Divulgación

Informe especial. La figura del emperador romano en la Antigüedad tardía

Publicado en el número 6 de Descubrir la Historia (julio de 2016).

La Antigüedad Tardía o Bajo Imperio es un periodo histórico que comprende desde el reinado de Diocleciano (284 – 305) hasta el de Heraclio (610 – 641). Muchos autores consideran que la Crisis del Siglo III es también parte de la tardoantigüedad y algunos incluso consideran a la dinastía de los Severos como parte de esta etapa. Es un periodo intermedio entre la Plena Antigüedad y la Edad Media, en la que nos encontramos con nuevas estructuras políticas, económicas y sociales que difieren de las estructuras romanas altoimperiales.

La figura del Emperador: Del Alto al Bajo Imperio

El término que nosotros hoy en día conocemos como emperador procede de imperator, palabra latina que definía a un magistrado que tenía mando militar y que posteriormente fue utilizado para definir uno de los distintos títulos imperiales. Desde la creación del Principado con Octaviano, la figura del emperador fue variando progresivamente. En un principio esta dignidad surgió como resultado de la inestabilidad política tras las guerras civiles de finales de la República y la consolidación del poder del victorioso César Octavio. La figura del emperador se insertaba en un principio dentro del esquema de las magistraturas republicanas y en apariencia el sistema anterior se mantenía, con unas competencias específicas para el Senado y otras para el emperador, aunque en la práctica este último era el pilar maestro del nuevo modelo político al reservarse para sí una serie de poderes, como, por ejemplo, la tribunicia potestad que permitía el veto a las decisiones del Senado.

Durante el Alto Imperio vemos escasos ejemplos de divinización del emperador en vida, mientras que en la Antigüedad Tardía esto es una constante. Durante el Bajo Imperio el emperador se convierte en un monarca absoluto, aunque en ocasiones limitado por la colegialidad (emperadores compartiendo el cargo a la vez) y por la inestabilidad política. En el Alto Imperio el emperador es el Princeps (El Primero), mientras que en la Antigüedad Tardía pasa a ser Dominus (Señor), algo que queda bien reflejado en la obra de Ulpiano en la que muestra al emperador por encima de las leyes. También es destacable mencionar que el vínculo tradicional entre el emperador y el Senado se fue rompiendo progresivamente, y el ejército pasó a ser el principal apoyo de esta figura política.

emperador romano - Figura 1  - Informe especial. La figura del emperador romano en la Antigüedad tardía

Figura 1. Moneda de Aureliano. Tipo con corona radiada que vincula al emperador con la divinidad (Wikimedia).

Durante la Antigüedad Tardía se mantuvieron los títulos republicanos, pero a su vez se ensalzaron los símbolos del absolutismo como eran el cetro, el orbe y la vestimenta triunfal. Con Galieno y Aureliano se usó la diadema helenística y la religión pasó a sustentar el poder político, al ser los emperadores los intérpretes de la divinidad. A su vez, los romanos perseguían que los emperadores fueran justos, piadosos, virtuosos y que buscasen el bien de la comunidad. La aprobación del Senado para la ostentación de la dignidad imperial pasó a ser un mero trámite, más un acto formal que una necesidad para gobernar el Imperio. Además, el Senado perdió su poder político, no así su prestigio y las exenciones de impuestos, con excepciones puntuales. La decadencia del Senado se extendió a las magistraturas, manteniéndose como meros títulos honoríficos los cargos cuestor, pretor y cónsul.

Durante el Alto Imperio son constantes los desencuentros entre los distintos emperadores y el Senado. Este último va progresivamente perdiendo poder, así como el orden senatorial, en favor del ecuestre y del ejército, que va entrometiéndose constantemente en política. Con Septimio Severo esto se hace evidente, como se aprecia en su entronización por el ejército frente a los candidatos del Senado y en que muchas medidas tomadas por dicha institución son desoídas por el emperador. El estado en este momento se convirtió en lo que se ha llamado la Monarquía Militar, en la cual el ejército romano era el centro y el sustento del poder político. Septimio Severo obtuvo la ratificación del Senado al presentarse armado en la Curia y desde entonces la corte pasó a seguir la manera oriental.

La Anarquía Militar

Tras la dinastía de los Severos se produjo lo que se ha denominado la Anarquía Militar (235 – 268) caracterizada por una crisis económica con una alta inflación, el alza de una nueva elite dirigente potenciada por el emperador (orden ecuestre), el papel predominante del ejército en la vida pública, las incursiones bárbaras, la degradación jurídica y económica de los grupos sociales más bajos, y la extensión de las nuevas corrientes religiosas.

emperador romano - Mapa 1  - Informe especial. La figura del emperador romano en la Antigüedad tardía

Mapa 1. Imperio de la Galia, imperio romano y reino de Palmira (Wikimedia).

En lo referente a la figura del emperador, se constata una tendencia al absolutismo político en una transición del Principado al Dominado, la decadencia del poder imperial con constantes usurpaciones y guerras civiles para conseguir el trono, la presencia habitual de más de un emperador compartiendo el cargo y la fragmentación del Imperio en varios entes político nuevos que supusieron una amenaza a la autoridad imperial. Cabe destacar en este periodo la figura de Valeriano (253 – 260) el cual dejó a su hijo Galieno al cargo de la defensa del limes occidental, mientras él se enfrentaba a los Sasánidas (dinastía persa reinante desde el 226 al 651). La derrota del emperador romano frente a los persas quedó reflejada en la estela de ‘Naqs-i-Rustam’ y a la muerte en prisión de Valeriano, el rey persa, mandó realizar un escabel con su piel. El Imperio en este momento pasa a manos de su hijo Galieno (253 – 268), que tuvo que ver como el caos recorría el estado con la creación de nuevos entes políticos: el imperio de la Galia liderado por Póstumo y el reino de Palmira de Odenato.

Los Emperadores Ilirios

La Anarquía Militar concluyó con los Emperadores Ilirios que en poco tiempo restituyeron el poder y la dignidad imperial, así como la unidad romana. Claudio II el Gótico (268 – 270) consiguió recuperar Hispania y la Galia Narbonense, que estaban en manos del imperio de la Galia. Su sucesor Aureliano (270 – 275), se anexionó definitivamente los territorios escindidos tras la derrota de Valeriano frente a los persas, lo que le supuso que el Senado le concediese el título de Restitutor Orbis (Restaurador del Mundo). Es muy interesante la figura de este dirigente para el estudio de la figura del emperador, puesto que suprimió algunas de las competencias que tenía el Senado, como era la de acuñar moneda de bronce, y por la novedad que supuso colocar en lo más alto del panteón romano al dios Sol Invictus y a él mismo como intérprete de dicha divinidad. Todo ello supone una base ideológica imperial nueva y de marcado carácter absolutista. Se buscaba tener un dios para todos los habitantes del Imperio sin necesidad de que ninguno renunciase a sus creencias, persiguiendo en cierto modo el ideal de «Un dios, un imperio», que posteriormente aplicó Constantino. Aureliano aparece mencionado en ocasiones como Deus et Dominus (Dios y Señor), un título que nos demuestra una divinización en vida del emperador. Tras su asesinato en Oriente por parte de sus oficiales, se produjo un periodo de inestabilidad que se saldó con la entronización de personajes que nada tenían que ver con los candidatos del Senado, viéndose así el poco poder de acción que le quedaba a esta antigua institución romana.

Diocleciano

Si hasta este momento los investigadores no se ponen de acuerdo si estos reinados forman parte de la Antigüedad Tardía, sí se tiene claro que el reinado de Diocleciano forma parte de este periodo. Valerio Diocles (Diocleciano) gobernó desde el 284 al 305, y creó un sistema político nuevo y radicalmente diferente al modelo romano previo. Diocleciano apuñaló a Arrio Aper, prefecto del pretorio que había asesinado al emperador Numeriano en la campaña contra los persas, y fue nombrado emperador por sus tropas. Este hecho le llevó a enfrentarse contra el hermano de Numeriano, Carino, que se encontraba en Occidente. Carino venció, pero fue asesinado en el 285 y Diocleciano aprovechó la situación para hacerse con el poder. Es en este momento cuando muchos autores afirman que comienza la Antigüedad Tardía.

Diocleciano fue un destacado emperador que consiguió devolver el esplendor al estado romano mediante una serie de reformas estructurales, una de estas reformas fue la política e ideológica. Diocleciano, de origen humilde y con una buena carrera militar a su espalda, llegó a ser emperador en el 284 gracias al apoyo sus tropas y estableció la capital en Nicomedia. No visitó Roma hasta el 303, lo que nos muestra el escaso valor político que aún conservaba la gran ciudad creadora del Imperio. Consciente del problema de las usurpaciones constantes en reinados precedentes, buscó un nuevo modelo de gobierno, lo que le llevó a plantear un estado romano único con dos Augustos (título imperial por excelencia que ostentaron en la Antigüedad Tardía los emperadores de rango superior), uno para Occidente y otro para Oriente. En el 285 Diocleciano nombró César (Título imperial que durante la Antigüedad Tardía ostentaban los emperadores de rango menor asociados a la figura de un Augusto) a su amigo Maximiano, y en abril del 286 lo ascendido al rango de Augusto, con el objetivo de hacer frente a los bagaudas y al usurpador Carausio, creándose en este momento una diarquía en el Imperio. Tras este suceso, en el 293 a los dos Augustos se les sumaron dos Césares, Constancio Cloro y Galerio, dando lugar a la Tetrarquía.

emperador romano - Tabla 1  - Informe especial. La figura del emperador romano en la Antigüedad tardía

Tabla 1. La división del poder en la Tetrarquía de Diocleciano. Elaboración propia.

Diocleciano ostentaría una superioridad nominal en el sistema tetrárquico, al ser el Senior Augustus, el cual tenía, en teoría, el derecho a intervenir en cualquier parte del Imperio cuando lo considerase necesario. La competencia de los Augustos era la de legislar, mientras la de los Césares era el control ejecutivo, pero en la práctica cada uno de los emperadores regía en su territorio como si fuera el gobernante de un estado prácticamente independiente. A pesar de ello, todas las leyes y decretos imperiales iban encabezados con los nombres de los Augustos y de los Césares, lo que hacía ver que la unidad imperial no se rompía.

La ideología política en este momento dio lugar a una teología política, ya que los Augustos pasaron a ser considerados hijos de los dioses. Diocleciano fue considerado hijo de Júpiter y Maximiano se consideró hijo de Hércules, por lo que se veía la supremacía nominal de Diocleciano sobre el Imperio. Mientras tanto los Césares eran reconocidos como hijos adoptivos de los Augustos, por lo que se vinculaban con la familia imperial y con los dioses. Todos los tetrarcas insertaron en su onomástica el gentilicio Velerius de Diocleciano. En estos momentos se produjeron persecuciones contra los cristianos (del 303 al 311), debido a que no consideraban divinos a los emperadores, lo que socavaba los cimientos políticos del renovado estado romano.

Con la Tetrarquía se introduce la adoratio, consistente en que los súbitos hincasen sus rodillas en presencia del emperador, y sólo unos pocos hombres de rango consular podían acceder a su presencia, por lo que se volvió inaccesible. Se adoptaron símbolos del poder absoluto y de corte oriental como la diadema, las gemas en las vestimentas, el manto púrpura, etc. Con ello está claro el paso del Principado al Dominado, caracterizado por el poder absoluto del emperador.

El sistema político creado por Diocleciano dio buenos resultados al principio, con victorias de los romanos contra territorios escindidos del Imperio y contra los enemigos exteriores como los persas que tuvieron que devolver a Roma los territorios proximorientales de Armenia, Mesopotamia e Iberia.

Diocleciano y Maximino abandonaron el poder simultáneamente en el 305, dejando como Augustos a los hasta entonces Césares, Galerio y Constancio. Los cargos de Césares pasaron a manos de Maximino Daya en Oriente y Valerio Severo en Occidente. Estos personajes eran desconocidos para sus coetáneos y demuestra el abandono del elemento hereditario, lo que a la postre se demostró como la causa del fin de la Tetrarquía. Constantino, hijo de Constancio Cloro, no estaba dispuesto a quedar apartado en la sucesión imperial.

Constantino

Constantino I (306 – 337), denominado el Grande por la historiografía cristiana, fue proclamado emperador por las tropas de su padre, Constancio Cloro, en Eboracum (York) al ser relegado del trono en el sistema tetrárquico. Este hecho fue legitimado por el Colegio Imperial (reunión de los emperadores) de Galerio.

Constantino continuó las reformas emprendidas por Diocleciano, salvo en el tema religioso, ya que se pasó a un periodo de tolerancia con el Cristianismo, convirtiéndose él mismo a dicha fe. También se ve una ruptura con el sistema político de Diocleciano, por lo que la sucesión hereditaria volvió a estar presente.

emperador romano - Figura 3  - Informe especial. La figura del emperador romano en la Antigüedad tardía

Figura 3. ‘Arco de Constantino’. Conmemora la victoria de Constantino sobre Majencio (Wikimedia).

Constantino I, tras ser proclamado emperador por las tropas de su padre, tuvo que enfrentarse contra Majencio, hijo de Maximiano, que había usurpado la dignidad imperial en Italia y África sin contar con el respaldo del resto de emperadores. La victoria se decantó del bando de Constantino tras la célebre batalla de Puente Milvio, en la que según la historiografía cristiana (Eusebio de Cesarea), Constantino había tenido un sueño en el que veía que se ganaría la batalla si sustituía los estandartes de las tropas por crismones cristianos. Tras esta batalla, Constantino se queda como gobernante único en Occidente, mientras que Licinio se quedó como líder indiscutible en Oriente. Con esto se ve el fin de la Tetrarquía, que se hace constable en la reunión de Milán entre Licinio y Constantino, que tuvo como resultado el acuerdo de compartir la dignidad imperial, dando lugar a una nueva diarquía en el Imperio. Esta situación no tardaría mucho en romperse, enfrentándose ambos emperadores y reconciliándose posteriormente. De este primer desencuentro nos interesa ver como en ese momento los dos emperadores decidieron asociar al trono a sus hijos con el título de César. En el 324 se produjo de nuevo una guerra civil con la derrota definitiva de Licinio en Adrianópolis, y con ello el Imperio quedó al completo en las manos de Constantino.

Con Constantino desaparece la guardia pretoriana, siendo sustituida por las Scholae Palatinae, que no eran propiamente un cuerpo de guardia. La figura del Prefecto del Pretorio cambia de significado, ya que deja de hacer referencia al jefe de los pretorianos para desempeñar el cargo de gobernador de una prefectura, que era la división administrativa más amplia del Imperio, creada por Constantino y que englobaba a las diócesis, y éstas a su vez a las provincias. Constantino además creo una serie de nuevos cargos de relevancia como el Comes Sacrarum Largitionum, un cargo con muchas semejanzas a un ministro de finanzas, o el de Agentes in Rebus cuyo objetivo era controlar a los gobernadores. Con este reinado vemos que se culminó la definitiva separación entre poder civil y militar, y que los altos cargos se fueron sacralizando. Con todo ello se aprecia el fuerte impulso reformista que supuso el gobierno de Constantino.

Constantino I fue progresivamente legitimándose por la gracia divina, reguló el turno de audiencias imperiales y adoptó la diadema siguiendo el uso de las monarquías orientales, así como la túnica con oro y la proskynesis (acción de postrarse). Constantino cambió además la tendencia imperante desde la dinastía de los Severos, consistente en apoyarse en los caballeros (orden ecuestre), volviendo a tener una mayor relevancia el orden senatorial.

En el 313, bajo el gobierno de Constantino y Licinio en el Imperio, se publicó el Edicto de Milán, por el cual se estableció la libertad de culto y las comunidades cristianas pudieron tener propiedades. A pesar de ello, Constantino siguió mostrando predilección por el culto solar hasta la derrota de Licinio. A partir del 330 se comenzó a utilizar la iconografía cristiana en lo referente a los símbolos del estado. Seguramente Constantino vio al cristianismo como una forma de cohesión social, de ahí su conversión (nunca se hizo oficial) y la edificación de templos en Antioquia, Jerusalén, etc. Constantino se involucró mucho en temas religiosos y le gustaba definirse como un decimotercer apóstol. Convocó el Concilio Ecuménico de Nicea en el 325 con el objetivo de preservar la Iglesia. A pesar de todo ello, también realizó templos dedicados a la familia imperial y en espacios públicos como el Foro de Constantino de Constantinopla se vieron elementos propios del paganismo, como era el supuesto Paladio (imagen de madera que representaba a Atenea y que según la mitología fue trasladado de Troya a Italia por Eneas tras la Guerra de Troya.), junto con elementos propios del mundo cristiano como el considerado báculo de Moisés.

Constantino repartió el Imperio entre sus hijos, sin romper la unidad imperial de forma oficial, pero en poco tiempo hubo desavenencias y luchas internas que acabaron con Constancio II como único emperador.

De Constancio II a Teodosio

Este periodo cronológico que abarca del 337 al 395, se caracteriza por el mantenimiento de la unidad imperial de manera oficial, aunque en muchas ocasiones con más de un emperador a la vez rigiendo el estado. Un reinado destacado fue el de Juliano el Apostata (355 – 363), que realizó una política fiscal muy positiva para los habitantes del Imperio e hizo público su paganismo, produciéndose una involución de la tendencia previa. A la muerte de Juliano el Apostata le sucedieron emperadores cristianos que fueron tolerantes en temas religiosos en la parte occidental del Imperio, no así en la oriental. El emperador Graciano (367 – 383), influenciado por Ambrosio de Milán, renunció a utilizar el título de Pontifex Maximus (denominación que se le dio al principal sacerdote romano y que a partir de la creación del sistema imperial estuvo ligado al emperador), un título vinculado a la figura del emperador romano desde la instauración del sistema imperial por Augusto. Esto se debió a que lo consideraba incompatible con su fe cristiana y seguramente lo cedió al papa Siricio (Papa 38º de la Iglesia Católica), quedando ligado desde entonces el título a la cátedra de San Pedro. A pesar de este hecho, la autoridad religiosa del emperador permaneció intacta, aunque con pequeñas variaciones, en la parte oriental del Imperio. Con el paso del tiempo, el emperador de Oriente dejó de usar el título de Pontifex Maximus.

Con Teodosio (378 – 395) se realizó el Edicto de Tesalónica en el 380, por el cual el imperio de los romanos pasó a ser un estado con una única religión, la cristiana. Entre el 391 y el 392 el emperador realizó leyes que castigaban con la muerte el sacrificio a dioses paganos, por lo que vemos un completo cambio conceptual en el estado y por ende en la figura del emperador. A pesar de este edicto, existen pocos documentos que reflejen la destrucción de espacios de cultos paganos en Hispania. Teodosio tuvo roces con el obispo Ambrosio de Milán, ya que ambos pretendían influir en el ámbito del otro. El resultado fue que el emperador tuvo que hacer penitencia, viéndose así por primera vez el sometimiento del poder civil al religioso en el sistema político romano. A la muerte de Teodosio en el 395, sus dos hijos, Honorio y Arcadio, dividieron el Imperio de forma oficial y definitiva.

El Imperio Romano de Oriente hasta Heraclio

Los dos imperios resultantes de la división del estado romano tuvieron un devenir muy diferente. El Imperio Romano de Occidente se mantuvo a duras penas hasta el 476, mientras que el Imperio Romano de Oriente duró un milenio más, hasta el 1453, en los que encontramos periodos de gran esplendor y prosperidad. La dignidad imperial en el Imperio Romano de Occidente fue debilitándose progresivamente por la pérdida paulatina de territorios, por la gran influencia de líderes bárbaros en la designación de los emperadores, por las continuas usurpaciones y por los reinados de muy corta duración. En el 476, el hérulo Odoacro derrocó a Rómulo Augústulo, último emperador romano en Occidente. Odoacro, una vez se hizo con la ciudad de Roma, envió las insignias imperiales a Constantinopla, capital del Imperio Romano de Oriente, dejando claro que el único emperador romano del Orbe era el que se encontraba en el Bósforo, el emperador Zenón (474 – 491). Con ello vemos la vuelta a un mundo romano con un único emperador y un sometimiento nominal del rey Odoacro, que se presentó como agente de la Roma de Oriente.

emperador romano - Mapa 2  - Informe especial. La figura del emperador romano en la Antigüedad tardía

Mapa 2. División del Imperio (Wikimedia)

La relación entre Zenón y Odoacro empeoró, y el emperador decidió mandar a los ostrogodos dirigidos por Teodorico a recuperar Italia. Teodorico estaba legitimado como gobernante en nombre del emperador y a su vez tenía una autonomía plena en los asuntos italianos. Con el emperador romano oriental Justiniano (527 – 565) se realizó la Renovatio Imperii, consistente en reconquistar, o, mejor dicho, el devolver el control directo de los antiguos territorios del imperio de los romanos a manos del emperador, ya que según la mentalidad de la época el Imperio Romano de Occidente no cayó, sino que los líderes bárbaros gobernaban en la parte occidental en nombre del emperador residente en Constantinopla. Gracias a esta política se conquistan los reinos de los vándalos y de los ostrogodos, así como el sur de la Península Ibérica que estaba en manos del reino de los visigodos.

La figura del emperador recuperó con Justiniano el prestigio que había tenido en tiempos pasados, gracias en gran medida a la recuperación territorios romanos, a la elaboración de una codificación de leyes, a la recuperación de una serie de valores clásicos y a la potenciación de la ortodoxia dentro del Imperio.

En el Imperio Romano de Oriente el cesaropapismo (forma de gobierno en el que los líderes políticos son también la máxima autoridad religiosa) fue el modelo político-religioso imperante, mientras que en Occidente el poder civil y el religioso estaban más separados. Esto se aprecia perfectamente en la carta que el papa Gelasio I envió al emperador Anastasio (491 – 518), en la que le expresa su visión de la separación de poderes y choca con los fundamentos del poder temporal del emperador en Oriente, que era considerado un rey-sacerdote al modo de los reyes del Antiguo Testamento.

Heraclio (610 – 641) fue el último emperador romano de la Antigüedad Tardía y con él que se inicia la Edad Media. Heraclio es conocido por ser el emperador que oficializó el griego en el Imperio Romano de Oriente, abandonando el latín definitivamente. Ha de tenerse en cuenta que, desde el advenimiento del Imperio, el bilingüismo es una constante entre las elites romanas, pero en estos momentos el latín es desbancado completamente por el griego. Heraclio convirtió al estado romano oriental en un estado liderado por la cultura griega, tuvo que hacer frente a persas y posteriormente al islam y con él se dejaron de usar los títulos imperiales romanos (Imperator, Caesar y Augustus), desplazados por el título basileus (rey o soberano), si bien no se suprimen.

Conclusiones

La figura del emperador romano que surgió para evitar la inestabilidad del periodo tardorrepublicano, y que en apariencia se consideraba un primus inter pares, de ahí la figura del Princeps (Primer ciudadano. Título concedido por el Senado a Octavio Augusto que no llegó a institucionalizarse), dio lugar a un monarca absoluto que controlaba todos los asuntos del Imperio, el Dominus. Durante la Antigüedad Tardía el emperador se revistió de símbolos propios de las monarquías orientales como las diademas helenísticas, la vestimenta púrpura con gemas, el uso del orbe y del cetro, etc. El emperador comenzó a divinizarse en vida, algo impensable a comienzos del Imperio, y a vincularse con la divinidad, incluso mostrarse como mediador entre ésta y los habitantes del Imperio.

Los emperadores pasaron de perseguir o tolerar a los cristianos, a tenerlos en cuenta por su peso político, y definitivamente convirtieron al estado romano en un imperio cristiano, abandonando definitivamente el paganismo. Con el emperador Constantino vemos una mezcla de elementos cristianos con elementos paganos, en los que el emperador se vincula al dios Sol Invictus y a la vez se muestra como el apóstol decimotercero.

En la parte occidental del Imperio, el emperador abandonó el título de Pontífice Máximo y por ende el poder religioso, a favor del Obispo de Roma. Sin embargo, en la parte oriental el emperador continuó como rey y sumo sacerdote. Estas circunstancias muestran una gran diferencia ideológica entre Oriente y Occidente, que se hizo irreversible con la ruptura de la Iglesia Cristiana en el 1054.

Hay que tener en cuenta que la figura política del emperador permaneció vigente en la Roma Oriental hasta la caída de Constantinopla en manos de los turcos otomanos y que la misma fue el anhelo de muchos soberanos europeos que consideraron que el Imperio Romano de Occidente se había trasladado al Imperio Carolingio y luego al Sacro Imperio Romano Germánico. Diversos títulos imperiales europeos proceden del título imperial romano César, como son los títulos de Kaiser o de Zar. En definitiva, el uso de los títulos imperiales de tradición romana perduró hasta el siglo XX, aunque algunos de los títulos asociados tradicionalmente a la dignidad imperial han llegado hasta nuestros días como podemos constatar en la figura del Papa, el Pontifex Maximus o Summum Pontifex. 

Para saber más

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Acerca del autor

Daniel Becerra Fernández

PIF en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla.

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