Cartagena, ciudad amada por la Historia

Hablamos sobre la historia de Cartagena, una ciudad con una larguísima e interesante historia. Varias veces arrasada hasta los cimientos, siempre ha sabido resurgir de entre sus cenizas.

Pocas ciudades hay en Europa con tanta historia a sus espaldas. Descrita por helenos, romanos y árabes. Glosada en caracteres griegos, púnicos, latinos o arábigos. Poblada por íberos, cartagineses, romanos, bizantinos y vándalos. Hollada por caudillos tales como los púnicos Asdrúbal y Aníbal, los romanos Escipión, Julio César o Galba y los hispanos Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, o Don Álvaro de Bazán. Puerto de entrada para un rey de España, Amadeo I, y de salida para otro, Alfonso XIII. Cantada por autores de la talla de san Isidoro de Sevilla, Miguel de Cervantes, Benito Pérez Galdós, Ramón J. Sender o el cartagenero Arturo Pérez Reverte. Varias veces arrasada hasta los cimientos, siempre ha sabido resurgir de entre sus cenizas.

Los estudiosos no se ponen de acuerdo sobre si fue fundada de la nada en el 227 a. C. por el general cartaginés Asdrúbal «El Bello», yerno de Amílcar Barca y cuñado de Aníbal, o si la púnica Qart Hadasht se levantó sobre los solares de la íbera Mastia. Varios eruditos, desde época antigua hasta tiempos barrocos, con nula fundamentación histórica y arqueológica, postularon que fue fundada por Teucro, uno de los héroes aqueos que tomaron la mítica Troya, tras ser desterrado de su isla natal de Salamina por su padre, en torno al 1184 a. C., con el nombre de Tucria. Otros defienden que fue su puerto el primero de Hispania en ser hollado por el apóstol Santiago, cuando, supuestamente, acudió a evangelizar a los habitantes de la península.

Hay, incluso, quienes, como la autora Sonia Barja, la quieren identificar con la mítica Tartessos, partiendo de aventuradas reinterpretaciones toponímicas de la Ora Maritimade Rufo Festo Avieno, poeta latino del siglo IV d. C. En su estudio, la investigadora especula sobre que Virgilio se basó en Carthago Nova para describir la llegada de su héroe Eneas a la ciudad de Cartago, en África. En un alarde de audacia, llega a mantener que Homero se inspiró en este fondeadero, que conocería por los navegantes griegos que arribaran a estas costas, para pintar el puerto de Forcis en Ítaca.

Encendido del fuego sagrado.

En el texto de Avieno, del que sólo se conservan unos 700 versos y que está escrito a partir de autores griegos más antiguos, por desgracia perdidos, algunos eruditos entienden que Cartagena era nombrada como portus Namnatius, cerca de la ciudad Massiena. 

El historiador griego Polibio nos ofrece la mejor descripción de Carthago Nova en las fuentes antiguas. Polibio visitó la ciudad en compañía de su amigo Escipión Emiliano, conquistador a la sazón de la Cartago de Túnez y, después, de Numancia. Es él quien nos habla de las famosas cinco colinas sobre las que se asentaba la ciudad, del marjal que la circunda por el poniente y el norte y del istmo que la separa de tierra firme y del mar.

Escipión Emiliano era nieto del mítico Escipión el Africano, conquistador a los púnicos de Qart Hadasht y vencedor de Aníbal. Es más que probable, entonces, que Polibio recogiera de su amigo detalles jugosos para describir la toma de la ciudad por los romanos, en una compleja operación anfibia, prodigio de táctica militar. También compartía amistad con los anteriores y los acompañó en su visita Cayo Lelio Sapiens, hijo del lugarteniente del Africano, sujeto activo, también, de los hechos narrados.

Tito Livio, contemporáneo de los emperadores de la dinastía Julio-Claudia, nos ofrece igualmente un vívido relato de dicha conquista en el libro XXVI de su monumental Ab urbe condita. Dion Casio y Apiano, a su vez, nos hablan del mencionado pasaje, transcendental para el desenlace posterior de la Segunda Guerra Púnica. Silio Itálico, por su parte, nos da una versión más poética en el libro XV de su epopeya Púnica.

Todas estas fuentes, y otras más específicas, han sido usadas por Santiago Posteguillo para relatar, en una prosa trepidante, la toma de la ciudad cartaginesa por las tropas de Escipión y su segundo Lépido, en su Africanus, el hijo del cónsul.

Tras la guerra civil entre Mario y Sila, Sertorio, hombre del primero, se rebeló contra Roma y se hizo fuerte en Hispania. Llegó a poner sitio a Carthago Nova, donde estaba congregada la flota senatorial, pero fue rechazado por Lucio Cornelio Balbo, que acabaría convirtiéndose en uno de los más estrechos colaboradores de Julio César.

Durante el Primer Triunvirato, Pompeyo Magno, que había combatido a los sertorianos en la península como procónsul, haciéndose con una nutrida red clientelar, dotó a la ciudad de un acueducto, el más antiguo de entre los que se conservan en Hispania.

Su hijo, Cneo Pompeyo el Joven, pone de nuevo sitio a la ciudad, que se había decantado por el bando cesariano. Tal vez fue esto lo que motivó que, tras el fin de la contienda civil, la urbe fuera nombrada colonia por César: Colonia Urbs Iulia Nova Carthago.

El propio César pasa una temporada en la ciudad acompañado del que luego será su hijo adoptivo: su sobrino nieto, Cayo Octavio Turino, al que conocerán tras la adopción como Cayo Julio César Octaviano, el futuro Augusto. Esto explicaría que el primer emperador distinguiera a Carthago Nova con un ambicioso plan de embellecimiento urbanístico, gracias al cual se erigió a los pies del Arx Hasdrubalis (actual cerro del Molinete) un monumental nuevo foro, con templo capitolino inclusive. En las laderas de la colina coronada por un santuario a Esculapio (actual cerro de la Concepción) se levantó, sin escatimar en gastos, el fastuoso teatro, uno de los más grandes de Hispania. La urbe correspondió a la magnificencia imperial dedicando este edificio a los hijos adoptivos de aquél, Lucio y Cayo César, quienes eran, realmente, sus nietos, a través de su hija Julia y de su íntimo amigo Agripa.

Carthago Nova vive, así, uno de sus mayores momentos de esplendor, gracias a la explotación de las cercanas minas de La Unión, al comercio con la metrópolis y al valor estratégico de su puerto. Navíos cargados con el preciado garum sociorum, que se fabrica en factorías dispersas por las abruptas costas que rodean a la ciudad (verbi gratia, las ruinas in situde Portmán y del Puerto de Mazarrón), surcan los mares del imperio. Lingotes de plata, hierro o plomo son embarcados en su puerto a fin de saciar la voracidad del coloso.

Un ambicioso programa de embellecimiento da testimonio de esta riqueza: el anfiteatro, erigido en época republicana, es remodelado. En el programa ornamental del teatro no se cicatea en gastos: son traídos bloques del mejor mármol desde las canteras del Cerro de la Almagra (Mula), a unos 70 kilómetros e, incluso, desde la propia Carrara, en Italia. Al sur del foro se levanta el Augusteum, templo en el que se rendirá culto a Augusto y a toda la familia imperial tras su muerte. Su decoración es también fastuosa.

En el llamado Barrio del Foro han sido halladas unas pinturas (aún en proceso de restauración) de una calidad extraordinaria, comparables a las más suntuosas de Pompeya, lo que da una idea de la riqueza de Carthago Nova en edad imperial.

En el año 68 el gobernador de la Tarraconense, Servio Sulpicio Galba, se encuentra en la ciudad presidiendo el Concilio Provincial de la Citerior. Hasta él llegan emisarios de Julio Vindex, gobernador de la Gallia Lugdunensis. Vindex se ha sublevado contra Nerón y le ofrece el trono a Galba. El propio Consejo Provincial aclama a GalbaPrinceps, aunque él prefiere ser llamado Legatus SPQR.

La derrota y el suicidio de Vindex lo hacen huir hacia Clunia, llevándose consigo la plata de Carthago Nova, con la que, a la muerte de Nerón, podrá pagar su campaña para hacerse con el poder absoluto en Roma, ya como Caesar Augustus. 

A partir del siglo II comienza a sentirse un lento declive económico y demográfico, atribuido al agotamiento progresivo de las minas de La Unión y al abandono de la guarnición militar tras la Pax Augustay el traslado de los conflictos a los limitesgermánico y danubiano.

Por decreto del emperador Diocleciano, que divide la antigua Tarraconense en tres provincias, Carthago Nova sale de su letargo en el 298 al convertirse en cabeza de la nueva provincia Carthaginiensis. Pero, aún así, no llega a alcanzar ni la población ni el esplendor logrados en época alto imperial. Sobre el teatro, abandonado ya su uso como espacio escénico, se construyó un mercado, reutilizando los materiales del antaño fastuoso edificio. Del foro, también abandonado, se extraen bloques y columnas para construir otros edificios. La ciudad se ve reducida de este modo desde las laderas del Cerro de la Concepción hasta el del Molinete. Poco más de la mitad de lo que fue en tiempos augústeos.

Cartagena no escapó a la crisis que desencadenó el final del Imperio Romano de Occidente y fue entrando en una penosa decadencia. En torno al 425 fue arrasada por los vándalos en su imparable avance hacia África. 40 años después el emperador Julio Valerio Mayoriano concentra en la ciudad una escuadra de unos 40 navíos con la intención de invadir el reino vándalo del norte de África.

El monarca vándalo Teodorico II se anticipa a los planes romanos y con una flota de tan sólo 17 barcos sorprende a la tropa imperial. Se entabla una batalla en la misma bocana del puerto. Muchos de los capitanes de Mayoriano fueron sobornados y no plantaron batalla. La flota imperial fue totalmente desarbolada. El norte de África seguirá siendo vándalo.

Barrio del Foro Romano.

Tras la caída del último emperador romano de occidente en el 476, la ciudad pasa a manos visigodas, aunque su población está muy romanizada. Por entonces debe de constituirse la ciudad como sede episcopal, pues hay constancia de que un tal Héctor, obispo de Cartagena, acude al Concilio de Tarragona en el 516.

En estos comienzos del siglo VI, un noble emparentado con el monarca visigodo de nombre Severiano, original de Carthago Nova, se desposa con otra aristócrata llamada Túrtura. De este enlace nacerían Leandro, Fulgencio, Florentina, Isidoro y Teodosia. Los cuatro primeros se destacarán por impulsar la conversión al catolicismo de los reyes y nobles visigodos, arrianos hasta entonces. Por ello, acabarán siendo reconocidos como santos: los Cuatro Santos de Cartagena. La menor, Teodosia, será madre de otro santo: San Hermenegildo.

De los Cuatro Santos, san Leandro y san Isidoro serán sucesivamente arzobispos de Sevilla, a donde la familia se trasladó tras la conquista de Carthago Nova por los ejércitos bizantinos. San Isidoro llegará a ser una de las cumbres de la literatura latina de su tiempo, merced a sus EtymologiaeDe viris illustribus.

En torno al año 550 la urbe es arrebatada a los godos y conquistada por órdenes del emperador bizantino Justiniano I. Con el nombre de Carthago Spartaria, pasará a ser capital de la provincia de Spania. Vestigio de esta época bizantina es la lápida mandada tallar por el patricio Comenciolo, magister militumen. España, a fin de conmemorar la erección de una puerta en la cinta muraria. De la misma forma, la excavación para restituir el teatro romano sacó a la luz una barriada bizantina, levantada sobre el antiguo graderío.

Poco duró la presencia de los bizantinos en la ciudad, pues en el 622 las tropas visigodas de Suintila la reconquistan y, de creer a San Isidoro, fue arrasada hasta los cimientos.

Un velo opaco en cuanto a fuentes históricas se cierne sobre la población, hasta que su nombre vuelve a aparecer de manos del geógrafo e historiador andalusí Al-Udri, quien en el siglo XI se refiere a ella como Qartayanna. Años después Al-Idrisi describe a Qartayannat al-Halfa (Cartagena la del Esparto, la antigua Carthago Spartaria) como el fondeadero natural de la próxima Medina Mursiya (Murcia) y la pinta atractiva y rica en recursos.

De este período, aparte del barrio portuario descubierto en las citadas excavaciones del teatro, nos queda una linterna o pequeño faro en la cima del Parque Torres, sobre el Cerro de la Concepción, y algunos lienzos del inmediato castillo.

Decumano.

En el siglo XIII ve la luz Hazim al-Qartayanni, quien aspirará a la inmortalidad con la Qasida al-Maqsura, cumbre de la poesíaárabe andalusí. Exiliado a Túnez, el poeta le dedica a su ciudad natal bellísimos versos cargados de nostalgia, en donde ensalza los placeres para todos los sentidos que en ella vivió. La describecomo un palacio, cuyo techo está formado por las estrellas.

El arráez de Qartayannat no quiso reconocer el Tratado de Alcaraz, firmado por el emir de Mursiya, Ibn Hud, con el que rendía su taifa a la Corona de Castilla en 1243. Por mandato del infante Alfonso, futuro Alfonso X, fue sometida a sitio, otra vez más. Del asedio se encargaron, en una operación anfibia conjunta, el Gran Maestre de la Orden de Santiago don Pelayo Pérez Correa y el almirante Roy García de Santander, al mando de una escuadra cántabra. Aguantó casi dos años, ya que cae definitivamente en la primavera de 1245.

En 1257 Alfonso X consigue que le sea restituida la titularidad episcopal de la Sede Cartaginense y la convierte en maestrazgo de la Orden de Santa María de España, Orden de Cartagena o de la Estrella, recién creada, a fin de combatir a los árabes en las afueras, por la propia península o, incluso, en el norte de África. Una serie de derrotas militares de otras órdenes religiosas, obligó al monarca a extinguirla pronto.

Enel contexto de las luchas entre los reinos de Castilla y el de Aragón, a fin de establecer sus fronteras definitivas, en 1298, es tomada por las tropas del rey de la Corona de Aragón, Jaime II, quien aspiraba a ocupar también el trono de Castilla. Entre 1304 y 1305 pasa a pertenecer al Reino de Valencia, pero el monarca aragonés renuncia a ella en el Tratado de Elche.

Pedro I de Castilla transforma la urbe en base naval para hostigar a la flota y puertos aragoneses en la guerra contra su tocayo Pedro IV de Aragón, que tiene lugar entre 1356 y 1369, disputándose las fronteras del antiguo Reino de Murcia.

Su puerto fue testigo de la dramática expulsión de los judíos en 1492 hacia tierras norteafricanas. De sus muelles zarparon, en 1495, los navíos comandados por el Gran Capitán para la conquista de Nápoles y el resto del sur de la península itálica. Lo mismo acontece bajo el Cardenal Cisneros con la intención de tomar Orán en 1509.

Idéntico papel de albergar la escuadra de guerra se lo confirman Carlos I y su hijo, Felipe II: Cartagena es erigida como base de las galeras reales. Se refortifica, entonces, erigiéndose sucesivamente las murallas del Deán (1555), las de Antonelli (1576) y, bajo el reinado ya de Carlos II, las de Possi (1669). En la bocana del puerto se levanta la torre y la batería de la Navidad, cuyas ruinas se conservan junto al actual Fuerte de Navidad.

En febrero de 1537 Carlos I había establecido el cuerpo de Infantería de Marina a partir de los Tercios Viejos, que acompañaban a las galeras como dotación militar. En febrero de 1566 don Lope de Figueroa establece aquí el Tercio de Armada del Mar Océano, la primera fuerza de desembarco de la historia. Desde entonces la ciudad alberga, orgullosa, un destacamento de infantes de marina.

Consecuencia de ser base de las galeras reales es que en ella se deban construir prisiones para galeotes y que muchos de los penados a galeras en España, como a los que libera Don Quijote, fueran conducidos a esta localidad. Provenían, entre otros, de los obispados de Burgos, Calahorra, Osma y del antiguo Reino de Navarra y eran conducidos en grupos de doce desde Soria. Tal era la confluencia de penados que en 1688 se construyó un hospital para ellos.

Cervantes la visita varias veces y le dedica unos versos elogiosos en su Viaje al Parnaso. En este contexto histórico sitúa el cartagenero Arturo Pérez Reverte el alistamiento de su héroe de ficción, el capitán Alatriste, en el Tercio Viejo de Cartagena.

Conforme va avanzando el siglo XVII su puerto va perdiendo importancia en beneficio de los atlánticos y de nuevo vuelve a entrar en decadencia.

La llegada de los Borbones supuso una nueva época de esplendor, al trasladarse aquí las atarazanas desde Barcelona y construirse el Arsenal. Al mismo tiempo fue creada la provincia marítima de Cartagena.

Bajo el mandato de Carlos III se levantan unas nuevas murallas y una serie de imponentes fortificaciones artilladas (castillos de Los Moros, san Felipe, Galeras y san Julián), que convierten a la base naval en poco menos que inexpugnable. Simultáneamente se edifican un hospital militar, cuarteles para la marinería y los guardamarinas y una prisión de galeotes, en la que hoy se haya el nuevo Museo Naval, tras haber albergado hasta no hace mucho el Centro de Instrucción de Marinería.

Cartagena resiste el asedio de las tropas del general Sebastiani durante la Guerra de Independencia contra los franceses. Es la primera población española en constituirse como Junta Soberana y en proclamar rey a Fernando VII (1808).

En estos tiempos de tránsito entre los siglos XVIII y XIX nace en ella Isidoro Máiquez, considerado el mejor actor de su época. Será pintado por Goya y aparecerá en uno de los Episodios Nacionalesde Benito Pérez Galdós, concretamente en La Corte de Carlos IV.

En enero de 1862 el cuentista Hans Christian Andersen visita la ciudad y da cuenta de ello en su libro Un viaje por España, quedando testimonio de su estancia en el lugar en el que se hallaba la fonda en la que pernoctó.

A causa de la Revolución de 1868 la reina Isabel II es forzada a exiliarse a Francia. Se convocan Cortes Constituyentes, que designan rey al príncipe, de la casa de Saboya, Amadeo, duque de Aosta e hijo de Víctor Manuel II de Italia. A bordo de la legendaria fragata blindada Numancia, el flamante monarca Amadeo I hace su entrada en España a través del Astillero de esta ciudad portuaria el 30 de diciembre de 1870.

Tres años después el rey es obligado a abdicar y se proclama la Primera República el 7 de junio. Un nutrido grupo de políticos, insatisfechos con la lentitud del Parlamento para aprobar la prometida República Federal, declara el Cantón de Cartagena y se levanta en armas contra el Gobierno central el 12 de julio de ese mismo 1873. La Junta Revolucionaria se encomienda a Roque Barcia, mientras que al frente del ejército cantonal se pone al belicoso parlamentario Antonete Gálvez, nacido en la murciana pedanía de Torreagüera. Gálvez encomienda el mando de la flota de guerra al general Contreras.

Durante seis meses el cantón resiste heroicamente al devastador bombardeo al que lo someten las tropas gubernamentales mandadas por los generales Ceballos, primero, y, posteriormente, López Domínguez. La ciudad es casi asolada de nuevo. Un proyectil impacta en el Parque de Artillería, en el que se cobijaban de las bombas mujeres y niños, causando más de 300 muertos.

El 12 de enero de 1874 la ciudad cantonal ha de claudicar. Los cabecillas de la sublevación consiguen escapar a la persecución de los navíos centralistas a bordo de la mencionada Numancia, refugiándose en Orán.

Los acontecimientos vividos en estos turbulentos meses son magistralmente narrados por Galdós en sus Episodios La primera repúblicayDe Cartago a Sagunto. Ramón J. Sender lo hará, a su vez, en su Míster Witt en el Cantón.

Tras el fracaso cantonal, Cartagena ha de volver a resurgir de entre sus cenizas. Las cercanas minas de La Unión le van a dar el empujón definitivo para ello, al aplicarse allí las nuevas técnicas extractivas.

El 8 de septiembre de 1888 se bota en el arsenal de La Carraca, en la población gaditana de San Fernando, el prototipo del primer submarino de la historia, nacido de la mente del cartagenero Isaac Peral, a la sazón oficial de la Armada. Afortunadamente salvado de la desidia de los tiempos, el viajero puede admirar hoy el submarino y conocer más de su inventor en el hangar habilitado junto al Museo Naval.

Vuelve a vivirse una nueva época de esplendor, en la que brilla una burguesía industrial o comercial, que destinará sus ganancias a construir moradas, que acabarán convirtiendo a la urbe en referencia del arte Modernista. Ejemplos de ello son la erección del Ayuntamiento en 1907, la construcción del palacio de Aguirre, la casa Llagostera, el Gran Hotel y la remodelación del Casino, obras las cuatro últimas del tolosano Víctor Beltrí.

Aquellos primeros años del siglo XX fueron de una efervescencia prodigiosa, no sólo en lo económico y urbanístico, sino también en lo cultural. Por mediación del maestro Enrique Martínez Muñoz, don Miguel de Unamuno, faro para la intelectualidad de aquel momento, es invitado a la ciudad a pronunciar un discurso el ocho de agosto de 1902.

El rector de la Universidad de Salamanca ya había dedicado alguna de sus obras a asuntos o personajes relacionados con la ciudad departamental. En 1893 habló en uno de sus cuentos de la gran desidia con la que los gobernantes de entonces trataron el descubrimiento del insigne Peral, lamentándose del olvido al que condenaron a su submarino. 

Pero el mayor nexo de Unamuno con Cartagena lo propició la estancia en ella de Vicente Medina, cima de las letras murcianas, quien publicó aquí algunas de sus obras maestras. El Rector y el poeta mantuvieron una amistosa correspondencia durante más de quince años, llegando el primero a avalar con un artículo elogioso a su amigo, cuando aquél hubo de emigrar a Argentina.

Unamuno también fue referencia para los poetas cartageneros Antonio Oliver y su esposa, Carmen Conde, quien llegaría a ser la primera mujer en entrar en la Real Academia de la Lengua.

Por estas mismas calendas el Maestro Álvarez Alonso, que se había trasladado a vivir a la población, compone en ella su celebérrimo pasodoble Suspiros de España. Mediante una suscripción popular sus vecinos honraron su memoria con un monumento en la Plaza del Rey.

Como bien nacida, la polis milenaria sabe ser agradecida. En la explanada del puerto, a escasos metros del hermoso ayuntamiento, se mandó levantar por colecta popular, en 1923, un monumento para perpetuar la memoria de los héroes que dieron la vida por su patria, muchos de ellos embarcados en los anexos muelles militares, en la guerra hispano-estadounidense de 1898. Sobre todo se conmemoran los caídos en los desastres de Cavite (Filipinas) y Santiago de Cuba. Aún hoy, un determinado día a la semana, un destacamento militar acude a rendir honores a estos españoles, olvidados para los más de compatriotas.

A la inauguración del monumento acudieron el dictador Primo de Rivera y el rey Alfonso XIII. Ocho años más tarde el monarca se exilió por este mismo puerto, tras proclamarse la II República.

La guerra civil golpeó sañudamente a la ciudad: fue la única base naval que permaneció leal al gobierno legítimo, por lo que fue bombardeada de manera brutal. Hasta un total de 117 bombardeos azotaron a la población, destrozando barriadas enteras, instalaciones civiles y militares, dejando huella en la ruina de la iglesia de Santa María la Vieja o catedral vieja.

La parte menos cruel de este desastre lo protagonizaron la noche del 25 de julio de 1936 tres concejales de partidos de izquierdas, una escasa partida de guardias de asalto y un grupo de prostitutas, del inmediato barrio del Molinete, encabezado por Caridad Pacheco, Caridad la Negra. Salvaron de ser profanada e incendiada a la iglesia de la Caridad, en la que se veneraba la imagen de la patrona, una conmovedora talla napolitana barroca. Juntos hicieron frente a las hordas que habían incendiado otras iglesias y monasterios y que intentaban hacer lo mismo allí. Guardaron tanto la basílica como las obras de arte custodiadas en ella. Y a algunos fieles que habían buscado refugio.

El pueblo llano rinde tributo a la gesta de estos héroes comunes, depositando en fechas señaladas un ramillete de rosas negras al pie de la patrona.

El 4 de marzo de 1939 militares y oficiales de la República se sublevan contra el Gobierno de Negrín. Llaman en su ayuda a las tropas franquistas, que se aprestan a socorrer a los amotinados desde Málaga y Castellón con más de 30 buques. El cinco de marzo, los republicanos recuperan el control de la base naval y las baterías de costa, aunque la flota leal ha salido a alta mar y se dirige a Túnez para entregarse a Franco.

Batalla de los Posados, Teatro Romano.

Avisados de esta circunstancia, los navíos franquistas se dan la vuelta, a excepción del Castillo de Olite, que tenía la radio estropeada y se presenta en solitario. Es hundido por la artillería republicana el siete del mismo mes. Mueren 1476 hombres de los 2112 que iban a bordo.

Junto con Alicante, fue la última ciudad en someterse a las tropas golpistas el 31 de marzo de 1939.

Durante la Dictadura Franquista se potenció la industria energética —se construyó la refinería de Escombreras— y la de fertilizantes, lo que acabaría acarreando, también, gravísimos problemas de contaminación. De la misma manera se potenció la construcción naval, a la vez que en sus instalaciones se formaban los mozos que hacían su servicio militar obligatorio en Marina.

En el campo intelectual, personajes esenciales nacidos en la metrópolis son el poeta José María Álvarez, que le dedica hermosos versos a su ciudad natal, y el novelista y periodista Arturo Pérez-Reverte, que usa su tierra como escenario para varios de sus artículos y paraLa carta esférica.

La gravísima crisis industrial de los primeros 90, más la desidia política, tanto a nivel autonómico como local, sumieron a la polis en una decadencia terrible, de la que sólo la lucha incesante de su población civil y militar la está sacando. Por fin, han obligado a las autoridades a no seguir dando la espalda ni a su milenaria historia, ni a su eterno mar.

En este camino fueron cruciales dos fechas: en 1988 se descubren de forma accidental los restos del teatro romano, bajo un barrio de pescadores bastante degradado, al pie de la catedral vieja. Su excavación y su minuciosa recuperación, encomendada al prestigioso arquitecto Rafael Moneo, ha convertido al monumento en el verdadero motor cultural y económico no sólo de Cartagena, sino también de la Comunidad entera.

Un año después, en 1989, un grupo de cartageneros, enamorados de su historia y de su tierra, idearon un festejo, mediante el que se conmemorara el riquísimo legado que les transmitieron sus ancestros, intentando remediar el olvido institucional. Nacieron, así, las Fiestas de Carthagineses y Romanos. Veintiséis años después, cada septiembre, miles de personas reviven los principales acontecimientos, de los que la urbe fue testigo en plena Segunda Guerra Púnica.

Pero lo que ilusiona es que aún hay una ingente cantidad de cosas por hacer para sacar su pasado a la luz y ponerlo en valor en beneficio de todos. Un impresionante anfiteatro, erigido en sus inicios en época republicana, espera la decisión política para ser excavado y rehabilitado, a fin de convertirse en otro motor cultural. En el llamado Barrio del Foro, gracias también a la iniciativa privada, se han reiniciado las excavaciones para restituir un espacio que atesora en sus entrañas no sólo restos romanos, sino puede que púnicos, bizantinos y musulmanes.

Es emocionante observar el mar desde la cima de la colina en la que se supone que Asdrúbal erigiera su palacio, el Arx Hasdrubalis (actual Cerro del Molinete). Subir al adarve de la muralla púnica, que testimonia en roca viva el legendario ataque de las tropas de Escipión. Pasear sobre las calles que pisaran los elefantes de Aníbal en su marcha hacia Italia. Contemplar restos de uno de los mejores teatros romanos hallados en Hispania, recorriendo su Corredor Arqueológico y haciendo un emocionante viaje al pasado a través de sus vitrinas. Pasear por los muelles de donde zarparon los héroes de la conquista de Orán, de Nápoles o los que combatieron en Lepanto, Cavite y Santiago de Cuba. Estremecerse en los refugios antiaéreos, empatizando con los que vivieron aquellos terribles bombardeos. Tapear en añejos locales que dieron cobijo antaño a los componentes de los legendarios Tercios. Saborear su deliciosa gastronomía, concluyendo con la libación de un asiático (una forma local de elaborar el café, con la adición de dos licores y otros ingredientes). Disfrutar de su Semana Santa, reconocida como de Interés Turístico Internacional. Sentirte latino o púnico en sus Fiestas de Cartagineses y Romanos.

Todo ello y mucho más espera al viajero, que aún conserve el alma abierta y desee vivir en carne propia la historia. Porque Cartagena es Historia.

Para saber ma´s

http://www.cervantesvirtual.com/bib/portal/simulacraromae/cartagena/biblio.htm

http://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?sit=c,373,m,2916&r=ReP-22794-DETALLE_REPORTAJESPADRE

– Sonia Barja, Tartessos y el Sureste Español http://www.historiayarqueologia.com/profiles/blogs/tartessos-y-el-sureste-espa-ol?xg_source=activity

– Sobre Aníbal y Escipiónhttps://www.uam.es/proyectosinv/equus/warmas/online/Quesada%202013%20Anibal%20y%20Escipion%20enemigos%20intimos.pdf

-Avieno, Ora marítimahttp://www.culturandalucia.com/Ora_Maritima_Rufo_Festos_Avieno_indice_lat%C3%ADn_castellano.htm

– Plutarco, Vidas Paralelas: Sertoriohttp://www.imperivm.org/cont/textos/txt/plutarco_vidas-paralelas-tiv-sertorio.html

– Silio Itálico, Punica:http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3atexti%3a2008.01.0674

– Santiago Posteguillohttp://www.santiagoposteguillo.es/category/general/yhttps://vapraetoria.wordpress.com/africanus-el-hijo-del-consul-un-comentario-historico/

– Julio César y Galba en Cartagenahttp://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?sit=c,373,m,2916&r=ReP-24224-DETALLE_REPORTAJESABUELO

Historia de Cartagena

http://www.cervantesvirtual.com/bib/portal/simulacraromae/cartagena/historia.htm

http://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?sit=a,75,c,373,m,1871&r=ReP-7507-DETALLE_REPORTAJESPADRE

http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Cartagena_%28Espa%C3%B1a%29

– Francisco J. Flores Arroyuelo, De san Ginés de la Jara, del caballero Roldán, y de tantos otros…, Azarbe, Murcia, 2014

– Carthago Nova http://es.wikipedia.org/wiki/Carthago_Nova

– Provincia bizantina de Spaniahttp://es.wikipedia.org/wiki/Provincia_de_Spania

– Laureano Robles Carcedo, Unamuno y Cartagena, Universidad de Murcia, 1997

– José Luis de las Heras Santos, Los galeotes de los Austrias: la penalidad al servicio de la Armada.

-Página oficial de Cartagineses y Romanos:http://www.cartaginesesyromanos.es/

– Web del Senado Romano: http://www.senadoromano.es/

– Caridad la Negra y la Basílica de la Caridad:http://blogs.culturamas.es/miguelangelmontanaro/2014/05/26/rosas-negras-3/

Descripción de Carthago Nova por Polibio y Tito Livio

http://www.cervantesvirtual.com/bib/portal/antigua/hispania_romana.shtml#hispania2

-José Antonio Artéshttp://www.educarm.es/documents/246424/461838/revista8_20.pdf/435bbaec-9b17-421d-81fb-b5299e8254af

https://viapraetoria.wordpress.com/la-ciudad-de-carthago-nova-segun-polibio-x-10/

http://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?r=ReP-22790-DETALLE_REPORTAJES&sit=c,373,m,2916

http://dspace.uah.es/dspace/bitstream/handle/10017/5682/La%20Toma%20de%20Carthago%20Nova%20por%20Publio%20Cornelio%20Escipi%F3n.%20Leyenda%20o%20Realidad.pdf?sequence=1

http://bib.cervantesvirtual.com/portal/simulacraromae/libro/c5.pdf

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Arístides Mínguez Baños

Profesor de latín y griego.

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