Divulgación

Libertad por encima de mí

Suena una voz, es de una mujer. Dice, en inglés, «Oh, libertad, oh libertad, libertad por encima de mí». No lo recita, sino que lo canta con una voz poderosa y de manera pausada, sin prisa. Luego continúa con «y antes que ser esclava seré enterrada en mi tumba». Termina diciendo «y volver a casa ante mi señor y ser libre». Luego, a su voz se añade un coro de personas, sin más instrumentos que sus voces, que continúan cantando por la libertad.

La consecución de derechos civiles e igualdad ante la ley de quienes no gozaban de ella en Estados, especialmente la población negra, llegó después de casi dos siglos de historia como país independiente. En cualquier caso, aunque se considera la fecha del asesinato del reverendo Martin Luther King como el culmen del proceso, todavía hoy continúan esforzándose multitud de colectivos y organizaciones para que dicha igualdad sea efectiva. Hoy somos testigos en todo el mundo de los abusos policiales, por ejemplo, en Baltimore o Ferguson.

King hablando en la marcha por los Derechos Civiles en el monumento a Lincoln durante la marcha de 1963 (Wikimedia).

King hablando en la marcha por los Derechos Civiles en el monumento a Lincoln durante la marcha de 1963 (Wikimedia).

A pesar de lo mediático del asunto, y de todos los debates que se pueden generar en torno a él, lo que hoy querría destacar es el uso de la canción y de otras manifestaciones de cultura popular relacionadas con el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. La canción que citaba al principio de este texto se llama Oh Freedom. Mantiene la estructura tradicional de la canción espiritual, que se popularizó en el siglo XIX por parte de trabajadores afroamericanos que, normalmente, eran esclavos o se veían perjudicados por algún tipo de discriminación. El origen estaba en himnos cristianos protestantes, que se adaptaron en sus letras a los problemas a los que esta comunidad se enfrentaba y en la música a la evolución de la canción negra en Estados Unidos.

Hay que decir que la primera grabación de Oh Freedom data del año 1931, y fue interpretada por E. R. Nance Family con Clarence Dooley, y se bautizó como Sweet Freedom. En su origen, estas melodías eran difundidas de manera oral, y pasaban de generación en generación. De ahí que se utilizara otro nombre la primera vez que se grabó.

No cuesta imaginar a los esclavos que trabajaban en grandes campos de algodón o en cualquier otro tipo de plantación en Estados Unidos, especialmente en el sur, cantando este tipo de melodías al anochecer o en diferentes momentos de la jornada. Su valor social puede analizarse desde diferentes prismas. Por un lado, servían a la cohesión entre los miembros del grupo, que se veían identificados con una misma realidad. También ponía de manifiesto una aspiración y unos objetivos que, a través de la música, eran compartidos e interiorizados.

El mensaje simbólico de la libertad por encima de mí y el de «habrá gloria sobre mí», que encabeza una de las estrofas, tiene un poder indudable sobre el ánimo, único respaldo que tenían ante la espalda, golpes o discriminación que les ofrecían las autoridades. No fue la única canción entonada en este movimiento, pero sí podría ser una de las más significativas respecto a su mensaje tan vinculado a la búsqueda de la libertad. Por ejemplo, el pianista de jazz Oscar Peterson compuso el Himno a la Libertad, Hymn to Freedom, que transmite el mensaje de que la unión y la comprensión mutua entre todos será lo que permitirá que seamos verdaderamente libres.

Son sólo dos ejemplos de lo que se transvasó del movimiento por los derechos civiles iguales para todos, con independencia del color, a la tradición musical norteamericana, de marcado carácter afroamericano (Oscar Peterson era canadiense). Acontecimientos como el brutal e injustificado asesinato —si es que alguno puede justificarse— de Emmet Till en 1955, o el famoso caso de Rosa Parks —que se negó a ceder su sitio a un blanco en el autobús, en Montgomery— fueron los que prendieron la mecha del cambio en la legislación para proporcionar los mismos derechos a toda la población. Pero en la tradición popular, que se identifica claramente con la música, había voces que clamaban por ello mucho antes.

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Editor y director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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