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La Batalla de Alesia y el futuro de Roma

La expansión de Roma por todo Europa, el norte de África y parte de Asia no fue un camino de rosas. Ni para los romanos ni para los pueblos invadidos. De hecho, a pesar de que la herencia latina quedó legada en muchos países, la ocupación no estuvo marcada por el conformismo o el pacifismo en algunos casos. Por ejemplo, habría que destacar las dificultades de los romanos para controlar los territorios de Germania, así como de Britania o la Galia. De este último lugar va este artículo, ya que la victoria determinante de Julio César en la Batalla de Alesia marcó el futuro de Roma, no sólo por consolidar su dominio sobre la Galia, sino porque tuvo otra serie de consecuencias que, unidas a otras, llevaron a la caída de la República y la llegada del Imperio.

Julio César, retratado y caricaturizado por Uderzo y Goscinny en sus famosos cómics de Astérix el Galo, es bien conocido por todos los aficionados a la historia. Evidentemente, las historietas de los citados autores no dejan de ser ficticias. Sí es cierto que tras la elección de Julio César como procónsul de la Galia Transalpina, la Galia Cisalpina y e Iliria llevó a cabo una política muy dura para conseguir dominar sobre las tribus celtas. Sin embargo, no terminó su cometido hasta la derrota de Vercingétorix en la famosa Batalla de Alesia, desarrollada en el año 52 a. C., donde se demostró la gran capacidad estratega de César y las habilidades para la ingeniería de los romanos.

Modelo del asedio de Avárico en el Museo de la Academia Militar de EE.UU. (Rolf Müller, Wikimedia) Alesia - 1024px Avaricum westpoint july 2006  - La Batalla de Alesia y el futuro de Roma

Modelo del asedio de Avárico en el Museo de la Academia Militar de EE.UU. (Rolf Müller, Wikimedia)

En este contexto de sometimiento de los pueblos celtas, hubo una confederación de tribus galas que, bajo al mandato de un jefe arverno, Vercingétorix, se enfrentaron directamente contra los romanos. Al principio de la contienda, la estrategia de Vercingétorix de huir, quemar y destruir todo en su marcha, funcionó a los galos. Los romanos tenían dificultades para encontrar suministros y se fueron debilitando. Sin embargo, algunas tribus galas se negaron a destruir una de sus ciudades, Avárico, argumentando que no era posible que fuera tomada. Los romanos pusieron en marcha todo un aparato de asedio que logró penetrar en las murallas de la ciudad y, tras masacrar a la población, pudieron obtener las tan necesarias vituallas y descanso para las tropas.

Algunas escaramuzas llevaron a resultados diversos. Por ejemplo, en Gergovia Julio César se tuvo que retirar tras sufrir numerosas bajas, ya que la posición de Vercingétorix era muy ventajosa para la defensa. Pero, más tarde, un enfrentamiento entre la caballería romana y la gala terminó con 3.000 jinetes menos para el bando liderado por el arverno, lo que dotó a las tropas de César de mayor ánimo para la empresa que se avecinaba.

Vercingétorix, tras sufrir este revés, tomó la determinación de no plantar batalla a gran escala y reunir a sus tropas en la fortaleza de Alesia. Allí se dirigió Julio César con sus 10 legiones y la caballería germana, que tan buenos resultados ofrecían en los combates. Por su parte, el jefe galo contaba con unos 80.000 efectivos en el interior de la fortaleza. La diferencia de fuerzas (los romanos contaban con entre 60.000 y 80.000 en total) sumada a la ventaja posicional de los galos, hizo que Julio César planteara el sitio como única posibilidad de vencer a Vercingétorix y, por extensión, de lograr rendir a todas las tribus galas.

El Sitio de Alesia (Wikimedia). Alesia - SiegeAlesia  - La Batalla de Alesia y el futuro de Roma

El Sitio de Alesia (Wikimedia).

La gran cantidad de soldados que había en la fortaleza, sumados a los civiles que allí también residían, hizo pensar a Julio César de que el hambre y la sed pronto harían que se rindieran y terminar con la contienda. De este modo, construyó una serie de fortificaciones alrededor de Alesia demostrando la alta capacidad técnica de los romanos. En total tenía 18 kilómetros de largo y 4 metros de altura. Todo ello se hizo en prácticamente tres semanas. En el interior de la muralla se cavaron fosos de cuatro metros y medio de ancho y medio metro de profundidad, que se llenaron de agua procedente de ríos cercanos. Por último, se colocaron trampas y zanjas para que fuera aún más difícil llegar hasta las fortificaciones desde Alesia y se dotó de artillería a unas torres que se ubicaron a lo largo de toda la fortificación.

Los galos no estuvieron de brazos cruzados mientras los romanos construían toda esta estructura de sitio. La caballería trataba de interrumpir los trabajos, pero los jinetes germanos los repelían en unas escaramuzas que, finalmente, no alcanzaron el objetivo de evitar el cierre del perímetro. Así, con los galos completamente encerrados, las provisiones en la ciudad fueron escaseando. Como no había sustento para tantas personas Vercingétorix decidió expulsar de Alesia a los civiles, para así hacer que los romanos tuvieran que asumir la alimentación de ellos. Sin embargo, Julio César no los acogió, pero tampoco pudieron regresar a la fortaleza. De manera que quedaron en esa tierra de nadie entre las murallas de Alesia y los muros construidos por los romanos a la espera de la muerte por inanición.

La situación en Alesia era realmente compleja, pero los galos pudieron tener algo de esperanza con la llegada de la ayuda de Comio con más de 240.000 efectivos. Los romanos se habían preparado para unos eventuales refuerzos galos por su retaguardia, de manera que construyeron otro perímetro de 21 kilómetros que los defendía de ataques desde el exterior. Las tropas de Comio atacaron la retaguardia romana, a la vez que Vercingétorix atacó desde la fortaleza hasta el primer perímetro construido para el sitio. La situación pudo haber sido nefasta para los romanos, pero la caballería consiguió repeler a los galos en las zonas donde los legionarios tuvieron que abandonar sus posiciones defensivas.

Al día siguiente hubo un nuevo ataque de los galos que habían llegado para salvar a Vercingétorix y los suyos del asedio. Los galos detectaron algunos puntos débiles de las fortificaciones romanas, y allí centraron sus esfuerzos. Según las narraciones contemporáneas a esta batalla, la disciplina de los romanos en el mantenimiento de las líneas y el ánimo insuflado personalmente por Julio César a lo largo del perímetro lograron mantener la moral de las tropas. Pero esto no era suficiente, ya que en algunas zonas los romanos comenzaron a ceder. De manera que sucedió algo que ha pasado a los anales de la historia militar: Julio César tomó una medida valiente, pero desesperada, ya que se puso al mando de unos 6.000 jinetes y atacó al ejército que trataba de penetrar por el perímetro exterior por su retaguardia. Es decir, se enfrentó con 6.000 jinetes a un grueso de 60.000 soldados galos enemigos. Este acto hizo que los romanos intensificaran la lucha y, finalmente, que los galos comenzaran una huida que los convirtió en presa fácil. Al final, la derrota de los galos fue total.

Esta batalla fue decisiva para el control de Roma de la Galia. Sin embargo, como se decía en el párrafo introductorio, la trascedencia de la Batalla de Alesia para el futuro de Roma fue mucho mayor que el control de una nueva provincia —que dotó de grandes recursos a las arcas de la República—. Las conspiraciones contra Julio César desde el Senado eran crecientes. A pesar de que se trató de una gran victoria para Roma y de un importante logro personal de César, el Senado le negó la la celebración de un triunfo, que era de gran importancia para los generales romanos puesto que suponía todo un reconocimiento a una carrera militar extraordinaria. De ahí que, dos años después de la batalla, César decidiera cruzar el Rubicón, lo que desembocó en la Segunda Guerra Civil de la República Romana. De la caída de la República se ha escrito mucho. De hecho, en el tercer número de Descubrir la Historia (octubre 2015) se ha publicado un texto del historiador Jorge Pérez González en el que se habla de cómo la reforma gracana llevó al final de la República.

Desde luego, muchas de las reformas políticas de Julio César fueron retomadas posteriormente por el primer emperador, su heredero e hijo adoptivo Cayo Octavio, renombrado como Cayo Julio César Augusto. Muchas fueron las razones que desembocaron en la caída de la República y la instauración de un gobierno autocrático que conocemos como Imperio Romano. Nos hemos saltado muchos eventos, y hemos resumido la historia de aquellos años. Pero creemos que existen razones para pensar que la negación del triunfo a Julio César por la victoria en Alesia y sus enfrentamientos con el Senado están conectados con el declive de esta forma de Gobierno. Desde luego, la influencia de Julio César en el posterior Imperio resulta evidente.

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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