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Palmares y su lucha por la libertad


Siglos después de que Espartaco pusiese contra las cuerdas a las autoridades de la República Romana, a vastos mares y océanos de distancia, un grupo de hombres y mujeres empeñaron todas sus fuerzas en una lucha por la libertad que poco tendría que envidiar a la revuelta esclava encabezada por el tracio en cuanto a épica se refiere. No quisiéramos con este comentario hacer apología de ningún tipo de violencia ni relativizar o generalizar acerca de acontecimientos históricos tan distantes y diferentes entre sí.

Lo que sí creemos que merece la pena es contaros la historia del quilombo de Palmares y la lucha que sus habitantes protagonizaron en su reivindicación por la libertad durante más de un siglo. En un momento en que el actual Brasil era la gran colonia de la corona portuguesa, con un sistema económico y social asentado sobre el fenómeno de la esclavitud, tendría lugar un episodio que supuso un duro pulso a esta institución tan arraigada y poderosa en este mundo colonial del siglo XVI y XVII.

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Como sabemos, la esclavitud jugó un papel fundamental en la historia europea y latinoamericana, y fue una pieza clave en el sistema implantado en el llamado «Nuevo Mundo» por las grandes potencias coloniales desde su llegada a finales del siglo XV. A lo largo del tiempo, fue creciendo la mano de obra esclava procedente de África, alcanzando un gran peso en las colonias castellanas, francesas, británicas, holandesas y portuguesas. En todas ellas, hubo numerosos casos de resistencia activa y pasiva hacia un fenómeno que hoy, afortunadamente, forma parte del pasado. Y entre ellos, destacó especialmente el llamado «cimarronaje», o lo que es lo mismo, la huida de esclavos de sus respectivos «ingenios» o plantaciones en las que eran empleados, en un intento por librarse de sus cadenas y alcanzar una nueva vida en libertad.

Muchos de ellos fueron a parar a lo que se vino conociendo como quilombos o palenques, una especie de poblados o asentamientos en los que se organizaron y constituyeron como grupos autosuficientes y ajenos al sistema político y la propiedad de sus amos. Entre ellos, destacó especialmente Palmares  por su prolongada existencia y por el intenso pulso que impuso a las autoridades brasileñas entre 1580 y 1694. Fueron ingentes las cantidades de tropas y dinero que el dominio colonial envió a este quilombo con el fin de sofocar una enconada resistencia que parecía no tener fin y cuya organización fue cuanto menos compleja.

Todo cuanto sabemos de Palmares es gracias a los relatos de las propias autoridades brasileñas, lo que puede suponer un hándicap, pero lo cierto es que no son escasos los datos que nos han llegado.

Ubicación del quilombo de Palmares
Ubicación del quilombo de Palmares

En primer lugar, el hecho de que lograse mantenerse como un fuerte sistema al margen del orden político brasileño y del propio sistema esclavista durante tanto tiempo, manteniendo su propia organización social, cultural y religiosa. Incluso llegó a tener su propio rey y un consejo formado por representantes de las diferentes aldeas o mocambos que lo articulaban.

Además, desarrolló un férreo sistema de autodefensa que permitió su supervivencia durante tanto tiempo, cual «aldea de irreductibles galos» que dirían Goscinny y Uderzo, aunque sin remedios ni pociones mágicas. Eran pueblos fortificados e intensamente defendidos por sus habitantes, que recurrían a emboscadas y ataques similares para desbaratar las incursiones de las tropas brasileñas, aprovechando su buen conocimiento del territorio y tratando así de contrarrestar su inferioridad a nivel armamentístico.

Al mismo tiempo, se llevó a cabo una fructífera labor de trabajo agrícola que hizo posible el autoabastecimiento de todas estas aldeas, en las que sus habitantes estaban estrechamente ligados. Sobre todo, en el caso concreto de Palmares, donde los lazos de parentesco crearon mayores vínculos de unión y cohesión de los grupos. Aunque debemos tener en cuenta que los quilombolas eran africanos de orígenes muy diversos, de modo que no deja de resultar curioso cómo podrían comunicarse entre ellos y funcionar de manera tan eficiente como grupo. Puede ser que incluso tuvieran su propio lenguaje compuesto por palabras de las diferentes lenguas y dialectos africanos.

Representación de Ganga Zumbi por Albert Eckouts
Representación de Ganga Zumbi por Albert Eckouts

Tuvo que pasar mucho tiempo para que tropas brasileñas consiguiesen acabar finalmente con el que se había convertido en un auténtico «asunto de Estado» y que tantos quebraderos de cabeza había supuesto a las autoridades y a la propia institución de la esclavitud. A partir de 1677, se empezó a vencer la resistencia de algunos de sus mocambos, lo que obligó al rey a llegar a un acuerdo para su rendición un año después, a cambio de garantizar la libertad de Palmares y sus habitantes. Sin embargo, este acuerdo no gustó a algunos de los quilombolas, que acabaron envenenando a su rey y cerrando la puerta a este posible acuerdo.  Lo que siguió fue la caída del resto de aldeas y la vuelta al régimen de esclavitud de la mayoría de quienes vivían en ellas.

La muerte de Ganga Zumba y la posterior derrota militar de 1694 dilapidaron por completo un sistema que durante tanto tiempo se había constituido como la gran alternativa para todos aquellos esclavos que buscaban una vida en libertad lejos de las ataduras que los oprimían desde hacía siglos.

Ha llovido mucho desde entonces, y aquel mundo en el que la esclavitud era un pilar fundamental de la economía y la sociedad de las grandes potencias ha quedado atrás. Y puede que el mundo en que vivimos no sea perfecto, pero el hecho de que hoy no sean tan necesarias este tipo de luchas ya puede suponer un rayo de esperanza. Queda mucho por hacer, pero esta vez podemos (o al menos es nuestro deber intentarlo) alcanzar esos cambios a través de vías más pacíficas.

 

 

 

 

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