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El naufragio de la Medusa


Corren tiempos de sueños y esperanzas a la deriva, de naufragios de humanidad y paz entre maremotos de odio e incomprensión. La guerra, como tantas otras veces, colapsa nuestros oídos y retinas con los ecos de sus efectos devastadores, y el drama diario de pateras devoradas por el mar en su precipitada huida de balas y cañones nos muestra el lado más amargo del Mediterráneo. Los mares, que durante tanto tiempo han servido de nexo de unión e intercambio cultural entre los pueblos, también son escenario de una cruel y desalentadora realidad.

Retrato de Géricault en 1816
Retrato de Géricault en 1816

Han transcurrido siglos desde entonces, y las circunstancias son muy diferentes, pero no puedo evitar que la imagen de los naufragios que tanto se están repitiendo en los últimos meses me evoque un episodio histórico y una obra maestra de la pintura del Romanticismo como es La Balsa de la Medusa, del francés Théodore Géricault. Este cuadro, realizado entre 1818 y 1819, es un estremecedor retrato del horror y la tragedia que puede llegar a envolver al ser humano en una situación tan complicada como un naufragio. Pero, al mismo tiempo, la elección del tema por parte de Géricault supuso una contundente denuncia de la actitud negligente e irresponsable de las autoridades francesas de la época.

La imagen que recrea el cuadro tuvo su origen en un suceso ocurrido durante los primeros años de la llamada Restauración, el régimen político  instaurado en Francia por las potencias absolutistas europeas tras la caída de Napoleón. En 1816, un convoy francés entre el que se encontraba la fragata Medusa zarpaba del país galo en dirección a Senegal, con el objetivo de recuperar los territorios que los ingleses les habían devuelto en virtud de los tratados de paz. El mando de la expedición fue confiado a Hugues de Chaumareys, un oficial de marina muy cercano al absolutismo monárquico imperante pero falto de experiencia en materia de navegación, ya que apenas había pisado un barco en los últimos veinte años. Esta polémica elección, que muchos ya entonces tildaron de favoritismo, demostró ser bastante desacertada: Chaumareys cometió una serie de imprudencias de consecuencias nefastas, como alejarse demasiado del resto del convoy, a pesar de los consejos de sus oficiales más cercanos y experimentados. Como consecuencia, la Medusa acabó encallando en un banco de arena cerca de las costas de Mauritania, donde para colmo de males, se desató una feroz tempestad que propició daños irreparables a la embarcación.

La Balsa de la Medusa, de Géricault (1818-1819)
La Balsa de la Medusa, de Géricault (1818-1819)

Lo que ocurrió después se podría resumir con un «sálvese quien pueda». La tripulación emprendió una frenética y descontrolada escapatoria de la embarcación, en un intento desesperado por alcanzar la costa africana. En medio de este clima de terror e incertidumbre tendría lugar la imagen que Gericault, después de una gran labor de investigación (que incluiría entrevistas con los supervivientes) y recreación de los hechos, plasmó en su obra: Una balsa improvisada albergó durante trece interminables días a más de 150 personas, de las que apenas unas 15 consiguieron salvar la vida. Durante este tiempo, la balsa, a la que Chaumareys prefirió abandonar a su suerte en lugar de remolcarla, albergó los más insospechados horrores. El hambre y la sed hicieron mella en el ánimo y la salud física y mental de los tripulantes, dejando episodios de canibalismo y desesperada violencia. Resulta difícil documentar un episodio de este tipo cuando apenas una mínima parte de los afectados pudo volver a casa con vida, pero gracias a estos testimonios, el pintor francés, y con él, la opinión pública, pudo tener noticias de la magnitud de la tragedia.

Plano de La Balsa de la Medusa
Plano de La Balsa de la Medusa

El cuadro de Gericault se convirtió así en obra de arte cuya expresividad y transmisión de emociones tendrían un valor incalculable. Pero al margen de lo mucho que legó a la Historia del Arte, La Balsa de la Medusa constituyó un documento histórico trascendental y una valiente denuncia de la corrupción, el favoritismo y la ineptitud de determinados mandos políticos. Apenas un año después de que el naufragio tuviese lugar, empezaron a circular por toda Francia planfetos y gacetas en las que se trataba de hacer eco de tan dramáticos acontecimientos, e incluso fue publicado un libro en el que el cirujano Jean-Baptiste Savigny y el ingeniero y geógrafo Alexandre Corréard (ambos supervivientes del naufragio) sacaron a la luz todos los detalles que recordaban. Con toda la información recogida, el descontento de la opinión pública fue en aumento, y esto condujo a una creciente presión popular que, en última instancia, provocó la dimisión del ministro de Marina y la condena de Chaumareys a tres años de cárcel. Sin embargo, los daños eran irreparables. La decisión del capitán de abandonar a la deriva a más de un centenar de personas y la imagen de todos ellos presos de la locura y el miedo quedarían grabados para siempre en la memoria colectiva.

Como el fotógrafo que hoy inmortaliza guerras y naufragios en uno y otro confín del mundo, el joven pintor francés puso rostro al sufrimiento de aquellas personas que tuvieron que afrontar las consecuencias de las impulsivas e interesadas decisiones de unos pocos. Como ya dije, las circunstancias son muy diferentes, pero hay cosas que guardan demasiadas semejanzas. Claro que nada tiene que ver la fotografía con la pintura, ni el naufragio de la medusa con los que tienen lugar en nuestros días. Sin embargo, a pesar de todo, uno no puede evitar acordarse de este cuadro y pensar en lo que debió suponer para sus contemporáneos. El contexto es muy distinto, pero el horror, por desgracia, es similar, o al menos, comparable. Suerte que tanto entonces como en nuestros días hubo quienes quisieron rescatar del olvido este tipo de episodios. Su imagen es dolorosa, sin duda, pero también necesaria para que algún día (quién sabe, dicen que soñar es gratis) aprendamos de nuestros errores.


 

Para saber más:

http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/secciones/9268/abandonados_alta_mar_naufragio_medusa.html

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