Reseñas

Leer la Historia. ‘El historiador, el archivista y el magnetófono. De la constitución de la fuente oral a su explotación’ de Florence Descamps

Publicado en el número 5 de Descubrir la Historia (abril de 2016).

La primera pregunta que me gustaría plantearos a modo de introducción de esta reseña es: ¿qué conocimiento tenemos de nuestras vidas? Parece una pregunta que más allá de la casuística de nuestras respectivas biografías resulta fácil de responder: somos actores de nuestro día a día y, por tanto, conocemos bien nuestro hogar, a nuestra pareja, a nuestra familia, a nuestros amigos, nuestro lugar de trabajo, nuestra profesión, nuestro barrio… Tenemos a priori también una experiencia con respecto al mercado de trabajo (desafortunadamente también muchos y muchas conocen el desempleo), con respecto al sistema educativo (que ha sido marco de nuestra infancia y juventud), o en relación a la salud y al sistema sanitario (envidio a quien nunca haya estado enfermo/a).

Sin embargo, sobre estas materias no podemos afirmar tener el mismo nivel de certeza que con respecto a nuestro día a día tendiendo a calificar este conocimiento, entre experiencial e intuitivo, como nuestra opinión. Asumimos así, casi a regañadientes, que un sociólogo, un economista o un jurista afirmen en base a datos, estadísticas y figuras que la realidad que nos rodea va más o menos bien o más o menos mal, confrontando generalmente ese saber con nuestra experiencia, integrando o rechazando el discurso técnico que se nos ofrece para formarnos, en todo caso, lo que se conoce como una opinión cualificada. Si se pregunta a un economista y a un parado de larga duración sobre el mercado de trabajo, por ejemplo, sus respuestas serán necesariamente diferentes, e incluso muchas veces aparentemente contradictorias.

En el caso de la Historia ocurre algo similar. Por una parte los historiadores se empeñan en base a unas fuentes y una metodología en ofrecer un conocimiento más o menos técnico del pasado (se presupone aquí la profesionalidad del historiador, aunque en este gremio haya, como en todos, personas que no merecen el calificativo de profesionales, y a veces, ni tan siquiera de historiadores) y por otra parte está la experiencia, el recuerdo o el mero aprendizaje (fallido o en base a falsos supuestos) sobre una época pasada que todos y cada uno de nosotros y de nosotras tenemos, lo cual es especialmente significativo, por su proximidad en el tiempo, para la etapa contemporánea, aunque no exclusivo (las deformaciones sobre nuestro conocimiento de la Edad Media por ejemplo tienen su expresión aún hoy en día en algunos debates sobre el nacionalismo en España).

Conscientes sin embargo del primer punto que comentábamos, nuestro conocimiento de base experiencial como actores de nuestras vidas, los historiadores desde las décadas de los 70/80 han incluido el testimonio oral entre sus fuentes para el conocimiento del pasado, constituyéndose desde entonces lo que se conoce como Historia Oral, pese a que a nivel nacional sufriese diferentes evoluciones, y no siempre esta etiqueta se haya empleado o se emplee en todos los países. Dado además el predominio de los documentos para la construcción del saber historiográfico la introducción del relato oral como fuente no se resolvió sin conflictos o tensiones, e incluso hoy en día dependiendo del contexto académico en que nos encontremos su uso puede resultar banal o todo lo contrario, en función de los distintos ritmos en que su validez se haya asumido.

Así pues, si nuestra opinión histórica y el saber técnico producto del oficio de historiador hemos dicho que son dos cosas distintas y éstos últimos usan la opinión y la experiencia como fuente para la construcción de sus estudios, a través del uso del relato oral, ¿no se produce una contradicción? ¿no se está dando así validez técnica a las opiniones, siempre individuales y por tanto sesgadas? Y si vamos más allá ¿es esta historia entonces un saber técnico? ¿es éste de cualquier modo posible para la historiografía (si atendemos a que los documentos son también visiones sesgadas de la realidad)? Se trata éstas, formuladas así o de otra forma, de preguntas que aún hoy en día asaltan a los historiadores, y para las que hay respuestas de distinta naturaleza y complejidad. Para lo que nos interesa aquí, sin entrar en la cuestión del estatuto científico de la Historia y de las Ciencias Sociales, la validez del relato oral como fuente histórica se puede resolver, en todo caso, mediante su uso documental crítico, externo e interno, y asumiendo su subjetividad, y la de todo su proceso de generación, como la vía de aproximación a la memoria de los acontecimientos, y no exclusivamente a su historicidad (si bien nuestras representaciones de los hechos, así como las prácticas que generan son epistemológicamente también objeto de la historiografía y parte del continuum que entendemos como Historia).

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Portada de la obra de Florence Descamps.

La profesora Florence Descamps, maître de conférences de la Ecole Pratique des Hautes Études, Section de Sciences Historiques et Philologiques, ha abordado en la obra que hoy os presento todas estas cuestiones de una forma sistemática y exhaustiva a lo largo de más de 800 páginas. L´historien, l´archiviste et le magnétophone. De la constitution de la source orale a son exploitation, editada en 2005, pero que desde 2011 puede consultarse a través de Internet en el sitio de OpenEditions Books supone un verdadero manual de referencia para el investigador que se plantee utilizar fuentes orales en su investigación pero también para aquel interesado en las cuestiones más metodológicas y técnicas de la construcción del saber historiográfico y que son inherentes al oficio de historiador. Interesa además para el caso de los investigadores no provenientes del país galo para plantearse una comparativa entre la forma que ciertos debates en torno a este tipo de cuestiones han surgido en Francia, y cómo se han resuelto (si lo han hecho) en comparación con otros contextos académicos como el español o los distintos contextos latinoamericanos por ejemplo, pues particularmente en Francia la Historia Oral como tal no existe, si bien el uso de fuentes orales es muy recurrente y está muy extendido para la investigación en Ciencias Sociales, así como la cuestión de la memoria, y sus distintas expresiones y la relación entre el testigo y su relato (témoinage) y el historiador y su relato han sido ampliamente abordadas por la investigación, e incluso la sociedad francesa, de forma muy profunda.

A través de cuatro apartados bien diferenciados se trata así en este trabajo la evolución del uso de fuentes orales en la historiografía; lo que la autora llama la “ingeniería” de los archivos orales, esto es, las cuestiones de tipo más práctico; la explotación histórica de este tipo de archivos, y por último los campos donde  puede tener más interés desarrollar estudios en base a este tipo de fuentes. De esta forma se trata de un estudio que permite una lectura en profundidad para quien se inicie en este tipo de cuestiones pero también un uso parcial para los especialistas que quieran consultar un apartado concreto sobre el uso de este tipo de fuentes, siendo en este sentido especialmente relevantes la segunda y la tercera parte, por abordar numerosas cuestiones metodológicas, de forma ilustrativa primero, ordenada después y por último muy bien documentada.

En conclusión, volviendo a la pregunta que formulaba al principio sobre qué conocimiento tenemos de nuestras vidas, la lectura de la obra de la profesora Descamps, nos permitirá no solo valorar esta problemática en toda su complejidad, sino plantearnos qué conocimiento podemos tener de éstas, entendiendo que la historiografía no busca sino que podamos conocernos a nosotros mismos y nuestro pasado superando los límites de nuestra experiencia individual, e incluso, al incluir de esta forma éstos procesos en el estudio historiográfico, poder comprender cómo funcionan los moldes que nuestra percepción y nuestra memoria nos imponen.

Para saber más

-DESCAMPS, Florence (2001). L´historien, l´archiviste et le magnétophone. De la constitution de la source orale à son exploitation. Comité pour l´histoire économique et financiére de la France, Paris.

-DESCAMPS, Florence (2006). Les sources orales et l´Histoire. Récits de vie, entretiens, témoignages oraux. Breal. Paris.

JOUTARD, Philippe (1983). Ces voix  qui nous viennet du passé. Paris.

 

Acerca del autor

Rubén Cabal Tejada

Doctorando en Investigaciones Humanísticas.

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