El corresponsal que no existió y el que estuvo detenido

La historia del periodismo da para mucho, aunque normalmente no se le otorgue la importancia que merecería. Y en el caso de periódicos con más de cien años de historia, las anécdotas son muy numerosas y, a veces, significativas. El periodismo no sólo ha contribuido al conocimiento de la actualidad de cada momento histórico, sino que también su estudio permite comprender mejor la época en la que se editaron, y las circunstancias sociales y políticas que rodearon a su producción. En el artículo de hoy hablamos de dos corresponsales del periódico español ABC durante la Segunda Guerra Mundial.

Está muy claro que durante los primeros años del conflicto mundial, los periódicos españoles recibían instrucciones claras del Gobierno español sobre la manera en la que se debía tratar la información relativa a la guerra. Durante los primeros años —al menos hasta 1943— los diarios españoles, a pesar de la neutralidad del Estado, mantienen simpatías por los del bando liderado por Alemania.

En este contexto, vamos a acercarnos a ABC, un periódico conservador, que se había opuesto a la Segunda República, pero que también tuvo sus diferencias con el régimen franquista, en tanto que las dos ideas que marcaban la línea de pensamiento del periódico eran su defensa de la monarquía y del catolicismo. Este periódico, que tenía una gran repercusión nacional, mantenía corresponsalías en numerosos países, y una de las características de sus crónicas era la calidad literaria de los textos.

Última crónica firmada por Eugenio Valdés en 'ABC' (Hemeroteca digital de 'ABC').
Última crónica firmada por Eugenio Valdés en ‘ABC’ (Hemeroteca digital de ‘ABC’).

Vamos a centrarnos aquí en dos peculiares corresponsales. El primero fue Eugenio Valdés. Sus textos firmados desde Berlín hacían una defensa a ultranza de las ideas del nacionalsocialismo y enaltecía la figura de Adolf Hitler sin escrúpulos ni escondites. La sospecha sobre él recae en que sus textos parecen dictados por algún mando alemán, más que redactados por un periodista al servicio de su periódico y, en su caso, a las consignas del Gobierno español.

Además, su nombre no aparece en el Catálogo de periodistas españoles del siglo XX, del catedrático López de Zuazo Algar, ni tampoco biografía alguna en los archivos del diario ABC. La respuesta la proporciona Ramón Garriga y lo deja todavía más claro Pedro Sainz Rodríguez, ambos citados por Víctor Olmos en el libro que aparece como referencia al final de este artículo, Historia del ABC, que es donde se ha extraído toda la información aquí contenida. La conclusión es que realmente Eugenio Valdés nunca existió, y se trataba de un falso corresponsal que trabajaba desde Madrid a las órdenes de Hans Lazar, jefe de prensa de la embajada alemana en la capital de España. Es decir, ni escribía desde Berlín ni era quien decía ser quien aparecía identificado en sus crónicas como «enviado especial» o «corresponsal».

Resulta que la explicación a esto es que los propietarios del periódico, que en una situación de mayor libertad no hubieran permitido tal afrenta, no podían dirigir efectivamente sus periódicos y tomar sus decisiones. Esa mala experiencia terminó el 1 de noviembre de 1939, y ha quedado como una anécdota del periodismo: la del corresponsal que nunca existió.

La otra historia rescatada de la obra de Olmos es la del corresponsal —este sí existió— de ABC en Londres. Su nombre era Luis Calvo, el periodista más pro-aliado de entre los que escribirán en ABC, tal como y recoge el propio Olmos. Algunos lectores pensarán ahora: si el otro corresponsal era el que no existió, éste debe ser el que detuvieron. Y estará en lo cierto. Pero se equivocará si fue detenido por ser demasiado pro-aliado.

La realidad es que fue detenido por las autoridades británicas después de regresar de un viaje a España. Y lo hizo en calidad de sospechoso de espiar a Alemania. Existen muchas versiones al respecto, y el propio Calvo dio la suya propia cuando ya había terminado la guerra. Explicó que Serrano Suñer le puso en contacto con unos alemanes que le sugirieron que facilitara información secreta, siguiendo unas consignas, y le dieron unos polvos blancos para fabricar tinta invisible. Pero él, avergonzado por su condición de anglófilo, tiró los polvos, pero cuando llegó a Londres el servicio inglés de contraespionaje le detuvo, ya que estaba al tanto de esa propuesta. Hay otras versiones, que llegan desde autores ingleses y españoles, en las que Olmos considera que hay algunos ingredientes verdaderos y otros no reales, incluso en la versión de Calvo.

Sea como fuere, la realidad es que estuvo en cautiverio hasta que terminó la guerra. Las autoridades españolas presionaron para que fuera liberado, y los británicos dieron dos opciones: la instrucción de un proceso en el que podría salir libre o ser condenado a muerte; o ser encarcelado con la condición de «presunto» mientras durase el conflicto. El propio Calvo escogió la segunda opción.

Estos dos ejemplos son una buena muestra de cómo el periodismo tiene grandes historias que contar, y cómo a través del estudio de la prensa y los periodistas podemos profundizar en el conocimiento de una época tan fascinante como la Edad Contemporánea.

Fuente

Olmos, Víctor (2002). Historia del ABC. 100 años clave en la Historia de España. Barcelona: Random House Mondadori.

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