabajo de Heracles consistiera en traerle sus yeguas. Podía haber ido a cogerlas, sin demasiada dificultad (a pesar de estar un poco embravecidas por su alimento) pero para apaciguarlas mató a Diomedes y lo cortó a trozos digeribles por las yeguas. Tras esto, las llevó hasta Micenas, donde Euristeo le pidió que las soltara.

El cinturón de Hipólita

A estas alturas, con ocho trabajos realizados, Euristeo debía tener bastante asumido que Heracles iba a poder cumplir con todos. Le pidió que robara el cinturón de Hipólita, la reina de las amazonas, unas temibles guerreras. Él no lo quería para sí mismo, sino para su hija, la que se le había antojado. Se decía que era un cinturón mágico, que le había regalado Ares, su padre, a esta reina. Cuando Heracles llegó hasta Temiscira, su país, vio que Hipólita quería entregarle de buena gana el cinturón, ya que conocía la historia de los trabajos. Pero de nuevo, Hera hizo de las suyas y hizo correr el rumor de que Heracles quería, en realidad, capturar a Hipólita. Así que comenzó un fuerte enfrentamiento, que terminó con la reina de las amazonas muerta.

El ganado de Gerión

En esta ocasión, Euristeo pidió a Heracles que le trajera los bueyes que tenía el gigante Gerión. Para ello, tendría que matar al temible gigante. Éste vivía en la isla de Eriteia, en el extremo occidental del mundo conocido, más allá del estrecho de Gibraltar. Allí le acompañaba un perro de dos cabezas, pariente del que guardaba las puertas del inframundo. Heracles les dio muerte a ambos y llevó los bueyes a su primo.

Las manzanas del Jardín de las Hespérides

Llegamos al undécimo trabajo, y la cosa se pone seria. En este caso, se trata de tocar directamente a los dioses, pues el bueno de Euristeo pidió a su primo que robara manzanas del Jardín de las Hespérides. ¿Y por qué esto afectaría a los dioses? Bueno, más bien a Hera, lo que empeora las cosas. Hera recibió como regalo tras su unión con Zeus unas manzanas de oro, que ella sembró en este jardín, lo que hizo crecer manzanos que proporcionaban este valioso fruto.

La dificultad del trabajo radica, entre otras cosas, en que nadie sabía dónde estaba este jardín. Existen varias versiones sobre cómo logró localizarlo, como que se lo dijo el titán Atlas. En cualquier caso, Heracles logró salvar todos los obstáculos y llegar la jardín, donde se enfrentó a una bestia que lo custodiaba. Robó las manzanas y se las llevó a Euristeo. Él las rechazó, porque pensaba que eso podía encolerizar a los dioses. De manera que Heracles se las dio a Atenea, que volvió a colocarlas en el jardín, como si no hubiera pasado nada.

El can Cerbero

El inframundo estaba guardado por una bestia, un perro de tres cabezas muy temido conocido como Cerbero. El can Cerbero era el que impedía que los muertos salieran de allí. Heracles se instruyó en cómo podía lograr entrar al Hades y salir a salvo. Para ello contó con la ayuda de Hermes y de Atenea. Hay varias teorías de cómo logró hacer salir al monstruoso perro. Unas dicen que, simplemente, lo pidió a Hades y accedió. Otra que tuvo que lanzar una flecha contra el mismo dios del inframundo para convencerle. Una vez recibió el permiso para hacerlo, hay también dos versiones. La primera es que luchó contra el perro y lo sacó a rastras. La segunda es que trató al animal con cierta simpatía, y el animal, que nunca había recibido un buen gesto, le siguió con agrado.

Imaginen la cara que puso Euristeo cuando vio al perro de tres cabezas, guardián del inframundo, en las puertas de Micenas. Él que había mandado a Heracles directamente allí para ver si no salía, tuvo que pedirle que lo devolviera al lugar que le correspondía.

Heracles y su legado

Como adelantábamos al principio, Heracles ha sido inspiración de muchos personajes reales, de ahí que a lo largo de la historia, haya sido muy representado en diferentes obras de arte. A lo largo del artículo se muestran algunas de las más destacables. Sin embargo, sobre ellas podríamos destacar las de Zurbarán, que tienen una historia interesante detrás.

Francisco de Zurbarán (1598-1664) pintaba, sobre todo, obras de carácter religioso. Pero estaba al servicio de la monarquía, que en ese momento ocupaba la Casa de Austria. Estos reyes se decían descendientes del mismísimo Hércules, por lo que el rey Felipe IV le encargó que hiciera una serie de pinturas sobre el héroe griego. Entre ellos, están varios de los trabajos de Heracles, y también la escena de su muerte.

Este es sólo un detalle, bastante reciente, de la influencia de Heracles como una figura respetada y a imitar, hija de dioses pero que tuvo que ganarse a pulso la aprobación de dioses y mortales. Podríamos decir que es, en términos actuales, una historia de superación, de esfuerzo y gloria.

Las dos columnas de Hércules, Ábyla y Calpe, escultura de Ginés Serrán Pagán en Ceuta | Mario Sánchez Bueno. Wikimedia.

Columnas de Hércules

Para terminar, sólo nos queda decir algo que nos toca de cerca, pues esta revista nació en el Campo de Gibraltar. El estrecho de Gibraltar es el lugar de entrada al Mediterráneo desde el Atlántico, y los mitos dicen que fue Heracles el que permitió que el mar fluyera entre el mar y el océano.

Este relato está vinculado al trabajo del ganado del gigante Gerión. Eriteia se correspondería, probablemente, con Cádiz. Y, en su camino hacia allí, se topó con que el mar estaba cerrado, y no podía continuar por esta vía. Así que decidió separar la tierra, dejando a cada lado dos columnas como conmemoración de su hazaña. La columna norte sería el monte Calpe  (conocido como peñón de Gibraltar) y la del sur podría ser el monte Hacho (Ceuta) o el monte Musa (Marruecos).

Recordemos que los mitos son fruto de una larga tradición oral, por lo que los relatos que han llegado a nosotros hasta hoy son diversos. Imaginemos una noche, sin teléfonos móviles ni televisión, en la que el mayor entretenimiento era escuchar historias. Todos estos mitos nos traen enseñanzas. Heracles consiguió librarse de sus cargas y realizó incontables hazañas. A su muerte, Zeus tocó su cuerpo mortal y lo llevó al Olimpo, donde tuvo la oportunidad de convertirse en uno más. Pero él prefirió regresar a la tierra como un semidiós y vivir para toda la eternidad.

Para saber más:

Graves, R. (2012). Los mitos griegos. Madrid: Ariel.

Hard, R. (2009). El gran libro de la mitología griega. Madrid: La Esfera de los Libros.

Toner, J. (2017). El mundo antiguo. Madrid: Turner.

Ruck, C. y Staples, D. (1994). El mundo de la mitología clásica. Durham: Carolina Academic Press.

Vega Carrasco, M. (2014). «Heracles, la leyenda del héroe de los griegos». Papel de periódico.

Acerca del autor

Gala Yagüe Narváez

Historiadora del arte. Ilustradora y gestora cultural. Miembro del consejo editorial de Descubrir la Historia.

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