Divulgación

El mito de Fedra

Publicado en el número 7 de Descubrir la Historia (octubre de 2016).

El mito griego que aquí nos ocupa es una tragedia en estado puro. De hecho, en él se suceden varios hechos trágicos e, incluso, románticos en una definición decimonónica. Veremos cómo cuando todo parecía ir suficientemente mal, la situación empeora notoriamente. Así que, por favor, no desesperen en la lectura y, si de algo nos puede servir este relato, es para saber que muchas veces nuestra propia vida no está tan mal y, también, para intentar ser felices en la situación que tenemos porque, sea lo mala que sea, siempre puede ir a peor.

'Fedra' de Alexandre Cabanel Fedra - Fedra de Alexandre Cabanel 300x215 - El mito de Fedra

‘Fedra’ de Alexandre Cabanel.

Para poder entender a los personajes que aparecerán en el mito debemos poner en contexto las relaciones familiares y describir a cada uno de ellos. En primer lugar, Fedra era hija de los reyes de Creta, Minos y Pasífae, los que construyeron el laberinto del famoso Minotauro. Entre sus hermanos estaba Ariadna, que también tiene un papel en esta historia. Ariadna había sido quien ayudó a Teseo entregándole un hilo que le permitiera encontrar la salida del laberinto tras matar al Minotauro. Otro personaje protagonista es Teseo, quien escapó de Creta con Ariadna como esposa, aunque después la abandonó. Un personaje secundario sería Hércules, ya que Teseo participó en la expedición que llevó al héroe a buscar el cinturón de la amazona Hipólita. Teseo secuestró a la amazona Antíope, con quien tuvo un hijo: Hipólito. Éste es el último personaje principal del trágico mito de Fedra.

Teseo, tras abandonar a Ariadna, se casó con Fedra que, como hemos visto, era hermana de la primera. La decisión de este enlace la tomó Deucalión, rey de Creta y también hermano de Fedra, que consideró que era necesario llevar a cabo esta unión, ya que Teseo era rey de Atenas. Sin embargo, Teseo ya estaba casado con Antíope, así que la abandonó. Esto provocó que el día de la boda no fuera demasiado agradable, ya que se produjo una auténtica batalla entre las amazonas y los acompañantes del novio, que acabó con la derrota de las amazonas. Algunas narraciones dicen que acudieron para rescatar a Antíope, aunque otras que lo que buscaban era vengar la afrenta provocada por Teseo al dejarla para casarse con Fedra. En cualquier caso, este matrimonio, desde su comienzo, estuvo marcado por la muerte.

Antíope resultó muerta durante la batalla, y el hijo que había tenido con Teseo, Hipólito, permaneció con el matrimonio formado por éste y Fedra. A su vez, Teseo y Fedra tuvieron dos hijos, Acamante y Demofonte, que en esta historia serán un tanto indiferentes, pero tendrán papeles relevantes en la futura Guerra de Troya. La tragedia se sucederá de la convivencia del imberbe y casto Hipólito con su madrastra Fedra. En la mitología griega las cosas no suelen suceder porque sí, es decir, al margen de la voluntad de los dioses. En este caso, Hipólito era amante de la caza y seguidor acérrimo de la diosa Artemisa, al tiempo que aborrecía a la apasionada Afrodita. Así que Afrodita, a quien tampoco le gustaba mucho que la detestaran, hizo que Fedra se enamorara perdidamente del hermoso joven, sabiendo que él iba a rechazarla. Y así fue.

'Fedra e Hipólito' (1802), de Pierre Narcisse Guérin (Museo del Louvre). Fedra - Fedra e Hip  lito - El mito de Fedra

‘Fedra e Hipólito’ (1802), de Pierre Narcisse Guérin (Museo del Louvre).

Fedra trató de consumar esta relación con su hijastro, pero él la rechazó porque no podía concebir una relación incestuosa en la que tuviera que deshonrar a su padre. Fedra era una mujer apasionada y con mucho temperamento, por lo que la repulsa debió doler bastante a su autoestima. Pero, a la vez, sintió temor por que Teseo descubriera su amor escondido hacia su hijastro y la infidelidad que había tratado de cometer, y la invadió la culpabilidad. Por su parte, Hipólito era un enemigo de las pasiones ardientes, y era leal a su padre y a sus propias convicciones. De modo que era probable que revelara a Teseo lo que había sucedido. Así que la inteligente Fedra decidió suicidarse, pero dejó una tablilla escrita en la que culpaba a Hipólito de haber intentado violarla.

'La muerte de Hipólito' (1715), obra del escultor Jean-Baptiste Lemoyne (1679-1731). Fedra - La muerte de Hip  lito 1715 obra del escultor Jean Baptiste Lemoyne 1679 1731 - El mito de Fedra

‘La muerte de Hipólito’ (1715), obra del escultor Jean-Baptiste Lemoyne (1679-1731).

Teseo encontró muerta a Fedra con la supuesta confesión en la nota de suicidio. Confió en la palabra de su esposa, y decidió desterrar a Hipólito, no sin antes pedir a Poseidón que lo matara. No olvidemos que el dios de las aguas era padre de Teseo y, al mismo tiempo, abuelo de Hipólito. Los deseos de Teseo se cumplieron. Hipólito se marchó de la ciudad en su propio carro arrastrado por caballos. Sin embargo, cerca de la costa apareció una ola enorme provocada por Poseidón, en cuyo interior aparecía un toro. Los animales volcaron el carro e Hipólito quedó enredado y vivió un auténtico tormento entre golpes y arrastres. Según el relato de Eurípides, uno de los autores que han dado fama a este mito en su tragedia titulada Hipólito, quedó malherido, y fue llevado ante su padre. Entonces, entra en escena Artemisa, quien le explica a Teseo que su hijo no se había sobrepasado con Fedra, sino que Afrodita había provocado que su esposa enloqueciera por Hipólito. Teseo recibe la acusación de haber juzgado a su hijo sin averiguar la verdad, pero Hipólito le perdona antes de morir.

Como vemos una auténtica tragedia griega, en la que se dan todos los ingredientes para dejar en los teatros al público destrozado. Hay amor, desamor, traición, mentiras, intervención de los dioses, muertes injustas, suicidios y culpabilidad. En la obra en la que Eurípides relata su versión de este mito se encuentran algunas críticas a los dioses y también reflexiones sobre la búsqueda de la virtud. Respecto a los dioses, Eurípides muestra que no es suficiente con ser fieles a ellos, ya que Fedra lo era hacia Afrodita e Hipólito a Artemisa. Ve a los dioses como entes que actúan de manera impredecible e, incluso, con crueldad. Esto dificulta todavía más el camino hacia la virtud, pues las reglas y demandas de los dioses se difuminan y es todavía más complicado encontrar el modo adecuado de actuar.

Pero también aparece un tema que ha sido recurrentemente comentado respecto a la obra de Eurípides: la hibris griega. Esta palabra se refiere a la desmesura pero no en el sentido de irracionalidad, sino en el de tratar deliberadamente de superar los límites establecidos por los dioses. Eurípides resalta las características de Fedra respecto a los atributos de Afrodita, a la vez que los potencia de Hipólito respecto a los de Artemisa. Este modo de actuar, no humano, sino fundamentado en las habilidades, moral y las singularidades de los dioses es algo que debía ser castigado. En la obra encontramos, pues, dos modos diferentes de afrontar la vida adecuados a dos diosas, y es algo que no podía ser tolerado, en este caso, por Afrodita. Y Eurípides muestra que estos dos fieles seguidores de los dioses y sus virtudes son castigados, precisamente, por su devoción.

Además de en la literatura clásica, encontramos el mito de Fedra inspirador de poesías, como la que sigue, titulada como Fedra, de Francisco Álvarez Hidalgo publicado en Luminarias, en 1999:

Profunda, intensa inclinación lasciva,

para el adolescente nimio juego;

cómo abrasa a mis años este fuego,

nunca como hoy tan lúbrica y tan viva.

Ignora el joven mi pasión furtiva,

y si audaz la propongo o se la entrego,

no indiferente, hostil queda a mi ruego,

rasgando mi alma su actitud esquiva.

Vástago de mi esposo, no hijo mío:

Me has incendiado y permaneces frío,

deshonrada me siento, aún sin rozarte.

Mi cuerpo por el tuyo va gimiendo

cuando el camino de la muerte emprendo,

amor estéril, sin jamás gozarte.

Su autor da voz a Fedra en primera persona, y se dirige a Hipólito. Mientras ella aparece representada como afectuosa, cálida e insinuante, el relato muestra una posición gélida en Hipólito, e impasible ante el «incendio» que había provocado en ella. Aunque, por supuesto, él en realidad no lo había hecho.

Crónica de 'Fedra', de Unamuno, en el diario 'ABC' el 28 de marzo de 1918 Fedra - Fedra ABC el 28 de marzo de 1918 209x300 - El mito de Fedra

Crónica de ‘Fedra’, de Unamuno, en el diario ‘ABC’ el 28 de marzo de 1918.

Hay otras muestras literarias del mito de Fedra. Uno de los más reconocidos es Fedra de Miguel de Unamuno. Se trata de una obra teatral representada por primera vez en Madrid en 1918. Contaba con tres actos, y la crítica del diario ABC del día de su estreno informa del éxito que de la obra, ejemplificado en los aplausos del público al término de cada acto. Sin embargo, se representó sin demasiados artificios que los necesarios «para que no languidezca la escena». Como nota curiosa, el diario cuenta que Unamuno no pudo asistir al estreno por deberes asociados a su cargo de catedrático.

Si nos trasladamos a la pintura, encontramos algunos ejemplos —como no podía ser de otro modo— en el Romanticismo. Uno de ellos es el cuadro de Alexandre Cabanel, afamado retratista francés que vivió entre 1823 y 1889. Se deslizó hacia temas románticos a lo largo de su evolución artística, y una de sus obras es Fedra, donde se muestra a esta mujer abatida en la cama, invadida probablemente por sus propios angustiosos pensamientos. Otro ejemplo pictórico es el de Pierre-Narcise Guérin, también francés. Este artista representó a Fedra siendo rechazada por Hipólito, quien aparece ataviado con indumentaria de caza. La expresión de estupefacción e incredulidad de Fedra bien podrían pasar a la historia de los ′memes′ de internet. Tampoco se queda corto el gesto de «háblale a la mano» de Hipólito en este cuadro pintado en 1802.

En el ámbito escultórico, una de las obras más destacadas sobre el mito es de Jean-Baptiste I Lemoyne —no confundir con su sobrino, de mismo nombre, pero II en vez de I, y también escultor—. La escultura a la que nos referimos se titula La muerte de Hipólito y, como bien indica su nombre, representa el momento del fallecimiento de Hipólito, en el suelo, enredado entre piezas de su carro.

Por último, es preciso referir la ópera del compositor alemán Hans Werner Henze, con libreto de Christian Lehnert. Se tituló Phaedra, y está basada también en este mito y estrenada en 2007. Además, es la última composición de este compositor, fallecido en el año 2012. Al margen de esta ópera, es bueno introducir y recordar en este artículo a Henze, un compositor prolífico pero que se sentía incomprendido en Alemania por sus ideas de izquierdas y homosexualidad. Esto le llevó a vivir en Italia durante gran parte de su vida. Su ópera Phaedra es la una de las más representada de Henze.

Si regresamos al tema y a las enseñanzas que podemos extraer del mito de Fedra, debemos ser conscientes de que es una narración sobre el amor imposible, pero también sobre la desconfianza hacia los dioses. Si lo trasladamos a la sociedad occidental actual, mucho más laica, debemos trasladar el juicio de los dioses al juicio al que estamos sometidos por las normas y costumbre sociales. Sin duda, encontrar la virtud de acuerdo a las normas sociales no siempre es sencillo, y vivir de una manera completamente aislada de ellas tampoco lo es. Pero, quizá, en lo respectivo al amor, deberíamos continuar naturalizando las relaciones que libremente son escogidas, al tiempo que la ley con su dureza y la sociedad con su repulsa, debe perseguir las relaciones forzadas.

No siempre podemos encontrar paralelismos en los mitos con nuestra forma de vida actual pero, sin duda, en ellos y en las creaciones artísticas posteriores, como la citada tragedia de Eurípides, contienen muchas reflexiones de profundidad filosófica y moral, cuyo estudio es conveniente, como poco, para el enriquecimiento cultural y personal de quienes se aventuran a descubrirlos en su complejidad.

Para saber más:

Ovidio (1999). Metamorfosis. 3a edición. XV, 479–546.

Eurípides (2010). Hipólito. Madrid: Gredos.

Acerca del autor

Gala Yagüe Narváez

Historiadora del arte. Ilustradora y gestora cultural. Miembro del consejo editorial de Descubrir la Historia.

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