Monasterio Benedictino de Ebstorf (Wikimedia).
Monasterio Benedictino de Ebstorf (Wikimedia).

El saber de los monasterios femeninos

En los estudios medievales se ha prestado, tradicionalmente, poca atención a la formación y cultura de las religiosas y del espacio singular que fueron los monasterios femeninos en la Edad Media. El acceso de las mujeres a universidades y centros de enseñanzas estaba vetado, y en los monasterios encontraban un lugar donde recibir una formación intelectual avanzada no sólo en los saberes propios de la vida monacal —teología, liturgia o literatura— sino en cuestiones jurídicas y administrativas, por ejemplo. Así, debido a que no existían espacios públicos de enseñanza para las mujeres, eran las propias monjas las que se hacían cargo de la preparación de las futuras generaciones de religiosas.

Conocer el nivel formativo de las mujeres religiosas en la Baja Edad Media no es una tarea sencilla. La forma tradicional de abordar esta cuestión ha sido a través del estudio aislado de biografías concretas o de monasterios específicos —sobre todo del contenido de sus bibliotecas—, sin que haya habido una teoría global que se pudiera aplicar a todas ellas. Sin embargo, una investigación realizada por Eva Schlotheuber y publicada por el Anuario de Estudios Medievales con el título «Educación y formación, saber práctico y saber erudito en los monasterios femeninos en la Baja Edad Media» nos acerca a la erudición existente en los monasterios femeninos a través del estudio de la estructura de las bibliotecas monásticas y la documentación administrativa de sus archivos.

Se ciñe al ámbito geográfico del Imperio Romano Germánico, pero nos da interesantes pistas sobre los conocimientos que adquirían las religiosas en los monasterios. Estos espacios también tenían una singularidad que limitaba el desarrollo intelectual de las internas: la clausura. Por otra parte, los monasterios femeninos —al igual que los masculinos— eran centros de poder político, económico y social de una gran relevancia social. Pero la investigación señala que había grandes diferencias entre unos monasterios y otros, pero también entre el nivel cultural de las diferentes monjas. Sólo se podrá explicar estas diferencias realizando estudios en profundidad de carácter individual.

Monasterio Benedictino de Ebstorf (Wikimedia).
Monasterio Benedictino de Ebstorf (Wikimedia).

El aprendizaje en las escuelas monásticas era intensivo. Las mujeres solían ingresar muy jóvenes y se formaban durante muchos años. Las responsables de la educación eran las propias monjas. No había otro modo de que una mujer tuviera acceso a la educación, ya que en todo el Imperio Romano Germánico tenían prohibido estudiar en universidades y escuelas públicas. Sin embargo, gracias a las escuelas monásticas adquirían un alto nivel cultural y aprendían latín, la lengua vehicular del conocimiento. A pesar de que la educación estaba orientada a la vida religiosa, la formación se completaba con la enseñanza de la escritura, de saberes administrativos y jurídicos. Todos ellos orientados a su aplicación en la vida monástica como, por ejemplo, para la gestión económica del convento o su administración.

Este estudio es una aproximación a un campo de trabajo que tiene mucha proyección, debido a la falta de estudios al respecto. Hasta el momento, las investigaciones realizadas defendían que en los monasterios femeninos no existía más saber que el propio del culto religioso. Este argumento se sustentaba en que las bibliotecas monásticas femeninas sólo contenían «colecciones de literatura vernácula y de devoción contemplativa». Trabajos como el de Schlotheuber, que han analizado bibliotecas como el de las Clarisas de Brixen, de las Dominicas de Altenhohenau y de St. Marien en Lemgo, o de las Benedictinas de Ebstorf, sostienen una tesis bien diferente.

Schlotheuber invita a investigar para «sacar a la luz nueva e inesperada información». Sería interesante hacer un estudio similar en España, donde existe una gran tradición monástica femenina, y analizar qué tipo de conocimientos albergaban entre sus paredes y, por extensión, cuáles eran los intereses intelectuales de las religiosas. Quizá estos trabajos nos deparen sorpresas y, por otra parte, sirvan para comenzar a visibilizar a las mujeres, en un sentido intelectual, durante un periodo en el que apenas tenían acceso a la educación.

Fuente

Schlotheuber, E. (2014). «Educación y formación, saber práctico y saber erudito en los monasterios femeninos en la Baja Edad Media». Anuario de Estudios Medievales, 44 (1), 309-348. Disponible en: http://estudiosmedievales.revistas.csic.es/index.php/estudiosmedievales/article/view/712/729

Escrito por
Álvaro López Franco

Editor y director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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