Divulgación

Los pollos sagrados de Roma

Bien es sabido que la historia de Roma da para muchas anécdotas. Estas anécdotas sirven para acercarnos a esta antigua civilización y darnos cuenta de lo cercanos que somos a ella en ciertos sentidos. La religión impregna nuestra sociedad durante toda nuestra vida ya sea mediante la presencia física de iglesias o templos de otras religiones, procesiones, romerías, manifestaciones, repiqueteo de campanas para la llamada de los fieles a la oración o para celebraciones, etc. En la antigua Roma no podía ser menos, de hecho fue una sociedad infinitamente más ligada a la religión de la que es la nuestra actual. Esto es debido al sentido sacro que le daban a todas y cada una de las acciones que llevaban a cabo durante su vida cotidiana. Cuánto más en lo que a asuntos oficiales del Estado se refiere ya que de ellos dependía la supervivencia de la misma República. Incluso un personaje como Polibio, griego de nacimiento y de educación, consideraba que los romanos eran el pueblo más religioso del mundo, aunque también le parecía una exageración y no dudaba en tachar tanta sacralidad como superstición para contener al pueblo.

Augur con su bastón (lituus) y un pollo a sus pies (Wikimedia)

Augur con su bastón (lituus) y un pollo a sus pies (Wikimedia)

Uno de estos asuntos era el de los auspicios. Éstos eran llevados a cabo por una serie de sacerdotes profesionales llamados augures. Los augures se especializaron en leer el comportamiento de los animales y el estudio del cielo y de los elementos entre otras cosas. Así, podían discernir la voluntad de los dioses y si las acciones llevadas a cabo después de los rituales llegarían a buen puerto o no. Pues bien, dentro del comportamiento animal, la observación de las aves era vital. Los augures decidían si los auspicios eran favorables o no, dependiendo del vuelo de los pájaros, si comían o rechazaban el alimento sagrado o si mostraban alguna conducta extraña.

Durante la Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.) se sucedieron una serie de enfrentamientos entre Roma y Cartago por el control de Sicilia y el Mediterráneo central. En el año 249 a.C., uno de los cónsules, Publio Claudio Pulcro, fue puesto al mando de la flota romana para enfrentarse a la cartaginesa cerca de Drepano, al oeste de Sicilia. El cónsul tenía preparada una estrategia de ataque sorpresa, por lo que estaba ansioso para entrar en combate, así que consultó los auspicios para ver si los dioses le serían favorables. La consulta al augur no fue satisfactoria puesto que, a pesar de la insistencia del sacerdote en que los pollos sagrados comiesen y así poder dar el visto bueno al inicio de las operaciones, las aves se negaron a ingerir alimentos. En vista de la situación y agobiado por la posible pérdida de tal oportunidad, el cónsul, enfadado, arrojó a los pollos al mar mientras decía «si no quieren comer pues que beban», hecho lo cual se lanzó a la batalla y la perdió. Esto, que puede parecernos una tontería, fue una derrota que le costó ser luego juzgado por ella.

Siglos después todavía tal fracaso era sentido en la memoria de los romanos como Cicerón o Valerio Máximo, que hacen alusión a ello y culpan a la falta de respeto que tuvo el cónsul para con las tradiciones y ritos sagrados. De esta forma, podemos darnos cuenta de la importancia que esta civilización la daba al respeto a los dioses y a lo milagroso, poniéndose en tela de juicio toda una estrategia militar por el fallo en las formas religiosas.

Acerca del autor

Fernando Bujedo Villalba

Licenciado en Historia e historiador por vocación. Interesado en la historia de las mentalidades y el materialismo histórico.

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