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Reseña de ‘La Historia Cultural. Autores, obras, lugares’

La modernidad en transición en que vivimos entroniza lo subjetivo y se revela contra los convencionalismos de nuestra cultura y sociedad. Sin saberlo seguro has leído o escuchado alguna referencia al giro cultural de las ciencias sociales, y esto también ha afectado a la historia. La historia cultural está de moda, sin embargo aproximarse a ella puede ser un ejercicio extenuante y nada satisfactorio si no se cuenta con las herramientas adecuadas. Se presenta aquí una posible guía de viaje para quienes estén dispuestos a aproximarse a este campo tan particular de la historiografía.

Publicado en el número 10 de Descubrir la Historia (julio de 2017).

El libro que hoy me gustaría presentar es, sin ninguna duda, una referencia que resulta indispensable, como obra de cabecera, para cualquiera que pretenda aproximarse a la historia de una manera crítica y activa. Escrito a dos manos, por Justo Serna Alonso y Anaclet Pons, catedráticos de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, y dos de los mas reputados especialistas de nuestro país sobre su objeto, La historia cultural, resulta, en mi opinión una verdadera lección de historiografía, con la característica, nada habitual para este tipo de trabajos, de ser una lectura extremadamente amena y para nada árida.

Roger Chartier

Roger Chartier (Wikimedia).

No se aborda en este trabajo un recorrido sobre toda la historiografía (como suele encontrarse en los manuales al uso), sino sobre una parcela muy concreta de la misma, la historia cultural, una dimensión que quizás en España no ha tenido (o no está teniendo) todo el recorrido que se le presuponía por su carácter innovador y rupturista, sobre todo si atendemos a sus inicios (mientras que por ejemplo en Francia obras de este tipo resultan ser verdaderos best sellers, aunque hay que señalar que también se ha convertido en una etiqueta en la que se incluyen trabajos de muy diversa índole y en ocasiones con criterios más que dudosos) pese a que se cuenta en nuestras fronteras con especialistas de gran reconocimiento y trabajos de enorme calidad.

El punto de partida de la obra nos ubica en estas coordenadas, contextualizando la historiografía, la escritura de la historia, y reconociendo el a priori poco interés que esta genera al público que consume libros de historia. También, se cita a Paul Veyne para reconocer las cualidades de la historiografía y sus diferencias con respecto a una obra de ficción. Se relaciona este punto con la eclosión de la historia cultural (basada en el estudio principalmente de textos e imágenes) y con el interés predominante y característico de este vasto campo de estudios.

A continuación, se aborda una de las cuestiones principales de este tema, aun a comienzo de la obra: el concepto de cultura. ¿todo es cultura? La cultura, se indica, es un amplio repertorio de códigos, estudiado y definido en origen por la antropología. Su recorrido conceptual nos llevaría a citar obras como Culture. A critical Review of Concepts and Definitions; La cultura primitiva o La interpretación de las culturas y a citar autores tan relevantes para el pensamiento contemporáneo como Talcott Parsons, George Herbert Mead, Erving Goffman o Clifford Geertz. El recorrido del estudio de esta categoría, cada vez más inclusiva, derivaría en uno de los problemas a los que actualmente nos enfrentamos, pues al ampliarse el concepto aparece la problemática de la jerarquización. Si todo es cultura, entonces ¿qué merece la pena estudiar? ¿Es importante conocer cómo comemos o cómo nos vestimos, por ejemplo? ¿o es mas relevante analizar un disco de música comercial o la obra de un autor de culto?

Esto entroncaría asimismo con el objeto de la obra, la historia cultural, y una de sus características particulares, que no tiene un objeto común homogéneo. El estudio de una pequeña editorial local en el siglo XVII en Alemania o una investigación sobre los cambios morfológicos de los personajes femeninos de comics en Estados Unidos durante el paso del siglo XX al XXI supondrían dos ejemplos perfectamente válidos de historia cultural, cuando en principio interesarían a investigadores de campos diferentes y se referirían a contextos nacionales y cronologías distintas. Los autores plantean esta problemática de una forma muy llamativa al enumerar los objetos de diferentes obras de importancia para la disciplina, de una forma superpuesta, buscando precisamente el efecto de que resulta un listado inconexo, y en cierta manera pintoresco (encontramos en él desde el pene, hasta el aroma, pasando por la religión o el tenis).

Es en este punto cuando aparece un concepto muy relevante para la obra, la noción de «colegio invisible». La historia cultural se caracteriza por una fuerte fragmentación, y en determinados contextos, incluso, esa etiqueta agrupa a obras que difícilmente cumplen con sus presupuestos, pero que asumen esa etiqueta por, entre otras razones, su posible tirón editorial. Sin embargo hay trabajos y autores que son reconocidos sin lugar a dudas como escritores y obras de historia cultural, ellos mismos se sienten cómodos en esta categoría, y sus trabajos influyen a la comunidad investigadora de una manera muy importante. Además mantienen entre ellos una relación estrecha, a pesar de la distancia física, expresada en las reseñas que se hacen de sus obras, en los debates que protagonizan, o en los prólogos que se realizan, entre otras.

Así, a pesar de los numerosos trabajos con que se cuenta, hay así una serie de autores, que componen un «colegio invisible», que forman parte de una red no física de relaciones intelectuales y académicas y que componen el núcleo rector de la disciplina, siendo sus obras referencia de la manera de abordar un objeto de esta naturaleza en base a los presupuestos de esta disciplina.

Lo que se nos plantea entonces en esta obra es un recorrido por estas relaciones y por los trabajos y presupuestos de estos autores, sus bases culturales, sus obras y las influencias que uno a otro se ejercen. Y lo interesante es que este recorrido se nos presenta como un viaje a través de los diferentes contextos investigadores, biografías y producciones culturales de estos autores. Así comenzaremos por entroncar el marxismo británico y la Historia desde abajo con la obra de Natalie Zemon Davis, pasaremos después a Francia, donde surge la historia sociocultural de la mano de Roger Chartier, en el contexto de la historia de las mentalidades y la nueva historia de Jaques Le Goff. Dejaremos más tarde Europa para pasar a los Estados Unidos, para adentrarse en las corrientes que desde este lado del Atlántico se incorporaban a la disciplina y para conocer la obra de Carlo Ginzburg, y posteriormente abordar la obra de Robert Darnton. Por último se regresará a Europa, y se comentarán las teorías postmodernas y sus efectos sobre la historiografía.

Al finalizar este viaje, comprenderemos mejor los porqués de esa elección de basar la obra en la noción de «colegio invisible», y aunque se han descartado otros itinerarios que podrían haber sido posibles, conoceremos más acerca de las relaciones que han supuesto un eje fundamental para el desarrollo de la disciplina que nos ocupa, la historia cultural, siendo este uno de los aspectos más interesantes de este libro, el hecho de que no plantea una nómina de autores y obras sin más, sino que se esfuerza en presentarnos las relaciones intelectuales y académicas que explican ese listado, y que en definitiva ayudan a interpretar el recorrido de estos trabajos y autores.

Hay que añadir además que se cuenta con dos ediciones de este trabajo y que en su segunda edición se ha incluido un último capitulo en el que se hace referencia a la historia cultural en España, lo que suponía ciertamente una destacable laguna en la primera edición. De esta manera el lector además de conocer las relaciones internacionales más relevantes, podrá aproximarse a un listado de autores y obras ciertamente interesante en el espacio de la historiografía española.

Como se comentaba al principio, esta lectura resulta extremadamente amena a pesar de que se asemeja en contenido a un manual de historiografía, y que por ello puede no interesar a todos los públicos. Sin embargo, recomiendo encarecidamente aproximarse a esta obra, no solo porque nos ayude a comprender mejor algunos de los parámetros principales de la escritura de la historia, sino porque ofrece un itinerario de lecturas verdaderamente interesante, que abordar posteriormente de una manera mucho más profunda e interconectada.

Así, esta lectura puede ayudarnos a acercarnos posteriormente a la obra de Natalie Zemon Davis, Roger Chartier, Carlo Ginzburg o Robert Darnton de una manera mucho más profunda. Nos permitirá así disfrutar de sus trabajos y además valorarlos en su contexto, de forma que podamos reconocer sus presupuestos y no nos perdamos en la abundancia de obras de historia cultural con que contamos si nos acercamos a una librería especializada. El hilo conector particular de este trabajo no podría haber sido mejor escogido, pues realmente el interés de esta obra es que supone un mapa, para poder ubicarnos y desplazarnos por el amplio y variado universo que supone la historia cultural hoy en día. Buen viaje.

Para saber más:

Burke, P. (2006). ¿Qué es la historia cultural? Barcelona: Paidós Ibérica.

Poirrier, P. (2012). La historia cultural. Valencia: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Valencia.

Serna Alonso, J. y Pons, A. (2013). La historia cultural. Autores, obras, lugares. Madrid: Akal.

Acerca del autor

Rubén Cabal Tejada

Doctorando en Investigaciones Humanísticas.

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