Divulgación

Egipto y la invasión de los hicsos

Tutimeos. Durante su reinado, por una causa que ignoro, nos golpeó Dios e, inesperadamente, unos hombres de estirpe desconocida, procedentes de Oriente, con osadía invadieron nuestro país, al que sometieron mediante la fuerza, sin dificultad ni combate. Tras haberse impuesto a los gobernantes de la Tierra, destruyeron las ciudades, arrasaron los templos de los dioses y trataron con extrema crueldad a los habitantes del país, asesinando a unos y reduciendo a la esclavitud a los hijos y mujeres de otros… Su raza era denominada «hiksos», que significa «reyes pastores», ya que «hyk» en lengua sagrada significa «reyes» y «sos» en lenguaje vulgar es «pastor» o «pastores».

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Mapa de Egipto durante la época de los hicsos

Con estas palabras describía Manetón, sacerdote e historiador egipcio del siglo III a.C., a la dinastía de reyes de origen extranjero que gobernó el país del Nilo durante el llamado II Periodo Intermedio (ca. 1800 a.C.-1500 a.C.). Este testimonio, aunque constituye una de las escasas fuentes de que disponemos para reconstruir el periodo de los hicsos, no deja de ser una descripción sesgada y llena de connotaciones negativas hacia quienes consideraba unos invasores y usurpadores.

Sin embargo, la realidad era bien distinta, y ha sido gracias a años y años de investigación y hallazgos arqueológicos que los historiadores han podido extraer suficiente información para poner en duda las palabras de Manetón. Porque, como podemos imaginar, la forma en que este autor describiría a unos reyes y una época que la historiografía egipcia siempre miró con desdén y rechazo corre el riesgo de ser, cuando menos, peyorativa. En efecto, aunque los hicsos fueron un pueblo venido del exterior, su llegada al trono no se produjo en los términos de invasión que se describía, ni tampoco supuso la masacre y la destrucción de la cultura y el pueblo egipcio.

Lo primero que cabe preguntarse es de dónde venían y cómo llegaron a Egipto estos «hicsos». Acerca de su origen se han elaborado numerosas teorías,  la mayoría de las cuales insiste en que venían de Oriente, y que eran grupos heterogéneos de la zona de Palestina y las tierras orientales cercanas al Nilo. Estos pueblos, entre los que se incluían a hurritas y amorritas, pudieron tener un cierto componente semítico, y todo parece indicar que sus contactos con Egipto se venían dando desde siglos antes del periodo al que nos referimos. Por lo tanto, descartemos la posibilidad de una entrada invasiva y feroz al estilo de la que narra Manetón.

Sebekhotep IV, faraón de la XIII Dinastía hicsos - Sebekhotep IV Dinast  a XIII  - Egipto y la invasión de los hicsos

Sebekhotep IV, faraón de la XIII Dinastía

Como hemos comentado, el vacío documental es notable, así que no resulta fácil narrar cuándo y cómo sucedió exactamente, pero el caso es que en un momento dado, la debilidad política de los faraones de la XIII Dinastía para mantener unificado Egipto propició que los hicsos, que ya llevaban tiempo asentándose progresivamente en diferentes ciudades del país, se fueran haciendo fuertes y fuesen ganando poder en enclaves importantes como Menfis e Ichi-Tauy. De hecho, se suele tomar como punto de partida su ascenso al poder en estas ciudades, en torno al 1675-1650 a.C., para establecer la fecha de caída de la XIII Dinastía.

A partir de entonces, la influencia de los nuevos faraones fue reconocida en gran parte de Egipto, fundamentalmente en la zona del Delta, aunque no en todo el país de manera efectiva. Muy probablemente, la llegada de los hicsos respondió al propio contexto del II Milenio a.C. en la zona de Próximo oriente, un periodo convulso a nivel político, con grandes cambios y transformaciones que dieron lugar a un intenso movimiento demográfico. Entre estos pueblos desplazados es donde debemos ubicar a los hicsos, que poco a poco se fueron asentando en Egipto.

La cuestión es que la imagen de estos monarcas distaba mucho de aquella de seres crueles y despiadados con los que la historiografía posterior los retrató. Al contrario, los hicsos se adaptaron bastante bien al sistema y las estructura administrativas de Egipto, y mantuvieron a una amplísima nómina de funcionarios de origen egipcio. Además, respetaron el sistema de escritura, los modelos artísticos y las vestimentas y tradiciones más propias del pueblo egipcio. Pero, sobre todo, mantuvieron el ritual y protocolo de la monarquía faraónica, ligada a la devoción al dios Ra.

Es cierto, eso sí, que llevaron consigo algunas manifestaciones culturales y materiales propias, como instrumentos musicales asiáticos, joyas, formas cerámicas o mejoras en la metalurgia del bronce. Además, fueron ellos los encargados de introducir innovaciones en materia armamentística tales como la espada curva o el arco compuesto asiático.  Pero al margen de estas aportaciones y particularidades, y de su política exterior más abierta a relaciones con los pueblos vecinos, lo cierto es que la historia de los hicsos en Egipto poco tuvo que ver con lo que los historiadores de épocas posteriores, en un intento por ensalzar las virtudes de los faraones del Imperio Nuevo, nos contaron.

Ahmose I (Dinastía XVIII) derrotando a los hicsos hicsos - Ahmose I Dinast  a XVIII derrotando a los hicsos  - Egipto y la invasión de los hicsos

Ahmose I (Dinastía XVIII) derrotando a los hicsos

Esta estirpe gobernó el país del Nilo hasta el fin del II Periodo Intermedio, cuando un nuevo linaje de origen tebano se hizo con el poder, después de intensas luchas, e instauró la XVII Dinastía. A partir de entonces, los hicsos desaparecen de las crónicas reales y su rastro se reduce a las escasas y no muy condescendientes descripciones de autores como Manetón. Afortunadamente, la Historia nos permite hoy matizar esa visión y comprender que el relato del pasado puede variar mucho según quién lo cuente y con qué intención. Es nuestro labor y nuestro gran reto saber discernir y contrastar toda esa información.

Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia. Trato de perderme en tiempos lejanos, y otros más recientes, para acercar esa hermosa ciencia que es la Historia al mayor público posible, divagando a veces en mis propias reflexiones sobre el ser humano, su complejidad y su huella en el tiempo y la memoria a través de sus actos. Miembro del consejo editorial de Descubrir la Historia.

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