Grabado que representa a Baba Aruj, «Barbarroja»

Barbarroja, el azote del Mare Nostrum

Su biografía se pierde entre la historia y la leyenda, y sus acciones fueron magnificadas por unos y condenadas por otros. Pero a pesar de todo, lo que las fuentes cristianas y musulmanas nos han legado nos permite reconstruir la historia de uno de los más temidos y afamados corsarios de todos los tiempos: el célebre Barbarroja.

Grabado que representa a Baba Aruj, «Barbarroja»
Grabado que representa a Baba Aruj, «Barbarroja»

Nacido en el seno de una familia humilde allá por 1464, Baba Aruj fue el mayor de los seis hijos de Yakub y la griega cristiana Katerina. Desde su juventud, adoptó el oficio que su padre desempeñaba como transportista naval de mercancías, pero pronto se vio obligado a partir de su Lesbos natal en busca de fortuna. Eran años en los que el Mediterráneo era un escenario convulso, donde aragoneses, castellanos, italianos, portugueses y príncipes de la Berbería (Norte de África) se disputaban el control comercial y la hegemonía marítima, y en los que el Imperio Otomano se estaba configurando como una gran potencia naval. Y fueron precisamente estas circunstancias las que condujeron a Aruj a ponerse al servicio de la Sublime Puerta en condición de pirata.

Sin embargo, sabemos de sobra que este oficio no era precisamente un camino de rosas, de modo que no es de extrañar que al poco tiempo de iniciar su andadura, se topara con importantes reveses y complicaciones. Sin ir más lejos, durante estos años fue apresado por los cristianos y sometido a un prolongado cautiverio que marcaría un antes y un después en su vida. Negándose a revelar su nombre, sus captores decidieron finalmente apodarlo Barbarroja, por motivos evidentes. Enviado a galeras, se cuenta que logró huir aprovechando una tempestad y que logró salvar la vida milagrosamente y llegar a las costas de Anatolia, no exento de secuelas como la cojera que lo acompañaría el resto de su vida.

Castillo de los Caballeros de San Juan (Orden de Malta) en Bodrum, donde Aruj fue apresado.
Castillo de los Caballeros de San Juan (Orden de Malta) en Bodrum, donde Aruj fue apresado.

A lo largo de los meses siguientes, volvió a Lesbos, donde reclutó a su hermano Jeireddín y a una serie de hombres de confianza, y se hizo de nuevo a la mar, retomando su oficio de corsario al mejor postor a lo largo de todo el Mediterráneo, donde se fraguó su fama a través de diversas conquistas. Una de ellas fue la que protagonizó mientras estaba al servicio del gobernador de La Goleta, cuando capturó dos galeras venecianas al servicio del papa Julio II a bordo de una embarcación mucho más modesta. En un alarde de ingenio, abordó en primer lugar una de ellas, y ordenó a los suyos vestirse con las prendas de los cristianos derrotados, para después atacar la otra, aprovechando así el factor sorpresa.

A partir de entonces, y gracias a episodios como éste, Aruj consiguió pasar de ser uno más de los muchos corsarios que surcaban el Mare Nostrum a ser una figura temida y respetada, un personaje de renombre que ya se podía permitir aspirar a grandes metas, más allá de saquear barcos. Al parecer, una de ellas era la de fundar su propio Estado, pudiéndose dedicar así al mundo de la política; un camino que comenzó hacia 1505, cuando fue nombrado gobernador de la isla de Djerba por parte del rey de Túnez. Como tal, emprendió numerosos proyectos de conquista en el Norte de África, destacando su intento de arrebatar de manos cristianas el enclave de Bugía, sometido años atrás por Fernando el Católico. En esa batalla, donde perdió un brazo y recibió un golpe aún más doloroso en su moral, Aruj vio impotente cómo su sueño se alejaba cual quimera. Sin embargo, nada de ello acabó con su ánimo y su ambición, lo que le permitió asestar un duro golpe a la Monarquía Hispánica en 1516 con la toma de Argel, en el mismo momento en que fallecía el monarca.

Jeireddín Barbarroja
Jeireddín Barbarroja

Alcanzada la cúspide de su carrera militar, el legendario corsario y su hermano Jeireddín se convirtieron en un verdadero quebradero de cabeza para los cristianos, con la conquista de importantes plazas en el Norte de África hasta 1518. En esa fecha, Carlos V, consciente de la importancia de estos emplazamientos en su lucha contra el Imperio Otomano, decidió lanzarse a la conquista de Tremecén, donde nuestro protagonista fue derrotado y muerto.

El legado de Aruj fue recogido por su hermano, que adoptó su apodo y difundió las conquistas y la fama de los Barbarroja por el agitado Mediterráneo del siglo XVI. Había muerto el hombre que desde los orígenes más humildes había llegado a lo más alto, pero su nombre se convertiría en mito y dejaría una huella imborrable para la posteridad.


Para saber más:

Gutiérrez Carretero, J. (2006). «Oruch Barbarroja, mucho más que un corsario berberisco», Historia 16, nº 364.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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