Ósvör, réplica de un antiguo puesto de pesca a las afueras de Bolungarvík (Fuente: Wikimedia)

El peligro de ser vasco en Islandia

A veces la Historia nos depara episodios de lo más insólito. Existen muchísimas anécdotas, algunas más conocidas y otras menos, que ponen de relieve lo extravagante y mezquino que puede llegar a ser el ser humano. No sé si habréis leído acerca de ello, pero hace unos días apareció en la prensa una noticia de lo más rocambolesca que hoy quisiera compartir con vosotros.

Ósvör, réplica de un antiguo puesto de pesca a las afueras de Bolungarvík (Fuente: Wikimedia)
Ósvör, réplica de un antiguo puesto de pesca a las afueras de Bolungarvík (Fuente: Wikimedia)

Se trata de una ley recién derogada en Islandia según la cual, cualquier vasco que desembarcara en el país podía ser asesinado por sus habitantes. Dicho así suena, como mínimo, espeluznante, y lo es aún más si tenemos en cuenta que esta prerrogativa ha permanecido vigente desde hace 400 años. Todo comenzó cuando un sheriff de la isla llamado Ari Magnússon ordenó dar muerte a una treintena de náufragos guipuzcoanos, al parecer en la creencia de que estos eran invasores que venían a saquear las costas islandesas. Como medida de seguridad ante lo que comenzó como un malentendido, la solución que se adoptó no fue otra que la de permitir a los habitantes de Islandia acabar con la vida de cualquier vasco que llegase a ésta.

Lo cierto es que, a priori, este permiso era temporal, lo cual no quiere decir que fuese una medida menos cruel e inhumana, pero al menos de haber sido así, aquellos que posteriormente quisieran visitar la isla, podrían hacerlo sin temer por sus vidas. Sin embargo, el problema es que al citado sheriff se le olvidó derogar dicha disposición, y curiosamente nadie más se percató de ello, de modo que acabó cayendo en el olvido hasta hace apenas unos días. Nada menos que cuatro siglos después, en un congreso celebrado en Reykjavik para conmemorar precisamente el centenario de la matanza de los balleneros vascos, se acabó decretando, de manera simbólica, la abolición de dicha ley.

Illugi Gunnarson, Ministro de Cultura de Islandia, da la mano a Martín Garitano, diputado general de Guipozkoa, ante el monolito que conmemora la matanza de 1615 (Fuente Instituto Vasco)
Illugi Gunnarson, Ministro de Cultura de Islandia, da la mano a Martín Garitano, diputado general de Guipozkoa, ante el monolito que conmemora la matanza de 1615 (Fuente Instituto Vasco)

Obviamente, en todo este tiempo, nadie más ha sido víctima de la feroz disposición legal adoptada por aquel sheriff, ya que paulatinamente se han ido estableciendo leyes que prohibían dar muerte a los vascos, por no hablar del hecho de que el asesinato, como es lógico, está penado por la legislación islandesa. Además, las numerosas investigaciones en torno a las relaciones entre el pueblo vasco e islandés que se han venido realizando nos muestran cómo durante todo el siglo XVII, los contactos e intercambios comerciales y culturales fueron muy frecuentes. Lo que quizás no sabían muchos de estos comerciantes vascos era que su presencia en la isla representaba, al menos en teoría, un cierto peligro para su integridad física.

Hoy, muchos siglos después, este acto simbólico y el congreso celebrado en la isla, han servido para tender puentes entre ambos pueblos y evitar que sucesos tan nefastos como el de 1615 caigan en el olvido, corriendo el riesgo de repetirlos. En definitiva, una muestra más de las barbaridades que puede llegar a cometer el ser humano, y que conocemos gracias al estudio de la historia en sus muchas vertientes, desde la política, económica o social hasta, en este caso, el estudio de las leyes.

 

 

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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