Entrada de las tropas del general Pavía en el Congreso de los Diputados el 3 de enero de 1874. Grabado aparecido en La Ilustración Española y Americana. (Fuente: Wikimedia)

Un golpe de Estado no tan espectacular

Si nos remitimos a los Diarios de Sesiones de Cortes de la propia cámara, lo que vemos es que Pavía no entró en el Congreso cual caballero medieval en el fortín enemigo. Es más, ni estaba montado un caballo, ni tan siquiera estuvo allí.

Al igual que enmascaramos nuestros rostros y disfrazamos nuestro aspecto y el de todo cuanto nos rodea, los seres humanos compartimos una tendencia, yo diría que natural, a adornar las cosas, a darles un toque diferente. Del mismo modo, sucede que la Historia ha sido constantemente reelaborada y no está ni mucho menos exenta de esta manipulación. En la mayoría de casos, para justificar o legitimar algún régimen político o una ideología determinada. En muchos otros, por cuestiones económicas, y otras tantas veces por la propia condición y el contexto de la persona que se dedicó a escribirla en un momento concreto.

En cualquier caso, la cuestión es que, por una u otra razón, nos encontramos con historias comúnmente aceptadas y profundamente arraigadas en nuestra mente, pero que no destacan precisamente por su veracidad. Historias adornadas que sucedieron, pero muy probablemente no en los términos que se cuenta. Es el caso de un episodio histórico que ya conocía pero del que no llegué a cuestionarme su veracidad,  dando por cierto todo el atrezo que alguien (no podría precisar exactamente quién) utilizó para darle mayor grandilocuencia.

Entrada de las tropas del general Pavía en el Congreso de los Diputados el 3 de enero de 1874. Grabado aparecido en La Ilustración Española y Americana. (Fuente: Wikimedia)
Entrada de las tropas del general Pavía en el Congreso de los Diputados el 3 de enero de 1874. Grabado aparecido en La Ilustración Española y Americana. (Fuente: Wikimedia)

En los últimos días de vida de la pionera y no muy exitosa experiencia republicana en España, a comienzos de 1874, las sesiones de las Cortes se debatían entre la continuidad del gobierno o la necesidad de llevar a cabo una renovación, auspiciadas en gran medida por los conflictos derivados del fenómeno del cantonalismo. España asistía a una auténtica revolución encabezada por los sectores más intransigentes del federalismo, que declararon su condición de cantones autónomos e independientes dentro de una República Federal Española. Para entonces, nos encontramos con un Congreso que convocaba la que sería una de sus últimas sesiones, en 2 de enero de 1874, donde numerosas voces clamaban por la insostenibilidad de la situación e insistían en la necesidad de tomar cartas en el asunto.

De este modo, para el día 3 de enero, la moción de censura presentada por Pi y Margall, Figueras y Salmerón, principales líderes republicanos opositores a la opción «derechista» encabezada por Castelar, dio pie a una votación que puso de relieve la oposición hacia el presidente. Éste acabaría dimitiendo, no sin antes pedir que continuaran las sesiones hasta formar un nuevo equipo de gobierno. Y fue en estos momentos cuando entró en escena el personaje que acabaría derrumbando el régimen establecido. El general Pavía, a lomos de su caballo blanco, irrumpía en el Congreso para llevar a cabo su famoso golpe de Estado

Al menos, esta es la visión más común que se ha venido transmitiendo, aunque no por ello la más cierta. Es verdad que la presencia del caballo y la forma en la que aparece le dan un toque más épico a nuestra historia. Un adorno que hoy debemos desmontar, ya que no fue exactamente así como sucedió. A todos nos gustan este tipo de detalles para las historias de ficción, pero en el caso de la Historia, no sólo son innecesarias sino que adulteran el mensaje, así que es nuestro deber contarlo de la forma más verosímil posible.

Si nos remitimos a los Diarios de Sesiones de Cortes de la propia cámara, lo que vemos es que para empezar, Pavía no entró en el Congreso cual caballero medieval en el fortín enemigo. Es más, ni estaba montado un caballo, ni tan siquiera estuvo allí. Lo que sucedió en dicha sala aquel día de enero de 1874 fue, en primer lugar, que empezó a circular la orden llegada desde Madrid de desalojar el edificio y disolver el Gobierno bajo amenaza de ocupación militar. Sin embargo, las exigencias de Pavía se toparon con la resistencia de la mayor parte de los diputados, que se negaron a ello, e incluso el Ministro de Guerra prometió quitar sus honores y condecoraciones al Capitán General por tratar de acabar con el sistema político legítimo.

Caricatura de Pavía durante el golpe, en La Madeja Política, dibujo de Tomás Padró Pedret. (Fuente: Wikimedia)
Caricatura de Pavía durante el golpe, en La Madeja Política, dibujo de Tomás Padró Pedret. (Fuente: Wikimedia)

Pese a todo, hay situaciones en que de poco sirven las palabras, por lo que las quejas de los diputados ante las amenazas del general no pudieron evitar la entrada de tropas en el Congreso, que finalmente se encargaron de desalojarlo y desmantelar así el sistema. Realmente, no se acabó de inmediato con la República, sino que se intentó crear un «gobierno nacional» con Castelar al frente, aunque éste declinó la oferta por no estar de acuerdo con los métodos utilizados. Al final, el poder acabó recayendo en el general Serrano bajo un nuevo gobierno provisional en el que se mantenía, a título nominal, el orden republicano, aunque lo cierto es que de facto estaba prácticamente dilapidado.

Y fue así como el general Pavía orquestó un golpe de Estado en el que ni siquiera estuvo presente (o al menos eso es lo que nos dicen los Diarios de las Sesiones de Cortes) pero que consiguió poner de relieve la débil situación del sistema político español y acabar así con la que sería la primera y efímera experiencia republicana en nuestro país. Por supuesto, en esta debilidad jugaron su papel muchos y muy diversos factores, pero es, como se suele decir, es otra historia. Por hoy nos quedaremos con que, a pesar de la imagen que pudiera quedar, este episodio no fue tan espectacular ni de película como algunos quisieron hacer ver.


Para aquellos que quieran conocer en mayor profundidad ésta y otras anécdotas y curiosidades históricas, recomiendo la lectura de:

Fisas, Carlos (1989). Historias de la Historia. Barcelona: Planeta.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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