Entrevistas

Nieves Concostrina: «Me divierte mucho la parte de la historia que le tocó vivir a Cervantes»

Entrevistamos a la periodista Nieves Concostrina.

Publicado en el número 8 de Descubrir la Historia (enero de 2017).

Nieves Concostrina (Madrid, 1961) es periodista. La conocemos en el ámbito de la historia, sobre todo, por su trabajo, en la radio, donde nos da pequeñas píldoras de historia en Radio Nacional de España y en la Cadena Ser. Ha publicado varios libros de divulgación, como Menudas Historias de la Historia (2009) y, el más reciente, Menudas Quijostorias (2016). También se ha aventurado en la novela, ya que en 2014 publicó Antonia, cargada de realidad. Quizá lo que más caracteriza a Nieves Concostrina es su gran sentido del humor. Además, su trabajo en una revista vinculada al sector funerario le hizo aproximarse a la muerte, cuestión que siempre ha tratado desde una perspectiva histórica y, por supuesto, con su capacidad para hacer reír.

Nieves Concostrina.

Nieves Concostrina.

Pregunta. Es usted un ejemplo de unión entre Periodismo e Historia. ¿Por qué cree que se origina este interés por parte de profesionales de ambas disciplinas?

Respuesta. Sinceramente, no tengo respuesta. Yo he acabado haciendo lo que hago por una serie de casualidades profesionales que me han ido llevando hasta donde estoy. No hubo premeditación ni un plan para acabar uniendo mi profesión periodística con la divulgación histórica. Digamos que no me quedó más remedio cuando me propusieron hacerlo, y el experimento salió bien. Tampoco me atrevo a decir que sea suerte, porque si no fuera por el trabajo diario, por el interés en hacerlo bien, no creo que hubiera llegado muy lejos.

P. Hoy vemos cómo se invita a los jóvenes, y no tan jóvenes, a emprender. ¿Cómo se lleva ser un profesional autónomo en el ámbito de la divulgación de la Historia?

R. Asumiendo y aceptando los mismos riesgos que cualquier otro autónomo en cualquier otro trabajo. Soy tan libre de seguir, como libres son mis jefes para decirme que se acabó, y eso conlleva la incertidumbre de no saber qué será de ti la temporada radiofónica siguiente, o incluso la semana que viene si has pisado el callo a alguien. Ser autónomo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Me gestiono mi tiempo, decido mis temas, pero también se me van demasiadas horas buscando documentación y delante del ordenador. Cuando trabajas a tu aire a veces no sabes cuándo echar el freno. A veces se echa de menos un trabajo de ocho a tres, pero esa añoranza dura minuto y medio. No cambiaría lo que hago por nada.

P. Usted trata la muerte con mucha naturalidad y desde el humor. ¿De dónde procede su interés por la muerte y su visión de la misma?

Portada de 'Menudas Quijostorias'.

Portada de ‘Menudas Quijostorias’.

R. El humor va conmigo. Me sale. Es una forma de escribir y de ser. Nunca me hubiera interesado por estos asuntos de la muerte si no hubiera sido porque me vi en el paro y el único trabajo que encontré fue en una revista del sector funerario, Adiós Cultural. Ahí fue cuando empecé a tomar contacto con una información absolutamente nueva para mí. Afortunadamente, el director de la publicación, Jesús Pozo, quería que esa revista no se ocupara solo de aspectos empresariales y económicos, por eso comencé a documentarme sobre otros aspectos de la muerte como historia, arte, sociedad o ritos, y descubrí asuntos divertidísimos.

P. ¿En qué medida nos aproxima al conocimiento de una civilización su forma de afrontar la muerte?

R. Sólo soy periodista, no antropóloga, y no creo tener los suficientes conocimientos para dar una respuesta acertada. Y, sobre todo, depende de qué entendemos por civilización ¿cristiana? ¿occidental? ¿islámica? ¿china? Cualquier civilización dominada por una religión y un dios estará encaminada a monopolizar la muerte para acogotar a los fieles. Todas las religiones monoteístas hacen trampas con la muerte, porque nada de lo que dicen, nada de lo que prometen y nada con lo que amenazan se puede demostrar.

P. Evidentemente, usted conoce cientos de historias relacionadas con la muerte. ¿Hay alguna que quiera contarnos porque la recuerde de un modo especial?

R. Hay tantas, que se hace muy difícil seleccionar alguna. Pero me fascina toda la exhumación y los distintos traslados de los restos del pintor Francisco de Goya desde Burdeos a Madrid y la pérdida de su cráneo. La increíble historia de Evita Perón y la utilización política de su cadáver, también me entusiasma. Y me divierten especialmente los santos, santas y mártires repartidos por toda la Cristiandad, especialmente el caso del despiece y reparto de santa Teresa de Jesús; es ridículo que una institución que reclama un constante respeto a los difuntos organice semejantes carnicerías con los máximos exponentes de su fe. Mucho más cuando se sabe que casi todas las reliquias que se veneran son falsas.

P. En el ensayo De animales a dioses, Noah Yuval Harari afirma que la religión ha sido el principal elemento que ha facilitado la organización de los humanos en sociedades tan numerosas, a diferencias de otros animales. ¿Está de acuerdo con esta idea?

R. No se me ocurre contradecir al profesor Harari. Él es un estudioso de la Historia y yo solo soy periodista. Pero no es la primera vez que oigo decir eso mismo a antropólogos y sociólogos. Si los expertos lo dicen, debe de ser cierto. Las religiones, seguramente, fueron necesarias, y tuvieron su sentido. Desde mi punto de vista, ya no lo tienen, aunque para muchas personas sean necesarias. Entiendo que algunas personas necesiten creer en algo, aunque sea mentira. Creo que las religiones fomentan la intolerancia y el odio hacia el infiel, coartan la libertad del individuo. Ni uno solo de sus líderes predica con el ejemplo, y se meten donde no las llaman. Además, basta mirar un informativo para comprobar que Dios no existe.

P. Además de trabajar en la divulgación histórica, ha publicado su primera novela: Antonia. Gran parte de lo que en ella se narra es verídico. ¿Cómo consigue hilar los elementos de la ficción con los de la realidad sin que el texto pierda su objetivo de fidelidad a un relato personal?

R. Cuando escribo me es muy difícil separarme de mi oficio periodístico. Me resulta más fácil hablar de lo que veo, de lo que me cuentan y de lo que documento antes que inventar historias. En el caso de Antonia no hacía falta recurrir a la ficción, porque todo lo narrado ocurrió de verdad. En realidad, hice la crónica de una vida. Necesito observar la realidad, mirar a la gente y pisar la calle para escribir.

P. Su último libro es Menudas Quijostorias: así era la España de Cervantes. ¿Por qué ha puesto el foco, en esta ocasión, en la España de los siglos XVI y XVII?

R. Porque me divierte mucho esa parte de la historia que le tocó vivir a Cervantes, y porque conociendo cómo era aquella España se entienden mucho mejor las aventuras del Quijote. Como escribió el poeta Francisco Escudero «¡Inmenso siglo… siglo de gigantes… / que abrió Colón y que cerró Cervantes!». Miguel de Cervantes transitó por una España y una Europa apasionantes. Conoció a un emperador y a dos reyes, participó en Lepanto, supo del desastre de la Gran Armada, de las bancarrotas del país, de la construcción de El Escorial, de las rebeliones moriscas y del traslado de la corte. Todas esas vivencias y sus idas y venidas de Madrid a Andalucía le documentaron muy bien para escribir su Quijote. Me apetecía darme un paseo entretenido para husmear en ventas, mancebías, alcobas, monasterios o cárceles, y para conocer a barberos, cuadrilleros… En resumen, para saber cómo era la España de Cervantes y poder compartirlo con el lector.

P. Para terminar, una pregunta relacionada con el periodismo. Nos parece que la crisis del periodismo comparte algunos rasgos con la de la política. Por ejemplo: discursos poco elaborados, breves y apresurados. ¿Debemos echar la vista a atrás para encontrar, al menos, cierta inspiración para combatir la crisis del periodismo?

R. No creo que estemos a tiempo de combatir nada. Esta guerra está perdida. Soy muy pesimista, política y periodísticamente hablando. Los periódicos se mueren a chorros y hay una parte importante de los ciudadanos que no muestra interés por mantenerse informados. De eso sabe aprovecharse muy bien una parte de los gobernantes. Cuanto menos informados están los ciudadanos, más fácil será manipularlos. Cuanta menos capacidad de análisis tengan, más fácil será engañarlos. Cuanta menos cultura y educación, más dóciles serán. La incultura informativa aumenta por momentos y la calle quiere pan y circo. Más allá de un titular sensacionalista en un informativo o de los 140 caracteres de un tuit, los ciudadanos no saben qué pasa en este país. La falta de criterio, de información y de análisis ha hecho que estemos donde estamos. No confío en la remontada.

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Editor y director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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