Reseñas

Reseña de ′Tierras de Sangre′

Publicado en el número 7 de Descubrir la Historia (octubre de 2016).

Entre Moscú y Berlín se extiende una vasta tierra sobre la que no cesan de brotar lamentos de un pasado indiferente, reclamando al cancerbero su derecho a juicio frente a aquellos que juegan la carta del olvido. Estás personas fueron en su mayoría víctimas del asesinato planificado en masa a causa de utópicas metas de los ingenieros sociales. Timothy Snyder decidió presentarse como abogado defensor, comenzando por darle nombre al lugar del crimen: Tierras de Sangre. Entre 1932 y 1945, murieron cerca de 14 millones de personas y más de la mitad a causa de hambrunas inducidas. Con la llegada de Hitler y Stalin al poder, comenzó una carrera por ver quién era capaz de hacer más sacrificios en los medios con la idea de alcanzar los objetivos fuera cual fuera el precio a pagar. En ese tramo murieron los protagonistas de este libro que Snyder quiere reclamar ante la Historia.

Portada de 'Tierras de sangre' de Timothy Snyder Tierras de Sangre - tierras de sangre timothy snyder  - Reseña de ′Tierras de Sangre′

Portada de ‘Tierras de sangre’ de Timothy Snyder.

Cuando tratamos con los asesinatos en masa de la primera mitad del siglo XX, asumimos a su vez el riesgo de marearnos con las cifras. De tal manera que algunos han aprovechado la imprecisión de estas cifras para desacreditar realidades que fueron y son todavía incómodas como la del Holocausto, el Holodomor y otros casos alejados del ruido mediático. Según el autor, existe la posibilidad de llegar a banalizar el número de muertes, por eso es necesario no obviar que detrás de cada kilométrica cifra hay personas con nombres propios. Si ahogásemos a los individuos en el redondeo, daríamos cancha a las sanguinarias acciones de los totalitarios. Snyder comenzó esta ardua empresa literaria con la idea de rescatar la experiencia de aquellos hijos de las Tierras de Sangre, incluyendo a aquellos casos que han pasado más desapercibido para la historiografía.

Su obra se presenta como un fantástico análisis histórico pormenorizado de todas las tragedias ocurridas en aquellos países que se encontraban entre Hitler y Stalin: Polonia, Ucrania, Bielorrusia, Estonia, Letonia y Lituania. Sin distinción alguna, y con una metodología exquisita, Snyder desarrolla con una redacción sencilla y atractiva los límites de la crueldad del ser humano durante aquellos años. Resulta difícil no acordarse de otras obras como Koba el Temible de Martin Amis, en la que el periodista inglés describe el horror de la Ucrania de los años 30. Su estilo es más crudo y, en cierta medida, sensacionalista, porque probablemente buscaba un impacto directo sobre la moral del lector.

Por el contrario, la genialidad de Snyder reside en su capacidad para mantener el equilibrio entre el amarillismo y la narración histórica, tanto a la hora de presentar las mayores matanzas del siglo XX como para convencernos de la necesidad una obra como la suya. Insistimos en esta cuestión porque no son pocas los ensayos que han surgido en torno a esta temática; la mayoría con una condescendencia moral e ímpetu que busca únicamente incomodar al lector. La concienciación del gran público sobre estas tragedias fue en su momento un proceso traumático pero necesario, sin embargo, más de sesenta años después, se requiere un paso adelante en cuanto madurez en estos ejercicios de memoria. Ese pasito lo da Snyder en su obra.

La banalización del mal, término acuñado por Hannah Arendt que hemos usado antes, es un serio riesgo en nuestra actual sociedad si cometemos algunos pasos en falso. Pongamos un ejemplo: si preguntásemos al azar sobre el periodo de 1932-1945, no serán pocas las voces que surjan horrorizadas por las muertes acaecidas entonces, sobre todo en lo referido a casos como Auschwitz o Bergen Belsen. Es enormemente saludable que las sociedades reconozcan sus peores pesadillas, aunque Snyder nos alerta que esta concienciación ha sido indirectamente selectiva en lo que respecta a cuestiones como los campos de concentración y exterminio. Podemos afirmar que la impresión que existe sobre éstos es parcial, sobre todo porque los más célebres han focalizado gran parte de la atención histórica y mediática. La mayoría de ellos se encontraban en las Tierras de Sangre, sobre todo entre las actuales Polonia y Rusia, por tanto, al este del Muro. Si volviésemos a preguntar a las personas de antes sobre qué son Treblinka o Dachau, probablemente la respuesta no sea igual de contundente. Pero es que, además, ocurriría lo mismo se mencionamos el Gueto de Varsovia o los Kulaks. Son lagunas del puzzle histórico que Snyder reconstruye en esta ocasión.

Por último, cabría destacar otro pilar fundamental de esta obra que da de lleno en los valores de nuestra sociedad actual: hablamos de la colaboración y condescendencia de particulares en las tragedias de ese siglo. El subtítulo de Tierras de Sangre es un claro reflejo de esto mismo al hacer referencia a las cabezas pensantes de las dos mayores máquinas planificadoras de muerte de la Historia: Hitler y Stalin. Sin embargo, Snyder insiste discretamente a lo largo de este libro en que dos personas no pueden ser las únicas responsables de todas las tramas acaecidas en los conflictos de Europa del Este. Permítanme tomarme esta licencia, pero si en Núremberg si hubiese juzgado a todos los nazis, Alemania habría desaparecido. Cierto es que la realidad fue bien distinta y sólo pasaron por las manos de la justicia los dirigentes más distintivos, responsables intelectuales de todas las matanzas. Sin embargo, no deja de ser ilustrativo cómo Alemania pasó de un día para otro del nacionalsocialismo al posibilismo demócrata. La implicación o colaboración de ciudadanos de a pie en los programas de asesinatos en masa es un asunto que ha ganado relevancia desde los 90s entre los historiadores y que Snyder aquí explica magníficamente. Merece especial mención ya que se trata de una cuestión incómoda para los habitantes de las actuales democracias liberales. Nos cuesta y disgusta admitir el papel activo de nuestros antepasados, una realidad que se evidenció en movimientos partisanos o de denuncia y espionaje entre ciudadanos, por ejemplo.

Nos cuenta Garton Ash en El Expediente cómo tras las largas jornadas en el archivo, en las que se empapaba de los traumas de muchos alemanes, iba a la piscina porque sentía sus manos empapadas de sangre proveniente de esas experiencias pasada. Luego se sentaba en unos bancos a la salida y observaba a los ancianos preguntándose «¿qué hiciste durante la guerra abuelita?». Snyder amplía todavía más esta trama y nos ofrece un relato demoledor que nada tiene que ver con el optimismo ilustrado. Su crudeza y honestidad en la involucración de muchos europeos en asesinatos programados es una de las grandes razones para leer esta incómoda y necesaria obra de la Historia de Europa entre Berlín y Moscú.

Acerca del autor

Guillermo Röthlisberger Cortázar

Eterno aprendiz de historiador. Interesado en el concepto de libertad frente a los totalitarismos del siglo XX europeo.

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