Reseñas

Viajes con Heródoto y Kapuscinski

Hacía tiempo que quería escribir sobre uno de los maestros de periodistas que, a su vez, servirá a las próximas generaciones de historiadores para documentar el devenir de los lugares a los que viajó y en los que trabajó, principalmente África y Asia. Vivió la época de la descolonización e independencia, pero también las continuas guerras que la precedieron en muchos países. Su testimonio como corresponsal para la Agencia de Prensa Polaca es uno de los más reconocidos y fiables, por su mirada humana y su capacidad para explicar los acontecimientos teniendo en cuenta la situación política y social.

Ryszard Kapuscinski (1932-2007) nació en Pinsk. Desde muy joven le motivaba una curiosidad que luego sería vital para su carrera de periodista. Pero no sólo le resultaba interesante saber qué sucedía y comprenderlo para, luego, explicarlo. Sino que su curiosidad le llevaba a interesarse por lugares lejanos y que fascinaban su imaginación, pero también los viajes al pasado, a épocas remotas. Por ello, no pudo tener mejor compañero de viaje que el libro Historias de Heródoto.

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Viajes con Heródoto, de Kapuscinski.

Kapuscinski nos transmite parte de su biografía en cada uno de sus libros, ya que él forma parte del relato. No porque sea protagonista de la historia que cuenta, sino porque se compromete con la realidad que explica como testigo de primera mano de los acontecimientos. A pesar de que son muchos sus libros recomendables, y a través de los que se puede conocer la historia reciente de muchos países del mundo, en este artículo ponemos el foco en el libro Viajes con Heródoto (Anagrama, 2009).

El texto comienza explicando, precisamente, cómo Kapuscinski, siendo un joven periodista, ansiaba cruzar la frontera y conocer el mundo que había «fuera». La redactora jefa del periódico para el que trabajaba le regaló el citado libro de Heródoto y lo envió a la India. A partir de entonces comienza un periplo que forjó el carácter explorador y el espíritu curioso de Kapuscinski. En la India, las dificultades para penetrar en su cultura, debido a su incomprensión del idioma y de todas sus variedades, le hizo intentar aprender de ella por la vía de la lectura. No sólo de obras de viajeros que conocieron la India, sino que empezó a sentir cierta identificación con Heródoto, que viajó a lo largo del mundo conocido y que, probablemente, se enfrentó a dificultades similares.

El viaje de Kapuscinski continuó en China, donde a la barrera del idioma se sumaron las dificultades —desconocidas entonces para él— asociadas a los problemas que había en su periódico, y que nadie comunicó durante su estancia en China. Sin embargo, sus guías lo sabían, y simplemente no facilitaron el trabajo del reportero, puesto que éste no serviría para mucho. Sin embargo, su aventura china se contextualiza en el periodo de las Cien flores de Mao, con esa tímida intención aperturista que, finalmente, se apagó. ¿Realmente se quería abrir el país al mundo o querían pillar a disidentes que, en este periodo, afloraron gracias a una pequeña dosis de libertad?

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Julia Hartwig, Anders Bodegard y Ryszard Kapuscinski (Wikimedia).

Esa pregunta es sólo una de las muchas que Kapuscinski se hace en el libro. Los periodistas no tienen respuestas, sino preguntas. Y él tenía muchas. Muchísimas. El libro, de hecho, navega de una duda a otra, que trata de resolver con su propio razonamiento o gracias al descubrimiento. A Kapuscinski también le asombra la capacidad de Heródoto para hacerse preguntas, como por ejemplo conocer cuál es la civilización más antigua de las conocidas.

Si esta obra puede resultar fascinante no es por descubrirnos parte de la biografía de Kapuscinski, sino porque es un viaje temporal y geográfico continuo, pero en dos periodos diferentes. Por un lado, viajamos por la tierra de la época en la Kapuscinski ponía el pie en la India, hacía sus maletas hacia China o se marchaba a Egipto y, desde ahí, cubría las continuas guerras que asolaban África. Pero, a la vez, nos trasladamos a los viajes que hacía Heródoto, conocemos las dudas que tenía, los métodos que podía haber empleado para conocer la realidad que trataba de conocer y entendemos, a través de sus explicaciones, cuáles eran los entresijos de su historia y las civilizaciones en las que trató de profundizar.

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Busto de Heródoto de Halicarnaso (Wikimedia).

Se encuentran numerosos paralelismos entre la historia de Heródoto y la que iba construyendo Kapuscinski. Por ello se fascina de la forma en que los errores cometidos por grandes imperios son repetidos, y cómo el ser humano no ha cambiado tanto con el devenir del tiempo. También Kapuscinski analiza los límites que tenía Heródoto en su investigación. No sólo problemas relacionados con el idioma, que podían resolverse con intérpretes, sino las grandes distancias que recorrió o la retentiva necesaria para poner por escrito todo lo que vivió. Pero a los grandes obstáculos se suman otros pequeños, por los que Kapuscinski también siente curiosidad: ¿quiénes le acompañaban en sus viajes? ¿eran esclavos? ¿les daba un buen trato?

Quizá lo más llamativo de la obra para quienes se dedican al estudio de la historia es el juicio sin ambages al que somete a la historia en todo el libro. Normalmente, una de las premisas para los historiadores es no juzgar el pasado desde la perspectiva actual. Sin embargo, Kapuscinski no emite opiniones pensando de forma actual, sino que trata de ponerse en la piel de quienes vivían las épocas que comenta. De forma habitual, no sólo en su mirada al pasado, su análisis lo emite desde la perspectiva de las personas humildes. Así que cuando visita la Gran Muralla China no piensa, en primer lugar, que se trata de una obra maravillosa o espectacular. Lo que realmente valora es cuántas personas morirían durante su construcción, cuánto dinero se invirtió en ella en lugar de en otras cosas prioritarias, y si realmente la defensa contra los pueblos mongoles que se pretendía con la muralla no podría haberse realizado de otra manera. Finalmente, se pregunta, incluso, la necesidad de este tipo de fronteras artificiales, y también reflexiona sobre la necesidad de conquista y defensa que se da entre soberanos, no entre el pueblo llano.

En definitiva, es inevitable encontrar un paralelismo entre Kapuscinski y Heródoto. En este, el periodista muestra su admiración por uno de los considerados como primeros historiadores. Pero, curiosamente, también muchos piensan que es el primer periodista, al narrar de primera mano los acontecimientos de su tiempo. Es un ejemplo más de la relación tan íntima que se da entre ambas disciplinas, y que en ambos personajes, Kapuscinski y Heródoto, parece evidente.

Nota final

Quizá el lector se pregunte por qué la portada del libro es una liebre y qué tiene que ver con el contenido. Lo mejor es leerlo y descubrirlo, pero adelantamos que tiene que ver con la expedición de Darío al frente del ejército persa y su enfrentamiento con los escitas.


Editorial: Anagrama.

Título: Viajes con Heródoto.

Autor: Ryszard Kapuscinski.

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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