Divulgación

Rincón mitológico. El mito de Narciso y Eco

Publicado en el número 3 de Descubrir la Historia (octubre de 2015).

Como sabemos, la mitología trataba de dar explicaciones a hechos incomprensibles a través de historias. El mito que ahora nos ocupa habla sobre el origen del famoso eco, que se produce cuando gritamos a las montañas y éstas nos devuelven lo último que dijimos. Se dice que la ninfa Eco se enamoró profundamente de un joven algo presumido y fanfarrón llamado Narciso, que era hijo de la también ninfa Liríope de Tespia. Liríope estaba preocupada por su hijo, ya que su actitud hacia sus pretendientes era altiva y egoísta. La respuesta del vidente Tirseias fue: «Narciso viviría hasta una edad avanzada mientras nunca se conociera a sí mismo».

Narciso en la fuente, obra atribuida a Caravaggio (Wikimedia)

Eco había irritado a la diosa Hera porque ayudaba a Zeus a ocultar sus infidelidades entreteniendo a la esposa del rey de los dioses con conversaciones interesantes, y Hera la condenó a no poder hablar y sólo poder repetir la última palabra de aquello que le dijeran. Este fue uno de los motivos por los que Eco no se atrevía ni a acercarse al hombre del que se había enamorado.

Un día Narciso caminaba por el bosque, y la ninfa Eco estaba cerca, escondida entre la arboleda. Cuando Narciso pasó por donde ella estaba, Narciso escuchó un murmullo y preguntó: «¿Hay alguien aquí?». Eco respondió: «Aquí, aquí». Así estuvieron hablando, en un diálogo imposible por el castigo que sufría Eco. Al no poder verla, Narciso finalmente le gritó: «¡Ven!». La respuesta de Eco fue la repetición de su palabra. Y, después de decirlo, salió de su escondite para satisfacer la petición de Narciso. Sin embargo, de forma cruel, él se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, huyó rápidamente. Destrozada por la tristeza se confinó en una cueva y allí su vida se fue apagando hasta que lo único que permaneció fue su voz, que seguía repitiendo lo último que las personas decían.

No sólo sufrió Eco, y la enseñanza de este mito va más allá de la explicación del origen de este fenómeno natural. El mal que sufrió Narciso estaba relacionado con su belleza, que era tal que le afectó a sí mismo. Él había sido advertido de que jamás debía ver su propio rostro. Sin embargo, en una de sus excursiones, se vio reflejado en el agua. Se fascinó tanto por la belleza de su propio reflejo que no se atrevió a beber por miedo a dañarlo, pero también fue incapaz de dejar de mirarlo. Finalmente, Narciso se suicidó porque no podía poseer lo que, ahora, más deseaba: a él mismo. Murió ahogado, después de lanzarse al agua. Donde su cuerpo yació, creció una flor que llevaría su nombre: un narciso.

Aquí hemos narrado la versión del mito que contó Ovidio en su famosa obra Las metamorfosis, pero tiene muchas variaciones. Por ejemplo, una versión helenística cuenta que otra muchacha que también había sido rechazada por Narciso rezó a la diosa Némesis para que lo castigara por su vanidad. En otras, Narciso resulta atormentado en el inframundo contemplando un reflejo que no corresponde a su amor. Pero las narraciones de este mito no sólo se limitan al periodo clásico. Como podemos imaginar, en el romanticismo se retomó, sobre todo desde la creación artística.

Algunos artistas como el inglés John William Waterhouse (ya habitual en esta sección de la revista) tuvieron un especial interés por la mitología. Podría decirse que es uno de los artistas que mejor ha representado los mitos griegos, pues muestra con gran sensibilidad las historias. Y no es para menos su obra del de Narciso y Eco. También Caravaggio, en el siglo XVI pintó a Narciso reflejado en el agua, quedando prendado de sí mismo —esta obra es la que ilustra la portadilla de este artículo—.

Eco y Narciso, de John William Waterhouse (Wikimedia)

Se dice que nadie se quiso tanto a sí mismo como Narciso, y que él tenía el máximo grado de autoestima que es posible tener. Era tan bello que actuó de forma egoísta, destrozando el corazón de una persona que realmente le amaba, Eco, pero también su propia vida, que terminó en el momento en que la locura le invadió completamente al ver su propia imagen y enamorarse de sí mismo. En este mito no sólo se explicó el origen del eco o de los narcisos. También sacamos lecciones de tipo moral. De este mito procede la palabra narcisismo, que se refiere a quienes cuidan demasiado su «adorno y compostura» o se consideran hermosas, como enamoradas de sí mismas, como apunta la RAE. Hay personas que, a causa de su egoísmo y amor propio, llegan a autodestruirse. Este es el mito, las conclusiones cada uno puede extraerlas. Desde luego, lo que parece claro, es que con la mitología todavía podemos descubrir muchas cosas.

Para saber más:

Ovidio. «Narciso y Eco». Las metamorfosis, Libro III, 339-510. Versión publicada en Wikisource.

Grimal, P. (2010). Diccionario de mitología griega y romana. Barcelona: Paidós Ibérica.

Graves, R. (2010). Los mitos griegos. Barcelona: Ariel.

Acerca del autor

Gala Yagüe Narváez

Historiadora del arte. Ilustradora y gestora cultural. Miembro del consejo editorial de Descubrir la Historia.

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