Divulgación

Cuando los mongoles intentaron conquistar Japón

Aunque fue utilizada para describir a los pilotos suicidas que utilizaban sus aviones como proyectiles en la Segunda Guerra Mundial, la palabra kamikaze procede originalmente de una batalla mucho más antigua.

Publicado en el número 10 de Descubrir la Historia (julio de 2017).

Nuestra historia comienza en el Palacio Imperial de Kioto, en la primavera del año 1268. Un grupo de emisarios mongoles enviados por Kublai Kan informaron de la oferta que el Gran Kan del vecino Imperio Mongol tenía para Japón: el país de los samuráis podía aceptar pacíficamente la sumisión a este nuevo Imperio que crecía en el continente, o por el contrario afrontar una invasión. Ante el dilema planteado por los mongoles, el emperador Kameyama ordenó a sus generales organizar la defensa de Japón. Los tambores de guerra comenzaron a sonar.

Rápidamente los japoneses reforzaron la costa de Kyushu, la isla más cercana a la Península de Corea, que Kublai Kan ya había invadido cuatro años antes y por la que muy probablemente llegarían los ejércitos del Imperio Mongol. El recién (auto)proclamado Emperador de China era nieto de Gengis Kan, y por su sangre corría la misma ansia de agrandar sus posesiones. Corea ya era un estado vasallo, y sólo quedaba Japón por someter.

Los mongoles habían cosechado todos sus éxitos militares en el interior del continente, montando fuertes y rápidos caballos. La invasión de Japón suponía un cambio en el modus operandi, ya que miles de soldados debían ser transportados en barco. Aunque no había mucha distancia entre la costa mongola y las islas japonesas lo cierto es que era una travesía a la que no estaban acostumbrados. Los mongoles eran un pueblo que tradicionalmente no había tenido acceso al mar. Tuvieron que pasar seis años para que su ejército estuviera preparado. Fue finalmente en otoño de 1274 cuando la Flota de Kublai Kan, que esperaba ansioso las noticias desde su residencia en Pekín, zarpó hacia Japón.

Se estima que 300 barcos de guerra y 500 naves de menor tamaño transportaron a unos 23.000 guerreros, un enorme Ejército compuesto por mongoles, chinos y coreanos. También se cree que el objetivo de Kublai Kan era invadir Japón para controlar sus minas de oro. El día 5 de octubre de 1274 los mongoles capturaron dos pequeñas islas cercanas a Kyushu, y un mes más tarde anclaron la Flota en la Bahía de Hakata, a pocos kilómetros de Dazaifu, la capital de la región. Entonces comenzó la famosa Batalla de Bun’ei, conocida también como la Primera Batalla de la Bahía de Hakata.

En Japón llevaban varios años esperando el ataque del ejército del Gran Kan, y cuando llegaron noticias de que las islas Iki y Tsushima habían sido invadidas entendieron que la guerra había empezado. El enemigo ya estaba en el horizonte. Reforzaron varias posiciones costeras y se prepararon para la tormenta. La Batalla de la Bahía de Hakata consistió en distintos enfrentamientos: los días 16 y 17 de octubre los mongoles cosecharon victorias en las islas de Hirato, Taka y Nokono, más adelante las Batallas de Akasaka y de Torikai, ya en la costa de Kyushu, fueron ganadas por los japoneses de manera muy clara. El general samurái Suenaga Takesaki lideró la victoria en Torikai, donde murieron nada más y nada menos que 13.500 guerreros del Imperio mongol.

Pergamino dibujado hacia el año 1293 por petición de Suenaga Takesaki, que aparece en la parte derecha enfrentándose a guerreros mongoles en la Batallada de Bun’ei. Autor desconocido. (Wikimedia)

Tras estas duras derrotas, los mongoles se retiraron a sus barcos en la Bahía. Durante varias noches el ejército japonés atacó por sorpresa a sus enemigos. Finalmente, los comandantes de ambos bandos acordaron una retirada de las fuerzas de Kublai Kan, que regresaron a China. En su viaje de vuelta, un tifón alcanzó a la flota mongola y hundió varios buques. El Gran Kan recibió las noticias con enfado. Poco acostumbrado a no conseguir lo que se proponía, desde Pekín el líder del Imperio más extenso del mundo ya planeaba su próximo movimiento. No se iba a rendir tan fácilmente.

Los historiadores coinciden en que los mongoles eran superiores técnicamente y contaban con un armamento más moderno (tenían incluso catapultas), pero en Japón llevaban tiempo temiendo el ataque y preparándose. Además, pese a que el ejército mongol que había partido del puerto de Quanzhou era enorme, en Kyushu los japoneses habían reunido a muchas más tropas. El Shogunato (el Gobierno de Japón, encabezado por el shogun, un rango militar concedido por el Emperador) siguió reforzando la defensa de su costa aun cuando los barcos mongoles habían partido. Conocían a Kublai Kan y sabían que volvería a intentarlo.

Efectivamente siete años después, en 1281, una flota aún más grande llegó desde las costas coreanas. Aunque el Rey de Corea había intentado disuadir al Gran Kan, finalmente 40.000 soldados partieron de los puertos de la Península en 900 barcos. Con algunas semanas de diferencia partieron también 100.000 guerreros que se repartieron en los 3.500 barcos que salieron de los puertos del sur de China. Una fuerza impresionante y que en principio nada podría detener.

¿Cómo había conseguido Kublai Kan volver a armar un ejército tan grande? Los historiadores apuntan a que tras la derrota en la Primera Invasión (1274) todos los esfuerzos del Imperio mongol se centraron en reconstruir los barcos dañados y en construir cientos de naves adicionales. Muchos creen que las prisas por volver a intentar una invasión propiciaron que la mayoría de los barcos tuvieran defectos y no estuvieran bien preparados. 

Batalla naval entre barcos japoneses y mongoles. Pergamino ilustrado hacia el año 1293 por un autor desconocido. (History Beta)

En Japón la política del Shogunato había sido la propia de un estado de emergencia, y llevaban tiempo con una guardia diaria y nocturna en la costa de Kyushu. Incluso habían construido varios kilómetros de muros para proteger las ciudades del interior. Esta vez estaban mucho mejor preparados. Y lo iban a necesitar, porque por su parte los mongoles habían añadido a su arsenal militar bombas y granadas hechas con pólvora. Un nuevo invento que el Gran Kan esperaba fuera determinante para inclinar la balanza en su favor y conseguir así la victoria definitiva.

En 1281 los mongoles habían preparado dos Flotas. En julio la avanzadilla coreana atacó en las islas de Tsushima e Iki, donde los japoneses les esperaban. Consiguieron hacerse con el control de la más pequeña, como ya habían hecho años antes, y siguieron avanzado de nuevo hasta el interior de Kyushu por la Bahía de Hakata. Comenzó entonces la Batalla de Koan, también llamada Segunda Batalla de la Bahía de Hakata. El día 12 de agosto llegaron los 3.500 barcos desde China con 100.000 nuevos guerreros. Sólo un milagro podría salvar a los japoneses en esta ocasión. Las dos flotas de Kublai Kan ya estaban preparadas para el ataque. 140.000 soldados mongoles, chinos y coreanos dispuestos a invadir Japón.

El rumor de que el ejército más grande que jamás había surcado los mares estaba en la costa se extendió por todo Kyushu. Las mujeres llevaron a los niños a los templos, y los ancianos despidieron a los hombres deseándoles suerte para la batalla. La invasión era inminente. En todas las ciudades y pueblos de la isla, desde Daizaifu hasta Kumamoto, la gente comenzó a rezar a los dioses. Rezaron durante varias noches, y el 15 de agosto de 1281, a punto de ser derrotados por la pólvora mongola, los dioses aparecieron.

Ese día comenzó una de las mayores y más famosas tormentas de la historia. Un viento desconocido, acompañado por rayos y truenos, llegó desde el sur y recorrió la costa de Kyushu. La caballería no pudo salir de las bodegas de los barcos, y a los arqueros no les dio tiempo de prepararse para asaltar la costa. La enorme flota invasora fue arrasada, destruida y volada por Kamikaze, el tifón huracanado que los dioses enviaron para salvar a Japón. 

Un tifón destruye la flota mongola en su huida tras la Primera Invasión. Autor desconocido,
ilustración del siglo XIX.

«Aliento de Dioses». «Viento Divino». Los japoneses bautizaron así a la tremenda tormenta que de pronto borró del mapa a su poderoso enemigo. Se unieron el poder de Kami (Dios) y Kaze (Viento, aliento), y enviaron a miles de barcos y decenas de miles de almas al fondo de la Bahía de Hakata, donde los arqueólogos los encontraron siglos después. 

Allí siguen enterrados los cuerpos de tantos mongoles, chinos y coreanos, y las lanzas, cascos y bolas de hierro con las que pretendían tomar Japón. Después de este insólito hecho, los japoneses tuvieron claro que su país estaba protegido por los dioses. Y Kublai Kan, el Gran Kan que controlaba media Asia, entendió que contra el poder de los dioses nada podía hacer.

Para saber más:

Delgado, J. (2008) Khubilai Khan’s Lost Fleet: in search of a legendary armada. Berkeley: University of California Press.

Ruiz, I. (2013) «La expansión mongola y sus intentos por entrar en Japón» (en el blog ‘Approaching to the East’)

Miller, M. (2015) «Hallan restos del segundo naufragio de invasión mongola a Japón en el fondo del mar» (publicado el 12 Julio 2015 en la web Ancient Origins)

Márquez, J. (2012) «Los intentos de invasión de Japón por los mongoles» (publicado el 13 de diciembre de 2012 en la web sobre-japon.com)

Turnbull, S. (2012). «Las invasiones mongolas de Japón». Desperta Ferro, 11.

Karim, A. (2011). «La Guerra Yuan-japonesa» (publicado el 10 de septiembre de 2011 en el blog Historia Chingona)

 

Acerca del autor

Juan Pérez Ventura

Divulgador inquieto. Geógrafo por la Universidad de Zaragoza y Máster en Relaciones Internacionales, Seguridad y Desarrollo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Cartógrafo en 'JPV Cartografía'.

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