Opinión

El cierre. La necesidad de potenciar el turismo histórico

Publicado en el número 3 de Descubrir la Historia (octubre de 2015).

Es difícil establecer comparaciones entre la calidad o la cantidad de patrimonio y la riqueza histórica de diferentes países. Sin embargo, sabemos que en España tenemos un buen catálogo de bienes culturales y patrimoniales artísticos o históricos, materiales o inmateriales; pero que no se cuidan y difunden como debiera. Quizá, y coincidiendo con Juan Eslava Galán, en España acostumbramos a hablar mal de nosotros mismos, y no terminamos de valorar lo que tenemos. Esto nos lleva a descuidar aún más nuestro potencial y a que la rueda vuelva a girar.

El turismo tradicional que ha recibido España ha sido el llamado «de sol y playa». Algo lógico debido al buen clima y las extensas costas que bañan todo el territorio. Sin embargo, igual de lógico debería ser que España tuviera un porcentaje elevado de visitantes que tienen, como principal interés, conocer nuestra historia y visitar museos, castillos o conjuntos arqueológicos.

Hace no mucho, en una entrevista en la radio, un experto en turismo aseguraba que el aumento de turistas procedentes de China debía ir acompañado por una oferta diferente, y sobre todo orientada a la cultura, que es la que este tipo de clientes demanda. De manera que, ¿por qué no acompañar la satisfacción de los intereses del turismo tradicional con una mejor conservación y promoción de los espacios culturales existentes?

Hay buenas prácticas en este sentido que pueden orientarnos en el camino correcto. Por ejemplo, la Alhambra es uno de ellos. En sí mismo, el monumento genera interés en todo el mundo, y la prueba es que recibió en 2014 casi dos millones y medio de visitantes. Además, la ciudad de Granada ofrece otro tipo de atractivos, como la estación de esquí en Sierra Nevada, que completan su oferta turística.

Para que esto funcione, no sólo es necesario que la administración se comprometa con una mejor conservación de los espacios, sino con una difusión apropiada. Debe comenzar entre la ciudadanía española, y seguir en el exterior. Esto requiere, por ejemplo, que se fomente el interés por la historia desde etapas tempranas de la educación.

El Estado no es el único actor que debe involucrarse en esta tarea. También debe haber una implicación de agencias de viaje especializadas en historia —que ya empiezan a surgir— y que desde los ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas se propongan rutas y excursiones relacionadas con la historia y el patrimonio.

Por último, no es menor el papel de publicaciones como ésta que, de forma modesta, divulga la historia e intenta fomentar el amor por una disciplina que tiene mucho que ofrecer. La tarea es compartida y compleja, pero la recompensa es muy grande.

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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