Divulgación

La historia no filmada en ‘Casablanca’

Publicado en el número 3 de Descubrir la Historia (octubre de 2015).

Aunque hoy es conocida fundamentalmente como una historia de amor, la película Casablanca constituye también un relato político sobre la Segunda Guerra Mundial que, en el momento de su estreno, jugó un papel muy importante en su éxito. Su interés histórico convierte al filme en una fuente muy interesante para analizar la situación geopolítica de la época en la que se sitúa, el ecuador de la Segunda Guerra Mundial, en la que se producirían hechos muy relevantes en el devenir de la propia guerra. Además, su rodaje se realizó prácticamente de forma coetánea con la descrita en su trama, con sólo unos meses de diferencia, por lo que la visión que transmite es en buena parte la que existía en la sociedad de la época. Al mismo tiempo, su propia realización permite aproximarnos al conflicto de una forma más directa y personal, a través de las vicisitudes de los principales participantes en su rodaje.

Geopolítica exterior. El contexto geopolítico y su plasmación en la película

Casablanca se ambienta en esta ciudad marroquí durante la Segunda Guerra Mundial, concretamente a finales del año 1941. En esta época, Francia había capitulado ante Alemania y quedado dividida en dos zonas: la Francia ocupada, que ocupaba la franja atlántica y la zona central-septentrional del país, y la denominada Zona libre, con capital en Vichy, formalmente independiente, pero en la práctica colaboracionista con el régimen nazi, que se extendía por la zona central-meridional y el área mediterránea. Existía una tercera Francia, sin territorio directamente controlado, la denominada Francia Libre, dirigida por el general De Gaulle desde Londres y que lideraba la resistencia a la ocupación alemana. Todas las colonias francesas quedaron bajo el control del gobierno de Vichy, y entre ellas el protectorado de Marruecos, en el que se situaba la ciudad de Casablanca. En algunas de estas colonias las tropas se rebelaron y se vincularon a la Francia Libre, como ocurrió en el Congo Brazaville, circunstancia señalada en la propia película, pero el protectorado de Marruecos se mantuvo leal al gobierno de Vichy hasta la llegada de los aliados.

Fotograma de Casablanca

El protectorado fue una figura de la legislación internacional muy utilizada entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Establecía una especie de tutela de la potencia internacional sobre las débiles estructuras estatales del territorio a proteger. Técnicamente habría dos administraciones, la local y la extranjera, centrándose esta última en cuestiones relativas a la defensa y las relaciones internacionales, aunque en la práctica resultara evidente la imposición de la segunda sobre la primera. El protectorado de Marruecos surge a comienzos del siglo XX tras la Conferencia de Algeciras, cuando se divide Marruecos en dos áreas de influencia: la francesa, sobre la zona central y sur, y la española, sobre la zona norte, la región del Rif. La zona francesa era la más importante económicamente y la más poblada, teniendo como centro económico y demográfico la ciudad de Casablanca. Junto a los dos protectorados, la ciudad de Tánger obtuvo el estatus de ciudad internacional, interrumpido durante la Segunda Guerra Mundial. En cierta medida, el ambiente abierto y cosmopolita que en parte se recrea en Casablanca tuviera posiblemente más que ver con el existente en Tánger en el periodo de entreguerras.

El rodaje de la película comenzó en mayo de 1942 y acabó en agosto del mismo año. Por tanto, la época que recrea (invierno de 1941) estaba muy próxima a la de su realización. Nos encontramos en la primera parte de la Segunda Guerra Mundial, cercana a su ecuador, una época en la que, controlada la fulgurante expansión del ejército alemán de los años anteriores, la incertidumbre sobre el resultado era aún manifiesta. El ejército alemán dominaba Europa y, tras el revés del invierno de 1941, volvía a avanzar rápidamente por el sur de Rusia. En el norte de África, el Afrika Korps de Rommel todavía constituía una amenaza evidente para el control del Mediterráneo y del canal de Suez. Esta incertidumbre se transmite verazmente en la película. El vibrante cántico de la Marsellesa y el «Vive La France» pronunciado al final del mismo suponen un aliento moral hacia la población de los países aliados en esos momentos trascendentes. El orgullo herido de la Francia sometida, el colaboracionismo del régimen de Vichy, o la resistencia anti-nazi en Europa, son algunos de los temas que aparecen reflejados en la película. La resistencia en Casablanca contiene algunos elementos significativos de su carácter universal: está encarnada por un patriota checoslovaco (país que fue uno de los primeros afectados por la expansión nazi, incluso antes de la guerra), llamado Victor Laszlo, cuyos apellidos remiten a la minoría húngara de la actual Eslovaquia, que entona el himno francés, tomado como símbolo de libertad, junto a refugiados de diferentes naciones.

Pocos meses después de finalizar el rodaje, se producirían algunos hechos que conducirían a un giro en el curso de la guerra. Los primeros, y más directamente relacionados con la película, sucederían en el norte de África: la derrota alemana en El Alamein (Egipto) y, prácticamente consecutivo, el desembarco aliado en el Magreb, tanto en Marruecos como en Argelia, siendo uno de los puntos elegidos precisamente la ciudad de Casablanca, por lo que genéricamente dio nombre al conjunto del desembarco aliado. El desembarco tuvo lugar el 8 de noviembre, y tras una inicial y contundente resistencia francesa, la decisión de Hitler de ocupar la Zona Libre de Francia decantó el cambio de actitud de los oficiales franceses, que permitieron el avance aliado. Además, durante el otoño e invierno de 1942 tuvo lugar también la batalla de Stalingrado, con la consiguiente derrota alemana. El cambio de signo de la guerra empezó a parecer irreversible. Aunque ninguno de estos últimos acontecimientos, lógicamente, aparecen en la película, la influencia de su concatenación se dejó notar en la decisión de forzar el adelanto del estreno de la película a enero de 1943, aprovechando, especialmente, la cercanía temporal del desembarco en Casablanca y coincidiendo con la Conferencia de Casablanca, celebrada en ese mismo mes de enero y en la que participaron los líderes de las potencias aliadas occidentales.

Geopolítica interior en el rodaje de Casablanca

El hecho de realizarse durante la propia guerra, con pocos meses de diferencia respecto a los hechos que relata, hace que la intrahistoria de la película refleje parte de las circunstancias que narra, incluso con algunos toques irónicos. La mayor parte del elenco era, con la excepción de Rick (Humprey Bogart) y de Sam (Dooley Wilson), de origen europeo. El propio director, Michael Curtiz, era húngaro; la protagonista, Ingrid Bergman, sueca; Paul Henreid (Laszlo), austríaco; Claude Reins (capitán Renault), británico; Peter Lorre (Ugarte), checoslovaco; Conrad Veidt (mayor Strasse), alemán; Sydney Greenstreet (Ferrari), británico. No era esto precisamente una novedad, ciertamente: buena parte del cine de Holywood de estas décadas estaba protagonizado por europeos, especialmente en las labores de dirección, emigrados, por razones políticas o por razones profesionales, desde Europa. En cambio, sí que resultaba algo menos habitual un reparto donde los actores norteamericanos fueran claramente minoritarios.

El origen europeo de estos profesionales impregnaba una dosis de emotividad a la película. Pese a rodarse prácticamente en su totalidad en estudio, se trata de una obra que transmite cercanía con la situación política en la que se desarrolla. Pero, además, buena parte de estos actores tenían una trayectoria personal directamente afectada por el expansionismo nazi y con la guerra, con lo que su implicación era, por tanto, mucho más intensa. Un ejemplo dramáticamente irónico: Conrad Veidt, de origen alemán, desarrolla el personaje del oficial nazi Strasse, cuando él abandono Alemania por razones políticas y para proteger a su esposa, de origen judío; la misma nacionalidad y circunstancia afecta al grupo de nazis que aparecen en la película, que, estirando el sarcasmo, se especializaron en estos papeles, y frecuentemente aparecían en diferentes filmes interpretando a soldados alemanes. Paul Henried también dejó Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, Peter Lorre, nacido en la actual Eslovaquia, era judío de origen húngaro, y huyó de Alemania con el ascenso del nazismo. El mismo director, Michael Curtiz, era también de origen húngaro y judío.

Madelaine LeBeau al final del canto de La Marsellesa

Las trayectorias personales de estos intérpretes suponen un nuevo elemento de implicación emocional en la trama política de la película. Por eso resulta tan cercana y conmovedora. Quizá el punto álgido, por lo que respecta a esta parte política del filme, fue el canto de La Marsellesa, donde algunos testigos afirman que cuando terminó de rodarse la secuencia muchos de los que intervinieron acabaron llorando. Al final de La Marsellesa, una de las actrices secundarias, Madelaine Le Beau (Ivonne) grita, con lágrimas en los ojos, Vive La France. Madeleine Le Beau era la esposa de otro actor, Marcel Dalio (el croupier en la película), y debido a la condición de judío de éste, tuvieron que salir de Francia en 1940 ante la llegada del ejército alemán, emigrando penosamente a través de Lisboa hacia América, en una trayectoria que se reproduce en el argumento de la película. Esto ocurrió sólo dos años antes del rodaje de Casablanca. La unión entre la trama política y la experiencia personal alcanza por tanto niveles muy elevados y de ahí la veracidad y autenticidad que, a pesar de los años y de haberse rodado en Estados Unidos, casi en las antípodas de Casablanca, sigue transmitiendo la película.

Para saber más

Artola, R. (2005). La Segunda Guerra Mundial. Madrid. Alianza.

Beevor, A. (2012). La Segunda Guerra Mundial. Madrid. Pasado y Presente.

Cartier, R. (1975). La Segunda Guerra Mundial. Barcelona. Planeta.

Galán, D. (2005). Casablanca. El País, Madrid.

Hobsbawm, E. (2012). Historia del siglo XX. Barcelona. Crítica.

Acerca del autor

Matías Mérida Rodríguez

Profesor de Geografía Política en la Universidad de Málaga.

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