Divulgación

El auge de los Médici en tiempos de Cosme el Viejo (1389-1464)

La historia de la ciudad de Florencia y del periodo histórico del Renacimiento está estrechamente ligada al ascenso de la burguesía en el escalafón social, un fenómeno que se venía anunciando desde finales de la Edad Media y que se refleja en el auge de importantes familias. Este artículo hace un repaso por la vida de Cosme de Médici, uno de los personajes que más fielmente representaron esta transformación social y el nuevo papel de la burguesía en la Europa renacentista.

Publicado en el número 8 de Descubrir la Historia (enero de 2017).

 Un mar de historias baña las calles de Florencia, donde rincones tan emblemáticos como Santa María del Fiore, el Ponte Vecchio, o la Piazza della Signoria dan testimonio de las complejas intrigas políticas, los fascinantes personajes y las asombrosas realizaciones artísticas que confluyeron en la llamada «cuna del Renacimiento». Sobre este escenario se despliega la historia de los Médici, una familia de banqueros, políticos y mecenas que representó a la perfección el ascenso de la burguesía que se venía gestando desde los últimos compases de la Edad Media y en el que jugaron un papel determinante nombres propios como el de Cosme el Viejo, a quienes muchos consideran el gran artífice de la posición hegemónica de su familia en Florencia y gran parte de la Península Itálica.      
Retrato de Cosme de Médici por Jacopo Pontormo. médici - Retrato de Cosme de M  dici por Jacopo Pontormo  - El auge de los Médici en tiempos de Cosme el Viejo (1389-1464)

Retrato de Cosme de Médici por Jacopo Pontormo.

Nuestro relato tiene lugar en tiempos de gran dinamismo e importantes cambios para la República de Florencia, situada a la cabeza del renacer urbano de Europa desde la Baja Edad Media. El auge del comercio y la banca, unido a una prolífica explotación de la lana la convirtió en uno de los mayores centros económicos del continente durante los siglos XIII y XIV, llegando a albergar una población cercana a los 100.000 habitantes. Un claro reflejo de esta ola de prosperidad fue el valor alcanzado en toda Europa por su moneda oficial, el florín, cuyo modelo fue imitado por poderosos monarcas de la época, como Pedro IV de Aragón. Pero el meteórico impulso de la urbe vivió un oscuro paréntesis durante la década de 1340, cuando se produjo una crisis de las manufacturas laneras y un estancamiento de la actividad bancaria asociada a ésta, lo que se agravó con el brote de Peste Negra de 1347. De modo que hacia los primeros compases del siglo XV, Florencia había perdido gran parte de su brillo económico, y su poder se reducía a la posición influyente que aún conservaba en el marco político italiano, donde contaba con importantes posesiones territoriales y regiones como Pistoya, Arezzo, Volterra o Pisa (esta última comprada a los milaneses hacia 1406). Pese a todo, la inagotable labor de sus ciudadanos, unida a la enorme influencia y apoyos con que contaban sus élites políticas en el plano internacional, hicieron que ésta entrase en una nueva fase de esplendor político, económico, cultural y artístico durante todo el siglo XV, ocupando un lugar privilegiado en el desarrollo del Renacimiento.

Fue en ese momento cuando tuvo lugar el ascenso definitivo de los Médici, que ya habían entrado en escena unas décadas atrás, en la época en que Salvestro de Médici apoyó a los ciompi (cardadores de lana) y las clases populares de Florencia en la revuelta contra las oligarquías locales de 1378. La caída de los ciompi en 1382 obligó a Salvestro a abandonar la política, pero esta no sería la primera ni la última incursión de la familia en los asuntos públicos de la ciudad, ya que poco después recogería el testigo un primo lejano de éste, Juan de Médici. Al igual que su predecesor, Juan dedicó buena parte de su vida a los asuntos de la República de Florencia desde el cargo de gonfaloniero de justicia, que lo capacitaba a él y los priores de la Signoría en la toma de decisiones políticas. Aunque su mérito más reconocido fue el haber sido artífice del poderío económico de los Médici en el mundo de la banca, donde llegó a extender sus negocios por toda Italia y parte de Europa, logrando amasar una inmensa fortuna que legó a su primogénito, Cosme de Médici. A ello hay que añadir otros logros como su labor pionera en el campo del mecenazgo, donde destacó por el encargo a Filippo Brunelleschi de la construcción de la basílica de San Lorenzo, además del mérito de convertirse en prestamista oficial de la Santa Sede. Con todo este bagaje, el camino para el ascenso político de los Médici había quedado allanado, lo que facilitó que nuestro protagonista consolidara la imagen de su familia como la de poderosos banqueros, influyentes políticos y dispuestos mecenas con la que han pasado a la posteridad.

Cosimo Pater Patriae, Escultura ubicada en la Galería Ufizzi (Florencia). médici - Cosimo Pater Patriae Escultura ubicada en la Galer  a Ufizzi Florencia  - El auge de los Médici en tiempos de Cosme el Viejo (1389-1464)

Cosimo Pater Patriae, Escultura ubicada en la Galería Ufizzi (Florencia).

La vida de Cosme de Médici (posteriormente conocido como Cosme el Viejo, para diferenciarlo de su descendiente Cosme I, duque de la Toscana), transcurrió entre sus responsabilidades al frente del negocio familiar, las intrigas y luchas políticas en que se vio envuelto y un marcado carácter filántropo y humanista. Nacido en 1389 en un ambiente de prosperidad y comodidades, tuvo la suerte de recibir una temprana y rica formación gracias a los viajes de negocios que realizó junto a su padre por las sedes más importantes la Banca Médici en Italia, Francia y los Países Bajos. Allí pudo imbuirse del funcionamiento del mundo los negocios y desarrollar sus capacidades como comerciante y prestamista, al tiempo que aprendía el arte de la diplomacia. En 1415, a su regreso a Florencia, contrajo un provechoso matrimonio con Contessina de Bardi, miembro de una poderosa e influyente familia cuya alianza sería de gran ayuda a los Médici para aumentar y consolidar su poder. En un primer momento, sus pasos se encaminaron hacia la política, al ser nombrado embajador de la República de Florencia, cargo en el que puso en juego todas sus habilidades diplomáticas y sus recursos como prestamista para extender la esfera de influencia de los Médici y de la propia urbe hacia importantes territorios del resto de Italia como Lucca, Bolonia, Roma o Milán.

Unos años más tarde, la fecha de 1429 marcaría un punto de inflexión en su vida y en la historia de los Médici. Y es que a partir de entonces se produjo la escisión de la familia en dos ramas: una conocida como la de los «republicanos» (por su implicación en los asuntos políticos de Florencia) y otra de los llamados popolani o «populares», que dirigió sus esfuerzos hacia la actividad bancaria. Paradójicamente, se suele considerar a Cosme como el gran referente del primer grupo, mientras que el segundo se asocia a la rama de su hermano Lorenzo. Sin embargo lo cierto es que Cosme, a diferencia de sus descendientes, se implicó por igual en uno y otro ámbito, consolidando el poderío económico y político de los suyos en la ciudad de Florencia y en la mayor parte de Italia durante generaciones. Además, la muerte de Juan de Médici obligó a Cosme a ponerse al frente del negocio familiar y a relevarlo en su puesto en el consejo de la Signoría, en un momento especialmente delicado para la política exterior de su ciudad por la tensa confrontación que vivía con la vecina Lucca. Por aquel entonces, la tenaz resistencia de los luqueses había supuesto un gasto excesivo para las arcas de Florencia, que había de hacer frente a cuantiosas pérdidas humanas y materiales. Y este desgaste se hizo más evidente tras la contratación del condottiero Sforza y sus tropas por parte de Lucca para defender la ciudad, lo que movió a Cosme a reconsiderar su postura inicial ante el conflicto. Si en un primer momento se había mostrado partidario de la intervención bélica, a partir de entonces trató de convencer a los miembros del Consejo de los Diez (institución en que recaían los temas militares de la ciudad) de que la única salida era la negociación de la paz. Esta decisión desencadenó un rechazo inmediato entre las oligarquías locales, y sacó a relucir viejas rencillas familiares entre los Médici y los Albizzi. Fue así como Rinaldo degli Albizzi, cabeza visible del clan rival, acusó de malversación a Cosme ante la Signoría, y logró que fuera arrestado y condenado a muerte. Más que una rivalidad entre familias, se podría afirmar que el enfrentamiento entre los Albizzi y los Médici respondía a una pugna por el poder bastante latente en la Florencia de aquellos años. Las tradicionales oligarquías locales veían con recelo cómo una emergente burguesía de banqueros y comerciantes con un fuerte respaldo popular se estaba haciendo con una creciente influencia en la toma de decisiones de la ciudad. En cualquier caso, los acontecimientos que tuvieron lugar entonces permitieron a Rinaldo apuntarse un tanto al borrar del tablero político a un duro contrincante.

A la altura de 1433, Cosme de Médici se hallaba acorralado y a las puertas de la muerte, una delicada situación que pudo solventar gracias a su amplia red de influencias y el gran número de partidarios con que contaba a uno y otro lado de los muros de Florencia. Primero logró que se le conmutara la pena capital por un destierro al que habría de ser sometido durante los siguientes diez años, aunque poco tardó en sacar a relucir su capacidad de estratega y diplomático para lograr acortar este destierro y a dar la vuelta a la situación. Durante su estancia en el exilio, primero en Padua y poco después en Venecia, Cosme jugó hábilmente sus cartas, ganándose el favor del papa Eugenio IV, al tiempo que recurrió a su fortuna para sufragar la propaganda pro-Médici entre los ciudadanos de Florencia, forzando al consejo de la ciudad a permitir su regreso en 1434. La vuelta del exilio representaba el retorno triunfal de un Cosme fortalecido, que consiguió deshacerse de sus más peligroso rival cuando se ordenó el destierro de Rinaldo degli Albizzi.

Eliminada esta barrera en su ascenso al poder, la influencia de los Médici sobre la política de Florencia fue in crescendo, apoyándose para ello en su riqueza y en el apoyo que le brindaba una burguesía media de artesanos y pequeños comerciantes, buena parte de los cuales integraba el comité de los llamados acoppiatori  o «acopladores». Estos personajes, que en teoría eran los encargados de nombrar a los principales cargos públicos de la ciudad, aprovecharon dicha responsabilidad para ubicar en aquellos cargos a los más fieles partidarios de los Médici. Por su parte, Cosme fue nombrado gonfaloniero y de ahí dio el salto al grupo de los Oficiales del Monte, una institución de carácter hacendístico que le brindó la oportunidad de llevar a cabo un eficaz control de las finanzas de la ciudad. Ello le permitió, a su vez, tener un amplio margen de libertad para decretar tasas y exenciones, y beneficiar así los intereses económicos de la familia y sus partidarios, creando un influyente grupo que a efectos prácticos controlaba el rumbo de una Florencia cuya imagen distaba mucho del ideal republicano.

Fresco de Benozzo Gozzoli para la Capilla dei Maggi del Palazzo Médici-Riccardi. médici - Fresco de Benozzo Gozzoli para la Capilla dei Maggi del Palazzo M  dici Riccardi  - El auge de los Médici en tiempos de Cosme el Viejo (1389-1464)

Fresco de Benozzo Gozzoli para la Capilla dei Maggi del Palazzo Médici-Riccardi.

Si Florencia era por entonces la República de los Médici, que controlaban el nombramiento de cargos públicos y manejaban a su antojo la economía de la ciudad; también era la ciudad que vio nacer el arte del Renacimiento y el centro en el que confluyeron los más grandes pensadores, artistas y científicos de la época. Y para ello fue determinante el clima de distensión internacional que vivió la ciudad gracias a la labor diplomática de los propios Médici, que se habían ganado la amistad de enemigos tradicionales como Milán y de poderosas dinastías como los duques de Borgoña, los reyes de Francia e Inglaterra o el mismísimo papa. Una muestra de su influencia fue el traslado a Florencia del concilio celebrado en Basilea y Ferrara entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa, que dio pie a la unión de ambas iglesias ante al peligroso avance otomano. Esta decisión fue posible sobre todo gracias a la mediación de Cosme, quien se encargó inmediatamente de inmortalizar la escena mediante el encargo de los frescos de Benozzo Gozzoli para las estancias de la villa Médici, en los que el banquero florentino y su familia aparecen acompañando a la comitiva del emperador bizantino Juan VIII Paleólogo.

Si este gesto dice mucho de su poder político, no menos elocuente fue el alcance que adquirieron los negocios familiares en tiempos de Cosme. Los ingresos por la actividad comercial de la familia alcanzaron su punto álgido en aquel momento, cuando se convirtieron no sólo en los banqueros personales del Papa, sino también en prestamistas de toda la jerarquía eclesiástica, desde las altas esferas hasta los clérigos menores, quienes eran presionados por el propio pontífice para pagar las deudas que contrajeran con los Médici. Además, la Banca Médici contaba hacia mediados del siglo XV con un gran número de sociedades y filiales a uno y otro lado de los Alpes, llegando hasta  ciudades de la talla de Brujas, Londres, Ginebra o Aviñón. A lo largo y ancho de todo este entramado, el negocio familiar se diversificó hacia la producción y comercialización de la seda y la lana, aunque basándose siempre en la Banca, el pilar fundamental de su riqueza. Y en cuanto a su funcionamiento, cabe destacar que cada sociedad gozaba de cierta autonomía en el registro de sus cuentas y su funcionamiento jurídico, si bien los Médici se reservaban más del cincuenta por ciento del capital y debían ser informados periódicamente de su gestión, lo que garantizaba en última instancia la capacidad de decisión de la familia en todos y cada uno de sus negocios.

Aunque tal vez una de las facetas más llamativas de la personalidad de Cosme, al margen de su actuación política y económica, fue su labor como mecenas. En su época, el mecenazgo era una práctica muy común en toda Europa, y ya no se limitaba a  los grandes monarcas y los principales círculos nobiliarios y eclesiásticos, sino que jugaba un papel destacado el próspero grupo burgués que entraba en escena y que buscaba alcanzar un mayor prestigio y consideración social. Movidas por este afán de distinción y reconocimiento, familias como los Médici se convirtieron en patrocinadores y protectores de lo más brillantes pensadores, artistas y científicos, aunque debemos matizar que tras esta práctica a menudo se escondía una actitud filántropa y humanista como la que movió al propio Cosme. En cualquier caso, lo cierto es que el poderoso banquero dedicó buena parte de su fortuna a fomentar el arte, las ciencias y los studia humanitatis y a convertir a Florencia en el gran centro cultural del Quattrocento. Como muestra de su interés humanista y de la estrecha relación que guardó con algunos de los autores de dicho movimiento regaló al filósofo Marsilio Ficino la villa de Careggi, que a la postre se convertiría en la sede de la llamada Academia Platónica Florentina, un espacio de reunión y debate en el que confluyeron intelectuales de la talla del filósofo Pico della Mirandola, el arquitecto Leon Battista Alberti o el poeta Angelo Poliziano, y que fue presidida por el propio Cosme. Ello tuvo una gran repercusión para la historia del pensamiento, ya que fue el foco en el que nació el neoplatonismo, que a su vez suponía un freno a la hegemonía ideológica del pensamiento aristotélico propio de la Edad Media.

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Vista Panorámica de Florencia en la actualidad.

Por otro lado, la amistad que unía a Cosme con el escultor Donatello hizo que éste se convirtiera en su asesor de arte y que las arcas de los Médici costeasen parte de la obra del artista. A ello hay que añadir las importantes donaciones que hizo a la ciudad de Florencia, en parte por «amor al arte» pero también como medio de ganarse el favor popular, como pone de relieve la cesión de más de 800 libros a la Biblioteca de San Marcos de Florencia, entre los que se encontraban importantes y hasta entonces desconocidas obras de la Antigüedad Clásica. También invirtió grandes cantidades en la construcción de iglesias y conventos como el noviciado de la Santa Croce o la reconstrucción de la basílica de San Lorenzo, donde descansaban los restos de su padre. E incluso su mecenazgo se expandió por toda la Toscana y las regiones vecinas, como demuestran las edificaciones de la abadía de Fiesole o la biblioteca de Jorge el Mayor en Venecia, aunque la obra cuyo patrocinio encumbró a Cosme fue sin duda la construcción de la cúpula de Santa María del Fiore, encomendada a Brunelleschi, una obra que se convirtió en el elemento representativo e inconfundible de la ciudad de Florencia para la eternidad y que representaba el gran salto de la arquitectura renacentista. Como cabe esperar, otra de las grandes obras elaboradas bajo su mecenazgo fue el majestuoso Palacio Médici-Riccardi, la villa familiar encargada a Michelozzo Michelozzi en 1429, en una fecha en que las artes de Florencia atravesaban un momento de esplendor.

El testimonio de sus últimos años de vida nos llega a través de su nieto, Lorenzo el Magnífico, uno de sus descendientes más conocidos. Lorenzo contaba en sus Ricordi cómo la vejez de Cosme transcurrió en su Florencia natal, tras haber cedido el testigo de los negocios familiares a su hijo Pedro, y que su muerte en 1464 vino acompañada de uno de los más fastuosos y sonados funerales jamás vistos en la capital de la Toscana. Poco después, la ciudad a la que había dedicado su labor política y su fortuna le correspondió concediéndole el título de Pater Patriae (“padre de la patria”), un nombramiento que refrendaba el inmenso poder y prestigio social que Cosme y los suyos habían adquirido en Florencia. Siguiendo la  máxima del lema familiar, «el dinero para conseguir el poder, y el poder para guardar el dinero», su linaje se perpetuó durante siglos, y a lo largo de él desfilaron ilustres personajes históricos entre los que se incluyen dos reinas de Francia (Catalina y María de Médici) tres papas (León X, Clemente VII y León XI) e importantes dirigentes de Florencia como el mencionado Cosme I, Duque de Toscana. Pero si la imagen más comúnmente asociada a la familia fue la de poderosos banqueros, hábiles diplomáticos y apasionados mecenas, el personaje que más fielmente encarnó estos ideales fue sin duda Cosme el Viejo, el sólido pilar sobre el que descansó durante mucho tiempo el poderío económico y político de los Médici.

Para saber más:

Bennassar, B. (1989). La Europa del Renacimiento. Madrid: Anaya.

Hibbert, C. (2008). Florencia, esplendor y declive de la casa Médici. Granada: Almed Ediciones.

Romero García, E. (2015). Breve historia de los Médici. Madrid: Nowtilus.

Tenenti, A. (1985). Florencia en la época de los Médicis. Madrid: Sarpe.

Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia. Trato de perderme en tiempos lejanos, y otros más recientes, para acercar esa hermosa ciencia que es la Historia al mayor público posible, divagando a veces en mis propias reflexiones sobre el ser humano, su complejidad y su huella en el tiempo y la memoria a través de sus actos. Miembro del consejo editorial de Descubrir la Historia.

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