Divulgación

Algunos problemas en la enseñanza de la historia

Como los lectores de Descubrir la Historia sabéis, los editores estamos muy interesados en profundizar en la enseñanza de la historia. El motivo es que las generaciones que actualmente están en los colegios e institutos españoles —y ocurre algo similar en otros países— tienen una concepción bastante negativa de la historia. Nuestro trabajo editorial está fundamentado en explicar la historia de otra manera, pero no basta con que haya proyectos de divulgación, como éste, sino que también es necesario reflexionar y comprender qué problemas existen en la enseñanza de la historia para encontrar soluciones que mejoren la percepción de esta disciplina. Pero no por una cuestión de imagen, sino porque comprender la historia como lo que realmente es y aprender contribuye a construir una mejor sociedad.

Esta reflexión surge de la búsqueda de explicación a por qué los jóvenes no sienten interés por la historia en los centros de enseñanza. En dicha exploración encontré un artículo publicado hace ya quince años (en 2000) titulado: «Dificultades para la Enseñanza de la Historia en la Educación Secundaria: Reflexiones ante la situación española». Lo escribía Joaquín Prats, de la Universidad de Barcelona, y se publicó en Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales. A pesar de su edad —quince años, para la investigación académica y con lo que ha llovido en reformas educativos, es mucho— me pareció completamente vigente.

Fotografía de una clase vacía (Wikimedia).

Fotografía de una clase vacía (Wikimedia).

Ha habido muchos cambios políticos en España desde entonces, con sus consecuentes reformas educativas, pero el artículo resulta actual porque reflexiona en profundidad sobre los problemas asociados a la enseñanza de la historia en la educación secundaria. Aunque se centra en España, creo que muchas de sus conclusiones son extensibles a otros modelos educativos. De hecho, su reflexión parte de planteamientos que se hicieron en Reino Unido en la década de los 70 cuando se dieron cuenta de que la historia no interesaba demasiado a los estudiantes.

Joaquín Prats agrupa las dificultades en: Contextuales y Ligadas a la naturaleza de la historia como ciencia social. Las primeras, a su vez, las relaciona con tres factores: la visión social de la historia, la política que pretenden los gobernantes para esta materia y la tradición y formación de los docentes. Vamos a comentar con algo más de detalle las dificultades contextuales.

En primer lugar el conocimiento de la historia suele verse como algo meramente erudito, es decir, que sirve para poco más que para demostrar un alto nivel cultural y cuya aplicación práctica no va mucho más allá de los concursos donde puedes ganar algún premio si se acierta a una pregunta relacionada con esta disciplina. También socialmente se suele relacionar como la historia útil aquella que está más cercana con el tiempo presente. Buena cuenta de ello dan los medios de comunicación que se centran especialmente en temas relacionados con la Transición Española a la democracia o la revolución cubana —ejemplos citados por Prats—, y sólo se alejan para hablar de la Segunda Guerra Mundial. Yo diría algo más: cuando hay una efeméride, como la Primera Guerra Mundial, se vuelcan con ella.

Esto, que él llama «contemporaneísmo exagerado como centro de máximo interés en temas de estudio del pasado», lleva a un presentismo, es decir, a tener una mirada desde el tiempo presente de cualquier fenómeno pasado, sea reciente o muy anterior. Esto puede llevar a muchos errores de interpretación. Sin embargo, esto lleva a un riesgo aún mayor. La política muchas veces quiere influir en la enseñanza de las ciencias sociales y, para lograr sus objetivos ideológicos, es mucho más efectivo referirse a hechos cercanos en el tiempo.

También Joaquín Prats considera que existe una visión social relacionado con lo esotérico. Alguna vez hemos denunciado esto en nuestra página web —nos referíamos a los famosos documentales que mezclan seres extraterrestres con la historia—. El autor explica que algunas encuestas realizadas a alumnos de secundaria ofrecían como resultado una confusión absoluta en relación con la historia, ya que muchos daban como ciertas muchas teorías que son denostadas completamente por la ciencia histórica. El error radica en que estos temas no son abordados en clase y, además, también existe una responsabilidad por parte de los medios de comunicación al dar como válidas estas teorías y ofreciéndolas al público sin ningún tipo de debate.

Sobre el uso político de la historia, Prats alude a campañas iniciadas desde la política que tienen un carácter pedagógico (señala los 500 años del Descubrimiento de América y los 1000 años del nacimiento de Cataluña, entre otros), y que tienen la intención de justificar una posición ideológica sobre el presente político. También, y no menos importante, la capacidad ejecutiva de los gobiernos para modificar los currículos académicos permite configurar la conciencia colectiva al influir en el conocimiento del pasado de manera partidista. Por ejemplo, se puede emplear esta influencia para incrementar el sentimiento patriótico, crear adhesiones políticas o sobrevalorar hitos del pasado nacional. En resumen, la política muchas veces actúa de manera irresponsable al no fundamentar los planes de estudio y métodos de enseñanza en técnicos expertos en esta materia.

El último factor contextual que ocasiona problemas para la enseñanza de la historia es la formación de los profesores. Apunta que la tradición imperante considera la historia como un conocimiento formado por «informaciones acabadas», no como una ciencia en continua construcción. El autor considera que parte del error está en el propio currículo, pero también en la tendencia a que los profesores enseñen la historia de manera «enunciativa, poco activa y como un saber cerrado y concluido». Por contra, sería necesario mostrar la historia como un saber científico, en el que se va profundizando conforme se realizan nuevas investigaciones o aparecen nuevas fuentes que pueden llegar a cambiar nuestra concepción tradicional de muchas cosas. Al igual que sucede, por ejemplo, en la física, la química o la biología.

Una vez explicados los factores contextuales, Joaquín Prats entra de lleno en las dificultades que ofrece la historia como ciencia social. Este es un tema peliagudo, y sobre el que se ha escrito muchísimo. En primer lugar, de manera general, la historia es una ciencia que estudia fenómenos muy complejos y dinámicos, que requieren de un conocimiento teórico y de modelos abstractos que requieren de la utilización de variables que no se pueden aislar. Y todo ello sin olvidar que el pasado no está poblado, como dijo Gombrich, de abstracciones, sino de personas.

Otro de los problemas de la historia como ciencia social es que no se pueden reproducir fenómenos del pasado, como sí permiten las ciencias experimentales. En el caso de la historia, es imposible llevar a un estudiante a otro periodo histórico, pero se pueden elaborar métodos que faciliten la comprensión mediante métodos como la empatía, un tema que ya abordamos en un artículo. Pero es más complejo aún resolver el eterno debate existente entre historiadores sobre la propia definición de la historia como ciencia social. De hecho, es tan serio que llega hasta el punto de que hay quienes dudan de que realmente sea una ciencia social.

Algunas dificultades específicas que se plantean, derivadas de todo esto, en las aulas son: la diversidad de definiciones para conceptos en relación con diferentes periodos históricos, la dificultad para comprender en determinadas edades la concepción del tiempo pasado, la comprensión de la causalidad y multicausalidad en la explicación histórica y, por último, la localización geográfica y la identificación de espacios histórico-culturales.

En este estudio, Joaquín Prats nos ofrece muchas pistas que pueden favorecer el cambio en el estudio de la historia. Es muy difícil cambiar las percepciones sociales de la disciplina histórica o abordar temas relacionados con la psicología cognitiva a determinadas edades. Sin embargo, este análisis puede contribuir, al menos, a sensibilizar a los responsables políticos y a la ciudadanía de la importancia de esta disciplina y de todos los peligros a los que se enfrenta.

Para saber más:

Prats, Joaquín (2000). «Dificultades para la Enseñanza de la Historia en la Educación Secundaria: Reflexiones ante la situación española». Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales, 5, pp. 71-98. Disponible en: http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/23950/1/joaquin_prats.pdf

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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