Divulgación Reseñas

Las cruzadas vistas por los árabes

 Publicado en el número 6 de Descubrir la Historia (julio de 2016).

«Y si me dices que son muchos, yo te contesto: el fuego no se deja impresionar por la cantidad de leña que tiene que quemar.»

Reinaldo de Châtillon sobre el ejército de Saladino.

Existen hitos históricos que todo el mundo conoce. Las Cruzadas, entendidas comúnmente como una guerra sucedida entre cristianos y musulmanes por el control de Tierra Santa, es decir, todos aquellos territorios en los que sucedieron los hechos narrados en las escenas bíblicas del Antiguo y Nuevo Testamento, es uno de ellos.

Este hecho, que se alarga unos doscientos años, abarca desde el año 1095 hasta el 1291 aproximadamente, aunque bien es cierto que existieron otras campañas militares que fueron nombradas de igual manera.

Las ideas son peligrosas de igual modo que las palabras que les dan forma. Las Cruzadas adolecen de un problema similar al de la conocida ‘Reconquista’ española: el desconocimiento histórico del término. Tras su acuñación en el siglo XIX, este ha sido utilizado de manera malintencionada en muchas ocasiones con el objetivo de manipular la opinión pública. De hecho, en el periodo medieval nunca llega a utilizarse esa palabra como tal. El único paralelo que encontramos se encuentra en la Crónica de Albelda escrita durante el gobierno de Alfonso III el Magno (852 – 910) donde aparece el término ‘Restauración’. No obstante, de manera similar a lo que ocurre hoy en día, era una palabra utilizada de modo propagandístico para introducir en la población la idea de recuperar las tierras andalusíes del sur, supuestamente arrebatadas en tiempos pasados. En cuanto al término de ‘Cruzada’, el ejemplo más cercano lo encontramos en su uso por parte del bando sublevado en la Guerra Civil Española o incluso actualmente con algunos cristianos occidentales que quieren unirse a ejércitos gubernamentales para combatir contra el Estado Islámico bajo este pretexto. En el año 2011, el dictador libio Muamar el Gadafi señaló que: «no imagino un día en que el pueblo libio sea representado por un puñado de traidores que han abierto las puertas de Bengasi a las fuerzas cruzadas.». Como vemos, se ha utilizado y se sigue haciendo hoy en día para inducir ideas en la población de manera premeditada.

Desde nuestra perspectiva eurocentrista, solemos analizar las Cruzadas posicionándonos desde el bando cristiano, de modo que para nosotros significaron un intento de recuperar las tierras que antes nos pertenecían y de detener la rápìda expansión musulmana, pero, ¿nos hemos preguntado alguna vez cómo fue la percepción de la población musulmana?

Justamente eso se preguntó Amin Maalouf, un periodista y escritor libanés residente en París y ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2010, en su obra publicada en 1983 Las Cruzadas vistas por los árabes. Para ello, Maalouf se centró esencialmente en las fuentes árabes realizando un ensayo que huye del lenguaje común en este tipo de obras.

Dichas fuentes nos muestran que para el mundo musulmán del siglo XI supuso todo un shock la llegada de aquellos bárbaros que, sin motivo aparente pero con gran fervor, se dispusieron a tomar todas aquellas plazas situadas desde el sur de Turquía hasta el Sinaí. Sólo así se explica la rápida toma de Jerusalén, Antioquía, San Juan de Acre, Ascalón, Tiberíades, Edesa, Tiro y otras ciudades, ocasionando una auténtica conmoción en el Oriente Próximo. Para los cruzados, se trataba de cumplir el solemne voto que habían realizado al Papa Urbano II (1042-1099) con motivo de arrebatar los Lugares Santos a los infieles musulmanes. Con la frase del Evangelio «renuncia a ti mismo, toma tu cruz, y sígueme» (Mateo 16:24) Urbano II, instigado por la solicitud de protección para los cristianos del emperador bizantino Alejo I (1056-1118), dio comienzo la Primera Cruzada al grito de «Dios lo quiere». A esta primera campaña le seguirán nueve más.

El libro está estructurado en una serie de capítulos más o menos extensos que se centran en diferentes períodos del conflicto abarcando varios años y campañas militares. De hecho, la mayoría de información que se nos muestra es a través de las innumerables batallas que se realizaron por ambos bandos, dejando de lado otros aspectos, como aquellos dedicados al ámbito social, económico y cultural, que se produjeron como consecuencia del continuo contacto entre occidentales y orientales.

Por otra parte, esto también puede ayudar a romper el estereotipo que muchos elementos de la cultura popular nos han transmitido sobre la guerra en la Edad Media como la imagen de grandes batallas en campo abierto. Lo cierto es que, como se muestra en esta obra, la mayoría de enfrentamientos consistían en el asedio de una plaza determinada que podía alargarse durante semanas, meses e incluso años. Durante la lectura, observaremos qué tipo de estrategias y artimañas, con mayor o menor acierto, utilizaban los diferentes generales de uno y otro bando para tratar de reducir el lugar.

Muchas obras consideradas serias intentan serlo a través de un lenguaje áspero y complejo que las condena a quedar en las estanterías de investigadores dedicados al tema. Sin embargo, existen muchas obras que, a través de un lenguaje claro y simple, son capaces de contar el mismo contenido, ser igual de rigurosas y llegar además a un mayor público. Ese es el caso de este pseudo ensayo, donde el autor trata de realizar una historia novelada, esto es, contarnos una serie de hechos utilizando un lenguaje narrativo que mezcla datos, narración, diálogos e incluso textos de fuentes originales. De este modo consigue un cóctel muy interesante donde se nos cuentan multitud de hechos de manera mucho más fluida.

Así pues, el uso del lenguaje es significativo, pues al hacer uso de las fuentes originales nos damos cuenta de la percepción que los musulmanes tenían del bando cristiano, refiriéndose a ellos como ‘frany’, es decir, francos. De igual manera, para ellos, los griegos y bizantinos e incluso algunos grupos de cruzados eran denominados como los ‘rum’, romanos. Esta puntualización nos puede llevar a confusión si alguna vez leemos una fuente original pero también nos muestra la imagen que tenían de estos ejércitos. Hoy en día, pese a disponer de bibliotecas enteras de información a mano en nuestros bolsillos, caemos en el mismo problema: simplificamos datos, bien por desconocimiento o bien por otros motivos, confundimos unos hechos con otros y tendemos a estereotipar rápidamente cualquier hecho separándolo en bandos etiquetándolos en la dicotomía de «buenos y malos».

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Ilustración de Saladino por Ismail al-Jazari. Año 1185 (Wikimedia).

Pese a que la narración peca de perderse en numerosas ocasiones en la mera descripción de datos y sucesos de batallas sin profundizar demasiado en otros aspectos, es cierto que también intenta humanizar a importantes personajes como el famoso Saladino (nombre occidentalizado que proviene de Ṣalāḥ ad-Dīn), a través de diversas anécdotas, motivaciones propias y modos de actuar y pensar. Esto nos ayuda a empatizar más con unos personajes que nos son culturalmente ajenos y a entender qué era lo que incitaba su modo de actuar.

Otro aspecto interesante es observar la evolución que sufre una comunidad musulmana que hasta entonces era considerada como la civilización más avanzada culturalmente pero que reacciona a la guerra encerrándose en sí misma, volviéndose mucho más ortodoxa y reaccionaria. Este punto de inflexión marcaría un estado que se mantiene hasta hoy en día, en el que el progreso se encuentra totalmente estancado y muy poco evolucionado desde el período medieval, motivo por el cual se sigue invocando el yihad en contra del mundo occidental e incluso la reconquista de al-Andalus.

Si nos detenemos un instante y hacemos un ejercicio de Historia Comparada resulta interesante el hecho de que la guerra empuje a algunos pueblos a recuperar una identidad que, si bien no habían perdido del todo, sí que se encontraba muy diluida. De este modo, al mismo tiempo que el mundo musulmán se encontraba en un momento de esplendor cultural también había relegado muchos de los principios que habían sido inamovibles siglos atrás y consecuentes de su rápida expansión. En este aspecto y salvando las diferencias, una de las respuestas del pueblo judío a la pérdida de derechos humanos sufridos por el nazismo fue una recuperación de los valores identitarios que los hacían definirse como tal.

En cualquier caso, Maalouf consigue mostrarnos un acertado retrato de una época de colisión entre dos maneras de ver el mundo en la que no faltan batallas, matanzas, traiciones, conquistas e incluso actos de canibalismo. Dos maneras de ver el mundo que nos ayudan a entender la base de muchos conflictos actuales cuyas raíces nacieron en este preciso instante.

Y es precisamente el autor quién hace las últimas disertaciones sobre lo que las Cruzadas supusieron para el pueblo musulmán. Si bien es cierto que estos fueron los claros vencedores finales en el ámbito puramente militar, su evolución histórica se vio frenada a favor del mundo occidental que tuvo un cambio totalmente opuesto. Es complicado tratar de dar con las causas concretas pero Maalouf nos señala algunas como el hecho de que la mayor parte de los gobernantes que dirigían a la comunidad del Profeta ya no eran de origen árabe, ni siquiera los guerreros. Todo ello, sumado a la incapacidad que los gobiernos musulmanes demostraron desde sus inicios en el proceso de transmisión del poder, hizo que las instituciones carecieran de cualquier tipo de estabilidad duradera.

De igual modo, mientras que el mundo occidental trató de aprender todo lo posible del bando contrario, incluido el lenguaje árabe, conocimientos de origen griego y adelantos en industria y agricultura, el mundo musulmán consideró que no eran más que bárbaros incultos de los que poco o nada se podía aprender. Finalmente, como antes hemos mencionado, a causa de las continuas guerras externas e internas, el pueblo musulmán se volvió a la defensiva e intolerante ante toda influencia externa, evitando cualquier idea de progreso salvo en ciertas fases de su historia posterior.

El pasado no puede resultarnos nunca algo ajeno. Las Cruzadas causaron un punto de inflexión, una serie de repercusiones que duran hasta hoy en día. Maalouf señala que «más allá del hecho individual, está claro que el Oriente árabe sigue viendo en Occidente al enemigo natural. Cualquier acto hostil contra él, sea político, militar o relacionado con el petróleo, no es más que una legítima revancha; y no cabe duda que la quiebra entre estos dos mundos viene de la época de las Cruzadas, que aún hoy los árabes consideran una violación».

 

Para saber más:

Maalouf, A. (2004). Las Cruzadas vistas por los árabes. Alianza Editorial.

Runcinman, S. (2008). Historia de las Cruzadas. Alianza Editorial.

Oldenbourg, Z. (2003). Las Cruzadas. Edhasa.

Tyerman, C. (2007). Las Guerras de Dios: una nueva historia de las Cruzadas. Crítica.

Flori, J. (2011). Las Cruzadas. Universidad de Granada.

Acerca del autor

Juan José Martínez Fernández

Historiador y arqueólogo interesado en el periodo medieval.

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