Divulgación

Espionaje entre reinos peninsulares al final de la Edad Media

Cuando pensamos en el espionaje, inevitablemente visualizamos a agentes infiltrados en territorio enemigo durante guerras mundiales o en regímenes totalitarios. La responsabilidad de esto es del cine y la televisión. Sin embargo, ya hay referencias hacia este tipo de prácticas en textos tan antiguos como la Ilíada o la Biblia. Pero en esta ocasión nos desplazamos a la Baja Edad Media, concretamente al siglo XV. Y lo hacemos porque un estudio publicado en la revista En la España Medieval explica los pormenores del espionaje entre los reinos peninsulares del siglo XV.

En él, Santiago González Sánchez, estudia el espionaje en los reinos de la Península Ibérica del siglo XV, prestando atención a tres momentos históricos concretos: las campañas de 1407 y 1410 contra el reino de Granada; el enfrentamiento entre Fernando I de Aragón con el conde de Urgel en 1413; y los preparativos para la toma de Ceuta por los portugueses en 1415. Su texto está estructurado en un apartado dedicado a cada uno de esos eventos históricos, otro dedicado a ejemplos diversos de espionaje y también se preocupa en siete apartados más en tratar cuestiones generales relativas a esta práctica: categorías de los agentes, sitios privilegiados para espiar, recorridos y tiempo utilizado, objetivos del espionaje, métodos empleados y castigos por espionaje.

El artículo es exhaustivo, y por ello vamos a destacar sólo algunos de los aspectos de esta investigación. Por un lado, resulta muy interesante conocer qué tipo de espías había. Por ejemplo, en el caso de la guerra de Granada, los espías podían ser musulmanes —a los que se referían como enesiado o enasiado—, pero muchos nombres se les daban: guardas, escuchas, atalayas, atajadores, adalides, almogávares, exploradores, ojeadores y embajadores. Según indica, los únicos que recibían una preparación para esta tarea eran los adalides. Están documentadas misiones existosas de ellos, como la de los diez adalides que se enviaron a espiar a Aznalmara e impidieron una emboscada de los granadinos en el camino de Teba a Antequera. Por parte del bando del reino de Granada, destaca la figura de Çaide Alamín o Said al-Amin, que era un embajador que supuso una importante fuente de información para los reyes nazaríes.

Un cristiano y un musulmán jugando al ajedrez en una tienda (Wikimedia). espionaje - 902px ChristianAndMuslimPlayingChess 300x300 - Espionaje entre reinos peninsulares al final de la Edad Media

Un cristiano y un musulmán jugando al ajedrez en una tienda (Wikimedia).

Los espacios desde los que se espiaba eran variados. Había casos en los que se hacía de día y sin esconder la identidad, fuera de manera más o menos sutil. Los objetivos normalmente eran los campamentos enemigos, la residencia de la corte y los puertos y atarazanas. También las fronteras eran lugares de especial intercambio de información, ya fuera por la simple observación o tras la captura de enemigos a los que se sometía a interrogatorio. En el caso de los enfrentamientos entre cristianos, también fueron importantes lugares del sur de Francia como Bayona o Burdeos, donde se concentraban partidarios del conde de Urgel.

El autor señala que es difícil conocer los recorridos de las misiones y el tiempo dedicado a ellas, ya que en los documentos no se informa de estos asuntos. Dada esta dificultad plantea algunas preguntas y matizaciones. Por ejemplo, que la duración estaba influida por la consideración que se deba a la misión, ya que no era igual una encubierta tras una embajada, con un carácter relativamente permanente, que las que se hacían en incursiones concretas en territorio enemigo.

Los objetivos de los espías eran muy diversos. Por ejemplo, muchos pretendían conocer la situación interna de Castilla o Aragón, posibles movimientos políticos, conocer las circunstancias sobre el enemigo para emprender una acción bélica, etc. Así mismo, los medios también eran variados. Se transmitía la información recabada mediante mensajes escritos, pero también de manera oral. Es curioso que ya en este periodo existía el cifrado de los contenidos, para evitar que, en caso de ser descubierta, se pudiera conocer el significado de los mensajes. La diplomacia también jugó un papel importante, pero al mismo tiempo las incursiones, interrogatorios y tortura mediaron en el espionaje. Por otra parte, el soborno, señales de banderas, polvos, llamas y otros procedimientos se utilizaron para alcanzar los objetivos planteados.

Los castigos a los espías que eran descubiertos eran extremadamente severos, llegando a concluir en la ejecución. Normalmente el procedimiento, según describe González Sánchez, era siempre así: detención, tortura, confesión y muerte infamante. El objetivo de estas duras penas era no sólo castigar al espía, sino servir de ejemplo y aterrorizar a otros para disuadirlos de realizar esta actividad.

Fuente

González Sánchez, Santiago (2015). «El espionaje en los reinos de la Península Ibérica a comienzos del siglo XV». En la España Medieval, 38, pp. 135-194. Disponible en: http://revistas.ucm.es/index.php/ELEM/article/view/49040/45738

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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