Divulgación

Condiciones y consecuencias del Tratado de Versalles

Corría el calendario de 1919. Después de cuatro años de una guerra que se pensaba que duraría poco tiempo, la exhausta Europa se preparaba para la posguerra. Los vencedores, igual de cansados que los vencidos, comenzaron a preparar diferentes tratados que impondrían a las potencias centrales, sin posibilidades de negociar las condiciones. En ese contexto se firmaron los siguientes tratados: Versalles con Alemania, Saint Germain con Austria, Trianón con Hungría, Neuilly con Bulgaria y Sèvres con Turquía. Ninguno de los Estados logró revertir las condiciones impuestas por los aliados, a excepción de Turquía con el levantamiento encabezado por Mustafá Kemal, más conocido como Atatürk. Pero si hay un tratado de paz con grandes repercusiones en la historia mundial es el Tratado de Versalles. Podríamos decir, sin ningún temor a equivocarnos, que es el germen del nacionalsocialismo alemán que llevó al mundo a la Segunda Guerra Mundial.

Copia inglesa del Tratado de Versalles (Wikimedia).

Copia inglesa del Tratado de Versalles (Wikimedia).

Una vez firmado el armisticio de la guerra, comenzó el camino hacia las negociaciones. Se construyeron sobre unas bases propuestas por el presidente de Estados Unidos, Thomas Woodrow Wilson. En un documento presentó catorce puntos con los que pretendía solucionar los problemas que habían llevado a la guerra, la situación presente y también establecer unas normas que favorecieran la convivencia pacífica. Entre estos puntos estaban: la abolición de la diplomacia secreta, la reducción de armamento, la eliminación de barreras en el comercio internacional en la medida de lo posible, libertad de navegación en todos los mares, la creación de la Sociedad de Naciones y varias relacionadas con devolución, rectificación o independencia en determinados territorios.

Las negociaciones duraron varios meses, pero fueron entre las potencias vencedoras, a excepción de Rusia —que había sido excluida de las relaciones internacionales después del triunfo de la revolución de 1917—, sin participación alguna de los vencidos. De manera que las condiciones fueron impuestas, con la amenaza de retomar las acciones bélicas en caso de no aceptarlas. Esto sucedió ya en la firma del armisticio, cuando se obligó a la firma de las condiciones y, en caso contrario, se retomarían las operaciones militares. Por otro lado, ya en mayo de 1919, los alemanes recibieron el documento y se negaron a firmarlo, los aliados rechazaron la contraoferta y amenazaron, de nuevo, con el retorno a la guerra. Sin embargo en Alemania no podría sostenerse y firmaron el documento.

Firma del Tratado de Versalles en el Salón de los Espejos (William Orpen).

Firma del Tratado de Versalles en el Salón de los Espejos (William Orpen).

La democracia debía ser un valor primordial, y esto condicionó la firma del Tratado de Versalles. Los militares no estuvieron presentes en la firma, ya que los aliados —especialmente Estados Unidos— sólo aceptaban conversar con un gobierno plenamente democrático. De esta forma, se responsabilizó a los políticos de la nueva democracia de la firma y las consecuencias del Tratado de Versalles. Esto condicionó la política de los siguientes años, ya que los políticos se vieron desacreditados por militares y grupos tradicionalistas. Estos mantuvieron, además, que los acuerdos se hicieron sin el conocimiento de los militares y que, por tanto, eran una traición a la patria.

Estas complicaciones añadidas a las condiciones excesivas dificultaron notablemente la situación política, dotándola de inestabilidad. Sin embargo, pronto el Tratado de Versalles empezó a tener sus propios detractores fuera de Alemania. Estados Unidos, uno de los principales negociadores, no lo ratificó porque el Senado lo rechazó —al igual que sucedió con la Sociedad de Naciones, donde finalmente no ingresó a pesar de ser promovida por Wilson—. Pero también Reino Unido, una vez satisfechas sus principales demandas, que eran mantener su supremacía naval y proteger sus intereses coloniales, también trató de rebajar la presión sobre Alemania. Conocía que finalmente esto podía llevar a tensiones y al empobrecimiento de Alemania.

Francia era la que estaba obstinada en no moverse un ápice de lo dicho en el tratado. Argumentaba que era la que había sido más perjudicada por la guerra, ya que el frente occidental se había desarrollado principalmente en su territorio, además de que era el Estado que más riesgos corría en caso de que Alemania volviera a ser una potencia militar debido a su cercanía geográfica. Sin embargo, su terquedad promovió precisamente lo que pretendía evitar.

Las cláusulas del Tratado de Versalles que más ofendieron a los alemanes fueron la 231, que decía así:

«Los gobiernos aliados y asociados declaran, y Alemania reconoce, que Alemania y sus asociados son responsables, por haberlas causado, de todas las pérdidas y de todos los daños sufridos por los gobiernos aliados y asociados y sus naciones como consecuencia de la guerra que les fue impuesta por la agresión de Alemania y sus aliados».

Mapa de Europa en 1923 (Wikimedia).

Mapa de Europa en 1923 (Wikimedia).

También la devolución a Francia de Alsacia y Lorena, ganada en la guerra franco prusiana de 1871, la pérdida del control de las minas del Sarre durante 15 años, la cesión de territorios a Bélgica, Dinamarca y Polonia y la pérdida de sus colonias. Además, claro, de la limitación de su ejército a 100.000 soldados, la supresión del servicio militar obligatorio, la desmilitarización de la zona de Renania. También se obligó a la cesión de la flota alemana como adelanto al pago de las indemnizaciones (prefirieron hundirla antes que hacerlo) y se prohibía que poseyeran aviación, submarinos y artillería pesada. La indemnización quedó fijada en 6.500 millones de libras a los que habría que sumar intereses. Esta indemnización quedó sujeta, más tarde, al pago de la deuda que habían contraído los países aliados con Estados Unidos, que también trató de reducir la carga de las indemnizaciones facilitando el pago de diferentes formas a los alemanes.

Hermann Müller, canciller alemán, fue uno de los firmante del Tratado de Versalles (Wikimedia).

Hermann Müller, canciller alemán, fue uno de los firmante del Tratado de Versalles (Wikimedia).

Estas condiciones fueron, como señala gran parte de la historiografía, excesivas y abusivas. Sin embargo, parece ser que los alemanes tenían pensadas algunas similares en caso de que hubieran ganado la guerra. Una prueba es el acuerdo firmado con la Rusia bolchevique en en marzo de 1918, el Tratado de Brest-Litovsk, que tampoco permitió negociación alguna e impuso las disposiciones que más beneficiaban a sus intereses, como por ejemplo: la cesión de Finlandia y territorios en el Báltico y Polonia, además de las compensaciones económicas. También a Rumanía impuso la entrega de trigo y petróleo en mayo del mismo año.

En cualquier caso, las consecuencias del Tratado de Versalles fueron tremendas. Las más evidentes son el auge del nazismo y la Segunda Guerra Mundial, que mantenían en sus raíces volver a situar a Alemania como una potencia, restituir el reich y vengar la humillación de los aliados en el tratado, especialmente a Francia y Reino Unido. Pero éstas no fueron más que efectos de lo que, de manera inmediata, provocó el desastre de la guerra a lo que se sumó yugo de Versalles. La población vivía en situación de hambre desde hacía tiempo a causa del bloqueo naval que hacía Reino Unido e impedía el aprovisionamiento, además del inconmensurable esfuerzo dedicado al mantenimiento de las tropas en el frente. Sin embargo, el pago de reparaciones y la pérdida de territorios que dotaban al Estado de riqueza hicieron que la economía se desplomara. La inflación y la devaluación del marco llegó a límites inauditos. Un dólar de 1914 se compraba por 4,2 marcos; en 1919 por 14; en julio de 1922 por 492; en enero de 1923 por 17,792; y en noviembre de 1923 por 4,2 billones de dólares. Esto nos permite hacernos una idea de la magnitud de la crisis vivida en Alemania, y que empobreció a la población al tiempo que enriqueció a especuladores.

En conclusión, el Tratado de Versalles trataba de evitar que Alemania mantuviera un papel hegemónico y pudiera iniciar un nuevo conflicto a escala mundial. Sin embargo, no fue una política adecuada en tanto que realmente castigó de forma muy dura a la población alemana y allanó el camino a opciones extremistas y totalitarias como la representada por Adolf Hitler.

Fuentes

Herrerín López, Ángel (2014). «Las paces: derrotas y victorias pírricas», p. 45-66. En De la Torre Gómez, Hipólito. Historia Contemporánea (1914-1989). Madrid: Editorial Universitaria Ramón Areces.

De la Torre Gómez, Hipólito (2014). «Los inciertos años veinte», p. 67-108. En De la Torre Gómez, Hipólito. Historia Contemporánea (1914-1989). Madrid: Editorial Universitaria Ramón Areces.

Eslava Galán, Juan (2014). La Primera Guerra Mundial contada para escépticos. Madrid: Círculo de Lectores, p. 304-317.

Enciclopedia de Historia National Geographic (2013). «Burguesía y revolución». En Las guerras mundiales, vol. 30, p. 65-78, Barcelona: RBA.

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Editor y director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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