Divulgación

La abolición de la servidumbre en Rusia

Cuando hablamos de la Rusia zarista, es inevitable aludir al poder absoluto del zar y el carácter autocrático de su sistema político. Durante siglos, y hasta una época bastante tardía, una tremenda desigualdad social caracterizaba a Rusia, y existían pocos indicios de que la situación fuese a dar un vuelco radical. Sin embargo, a mediados del siglo XIX se dieron una serie de circunstancias que permitían prever una cierta modernización.

Retrato del Zar Alejandro II servidumbre Rusia - Alejandro II  - La abolición de la servidumbre en Rusia

Retrato del zar Alejandro II

No nos confundamos, estos pequeños y relativos «avances» fueron bastante engañosos, y no fue hasta el siglo XX, con las revoluciones de 1905 y 1917, cuando se dilapidó de manera definitiva el poder omnímodo del Zar y se abrió una nueva fase que marcó un antes y un después en la historia política de Rusia y, con ella, del resto del mundo. Cuestión aparte es el carácter totalitario que acabó adquiriendo la Unión Soviética y el rumbo que finalmente adoptó en materia social y económica. Pero no es mi intención en este artículo profundizar en el tema de la Revolución Rusa ni entrar en debates y controversias, sino detenerme en uno de aquellos cambios que a mediados del siglo XIX hicieron vislumbrar una cierta esperanza en el cambio que la mayoría de su población demandaba.

Hablo de la Reforma Emancipadora de 1861, por la que el zar Alejandro II abolía, al menos sobre el papel, la servidumbre, rasgo que había caracterizado tradicionalmente al mundo rural ruso.  Esta medida implicaba la concesión de derechos completos de ciudadanía a los siervos, que además pasaban a poder comprar las tierras que trabajaban, constituyéndose como propietarios.  En un país en el que el campesinado representaba cerca de un 80% de la población, esta iniciativa podría suponer un cambio trascendental no sólo en su economía sino en toda su articulación social. Y lo cierto es que el Estado trató de potenciar la creación de un campesinado propietario a través de la subasta de tierras públicas y de concesiones de adelantos para poder afrontar la compra.

El problema fue que en la práctica, el asunto no tuvo un final tan feliz para aquellos que supuestamente se iban a librar del yugo de la servidumbre. Los grandes propietarios fijaron precios de redención estratosféricos para sus siervos, además de ofrecerles las tierras menos productivas, lo que originó un profundo endeudamiento que sumió a la mayor parte del campesinado recién «liberado» en una nueva dependencia hacia los grandes terratenientes. Como consecuencia, el posible cambio en la organización del mundo rural fracasaba, manteniéndose el statu quo, con una minoritaria y poderosa clase propietaria y aristocrática que disponía de una mano de obra tan abundante y barata como antaño, e incluso aún más.

«Liberación de los campesinos», de Borís Kustódiev, 1907. servidumbre Rusia -   Liberaci  n de los campesinos Lectura del Manifiesto   - La abolición de la servidumbre en Rusia

«Liberación de los campesinos», de Borís Kustódiev, 1907.

Esta frustrada modernización agrícola, unida a un tardío y complicado proceso de industrialización (orientado en gran parte hacia los esfuerzos bélicos), las crecientes tensiones y agitaciones sociales y la proliferación de movimientos de oposición al régimen (desde posturas más parlamentarias hasta aquellas de índole revolucionaria); contribuyeron al desgaste del sistema político zarista, que daba sus últimos coletazos hacia 1900 para ser finalmente sepultado entre el proceso revolucionario de las primeras décadas de siglo. Por lo tanto, la servidumbre, que la mayor parte de Europa había enterrado con el feudalismo varios siglos atrás, se perpetuó de manera oficial en Rusia, al menos hasta finales del siglo XIX, lo que supuso un lastre importante en su desarrollo económico así como en la ruptura de su enorme brecha social.

Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia. Trato de perderme en tiempos lejanos, y otros más recientes, para acercar esa hermosa ciencia que es la Historia al mayor público posible, divagando a veces en mis propias reflexiones sobre el ser humano, su complejidad y su huella en el tiempo y la memoria a través de sus actos. Miembro del consejo editorial de Descubrir la Historia.

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