Divulgación

Cuando en la España de Franco se cantó la Internacional

Puede resultar inverosímil, pero hubo un día en que el régimen franquista consintió que el himno obrero conocido como «la Internacional» fuese entonada en las calles de Madrid. No se trató de ninguna tregua o concesión al comunismo español, y mucho menos una muestra simpatía hacia la Revolución Rusa, gran enemigo y foco de aversiones y temores de la dictadura. El motivo de este paréntesis no fue otro que el rodaje de Doctor Zhivago, mítica película de David Lean basada en la novela homónima de Boris L. Pasternak, del que se cumplen nada menos que 50 años.

Póster oficial de la película

Póster oficial de la película

No era la primera vez que los ojos de grandes cineastas de Hollywood se volvían hacia España para el rodaje de una de sus superproducciones. Unos años antes, películas como El Cid (1961), Lawrence de Arabia (1962), o La Caída del Imperio Romano (1964) sentaron un precedente y mostraron al mundo el potencial de los parajes y pueblos nacionales para la ambientación de historias de las más diversas épocas. Sin embargo, el caso del Doctor Zhivago fue bastante peculiar por dos motivos.

En primer lugar, resultaba impensable que una película ambientada en la Rusia de la Revolución Bolchevique pudiese ser filmada libremente en la España de Franco. En realidad, la novela de Pasternak (y la digna adaptación de Lean) no sólo recogía una épica y sobrecogedora historia de amor, pasiones, angustias y ambiciones,  y una reflexión sobre la vida y sus avatares. Tras de ella se escondía una certera crítica de las arbitrariedades e injusticias cometidas por las autoridades del gobierno provisional. En realidad, la crítica no se dirigía sólo hacia los bolcheviques, sino más bien hacia todos los contendientes de la guerra civil que se cernió sobre toda Rusia en los años inmediatamente posteriores a la Revolución. En cualquier caso, la imagen que se ofrecía de la Rusia pos revolucionaria debía gustar al régimen franquista, al que también seducirían las posibilidades de apertura de España a Hollywood y, con él, al resto del mundo.

La otra gran peculiaridad del rodaje era la ardua tarea que suponía transformar Madrid en Moscú o recrear en Soria los paisajes y, sobre todo, el clima de Rusia. El madrileño barrio de Canillas tardó cinco meses en ser disfrazado de la capital rusa, aunque el esfuerzo dio sus frutos: En un gran descampado de unos 20.000 m² se recreó la calle principal de Moscú, con un improvisado Kremlin al fondo y con edificios construidos al estilo de la arquitectura de principios de siglo, además de dos tranvías cedidos por la empresa municipal de transportes.  Pero probablemente fue el clima de Soria el que planteó mayores contratiempos al rodaje. Contra todo pronóstico, el de 1965 fue uno de los inviernos más suaves en mucho tiempo, lo que obligó a buscar alternativas. En localidades como Candilichera, o Villaseca, donde se rodó parte del film, se utilizaron toneladas de sal, polvo de mármol, plástico blanco y cera derretida para recrear la nevada rusa que difícilmente tendría lugar en nuestro país en aquellos momentos.

Un improvisado Moscú en las calles de Madrid

Un improvisado Moscú en las calles de Madrid

A pesar de todas las dificultades y contratiempos que Lean tuvo que afrontar, y del severo recibimiento de la crítica, la película acabó convirtiéndose en una de las más taquilleras de la historia, y logró encumbrar y consolidar a actores de la talla de Omar Shariff, Julie Christie, Geraldine Chaplin o Alec Guiness. Además, contribuyó a difundir e inmortalizar una novela y una historia para la posteridad. En cuanto a su contenido histórico, naturalmente se trata de una visión personal y subjetiva de la Revolución Rusa (al fin y al cabo, se trata de una novela ambientada en un contexto histórico, y no de una obra histórica como tal), pero en cualquier caso, nos regala anécdotas históricas como las que hoy analizamos. Aunque sólo fuese por un tiempo y bajo estricta vigilancia policial, no dejar de resultar llamativo que la España de Franco se tiñera del rojo de la Rusia revolucionaria.

Las escenas finales de la película fueron rodadas en la presa de Aldeadávila (Salamanca)

Las escenas finales de la película fueron rodadas en la presa de Aldeadávila (Salamanca)

Cincuenta años después, tenemos la suerte de rememorar una de las pequeñas historias que envolvieron el rodaje de una película inolvidable, que hoy recomiendo encarecidamente. Les invito a dejarse llevar por la melodía del vals de Lara, el imborrable recuerdo de la balalaika, los paisajes de Soria sembrados de narcisos holandeses, los comprometidos poemas del doctor y la profunda reflexión sobre la política, la vida y el paso del tiempo que nos propone este fabuloso e inmortal relato.

 

Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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