Divulgación

El último vuelo de la «avispa» Harmon

Tal vez sean los ecos de viejos tiempos, en los que el papel principal en esa gran obra llamada Historia estaba reservado a unos poco privilegiados, los que hacen que tantas vidas prodigiosas queden condenadas al silencio y el anonimato. Eran otros tiempos, suele decirse. Y, en este caso, podemos considerarnos afortunados de que así sea.

La historia que hoy quisiera rescatar del pozo del olvido es la de una piloto estadounidense cuya labor, aunque muy tardíamente, ha sido finalmente reconocida. Hoy, los restos de Elaine Danforth Harmon, quien fuera integrante de la Servicio de Mujeres Pilotos de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (en inglés, WASP, «avispa»), descansan en el cementerio militar de Arlington (Virginia), junto a aquellos soldados que participaron activamente en la contienda y a quienes se rinde homenaje. Pero el último vuelo de esta intrépida «avispa» en su lucha por la igualdad de reconocimientos y honores no ha recorrido un sendero fácil, ni mucho menos breve.

Como toda historia épica que se precie, la de Elaine y sus compañeras WASPs se remonta a un periodo convulso y turbulento como fue el de la II Guerra Mundial, en la que la aviación jugó un papel fundamental. Sin embargo, la desigualdad por cuestiones de género, aún mayor que en nuestros días, relegaba a estas últimas a la condición de pilotos «de pruebas», de modo que su participación quedaba limitada a aquellas operaciones «no bélicas», mientras que los ataques se reservaban al sector masculino de las fuerzas aéreas.

group_of_women_airforce_service_pilots_and_b-17_flying_fortress Harmon - Group of Women Airforce Service Pilots and B 17 Flying Fortress 300x235 - El último vuelo de la «avispa» HarmonCon apenas un cuarto de siglo de vida a sus espaldas y una formación que incluía sus estudios en bacteriología en la Universidad de Maryland y la instrucción en pilotaje en el Pipers Club del aeropuerto del College Park, Elaine se enrolaba en 1944 en un programa experimental en el que acompañarían a más de 1.100 mujeres en el objetivo común de contribuir al esfuerzo bélico en que se hallaba inmerso todo el país. Entre otras funciones, las WASPs se encargaban de probar y desplazar aviones o formar a otros pilotos, si bien recibieron una retribución mucho menor que la de sus compañeros varones, tanto económica como honoríficamente. La guerra acabó y todas ellas vieron frustradas sus esperanzas de hacerse un hueco en las páginas de la Historia, sepultadas por el olvido de tiempos ingratos.

Su infatigable labor de reivindicación y las transformaciones sociales e ideológicas de las décadas venideras permitieron que ya a finales de los 70 obtuvieran su primer reconocimiento como veteranas de guerra. Pero este primer paso quedó en poco más que promesas vacías y falsas esperanzas, ya que hasta finales del siglo XX la estela de sus vidas se fue borrando sin que recibieran mayor reconocimiento. Así, apenas un centenar de «avispas» pudo emprender su último vuelo sin el pesado bagaje del anonimato.

El nuevo siglo, por suerte, traería importantes cambios. El primero de ellos tuvo lugar en 2002, cuando se permitió que los restos mortales de muchas de ellas reposaran en el emblemático cementerio de Arlington, junto a los de reputados presidentes, y veteranos de guerra de muy distintas épocas. En 2010, el Congreso de los Estados Unidos decidió hacer mayor justicia a su memoria y su labor al honrarlas con la concesión de la Medalla de Oro, reconocimiento que sólo unas pocas pudieron disfrutar en vida, entre ellas nuestra protagonista.

la-hija-de-elaine-harmon-izqda-recibe-la-bandera-nacional-de-manos-de-la-capitana-de-las-fuerzas-aereas-en-el-entierro-de-su-madre-en-el-cementerio-de-arlington Harmon - La hija de Elaine Harmon izqda - El último vuelo de la «avispa» HarmonElaine, fallecida cinco años más tarde, protagonizó el último episodio en esta prolongada lucha, y durante su último mes de vida tuvo que hacer frente a la decisión del secretario del Ejército de vetar el acceso al camposanto de Arlington a distintos grupos de voluntarios, entre ellas las WASPs, al ser considerados civiles durante la época de la guerra. Este acto dio pie a una encarnizada batalla abanderada por la familia de Elaine poco después del fallecimiento de esta. Para ello recurrieron a plataformas de recogidas de firmas como la célebre Change.org y acudieron al Congreso hasta conseguir el apoyo de la senadora demócrata Barbara Mikulski y la congresista republicana Martha McSally. Fruto de dichos esfuerzos tuvo lugar el proyecto de ley que fue finalmente aprobado y firmado por el presidente Obama hace apenas unos meses.

El funeral de Elaine en Arlington confirmaba así el éxito de aquella causa en la que su familia y la de muchas de sus compañeras se volcaron durante tantos y tantos años. Un triunfo menor si tenemos en cuenta todas las voces apagadas a lo lago del tiempo, pero un paso de gigante en el reconocimiento de la labor y los esfuerzos de las muchas mujeres que, ayer y siempre, han jugado un papel fundamental en el devenir de la Historia. Por ello dedico este artículo a la memoria de las WASPs, con la esperanza de un futuro en el que la igualdad de género sea una realidad y no una meta que alcanzar.

Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia. Trato de perderme en tiempos lejanos, y otros más recientes, para acercar esa hermosa ciencia que es la Historia al mayor público posible, divagando a veces en mis propias reflexiones sobre el ser humano, su complejidad y su huella en el tiempo y la memoria a través de sus actos. Miembro del consejo editorial de Descubrir la Historia.

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