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Cartas desde la soledad de la guerra

Hace unos 1800 años, un tal Aurelio Polión, soldado romano destinado en la provincia de la Panonia Inferior, abrió su corazón a la familia a la que ni el tiempo ni la distancia le impedían olvidar. Y lo hizo a través de una carta que hoy conservamos.

Cartel de la película Espartaco (1960)
Cartel de la película Espartaco (1960).

¿Quién no se ha emocionado alguna vez con la épica historia de Máximo Décimo Meridio en la película Gladiator? ¿O se ha sentido identificado con los ideales libertarios defendidos por Espartaco en la gran obra dirigida por Kubrick allá por 1960? Estos y muchos otros títulos constituyen un gran ejemplo de la capacidad que tiene el cine para extraer historias de la Historia, para hacernos partícipes de episodios y circunstancias del pasado, y conseguir al mismo tiempo, transmitirnos emociones de todo tipo. Al margen del rigor histórico de cada una de ellas (para bien o para mal supeditado a la necesidad de atraer y entretener al espectador), lo cierto es que el Séptimo Arte y sus artífices han visto desde bien pronto el potencial narrativo de la Historia.

Sin embargo, el atractivo de ésta va mucho más allá. Nosotros, desde Descubrir la Historia, insistimos una y otra vez en la necesidad de demostrar que nuestro ámbito de conocimiento puede ser algo con lo que todos podamos identificarnos, y no sólo aquellos que nos dedicamos a ella de manera profesional. Por ello, hoy queremos destacar un curioso episodio cuya veracidad y carácter histórico no hacen que sea menos conmovedor. Se trata del testimonio de un soldado que, desde la distancia y entre las sombras de la guerra, escribe a su familia para decirles cuánto los añora. Visto así, podría ser una historia tan real y actual como la vida misma, y podría firmarla perfectamente cualquier hombre o mujer de nuestro tiempo. Pero en este caso, se trata de alguien bastante lejano en el tiempo, cuya historia se asemeja en cierto modo a la del ficticio gladiador de la película de Ridley Scott.

Escena de la película Gladiator
Escena de la película Gladiator.

Hace unos 1800 años, un tal Aurelio Polión, soldado romano de procedencia egipcia, se encontraba destinado en la provincia de la Panonia Inferior (región de la actual Hungría) a miles de kilómetros de su hogar. Tratando de sortear la infranqueable barrera de la distancia, este recluta abrió su corazón a la familia a la que ni el tiempo ni la distancia le impedían olvidar. Y lo hizo a través de una carta que hoy conservamos y que, gracias a la labor del investigador Gran Adamson, ha podido ser descifrada.

Preocupado por los suyos y herido en cuerpo y alma, Polión trataba de saber de ellos, de poner fin a la ausencia de cartas y noticias, o al menos intentarlo, a través de aquella que decidió confiar a un ex militar, Acutius León, junto con una detallada lista de instrucciones de entrega. A través de sus palabras, podemos reconstruir los sentimientos tan humanos y reales que cualquier individuo de cualquier época manifestaría. Sus miedos, sus pesares, su desesperanza, su añoranza, y todo aquello que la guerra, cruel e implacable, arroja sobre el ser humano. Todos esos sentimientos quedaron plasmados en la carta que hoy nos llega:

«De Aurelio Polión, soldado de la legio II Adiutrix, para Heron su hermano y Ploutou su hermana y su madre Seinouphis la panadera y señora (?) muchos saludos. Rezo día y noche para que estéis bien de salud y siempre imploro a los dioses por vuestro bienestar. No he dejado de escribiros pero vosotros no me tenéis presente. Yo cumplo con mi parte escribiendo siempre y no dejo de pensar en vosotros y os llevo en mi corazón. Vosotros no me escribís ni me contáis cómo estáis, o qué tal vuestra salud. Mi preocupación es tanta porque aunque no habéis dejado de recibir mis cartas con frecuencia, no me habéis escrito para que yo sepa cómo… Mientras estoy lejos en Pannonia os he mandado [cartas] pero me tratáis como a un extraño. Yo me fui […] y estáis contentos… Os he mandado seis cartas. En el momento en que me tengáis (?) pensamiento, obtendré permiso del consular [el comandante] y podré volver con vosotros para que sepáis que soy vuestro hermano. Porque yo no pedí (?) nada vuestro para el ejército, pero yo os culpo porque aunque yo os he escrito ninguno de vosotros (?)… tiene consideración. Mirad, vuestro (?) vecino… Soy vuestro hermano. Escribidme también. Cualquiera de vosotros… mandadme su… a mí. Saludad a mi padre Aphrodisios y a Atesio, mi tío… su hija… y su marido Orsinouphis y los hijos de la hermana de su madre, Xenophon y Ouenophis alias Portas»

Fragmento del papiro donde Aurelio escribió su carta
Fragmento del papiro donde Aurelio escribió su carta

Son las palabras de alguien a quien la incertidumbre y el dolor mueven a preguntarse su lugar en el mundo y si aún hay alguien esperándole más allá del eterno horizonte. Este escrito, redactado en griego (probablemente porque el latín de Aurelio no fuese especialmente bueno) fue hallado en 1899 entre los más de 30.000 papiros encontrados en las excavaciones dirigidas en la ciudad egipcia de Tebtunis por Bernard Grenfell y Arthur Hunt. Desde entonces, la carta fue catalogada sin más, y su mensaje no ha sido descifrado hasta hace apenas cuatro años, cuando el citado Adamson consiguió superar los problemas de conservación e interpretación del papiro. De hecho, gran parte de éste no se conserva, de modo que nunca sabremos el contenido en su totalidad. Pese a todo, características como el tipo de letra utilizada o el hecho de que el autor latinizara su nombre (resulta complicado imaginar a un egipcio de nombre Aurelio, desde luego), han permitido fecharla en torno al siglo III.

La historia de Aurelio Polión, aunque menos espectacular que aquellas inmortalizadas por Hollywood con todo tipo de artificio de luces y sonidos, resulta un episodio igualmente conmovedor. Incluso puede que más, al tratarse de un caso real, con el que resulta más fácil sentirse identificado. ¿Acaso no refleja unos impulsos y sentimientos similares a los que podría mostrar cualquier ser humano ante la implacable y atroz realidad de la guerra? Esto es sólo una opinión, pero también un argumento contra aquellos que sostienen que la Historia no es más que una aburrida retahíla de fechas y nombres. Contra lo que muchos puedan pensar, la Historia tiene uno y mil rostros, y creo que acercarnos a ellos es acercarnos a nuestra propia esencia, a nuestra propia humanidad.

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