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Los viejos buenos tiempos: la mujer


En pleno siglo XXI, en un mundo globalizado e interconectado, resulta increíble cómo perduran a lo largo del tiempo viejas ideas y modos de pensar.

Aún es mucha la gente que ve visiones propagandísticas (como ésta de 1953) como una realidad de un pasado “perfecto” (para el hombre) y no como una construcción
Aún es mucha la gente que ve visiones propagandísticas (como esta de 1953) como una realidad de un pasado «perfecto» (para el hombre) y no como una construcción.

Con comentarios como «mucho hablar del día de la mujer, pero no hay un día del hombre» (cuando lo hay, el 19 de noviembre), la imparable tasa de asesinatos de mujeres que se repite cada año, la diferencia salarial o el «algo habrá hecho», nos hace pensar que hoy en día continúan estos «anacronismos» puesto que buena parte de nuestra sociedad sigue presuponiendo que la posición de la mujer siempre ha estado en el hogar y que deberíamos volver a los «viejos tiempos» ya que el espacio «natural» de la mujer ha estado siempre subordinada al hombre.

Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que hay numerosos testimonios que demuestran que a lo largo de la historia ha habido mujeres tratadas como iguales, y que combatieron por ello.

La visión que permanece en muchos ámbitos de la sociedad es de la mujer en casa mientras el hombre se ocupa del trabajo y la guerra. Pero es una tergiversación ya que, a pesar de que no haya, en muchos casos, constancia legal de una igualdad de sexos por ley, en la práctica sí que hay gran cantidad de pruebas.

La historia nos da numerosos ejemplos de mujeres dedicadas a profesiones iguales a las de los hombres. Poetisas como Safo de Lesbos (primera escritora conocida del mundo) o filósofas como Hipatia de Alejandría demuestran la presencia muy temprana de mujeres pensadoras.

A pesar de este inicio prometedor, la legislación era restrictiva y tendió cada vez más a confinar a la mujer al hogar, negándole derechos que sí tenían los hombres, como heredar o poder ser electas a cargos públicos.

Uno de los pocos dibujos de Juana de Arco cuando estaba con vida .Es un dibujo de 1429, 2 años antes de ser quemada.
Uno de los pocos dibujos de Juana de Arco cuando estaba con vida .Es un dibujo de 1429, 2 años antes de ser quemada.

Hasta el siglo XVIII o XIX apenas nos encontramos con mujeres que salieran de su rol, uno de los pocos casos (quitando a las reinas) fue Juana de Arco, campesina francesa que se vistió como un hombre y, afirmando estar bajo las ordenes de Dios, logró convencer al mismísimo rey y dirigir personalmente un ejército. Existe constancia histórica de que posteriormente fue marginada por el rey de Francia y que, tras ser capturada por los ingleses, una de las acusaciones formales que se le hizo fue que se vestía como un hombre. Acabó quemada viva. La leyenda dice que su corazón fue encontrado manchado de sangre entre las cenizas.

En la revolución francesa, Olympe de Gouges defendió la equiparación de derechos entre hombres y mujeres, incluyendo el voto, el ingreso en el ejército y las mismas obligaciones que los hombres. Fue decapitada por sus ideas federalistas en 1793, y fue ignorada o caricaturizada hasta finales del siglo XX, especialmente a partir de los años 80, cuando fue reconocida oficialmente.

Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana en 1791.
Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana en 1791.

A pesar de este desprecio hacia la pionera de la emancipación de la mujer, en el siglo XIX, con el progresivo aumento de la libertad de prensa, comenzaron a escribirse nuevas ideas y aparecen obras literarias de interés. Por ejemplo, en 1870, aparece la obra La Venus de las pieles escrita por Sacher-Masoch, que fantasea con una relación en la que el hombre es físicamente dominado por una mujer, incluso castigado físicamente y firmando un contrato de esclavitud. Este tipo de literatura que, explícitamente, pone en cuestión los valores tradicionales de la mujer y, aunque repetidamente censurada, tiene continuidad durante décadas, siendo quizá una de sus últimas obras el polémico libro Historia del ojo de 1924, cuya segunda parte se desarrolla en España, que concluye con la violación y asesinato de un cura sevillano por parte de una mujer inglesa.

Además de la literatura, a finales del siglo XIX comenzaron movimientos políticos que reivindicaban derechos para las mujeres. En ésa época logran entrar las primeras mujeres en las universidades, y comienza el movimiento sufragista, que exigía el derecho al voto de la mujer, y que tuvo fuerte oposición en Estados Unidos.

Cartel de 1915 opuesto al voto de la mujer en EEUU, contraponiendo familia y política como incompatibles.
Cartel de 1915 opuesto al voto de la mujer en EEUU, contraponiendo familia y política como incompatibles.

A pesar de ello, después de obtener el voto, la mujer ideal siguió siendo la que se quedaba en casa a cuidar de los hijos, y era raro que se propusiera lo contrario.

Imagen de la película Una mujer de mundo de 1925, la protagonista es reflejada como una mujer independiente, que está tatuada y que fuma en público sin avergonzarse. Es probablemente una de las películas más radicales en la defensa de la independencia de la mujer que se hayan hecho en toda la historia del cine, ya que la actriz constantemente lucha por reafirmarse como persona libre ante el conservadurismo. La actriz que la interpreta, Pola Negri, fue una de las grandes divas del cine mudo.
Imagen de la película ‘Una mujer de mundo’ de 1925. Es probablemente una de las películas más radicales en la defensa de la independencia de la mujer que se hayan hecho en toda la historia del cine

Aún así, en el cine se llegó a defender la figura de una mujer independiente, orgullosa de sí misma y combativa, ya desde tiempos muy tempranos, con actrices como Marlene Dietrich o Rita Hayworth, y fue ganando cada vez mayor popularidad. Un ejemplo es el de la película Una mujer de mundo. La protagonista, interpretada por Pola Negri —una de las grandes divas del cine mudo—, lucha constantemente por reafirmarse como persona libre ante el conservadurismo.

Estos intentos no están solamente en el cine, hay numerosas imágenes de época que muestran los intentos de mujeres por salir del hogar y ser seres humanos libres no solo de nombre. Estos son algunos ejemplos:

Miliciana anarquista en Barcelona en 1936.  La «última frontera» para la mujer fue su derecho a defenderse por sí misma. Armarse y combatir en persona en la guerra constituye una ruptura con el mensaje del hombre protector de la mujer débil.
Miliciana anarquista en Barcelona en 1936. La «última frontera» para la mujer fue su derecho a defenderse por sí misma. Armarse y combatir en persona en la guerra constituye una ruptura con el mensaje del hombre protector de la mujer débil.
Mujer tatuándose durante los años 20. El tatuaje, visto como algo marginal y casi ilegal hasta principios de los años 90, fue una forma de rebelión individual contra la imagen de «chica buena y hogareña» que se quería dar a la mujer.
Mujer tatuándose durante los años 20. El tatuaje, visto como algo marginal y casi ilegal hasta principios de los años 90, fue una forma de rebelión individual contra la imagen de «chica buena y hogareña» que se quería dar a la mujer.
Celebración de la prohibición del alcohol en los años 30 en Nueva York. La auténtica revolución para la mujer no fue el voto, fue la ocupación de lugares públicos en igualdad de oportunidad con el hombre.
Celebración de la prohibición del alcohol en los años 30 en Nueva York. La auténtica revolución para la mujer no fue el voto, fue la ocupación de lugares públicos en igualdad de oportunidad con el hombre.

Como conclusión cabria decir que la visión de una mujer sumisa e inferior al hombre tan popular en muchas series y películas es una imagen propagandística más que real. La constancia de muchas mujeres —sobre todo a partir del siglo XIX— de gestionar su propia vida, decidir sin la tutela de un hombre (en resumen, ser independiente) sin ser insultadas ni ridiculizadas por ello, nos demuestra que lo anacrónico no es promover la igualdad, sino oponerse a ella.

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