Entrevistas

Juan Eslava Galán: «El pasado hay que comprenderlo desde la perspectiva de su tiempo»

Publicado en el número 3 de Descubrir la Historia (octubre de 2015).

Juan Eslava Galán nació en Arjona, provincia de Jaén, en 1949. Es un hombre claro, al que le gusta llamar a las cosas por su nombre. Una virtud muy apropiada para el trabajo que desempeña: historiador y divulgador. Aunque ha desarrollado su carrera profesional durante treinta años entre las aulas de bachillerato, su reconocimiento público se debe a que es uno de los escritores españoles más prolíficos de los dedicados a la difusión de la historia.

Juan Eslava Galán

En su página web se puede consultar un listado cronológico con sus obras, en el que aparece un total de 81, publicadas entre el año 1975 y 2015. Cuando decimos que es un autor prolífico no lo hacemos a la ligera. Cada año de los comprendidos entre 1986 y 2015 ha publicado, al menos un libro a excepción de 2007. Por ejemplo, en 1997 fueron seis. Este año ya lleva dos. Su extensa bibliografía incluye títulos tan llamativos como El catolicismo explicado a las ovejas (2009) o el muy notorio Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie (2005). También han tenido gran trascendencia mediática sus libros acerca de la Primera y Segunda Guerra Mundial, dedicados a los escépticos, y que se publicaron coincidiendo con el centenario del comienzo de la primera y el setenta aniversario del fin de la segunda (2014 y 2015, respectivamente). Mención aparte merece que fue galardonado con el Premio Planeta en el año 1987 con una novela ambientada en el siglo XV: En busca del unicornio.

Eslava Galán no sólo es un talentoso escritor, como prueba su extensa producción y los premios que ha recibido. También es un historiador en el sentido más riguroso del término. Se doctoró con una tesis en Historia Medieval, de modo que conoce a la perfección los entresijos de la producción académica. Pero ésta no es la única razón por la que debemos otorgar credibilidad a sus textos: todos ellos están ampliamente documentados. Esto refleja otra de las facetas a las que Eslava Galán otorga una gran importancia: la lectura.

Una de sus particularidades como divulgador es que no sólo cuenta la historia de los grandes acontecimientos, sino que se fija en cómo las decisiones de Estado han influido a lo largo de la historia en las vidas de las personas corrientes. Una labor digna de elogio.

Descubrir la Historia. ¿Qué fue lo que le movió a dedicarse a estudiar y trabajar en el ámbito de la historia?

Juan Eslava Galán. Supongo que fue mi temprana vocación desde la escuela.

DlH. Usted se define como lector, novelista e historiador. ¿Qué le gusta leer?

J. E. G. Leo fundamentalmente ensayos de los que obtengo información para mis libros y más raramente novelas. De lo nuevo leo poco, lo que más hago es releer.

DlH. A pesar de ser doctor con una tesis de historia medieval, su reconocimiento público viene de la mano de su faceta de escritor. ¿Por qué decidió no continuar investigando en el ámbito académico?

J. E. G. En los años que viví en Inglaterra entré en contacto con los libros divulgativos de historia a los que tan aficionados son los ingleses, los escritos con rigor y amenidad para el gran público. En España es una veta que está sin explotar porque, aunque contemos con historiadores de prestigio internacional, están inmersos en investigaciones de alto calado (no hay más que ver sus bibliografías) y no disponen de tiempo para emplearse en obras de divulgación.

DlH. Ha dedicado gran parte de su vida a la enseñanza en bachillerato. ¿Qué le ha aportado esta experiencia?

J. E. G. Mucho. Me ha permitido enseñar deleitando, que es la meta que persigo en mis ensayos.

DlH. Usted afirma que le interesa especialmente la historia de la gente corriente, algo que demuestra en sus libros. ¿Cree que se puede trasladar este interés al de la investigación en la universidad?

J. E. G. La intrahistoria unamuniana empieza a interesar en nuestras universidades, afortunadamente, aunque todavía queda camino por recorrer.

DlH. Entre sus obras publicadas encontramos novela y también divulgación. ¿Encontró difícil trabajar el género de la ficción tras haber escrito para la academia?

J. E. G. Son dos concepciones muy distintas. Yo no seguí investigando después de leer la tesis, quizá porque no estaba vinculado más estrechamente a la universidad (era catedrático de inglés en un instituto).

DlH. En una sociedad que está tan inmersa en ritmos frenéticos de vida y en el consumo intensivo de productos informativos de rápida caducidad: ¿qué tiene que aportar la historia?

J. E. G. Una mirada calmada hacia el pasado muy en su papel de maestra de la vida. Pero la Humanidad sigue cometiendo los mismos errores.

DlH. ¿Cuáles cree que son las aptitudes y actitudes que debe tener un historiador?

J. E. G. Claridad de juicio e imparcialidad al evaluar su material. Verlo desde cierta lejanía y no seguir modas ni conceptos prejuiciosos. Es difícil, lo sé. Por eso cada nueva generación de historiadores le enmienda la plana a la generación precedente, a los que fueron sus maestros.

DlH. ¿Es necesario en la España actual un mayor conocimiento de la historia por parte de los ciudadanos? ¿Por qué?

J.E. G. Cierto conocimiento de la historia nunca viene mal, porque nos ayuda a comprender el presente.

DlH. En España, a pesar de tener una historia extensa y rica, no tenemos demasiada producción audiovisual ni una explotación turística de la historia como sucede en otros países como Francia, Reino Unido o Estados Unidos ¿Cree que tenemos cierto complejo con nuestro pasado?

J. E. G. Efectivamente: si habla mal de España, es español… Especialmente si es progre. Tenemos complejo de nuestro pasado lo que contrasta con los países cultos de nuestro entorno que están orgullosos de su historia.

DlH. Muchos hablan de que las heridas del pasado en España aún no se han cerrado. ¿Cuál es la forma de hacerlo?

J. E. G. Impidiendo que políticos de poca enjundia intelectual que hacen un uso electoralista de esa pamema de la Memoria Histórica abran esas heridas. Reprochar los desmanes de la guerra Civil a los nietos de los que los cometieron no sirve de nada. Y esto vale para los dos bandos.

DlH. Todavía hoy continúan los debates sobre lo buenos o malos que fueron determinados imperios con los pueblos conquistados. ¿Cree que se puede hablar, desde el presente, de justicia o moral respecto al pasado?

J.E. G. El pasado hay que comprenderlo (no enjuiciarlo) desde la perspectiva de su tiempo, de las mentalidades de entonces

DlH. En uno de sus libros (Primera Guerra Mundial para escépticos) afirma, no con estas palabras, que los germanos no fueron romanizados, y que quizá les hubiera venido bien serlo. ¿A qué se refiere exactamente? (Disculpe la inexactitud de la cita, si quiere puntualizarla puede hacerlo).

J.E. G. Quiero decir que si hubieran sido romanizados a lo mejor resultaban más difíciles de fanatizar. Los pueblos viejos de Europa difícilmente se dejarían arrastrar por una pandilla de indocumentados como ocurrió en Alemania.

DlH. ¿Está trabajando en algún nuevo libro? ¿Puede adelantarnos algo sobre él?

J.E. G. Estoy trabajando en dos libros que van destinados a una colección que prepara la editorial Destino sobre los siete pecados capitales en la España reciente. A mí me ha tocado la Lujuria y la Avaricia. Hubiera preferido la Gula, pero no pudo ser.

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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