De izquierda a derecha; el rey, la reina, el alfil, el caballo y la torre, respectivamente.

El ajedrez de Lewis, entre la magia y la Historia

A los amantes de la saga literaria (y su correspondiente adaptación cinematográfica) Harry Potter, puede resultarles interesante la historia que hoy traemos. También a aquellos que disfrutan del valor incalculable de ese ancestral y siempre fascinante juego que es el ajedrez. Y es que ambas historias, la del ajedrez y el relato fantástico de J. K. Rowling guardan un curioso punto en común. O más bien, podemos decir que esta última se basa en un ajedrez histórico para crear una reproducción de las piezas con las que Harry y Ron entablan una partida al más puro estilo de Hogwarts en una escena de la primera película.

Estado actual de algunas de las piezas originales
Estado actual de algunas de las piezas originales

Separando la ficción de la realidad, lo cierto es que las piezas utilizadas en las películas y aderezadas con efectos especiales para conferirles ese toque mágico y particular de tan propio de la saga literaria, tienen su base histórica. Se trata de imitaciones de un ajedrez de época medieval fechado en torno al siglo XII, muy probablemente elaborado en la zona de Noruega. El conocido como ajedrez «de Lewis» fue encontrado en dicha isla de la costa oeste de Escocia en 1831, y constituye desde su descubrimiento uno de los escasos y más valiosos testimonios arqueológicos de la práctica de este juego en época medieval. Muchos y muy variados son los tableros y piezas que pueblan las estanterías de coleccionistas y aficionados. Sin embargo, el ajedrez de Lewis es uno de los pocos que data de la Edad Media y que, por casualidades del destino, aún hoy se conservan. De hecho, para quien tenga el deseo y la fortuna de poder contemplarlo, actualmente se encuentra expuesto entre el British Museum de Londres y la National Gallery de Edimburgo.

Este guerrero o berséker era la torre
Este guerrero o berséker era la torre

El tablero actual lo componen unas 78 piezas elaboradas en marfil de colmillo de morsa, aunque al parecer algunas de ellas están hechas de dientes de ballena. Uno de sus rasgos más destacados es que, por primera vez (al menos según lo encontrado hasta ahora), las figuras tienen forma y rasgos humanos, dejando atrás el carácter esquemático o las representaciones faunísticas que tradicionalmente habían predominado en el ajedrez. La única excepción la representan los peones, que presentan una forma extraña, tal vez algo así como una lápida o un escudo, aunque en cualquier caso, algo simbólico y fuera de nuestras posibilidades de interpretación.

El ajedrez de Lewis resulta un hallazgo de lo más curioso por varias razones. La primera de ellas es el hecho de que los personajes presenten rasgos más expresivos; con el rostro entre aburrido y apesadumbrado de la reina o las rígidas y autoritarias facciones del rey. Otra característica que llama la atención es el intento por reflejar el atuendo y los elementos distintivos de cada grupo social, como pone de manifiesto la presencia inconfundible de un miembro del estamento eclesiástico, la nobleza y el estamento militar en el alfil, el caballo y la torre. Quizás por aquello de que los peones o miembros de los estratos más bajos no eran más que «carne de cañón», se les represente como eso que parece ser una simple lápida. Aunque esto no es más que una conjetura propia, no quisiera con ello aventurarme a sacar conclusiones precipitadas. Por último, destaca la tonalidad roja que algunas de las piezas han conservado, que hoy nos permite saber que los dos bandos a entablar combate no eran los tradicionales. El conflicto entre «blancas y negras» era, al menos en este caso, entre «rojas y blancas».

De izquierda a derecha; el rey, la reina, el alfil, el caballo y la torre, respectivamente.
De izquierda a derecha; el rey, la reina, el alfil, el caballo, la torre y el peón, respectivamente.

Mirando los rasgos pintorescos de sus piezas y teniendo en cuenta su trascendencia histórica, resulta lógico que el ajedrez de Lewis fuera finalmente el elegido para servir de inspiración a aquellas con las que Harry y Ron amenizaban sus tardes de vacaciones en el comedor de Hogwarts. Lo de las figuras cobrando vida y aplastándose mutuamente sobra decir que es un añadido con el que más de uno hemos disfrutado. Pero en cualquier caso, no deja de resultar curioso hasta qué punto el mundo de la ficción y la fantasía beben de elementos históricos.

A propósito, para quienes no hayan visto las películas o simplemente quieran volver a disfrutar de la escena a la que nos referimos, está disponible en el siguiente enlace:

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

Ver todos los artículos
Publicar un comentario

(Spamcheck Enabled)

1 comentario
  • Este mes de mayo estuve en Edimburgo y pude disfrutar de las piezas que tienen allí, para mí la mayor joya de todo el Museo de Escocia. No tengo claro si la dispersión de las figuras es buena o mala: por un lado se disfrutan en más puntos, pero por otro lado ver 9 figuras sueltas me supo a poco. Es una historia fantástica la de este ajedrez que la señora Rowling sin duda alguna visitó muchas veces (el famoso café donde escribía está a pocos metros).

Escrito por Miguel Vega Carrasco

Iniciar sesión

Suscríbete al boletín

Lee nuestra revista en papel y accede a todos los contenidos

Divulgación histórica independiente

España (20 €) ‧ UE (40 €) ‧ Digital (12 €)