Divulgación

Wall Street, el muro de Nueva Ámsterdam

Los holandeses comenzaron a crecer de la mano del capitalismo, fomentado por el incremento de los préstamos en un Estado en el que existía un poder judicial independiente y que garantizaba la propiedad privada. Esto explica que, en poco tiempo, un territorio perteneciente al vasto imperio español se independizara y comenzara a expandirse por medio mundo. Uno de los ejemplos de esta expansión fue la fundación de la ciudad de Nueva Ámsterdam.

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Nueva Ámsterdam en 1664 (Wikimedia).

La Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales (WIC) se dedicaba a operar y controlar el comercio en el océano Atlántico —del mismo modo que la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC), de mayor tamaño, lo hacía en Indonesia, donde llegó a gobernar durante 200 años como si se tratara de un Estado—. En el río Hudson se establecieron importantes intercambios comerciales, y la WIC consideró que era importante construir una colonia para controlar el comercio en la desembocadura del río. De esta forma nació Nueva Ámsterdam, emplazada en una isla en la desembocadura del río, bien conocida como Manhattan.

Sin embargo, este establecimiento no estuvo exento de complicaciones para la WIC. Uno de ellos era la defensa de los colonos de varias amenazas. Una de ellas eran las demás potencias occidentales, sobre todo los ingleses. Otra eran los nativos, más conocidos como indios, entre los que se encontraban los lenapes, mohawks y los mohicanos. Por este motivo tomaron la decisión de fortificar la colonia. A causa de los problemas deficitarios de la compañía, la muralla protectora se construyó de madera y lodo.

Esta colonia pasó a ser de dominio inglés en 1664 después de repetidos ataques. Como sabemos, cambiaron el nombre de la incipiente ciudad por Nueva York en honor al duque de York —el futuro James II of England—, hermano del rey de Inglaterra, Carlos II. Durante un breve periodo de tiempo en 1773 los holandeses la recuperaron y le otorgaron el nombre de Nueva Orange, pero fue devuelta a los ingleses un año después (1774) por el Tratado de Westminster.

La muralla defensiva que construyeron los holandeses fue derribada a finales del siglo XVIII por los nuevos propietarios del lugar. Sin embargo, no se ha olvidado su existencia porque está bajo una de las calles más famosas del mundo que, en su nombre, lo recuerda: Wall Street. Debajo de toneladas de hormigón, cemento y edificios se halla el lugar que ocupaba esa muralla defensiva, más bien modesta, que trató de mantener a raya a indios e ingleses. Hoy es el centro financiero de Nueva York, y prácticamente del mundo. El homenaje a aquella muralla también fue llevado a uno de los periódicos más influyentes de Estados Unidos: el Wall Street Journal.

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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