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‘Los medios de comunicación social’ de Raymond Williams

A pesar de los años transcurridos desde su publicación, es interesante conocer la mirada de Raymond Williams para poder ayudar a definir y clarificar algunas problemáticas relacionadas con los medios de comunicación social.

«Por lo menos, ahora el desafío está claro». Con estas esperanzadoras palabras concluye la obra que en estas páginas me gustaría presentaros: Los medios de comunicación social de Raymond Williams. Se trata de un libro escrito originalmente en 1962, aunque revisado en la forma que hoy se nos presenta a los lectores en 1966 y que por varias razones para cualquier amante o descubridor de la historia, a pesar de los años transcurridos desde su publicación, es interesante conocer si lo que pretendemos con nuestra mirada hacia el pasado es, si no intentar dar respuesta a los desafíos del presente, por lo menos, poder ayudar a definir y clarificar éstos dada la complejidad que caracteriza nuestro mundo actual.

A cualquier historiador o curioso lector que fije su atención en el período contemporáneo no se le escapará la importancia que los medios de comunicación social adquieren progresivamente en esta etapa tanto a nivel económico y político como social y cultural. Pero si lo que pretendemos con nuestro interés por la Historia es tratar de comprender el pasado, la cuestión de los medios se nos revelará entonces como fundamental, siendo éstos agentes históricos de primer orden al afectar notablemente a la vida cotidiana de las personas, a cómo éstas conciben el mundo y a cómo actúan en él. En cierta manera el autor pretendía con este libro poner el acento sobre esta problemática que él valoraba como muy importante ya en aquellos años, durante la década de los sesenta, y que es algún modo similar a la que se nos plantea de nuevo en torno a aspectos como la cultura, el arte, los medios de comunicación o la democracia y la forma en que éstos se relacionan entre sí.

Hay que apuntar que el autor no es estrictamente un historiador, pues desarrolló su labor como docente en los campos del arte dramático, la literatura o la historia de las ideas, y que el texto que hoy nos atañe no es una obra historiográfica aunque, sin duda, sean ambos, el autor y su obra, de referencia para entender la evolución de parte de la historiografía desarrollada desde los setenta hasta nuestros días. 

Raymond Williams estaba vinculado al que se ha denominado como el grupo de marxistas británicos, del que formaban parte en la década de los cincuenta y los sesenta historiadores como E. P. Thompsom o Eric Howsbawn, autores que tenían en común una visión culturalista de la realidad, en oposición a la rigidez y al economicismo dominante en la doctrina marxista del momento, y su militancia en las filas del Partido Comunista Británico. 

Su obra más importante de este período será Culture and Society(1958), a la que seguirán The Long Revolution(1961) y el texto que hoy se reseña aquí, titulado en su idioma originalCommunications(1962). Asimismo, el nombre de Williams se relaciona con el Círculo de Birmingham y con los denominados Cultural Studies, que se desarrollaron en torno al trabajo y la obra de algunos autores tan destacados como Richard Hoggart, Stuart Hall o el propio Williams y que tuvieron una influencia capital en relación conlos estudios de los medios de comunicación, como la televisión o la radio, debido a la particular perspectiva, la exhaustividad y el rigor con que se acercaron a este entonces novedoso objeto de interés y estudio.

Por lo tanto Los medios de Comunicación socialno es sólo una obra que nos invita areflexionar sobre este fenómeno, que nace en el mundo contemporáneo y cuyos efectos llegan hasta nuestros días, si no que también nos ayuda a conocer las propuestas y las respuestas dadas por una investigación, por una ciencia humana y social militante, como la que se desarrolla en Gran Bretaña en los cincuenta y sesenta, y que más tarde tomará en el ámbito de la historiografía la forma de lo que se conocerá como«la Historia desde abajo», y asimismo, a que nos aproximemos a algunos de los lugares comunes que van a caracterizar la particular mirada de lo que se conocerá como los Cultural Studies. 

El texto aparece dividido en cinco capítulos diferenciados entre sí por su diferente enfoque y contenido. En el primer apartado,«Definiciones», Williams aprovecha para contextualizar el problema que será leit motivde su libro, las comunicaciones, señalando la doble acepción de este término, que puede hacer referencia a los medios de comunicación, su objeto de estudio, o a los transportes. Asimismo define estos medios como «las instituciones y formas en que se transmiten y se reciben las ideas, las informaciones y las actitudes». Es un capítulo muy importante, más allá de lo oportuno o no de esta definición, puesto que nos permite entrever la perspectiva culturalista a la que antes se hacía referencia, al indicar el propio autor que más allá de la política y la economía, más allá del poder, la propiedad y la producción, la realidad se forma y se transforma a través del arte, del saber y de su comunicación, esto es, desde y a través del hecho cultural. 

En el siguiente capítulo, «Historia», se hace un repaso al desarrollo diacrónico de los medios de comunicación en el contexto de Gran Bretaña, concretamente del libro impreso, de la prensa, del teatro y de la radio, haciendo hincapié en dos procesos que de una u otra forma caracterizan, según el autor, su evolución. Por una parte la creciente importancia de los ingresos por publicidad en relación con la expansión popular que van desarrollando estos medios. Y, por otra parte, el surgimiento de nuevas formas de propiedad y organización empresarial basadas en las formas de producción industrial general. La lectura que se plantea a este doble proceso descrito es que el desarrollo del público no ha supuesto el desarrollo de la democracia, al negarse en nombre de la libertad, basándose en la propiedad privada limitada, las condiciones culturales necesarias para el mismo, y la necesidad de desarrollar una nueva culturaque responda a las tensiones generadas por esta situación. 

El tercer capítulo,«Contenido»,es, en esencia, un análisis de contenido implementado en varios niveles y sobre distintos tipos de publicaciones desde una óptica comparativa entre los datos de 1961 (base de la primera edición) y los recogidos ex profesoen 1965 para la edición revisada de 1966. Permite para el lector no acostumbrado a este tipo de análisis ser consciente, más allá del relato histórico o las reflexiones teóricas que sobre este particular puedan hacerse, de la realidad de los medios, qué forma concreta acogen y qué realidades expresan. Así se evidencia, desde el estudio de caso concreto referido a Gran Bretaña en los años arriba indicados, la importancia de los contenidos publicitarios frente al número de noticias publicadas, la diferencia entre un periódico en su edición diaria y su versión dominical o las características que acogen las revistas especializadas dedicadas por ejemplo a grupos tipo de la población como los niños o las mujeres. 

El cuarto y el quinto capítulo, denominados «Controversia» y «Posibilidades» respectivamente, son, a mi juicio, los que nos permiten adentrarnos en los debates que en torno a la cuestión de los medios se generaron en la década de los sesenta, y que de alguna manera aún siguen teniendo continuidad en nuestros días, y las soluciones o la posición que en torno a estos debates los intelectuales de la Nueva Izquierda, de la que Raymond Williams es exponente, aportaron o acogieron. Algunas de las polémicas que se plantean hacen referencia, por ejemplo, a la necesidad o no de que se lleve a cabo un control publico de las instituciones que conforman los medios de comunicación o del papel de la cultura en la sociedad y la pertinencia de hablar de una alta o baja cultura, ofreciendo alternativas o soluciones teóricas, que pasan por ejemplo por la creación de instituciones de control sobre los distintos medios, de financiación publica pero cuya dirección y control recaiga en los propios colaboradores de cada institución, o por la revisión de la educación, fomentando entre otras cosas la crítica cultural o la creatividad, y por solventar las diferencias sociales que en ella se generan a través de aprendizajes tan elementales como por ejemplo el del habla o la escritura. 

Se trata, en definitiva, de una obra que no asume una posición de mero observador de la realidad, sino que pretende explicar ésta y modificarla, y que por ello nos permite no sólo pensar los medios de comunicación como la historia de sus instituciones o la forma que acoge su contenido, sino, al fin y al cabo, como un complejo desafío que aún hoy está vivo y que nos obliga a rescatar en la historia la voz de aquellos que como Raymond Williams se empeñaron en definirlo y hacerlo más comprensible, puesto que aún hoy es a todos nosotros y nosotras a quien nos corresponde afrontarlo.P

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Acerca del autor

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Rubén Cabal Tejada

Historiador. Doctorando en cotutela entre la Universidad de Oviedo
y la Universidad Paris 3 Sorbonne Nouvelle. Docente en el departamento LEA de la Universidad Rouen-Normandie.

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