El ajedrez: mucho más que un juego

Hacemos un recorrido muy breve sobre la interesante historia del ajedrez, una práctica que ha supuesto mucho más que un juego, pues sobre el tablero se han desarrollado muchas batallas.

El ajedrez no es solo un juego. Aunque, a veces, es bueno recordar que nació como tal para poder disfrutar de todo lo que nos ofrece como entretenimiento. Pero a lo largo de la historia el ajedrez ha sido un tablero de batalla intelectual, de posiciones enfrentadas y de representación de ideas contrapuestas. En la historia reciente hemos tenido numerosos ejemplos de ello, y los hemos podido conocer gracias a su repercusión mediática.

Pero el ajedrez es un juego con más de quince siglos de historia, tal y como demuestran diferentes evidencias arqueológicas. Pero hay quienes datan el nacimiento mucho antes. Por ejemplo, el historiador especializado en ajedrez, Joaquín Pérez de Arriaga, sostiene que el origen del ajedrez está en el Antiguo Egipto, lo que elevaría su historia veinte siglos más, dándole una antigüedad de treinta y cinco.

En España, la divulgación del ajedrez está viviendo una de sus épocas doradas gracias al periodista Leontxo García. Su contribución a la historia del ajedrez y al conocimiento de este juego por parte del gran público no se limita a las retransmisiones en Televisión Española de los campeonatos del mundo, sino que su incorporación a El País ha supuesto la apertura de un espacio muy interesante para acercarse al ajedrez.

Pero también el ajedrez está de enhorabuena —no sin esfuerzo— por el anuncio de su incorporación en el currículo escolar. De manera que este artículo trata de contribuir al esfuerzo colectivo de generar un interés nada artificial hacia un juego que no solo ayuda de manera evidente al desarrollo intelectual, sino que es muy jugoso desde el punto de vista de la narración de la historia y del periodismo.

Se ha establecido el siglo V d. C. como la fecha oficial de la invención del ajedrez. Hay relatos que dan un origen griego al juego, y otras que otorgan el honor de la invención del ajedrez a los chinos. Hay que reconocer que muchas culturas han tenido juegos de mesa que diferían en las reglas —de algunos ni siquiera se conocen—, las piezas o el número de casillas. Como se indicó al comienzo del artículo, el historiador Pérez de Arriaga lo sitúa en el Antiguo Egipto, concretamente alrededor del año 3.000 a. C.

Su teoría propone un orden inverso en la expansión geográfica del ajedrez. Tradicionalmente se ha situado el origen en la India, desde donde se llevó a los territorios de medio oriente y próximo oriente. Desde ahí llegaría al norte de África, y el salto a Europa se produciría a través de la llegada de árabes y bereberes a la Península Ibérica a partir del año 711. Pero la propuesta de Pérez de Arriaga cambiaría el sentido del desplazamiento del ajedrez hacia Asia desde Egipto. Esta solo es una de las curiosidades, controversias e, incluso, misterios, que todavía hoy quedan por resolver sobre el ajedrez.

Como cuenta Leontxo García, hay varios mitos sobre el ajedrez que permiten conocer la magnitud de este juego, como la leyenda de los granos de trigo. Esta dice que un brahmán rodeado de inmensos placeres pidió a uno de sus sirvientes, llamado Sessa Ibn Daher (también conocido como Sisa) que inventara un juego para él que le entretuviera. Pasado un tiempo le presentó un juego en el que se escenificaba una batalla. Consistía en un tablero con 64 casillas, alternadas entre negras y blancas, dispuestas en ocho columnas y ocho filas. El brahmán quedó encantado con el invento, y le ofreció a su sirviente la recompensa que quisiera. Lo que pidió fue algo, a primera vista, modesto: un grano de trigo por la primera casilla, dos por la segunda, cuatro por la tercera, ocho por la cuarta, dieciséis por la quinta, y así hasta la casilla 64.

Esta leyenda es utilizada como problema matemático para practicar con los exponentes, y la cifra es mayor que la que se podría pensar a priori: más de 18 trillones de granos de trigo. Muchos más de los que cualquier reino, por poderoso que fuera, podía tener.

Pero los mitos nos permiten conocer la magnitud de ciertas cosas, pero no son hechos probados. Si nos adentramos en la historia, podemos establecer un relato real sobre el ajedrez no menos interesante. Si nos situamos en la dominación musulmana de la Península Ibérica, comprobamos que era utilizado como un juego en la corte. Las partidas solían ser largas, y eso era motivo para que, alrededor de ellas, se organizaran fiestas, bailes o encuentros amorosos. Pronto se convirtió en un juego, como señala el periodista Leontxo García, que no entendía de clases sociales ni de etnias.

El rey de Castilla Alfonso X el Sabio ordenó recopilar en un libro, conocido como El libro de los juegos, algunas explicaciones sobre el ajedrez. En él se exponía que era un juego muy apropiado para la buena convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes.

Hemos dicho que el ajedrez era un juego lento en su versión árabe —también llamado ajedrez antiguo—, y por eso las partidas podían durar horas o, incluso, días. La razón es que no existía una figura tan poderosa como la dama, con gran movilidad. Esta incorporación es una aportación española, y se creó en homenaje a una reina con gran poder: Isabel la Católica. Desde aquel momento, a finales del siglo XV, nace el ajedrez moderno y cambia completamente la forma de ver el ajedrez. Se convierte en un juego más ágil y se desarrollan nuevas normas como el enroque en un solo movimiento o la captura al paso.

Además, todas las teorías sobre aperturas y desarrollo de partidas se replantean y se extienden por toda Europa gracias al desarrollo de la imprenta. Esto lo cuenta con claridad Agustí Mezquida en su documental titulado La Dama del Ajedrez.

Revolución francesa

En el contexto de la Revolución francesa se producen dos historias muy significativas relacionadas con el ajedrez. Al menos, son las más conocidas. La primera de ellas la podemos fechar en vísperas de la Revolución en un lugar emblemático para el ajedrez europeo durante los siglos XVIII y XIX: el Café de la Regénce. En él se reunían personajes ilustres y reconocidos por diferentes motivos como Robespierre, Napoleón Bonaparte, Diderot o Benjamin Franklin durante su periodo como embajador en Francia. Pero también en él jugaron los grandes ajedrecistas de la época, entre los que estaba François-André Danican, más conocido como Philidor.

Philidor acuñó una frase tan poética como cierta para la práctica ajedrecística: «los peones son el alma del ajedrez». Como señala Leontxo García, para valorar una buena posición en el ajedrez se estudian las posiciones de los peones. Pero es muy curioso que, a pesar de las diferentes consideraciones revisionistas sobre los protagonistas de la Revolución francesa, esta frase se pronunciara en un momento en el que se levantaron «los peones de la sociedad», los ciudadanos de a pie, comenzaban a obtener un mayor reconocimiento al igualar sus derechos con los de las clases privilegiadas.

Pero también hay otra cuestión relacionada con el ajedrez y la política de los años de la Francia revolucionaria. Se trata del duelo producido en el tablero entre La Bourdonnais y Mc-

El ajedrez ha sido escenario de batallas diversas. Desde las que son extraordinarias por la estrategia llevada a cabo por las piezas como combatientes hasta aquellas en las que no solo había un combate figurado, sino ideológico.

Bobby Fisher en 1960 (Wikimedia).

Donnell. El primero, francés, mantenía una postura defensora del movimiento revolucionario de su país, mientras que McDonnell era representante de la Inglaterra imperialista que expandía su poder gracias a su flota y sus colonias repartidas por todo el mundo. Recordemos que Napoléon Bonaparte mantuvo una rivalidad absoluta con Gran Bretaña e, incluso, planeó la invasión de las islas británicas. Finalmente, Napoléon impuso un bloqueo comercial a Gran Bretaña que hizo mayor mella en las arcas francesas que en las británicas.

Capitalismo y comunismo En el siglo XX se produce un fuerte choque entre dos ideas opuestas y relacionadas con la economía y la organización social: el capitalismo y el comunismo. El capitalismo surge con las revoluciones liberales e implica una libertad de empresa y de comercio, asociado a un escasa intervención del Estado en la economía, en contraposición al control estatal absoluto durante el conocido como Antiguo Régimen. El comunismo surge como oposición al capitalismo en el momento en que el modelo económico lleva a una confrontación entre los trabajadores y los propietarios de las fábricas y, por extensión, de los medios de producción. Los obreros recibían pagas escasas, inferiores a su producción, y comenzaron a surgir movimientos sociales asociados a la mejora de las condiciones laborales de los obreros. Teóricos como Karl Marx y Friedrich Engels escribieron obras que llevaron a asentar las bases del socialismo, el comunismo y el movimiento sindical, entre otros.

El ajedrez no quedó libre de intensos duelos entre jugadores representantes de ambas corrientes económicas y sociales. En su punto más primitivo, podemos encontrar cierta rivalidad entre Capablanca, brillante ajedrecista cubano, y Alekhine, de origen ruso pero nacionalizado en Francia.

La vida de Alekhine es muy interesante desde el punto de vista político, puesto que existen controversias sobre su salida de la Unión Soviética. Su origen burgués le provocó ciertos problemas con el régimen comunista. Sin embargo, hay dudas sobre si salió de la URSS de manera clandestina o tenía permiso para ello. Hay posturas que defienden que deseaba marcharse de la URSS y distanciarse del régimen comunista, y otras que colaboró con el gobierno ruso en tanto que trabajó para la Comintern (la III Internacional). Lo que está claro es que se asentó en Francia, donde se nacionalizó en 1926 y que mantuvo un duelo durante muchos años contra otro de los grandes ajedrecistas de su tiempo: Raúl Capablanca. El primero, representante de las ideas comunistas procedentes de Europa, y el segundo representante de una América liberal y en crecimiento económico.

Pero hay un duelo aún más intenso entre el capitalismo y el comunismo, que se produjo en plena guerra fría. Se trata del enfrentamiento histórico entre Bobby Fisher, joven estadounidense, y el campeón del mundo de ajedrez de 1969 Borís Spasski. Entre ellos se desarrolló lo que se conoció entonces como «match del siglo».

Desde 1948 el campeón de mundo siempre había sido de la URSS —Mijaíl Botvínnik, Vasili Smyslov, Mijaíl Tal, Tigran Petrosian y Borís Spasski—, y la llegada de un estadounidense que pudiera arrebatar el título a este país, donde el ajedrez era un auténtico símbolo nacional, inquietaba a las autoridades.

Rey jugando al ajedrez en una miniatura de Liber de Moribus(Wikimedia).

El encuentro sucedió en Reikiavik en 1972. El resultado fue el encumbramiento de Bobby Fisher como el primer estadounidense en ganar el campeonato del mundo. Spasski se rindió con un resultado de 12,5 a 8,5 puntos a favor de Fisher. Spasski fue recibido como un traidor y, a partir de ese momento, su figura decayó en la URSS. Posteriormente, en 1984, se nacionalizó en Francia.

Aún así, Spasski todavía ganaría algunos torneos y volvería a enfrentarse con Fisher de manera amistosa, aunque se repitió su derrota. En definitiva, en un periodo de grandes tensiones geopolíticas, militares e ideológicas, un candidato estadounidense interrumpió la hegemonía soviética en el ajedrez, donde la URSS trataba de demostrar su superioridad intelectual.

Pero Fisher no continuó luchando por el campeonato del mundo, ni siquiera para mantener el título. Hay diferentes teorías o interpretaciones sobre su desaparición del terreno público durante 20 años: miedo a la derrota o inestabilidad psicológica. Cuando llegó el momento, en 1975, de defender el título ante el aspirante soviético, Anatoli Kárpov, Fisher estableció unas condiciones inaceptables, como que él retendría el título si se producía un empate a nueve victorias. Esto significaba que para ganar, a Fisher le bastarían nueve victorias, pero Kárpov tendría que ganar diez veces.

El joven Kárpov ganó el campeonato del mundo sin jugar una sola partida. Esto le provocó una mezcla de frustración y emoción pero, indudablemente, hizo que tuviera que demostrar su calidad ajedrecística en el año 1978 y 1981. Arrasó en los torneos y era el campeón indiscutible del ajedrez mundial. Cuando pensaba que ya nada podía agriar su vida profesional apareció Gari Kaspárov, nacido en Bakú y 12 años más joven que él.

En este momento hay que aclarar que nada tendría de extraño ni negativo para la URSS que un nuevo candidato apareciera en escena y pudiera sustituir al campeón del mundo. Más bien parece algo ventajoso y apropiado, porque esto fortalecería la presencia de la URSS en el panorama ajedrecístico internacional. Pero, igual que hubo enfrentamientos ideológicos entre la Francia revolucionaria y el imperialismo inglés, entre el comunismo y el capitalismo, hubo una rivalidad absoluta entre dos maneras de ver la propia URSS. Kárpov era representante del ideal comunista, y Kaspárov de la renovación propuesta por Gorbachov y su perestroika y glásnost.

En definitiva, de nuevo la ideología y la política fueron llevadas de manera muy evidente al tablero de ajedrez. Entre ellos no solo hubo, como ha señalado varias veces Leontxo García, una de las mayores rivalidades de la historia de todos los deportes. También se odiaban entre ellos y se acusaban de diferentes argucias para ganar. Finalmente, al igual que venció la postura política de la reforma de Gorbachov, también Kaspárov derrotó al invencible Kárpov y fue el campeón del mundo desde 1985 hasta el 2000.

Han quedado por contar muchas historias, algunas tan antiguas como la obra de Ruy López de Segura, clérigo y consejero de Felipe II, considerada la base de la teoría del ajedrez. Pero también otras de la época contemporánea como la de los candidatos alternativos a Kárpov de la URSS para enfrentarse a Fisher, como Korchnói. Este campeón del mundo sin título, como muchos le han calificado, desertó de la URSS y se volvió a enfrentar con Kárpov bajo la bandera de Suiza.

Este recorrido, breve y general, por la historia del ajedrez y sus historias no solo quiere contribuir a que este juego se vea con la debida profundidad, sino a fomentar su práctica para el desarrollo de capacidades mentales: agilidad para el cálculo, previsión para la toma de decisiones, visión espacial, comprensión lectora e inteligencia emocional, entre otras.

El ajedrez ha logrado algo que parecía imposible: el acuerdo entre todas las fuerzas políticas del Parlamento español. Como apuntaba de manera sabia Alfonso X, rey de Castilla, el ajedrez puede contribuir a la buena convivencia, aunque en el tablero se puedan desarrollar batallas complejas, humillantes e ideológicamente opuestas.

Para saber más

Sección La pasión del ajedrez de Leontxo García en la versión digital del diario El País.

Shenk, D. (2007). The Immortal.

Game: A History of Chess. Nueva York: Knopf Doubleday.

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Acerca del autor

Álvaro López Franco

Álvaro López Franco

Director de 'Descubrir la Historia'. Mi ámbito de especialización es la historia contemporánea y la historia de la comunicación social. Vicedirector del Instituto de Estudios Campogibraltareños, entidad académica que promueve la investigación en el ámbito geográfico del Campo de Gibraltar.

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