Cartel de la película «Asalto y robo de un tren»

Más de un siglo entre raíles y salas de cine

Raíles de tren y pantallas de cine llevan grabadas a fuego la huella del tiempo, del recorrido histórico de dos inventos que cambiaron para siempre el destino de la humanidad. El séptimo arte y el ferrocarril comparten una historia llena de vicisitudes y acontecimientos que han hecho las delicias de espectadores de todas las edades. Y es que, tal y como señala el artículo publicado hace unos años por Ramiro Bueno en Historia 16, el tren y el cine presentan dos historias paralelas.

El primer cartel de cine de la historia, el de la película «El regador regado» de los Hermanos Lumière (1895).
El primer cartel de cine de la historia, el de la película «El regador regado» de los Hermanos Lumière (1895).

Desde que hace poco más de un siglo comenzara su andadura la industria cinematográfica como tal, este medio de transporte ha albergado alocadas persecuciones, encarnizados duelos al estilo «far west», tórridos romances, momentos dramáticos y aterradores, y apasionantes aventuras de lo más variopintas. Precisamente fueron los trenes de la estación de Lyon los que inundaron las primeras salas de proyección a partir de 1895, cuando los hermanos Lumière compartieron su gran invento con el mundo. Y poco tiempo habría de transcurrir hasta que el género del «western» diera sus primeros pasos, con títulos como Asalto y robo de un tren, dirigida por Edwin S. Porter en 1903.

Cartel de la película «Asalto y robo de un tren»
Cartel de la película «Asalto y robo de un tren»

Ya en 1924, John Ford inmortalizaba la historia de la construcción del primer ferrocarril que atravesaba Norteamérica de costa a costa en su película El caballo de hierro. En ella, se otorgaba a esta monumental empresa un carácter más humano al introducir una historia de amor y venganza, además de ofrecer una visión crítica y bastante rigurosa del proceso de construcción, mostrando la cara más amarga de este episodio, con las muchas vidas perdidas en su construcción, fruto de las enfermedades, avalanchas y accidentes.

Una visión más cómica fue la que ofreció la célebre película de Buster Keaton, El maquinista de la General, de 1926, en la que un episodio de la Guerra Civil Norteamericana sirvió como pretexto para el rodaje de algunas de las mejores escenas  de ferrocarriles de la historia del cine. Un rodaje que, pese a su exitoso resultado, no estuvo exento de complicaciones y contratiempos, como el incendio forestal que tuvo lugar como consecuencia del uso de leña en las locomotoras utilizadas en el film.

Otra gran historia cinematográfica de trenes, basada en acontecimientos reales, fue Unión Pacífico (1939), para la que su director, Cecil B. Mille, llevó a cabo una labor de investigación y documentación en los archivos de la Western Union para aproximarse lo máximo posible a la historia real de la construcción de esta línea.

Los Hermanos Marx también protagonizaron inolvidables escenas sobre las vías del tren
Los Hermanos Marx también protagonizaron inolvidables escenas sobre las vías del tren

Pero, como hemos mencionado, el ferrocarril no sólo fue escenario de historiales reales, sino que puso alas a la creatividad de las grandes mentes del séptimo arte. Entre sus vagones se desplegaron grandes historias de amor, intriga, guerra y política; y entre sus nubes de vapor se distinguían, difuminadas, las inquietudes, vicios y pasiones más humanas, que el cine, mejor que nadie, supo captar. Desde la imagen de la eterna Marlene Dietrich en El Expreso de Shangai (1932) hasta la intensa y fugaz historia de amor protagonizada por Trevor Howard y Celia Johnson en Breve Encuentro (1945); pasando por las desternillantes excentricidades de Los Hermanos Marx en el Oeste (1940) o las peripecias de un pequeño pueblo inglés para mantener su ferrocarril en Los apuros de un pequeño tren (1950).

También en las historias, siempre llenas de suspense, de Alfred Hitchcock, el tren jugó un papel fundamental como escenario de asesinatos, conspiraciones y persecuciones que lograron conmover y poner en tensión a diestro y siniestro, con títulos como Alarma en el expreso (1938), Extraños en un tren (1951) o Con la muerte en los talones (1959).

Fotograma de la película «El tren», protagonizada por Burt Lancaster
Fotograma de la película «El tren», protagonizada por Burt Lancaster

El paso del tiempo acarreó grandes cambios, y el que fuera el gran medio de transporte pasó a ser uno más de los muchos con los que hoy contamos. Sin embargo, quizás por ese romanticismo o por esa apasionante historia que lo envuelve, la presencia del tren en el cine ha perdurado, en mayor o menor medida, hasta nuestros días, y nos ha regalado escenas para el recuerdo. Trenes rigurosamente vigilados (1966), que albergaban en sus estancias la lucha de la Segunda Guerra Mundial, como hicieran los voluntarios de la Resistencia Francesa en El Tren (1965) de Burt Lancaster. Raíles a través de los cuales se manifestaron nuestros grandes temores, como los títulos Pánico en el Transiberiano (1972) o El tren del infierno (1985). Imágenes que nos mostraron el lado más miserable y mezquino del ser humano, como aquellas de los trenes que conducían a millones de judíos hacia su perdición en películas tan reales como estremecedoras, como La Lista de Schindler (1992).

Todas y cada una de estas obras, y las muchas otras que hemos dejado fuera de nuestro artículo por su carácter inabarcable, nos acercan a dos historias entrelazadas, al relato de dos inventos que marcaron un antes y un después en la vida de los hombres y mujeres del mundo, y que permitieron estrechar lazos y unir ideas, personas y sentimientos entre cada rincón del planeta. Una historia común que se entrecruza como vías de tren, como las vidas de todas esas personas cuyo esfuerzo y creatividad nos legó un sinfín de horizontes más cercanos y ambiciones y esperanzas compartidas.


Para saber más:

BUENO, R. «Tren y cine. Dos historias paralelas», Historia 16, Nº 319. Madrid, 2002, pp. 113-119.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

Ver todos los artículos
Publicar un comentario

(Spamcheck Enabled)

Escrito por Miguel Vega Carrasco

Iniciar sesión

Suscríbete al boletín

Lee nuestra revista en papel y accede a todos los contenidos

Divulgación histórica independiente

España (20 €) ‧ UE (40 €) ‧ Digital (12 €)