Inicio Divulgación Los viejos buenos tiempos: el Franquismo, una visión cultural

Los viejos buenos tiempos: el Franquismo, una visión cultural


El cine costumbrista (como el protagonizado por Manolo Escobar, Paco Martínez Soria…) de finales del franquismo es irreal  y lleno de tópicos, y no tiene nada que ver con la realidad histórica del momento.
El cine costumbrista (como el protagonizado por Manolo Escobar, Paco Martínez Soria…) de finales del franquismo es irreal y lleno de tópicos, y no tiene nada que ver con la realidad histórica del momento.

Pocos periodos históricos de nuestro país (exceptuando la guerra civil) son tan polémicos como la dictadura franquista.

No es poco común escuchar afirmaciones que la consideran mejor a la actualidad, argumentando sobre todo el respeto a la tradición, el orden, la falta de delincuencia y la prosperidad económica, así como la ausencia de problemas “si uno no se metía en política”.

Este tipo de visiones son sobre todo producto de la historia oral recordada (con la premisa falsa de que “si yo no lo vi es mentira que ocurriera”) y la versión transmitida por el cine, sobre todo las comedias de principios de los años 70.

Empecemos por el principio: ¿qué es el franquismo? El franquismo es una etapa de la historia de España, comprendida entre el 1 de abril de 1939 (aunque en vigor anteriormente en muchas zonas del país desde 1936) hasta el 20 de noviembre de 1975 (aunque con falta de elecciones democráticas hasta 1977).

El régimen se inició cuando, en 1936, al no reconocer el resultado de las elecciones democráticas de febrero de ése mismo año, gran parte de la oficialidad del ejército español, apoyado por parte de la población, el apoyo logístico descarado de las dictaduras europeas de Italia, Alemania, y Portugal (sin cuya ayuda la victoria en la guerra habría sido imposible) y la práctica totalidad del clero (incluido el apoyo del papa Pio XII) se levantaron en armas, logrando conquistar el poder al cabo de 3 años de guerra.

Este régimen, similar a la Italia de Mussolini, mostró admiración pública por Alemania durante toda la segunda guerra mundial, incluyendo una admiración casi ciega por Hitler en los libros de texto, así como la censura de las noticias de guerra para favorecer siempre a las fuerzas del Eje.

El cine, la literatura y los libros de texto de éste período (hasta el fin de la segunda guerra mundial) alaban de forma unánime las actitudes de Alemania e Italia, copiando sus modelos y usos. Se dijo explícitamente que había que obedecer las órdenes sin rechistar, que lo natural es que haya quien manda y quien obedezca.

Fragmento del libro de texto de 1940 Así quiero ser.  En él se detalla toda la ideología del régimen. El libro completo se encuentra disponible en internet.
Fragmento del libro de texto de 1940 ‘Así quiero ser’. En él se detalla toda la ideología del régimen. El libro completo se encuentra disponible en internet.

En 1945, cuando el Eje perdió la guerra, el régimen trató de lavar su rostro desprendiéndose de toda la simbología fascista, concediendo indultos para los perseguidos en la guerra, proclamándose como Estado católico y aceptando ser una monarquía (en 1947) guardándose la potestad de elegir sucesor, cosa que hizo en 1969.

Placa de la dictadura en homenaje a los caídos del bando sublevado, situada en la diputación de Alicante. Habrá que esperar al fin de la dictadura para que se reconozca a los "otros muertos".
Placa de la dictadura en homenaje a los caídos del bando sublevado, situada en la diputación de Alicante. Habrá que esperar al fin de la dictadura para que se reconozca a los “otros muertos”.

Los asesinados políticos de la guerra civil fueron tratados de forma desigual. Mientras que los asesinados por el bando que apoyaba al gobierno (asesinatos que se detuvieron en gran medida a partir de 1937) fueron ampliamente documentados y reconocidos desde fechas muy tempranas (hay reconocimiento de pagos de pensiones desde 1938) y dichos asesinatos investigados con toda clase de detalles (incluyendo monumentos públicos, homenajes y cementerios exclusivos). Los asesinados por el régimen nunca contaron con ése reconocimiento, no obteniendo permiso ni siquiera para enterrar los restos.

Durante los años 50 se puso mayor acento en que el régimen era católico, poniendo énfasis en la historia, la tradición y el orden.

En los años 60 el régimen trató de deshacerse en parte de ese legado, y cambió algunas conmemoraciones, hablando de “paz” en lugar de “victoria” como hizo hasta entonces. De esa misma forma se quiso impulsar un cine que dio preferencia a la imagen de la guerra como algo horrible que no tendría que repetirse, eliminándose las referencias a la “cruzada contra el comunismo”. Esta visión de “guerra entre hermanos”, unida al desarrollo económico de la época (que se dio a pesar de la dictadura y no gracias a ella) es la que más se ha quedado grabada en la memoria de quienes vivieron el periodo de forma acrítica.

Sello conmemorativo de los "25 años de paz". En 1964 se trató de instaurar una visión de convivencia y unidad, olvidando a los muertos que seguían enterrados sin identificar.
Sello conmemorativo de los “25 años de paz”. En 1964 se trató de instaurar una visión de convivencia y unidad, olvidando a los muertos que seguían enterrados sin identificar.

Este tipo de cine no pudo ser explotado de forma exhaustiva durante el Franquismo, aunque pudo ser desarrollado por algunos directores, y fue rechazado por la parte más intransigente del régimen.

En los años 70, concordando con éste tipo de cine, empezó a fraguarse una oposición más abierta y organizada, sobre todo en Cataluña, llegándose a exhibir películas clandestinas rodadas en Francia. Finalmente el régimen cayó y se inició un proceso de obtención de libertades.

Cabría finalizar este artículo recordando que no se trata de juzgar el pasado, sino de ver lo que pasó, para que no vuelvan a repetirse esos hechos ni manipulaciones.

'La prima Angélica' (1973) es una de las primeras películas que hablan con seriedad de la fractura de la Guerra Civil. Aunque no menciona el golpe de estado ni los fusilamientos (algo impensable en plena dictadura) menciona frustraciones personales muy profundas y traumas infantiles latentes. Este tipo de mensajes, más o menos tolerados en el franquismo como alternativa a la idea de "cruzada"; derivaron en el fin de la dictadura en peticiones cada vez más expresas de buscar a los "otros muertos".
‘La prima Angélica’ (1973) es una de las primeras películas que hablan con seriedad de la fractura de la Guerra Civil. Aunque no menciona el golpe de estado ni los fusilamientos (algo impensable en plena dictadura) menciona frustraciones personales muy profundas y traumas infantiles latentes. Este tipo de mensajes, más o menos tolerados en el franquismo como alternativa a la idea de “cruzada”; derivaron en el fin de la dictadura en peticiones cada vez más expresas de buscar a los “otros muertos”.

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