Divulgación

‘Sociología e Historia’ de Peter Burke

Publicado en el número 4 de Descubrir la Historia (enero de 2016).

En su ya clásico manual sobre investigación histórica, Julio Aróstegui evidenciaba la problemática que mantenía la duplicidad de la voz Historia en su acepción como objeto, el pasado humano, y como la ciencia que se encarga de su estudio. Ante esta circunstancia el autor proponía, opinión que suscribo, que sería más apropiado referirse a nuestra disciplina como historiografía, por ser este concepto el que de una manera más concreta se refiere a la producción y al contexto del oficio de historiador. Me atrevería a señalar, pese a no contar con datos que avalen esta idea, que pocas veces los aficionados a la Historia se interesan por las cuestiones de método, por las teorías o las fuentes sobre las que se sustenta una determinada afirmación, o la obra de un determinado autor, dejándose arrastrar por ese amplio caudal de datos que se ofrece al lector a través de las numerosas obras con las que hoy en día se cuenta sobre prácticamente cualquier período, bien se trate de la Roma clásica o de la I Guerra Mundial. Sin embargo es en la «historia de la historia» —así es como el concepto historiografía ha sido generalmente definido— donde se encuentra, a mi juicio, la verdadera importancia de la Historia, pues debería interesarnos no tanto el volumen de conocimiento que sobre una determinada materia se pueda llegar a alcanzar sino nuestra capacidad en sí para aprehender el pasado y poder construir en torno al mismo un discurso de corte científico —o, si se prefiere válido, crítico e intersubjetivo—.

La gente (Óscar Palop, Flickr)

La obra que hoy me gustaría brevemente introducir es Sociología e Historia. No se trata de una obra histórica al uso, ni siquiera de un tratado de historiografía, es más bien un texto que permite acercarse de manera indirecta a las problemáticas de la historia como disciplina, a las cuestiones que salen a la luz cuando uno se propone investigar el pasado. Su autor, Peter Burke, es uno de los historiadores más reconocidos de la historiografía británica. Alguna de sus obras son títulos de referencia en nuestro país. Siendo fundamentalmente modernista, ha destacado además por sus obras sobre historia cultural, siendo hasta su jubilación quien ostentaba la cátedra de esta materia de la Universidad de Cambridge.

Pese a que Peter Burke tiene una extensa e interesante obra publicada (donde destacan entre otras La cultura Popular o Formas de hacer historia) el texto que hoy nos interesa es quizás uno de los más sintéticos y pedagógicos del autor, pues como nos indica en el prefacio es un libro de dos direcciones, escrito tanto para sociólogos como para historiadores. Así, a lo largo del primer capitulo del libro se nos va a introducir en lo que señala que ha sido «un diálogo de sordos»: la relación entre la Sociología e Historia, la relación entre dos disciplinas que aparentemente tendrían que tener mayor comunicación debido a que una y otra estudian la sociedad —según el caso, incluso, ambas desde perspectivas diacrónicas— y que sin embargo parecen no sólo no tener ningún interés la una sobre la otra, sino incluso haber desarrollado una cierta desconfianza —cuando menos— entre los representantes de uno y otro lado. Es interesante ver en este punto cómo a lo largo de este proceso se han defendido estereotipos por parte de unos y otros sobre los «contrarios» sin corresponderse con la realidad, e incluso cómo algunos de estos estereotipos siguen aún vigentes —el miope historiador perdido en los hechos particulares sin ser capaz de discernir lo general y el sociólogo empleando su jerga incomprensible para definir lo general de espaldas a los hechos particulares—.

Superados los prejuicios que tanto unos como otros puedan tener lo cierto es que Burke no sólo pretende desenmascarar cómo se ha producido esa ruptura —proveniente tanto de la evolución del contexto académico como de la cuestión meramente epistemológica— sino que aboga por su superación, para lo cual va a desarrollar una verdadera guía de aprendizaje en los dos capítulos que siguen y cierran la obra referidos respectivamente a la estructura y al cambio social. Ésta es la parte más útil y original del libro, pues, pese a que algunas de las cuestiones que trata ya están superadas —la obra fue publicada en la década de los ochenta—, se trata de un ejercicio de definición terminológico muy enriquecedor, en nuestro caso, como historiadores y amantes de la historia, que nos permite reflexionar no sólo sobre el pasado de una forma más consistente sino comprender algunas de las categorías que se emplean para definir y caracterizar el mundo actual por parte de los científicos sociales.

Así pues, la aportación de Burke pasa por explicar algunos de los conceptos empleados por la sociología haciéndolos comprensibles a ojos del historiador, y relacionar la tarea de éste, con este entramado de términos para que sea, asimismo, comprensible al sociólogo.

Algunas de las cuestiones que se tratan dentro del apartado referido a las estructuras sociales son el método comparativo, la distinción entre modelos y tipos, la diferencia entre estructura y función, el parentesco y la familia, el concepto de rol social, la socialización y la desviación, las mentalidades o la categoría de clase social. Aparentemente se trata de nociones que más o menos cualquiera puede identificar sin problema aunque conlleven implicaciones muy concretas en el campo de la teoría social que pueden escapárseles a quienes no estemos familiarizados con ellas. Y como señala Burke, sin conocer previamente un concepto se hace muy difícil poder distinguirlo en la realidad. Es aquí donde reside la importancia del conocimiento sociológico para el historiador pues, por ejemplo, un fenómeno de la Revolución Francesa sin conceptos como estructura o clase social no se podría llegar a comprender por completo.

Es, sin embargo, en la cuestión del cambio social —a la que se dedica el último capitulo— donde pueden producirse, en opinión del profesor Burke, mayores frutos entre la colaboración de Sociología e Historia, pues los modelos de unos (Spencer y Marx) deberían completarse con los datos y aportaciones ofrecidos por los otros. En este punto el autor analiza además la obra de cuatro autores (Fernand Braudel, William H. McNeill, Emmanuel Le Roy Ladurie y Nathan Wachtel) que pone de ejemplo de esta necesaria colaboración para lograr lo que debería ser una teoría conjunta sobre el cambio social.

Más allá de que algunas cuestiones puedan según el caso ignorarse por completo o ya conocerse, se trata de una obra que conviene revisitar de vez en cuando debido a su claridad expositiva y a que, sin tapujos ni rodeos, afronta uno de los retos a los que se enfrenta en nuestros días cualquier investigación en ciencias humanas o sociales: la necesaria multidisciplinareidad en el enfoque. Más allá de las palabras huecas que suelen asociarse con esta idea, el autor propone un ejercicio no ya de convergencia entre muchas y lejanas disciplinas, sino entre dos en concreto, y con más en común de lo que desde ambas estarían dispuestos a admitir sus representantes, a través de un modelo concreto, que pasa por la necesaria traducción de los términos empleados por unos y otros, así como la explicación de la tarea que llevan a cabo desde cada disciplina. Sólo así, usando un mismo vocabulario, y una misma sintaxis, puede comenzar a plantearse un diálogo fructífero y no «de sordos», como parece que ha sido hasta el momento.

Para saber más

Aróstegui, Julio (2001). La Investigación histórica: Teoría y método. Crítica, Barcelona.

Burke, Peter (1987). Sociología e Historia. Alianza Editorial, Madrid.

Burke, Peter (ed) (2009). Formas de hacer Historia. Alianza Editorial, Madrid.

Acerca del autor

Rubén Cabal Tejada

Doctorando en Investigaciones Humanísticas.

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