Vista aérea de la Mezquita de Córdoba (Toni Castillo, Wikimedia).
Vista aérea de la Mezquita de Córdoba (Toni Castillo, Wikimedia).

La mezquita del esplendor omeya

No fue difícil aparcar a pesar de que en esos días Córdoba vivía la agitación propia del mes de mayo. Un mes en el que las flores y los patios son los grandes protagonistas de la ciudad. Pero en nuestra visita no pretendíamos acercarnos a los colores y fragancias primaverales, sino a la protagonista arquitectónica y cultural de la que fue la capital del califato omeya. Quizá no seamos justos al hablar de una única joya arquitectónica en Córdoba, puesto que Medina Azahara podría rivalizar con ella. Pero nos referimos a la Mezquita-Catedral de Córdoba.

El Califato de Córdoba en el año 1000 (Wikimedia).
El Califato de Córdoba en el año 1000 (Wikimedia).

Todas las calles del entorno de la mezquita parecen llevar a ella. Permite imaginar los tiempos en los que era el centro de la vida social de una bulliciosa ciudad. De hecho, probablemente era la ciudad más importante de Europa occidental en su momento de mayor esplendor (en torno al año 1000). Hace unos años se creía que las crónicas que cifraban en un millón de habitantes la población de Córdoba eran exageraciones. Pero recientes estudios consideran que no sería una cantidad tan descabellada.

Cuando, finalmente, llegamos a la mezquita pareció que la ciudad cambiaba, pasando de calles estrechas y desordenadas —propias de una planificación urbanística que se organizaba alrededor de multitud de comercios y talleres— a un espacio mucho más abierto. Te sientes invitado a entrar en ella.

La llamada Puerta del Perdón da acceso al Patio de los Naranjos. El olor a azahar de los naranjos floridos impregnaba todo el ambiente. Nada parecía que pudiera romper con tanta armonía. Sin embargo, en el momento de sacar la entrada que da acceso al interior, empezaron los problemas. La mezquita es de titularidad privada: pertenece a la Diócesis de Córdoba. Esto ha generado continuas controversias. Por ejemplo, hay grupos que reivindican la titularidad pública de la mezquita y también los que critican que se esté eliminando la denominación de mezquita en favor de la de catedral. De hecho, el folleto informativo está titulado como «La catedral de Córdoba. Testigo vivo de nuestra Historia». Sin embargo, lo que fue realmente sorprendente es que no hubiera precios especiales para estudiantes ni otros colectivos como jóvenes o periodistas. Todo el que sea mayor de 14 años debe pagar 8 euros para entrar.

Vista aérea de la Mezquita de Córdoba (Toni Castillo, Wikimedia).
Vista aérea de la Mezquita de Córdoba (Toni Castillo, Wikimedia).

Al margen de este revés, que más que un problema supuso una ingrata sorpresa, la visita es deliciosa. También, al margen de la criticada actitud de la Iglesia católica al ignorar la esencia del recinto y su trascendencia histórica y artística, la mezquita podría ser un buen ejemplo de convivencia de culturas. La mezquita no es sólo un lugar de culto musulmán —aunque ahora sólo esté permitido el culto católico—, también se construyó una catedral en su interior. Quizá sea un hecho cuestionable aunque, como hemos dicho otras veces, no es nuestra labor juzgar la historia. Sí podemos valorar el presente, y desde luego creo que podríamos dar ejemplo de tolerancia permitiendo el culto musulmán, además de favorecer el conocimiento de la etapa árabe de la ciudad.

Y es que en el folleto informativo se explica que la catedral es la misma iglesia que la de San Vicente Mártir, que está hoy enterrada bajo la mezquita. Y fueron los musulmanes quienes la destruyeron. Sin embargo existen testimonios de que la iglesia de San Vicente fue compartida por cristianos y musulmanes, y que luego Abderramán I la compró a los visigodos. En el folleto se habla, en cambio, de la «intervención islámica»:

«Tras la irrupción islámica de Córdoba, los dominadores musulmanes proceden al derribo de la iglesia martirial de San Vicente y comienzan en el año 785 la construcción de la Mezquita».

Sí podríamos reconocer a favor de la diócesis que en el folleto se explican las fases constructivas y se expone que la mezquita no sólo poseía finalidad religiosa, sino social, cultural y política. También un punto positivo para los propietarios del recinto es que invitan a una reflexión acerca de la conservación del arte y la cultura. «Es la Iglesia […] quien ha hecho posible que esta Catedral, Antigua Mezquita del Califato de Occidente, […] no sea hoy un montón de ruinas».

Con la transformación de la mezquita se mezclan los elementos del arte islámico con los del arte cristiano. Al pasear entre columnas y arcos se aprecia cómo han sido relegados a un segundo plano, buscando la supremacía del cristianismo sobre el islam. Es todo un ejemplo de la propaganda eclesiástica de la época de la conquista de Al-Ándalus. Sin embargo, se pueden distinguir las fases constructivas de la mezquita por los elementos arquitectónicos utilizados por los omeyas.

La mezquita se construyó en cuatro fases principales. El promotor del templo fue Abderramán I que, como hemos dicho, compró el templo a los visigodos. Luego Abderramán II realizó la primera ampliación en el sentido del muro de la quibla (el que marcaba la orientación a la Meca). La segunda ampliación fue de la mano de Alhakén II, y la tercera de Almanzor, que añadió ocho naves pero con elementos más básicos. Por ejemplo, se aprecia claramente que el efecto del color rojo en los arcos no era dado por el uso de ladrillo, sino que se sustituyó por la aplicación de pintura sobre la piedra.

La Mezquita-Catedral de Córdoba es una de las visitas obligadas de cualquier viajero amante de la cultura, la historia y el arte. Quizá su titularidad pública favorezca una racionalización de su gestión y uso. Las respuestas nunca son sencillas, y las deben dar los técnicos y entendidos. Lo que sí podemos concluir es que este templo un ejemplo del esplendor del Califato Omeya, que ubicó a Córdoba como una de las ciudades más importantes del mundo.

Para saber más

Gala Yagüe Narváez. «Mezquita de Córdoba». Papel de periódico. Disponible en: http://papeldeperiodico.com/2012/03/30/mezquita-de-cordoba/

Escrito por
Álvaro López Franco

Editor y director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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1 comentario
  • Tema complejo. Todo punto de culto católico, independiente del motivo que lo llevó a esa condición, es por esencia un espacio privado. Es público en razón de su función: la celebración de la Eucaristía en que asiste “el pueblo de Dios”. Para cualquier otro fin, incluyendo el patrimonial y cultural, la decisión es exclusiva de la Iglesia y es ella quien debe responder atendiendo al ‘sentido común’, que claramente, y de forma lamentable, aquí no prima.

Escrito por Álvaro López Franco

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