La llamada Paleta de Narmer

La unificación de Egipto en un set de maquillaje

Uno de los principales atractivos de la arqueología, galanes hollywoodienses de látigo y sombrero aparte, es la cantidad de datos que puede arrojarnos acerca de la historia a través de simples vestigios materiales. En muchos casos, una sola pieza puede contarnos lo mismo (puede que incluso más) sobre un periodo histórico que cientos de crónicas y textos. Si nos remontamos a la historia de Egipto, que a tantos fascina y en la que la simbología y la imagen juegan un papel tan importante, podemos encontrar importantes ejemplos acerca de cómo sus representaciones nos permiten hoy conocer un poco más sobre aquel pueblo que naciera de manera dispersa en torno al Nilo y que finalmente se configuraría como un gran Imperio unificado y una de las primeras grandes civilizaciones.

La llamada Paleta de Narmer
La llamada Paleta de Narmer

Y como no podía ser de otra manera, recurrimos a un ejemplo arqueológico para tratar de comprender mejor cómo se pasa de ese Egipto dividido en pequeños asentamientos dispersos a esa unificación llevada a cabo en la época predinástica entre el Alto y Bajo Egipto. Se trata de la llamada «Paleta de Narmer», un soporte cosmético realizado en piedra y probablemente decorado con materiales preciosos que hacía las veces de paleta para el maquillaje pero sobre todo tenía una función honorífica y conmemorativa.

Encontrada en el templo de Horus hacia finales del siglo XIX, esta pieza realizada en torno al 3.000 a.C. y hoy ubicada en el Museo del Cairo, es uno de los restos arqueológicos más antiguos del periodo predinástico y la época de tránsito hacia el Egipto faraónico. Un tránsito en el que jugaría un papel fundamental el rey Menes (nombre con el que lo conocían los griegos), que muy probablemente se correspondería con el Narmer que se menciona en la paleta y que sería a la sazón el artífice de la unificación del Alto y Bajo Egipto. Considerado generalmente el fundador de la I Dinastía, todo indica que fue este monarca quien aparece representado en la pieza en cuestión.

En esta imagen podemos ver con mayor claridad la escena
En esta imagen podemos ver con mayor claridad la escena

Si la analizamos detenidamente, encontraremos importantes pruebas para pensar que lo que se conmemora en dicha escena es precisamente ese proceso de unificación y la consolidación de un poder real para todo Egipto, al que se trata de legitimar y dar propaganda a través de esta manifestación artística.

En primer lugar, en su reverso, divididos en tres bloques podemos ver desde el nombre del faraón, acompañado de la cabeza de vaca de la diosa Hathor, hasta una representación del propio Narmer o Nemes con la corona típica del Alto Egipto (el gorro frigio) y el resto de atributos reales sometiendo a un enemigo que probablemente represente al Norte. Se trata, o al menos así se ha venido interpretando, de una metáfora de la conquista del Bajo Egipto por parte de ese monarca. Debemos aclarar, eso sí, que el Alto Egipto se corresponde con el Sur del país, y no con el Norte, como podríamos suponer, ya que se toma como referencia el curso del Nilo. Dicho esto, debemos señalar que acompañan la escena un sirviente o un sacerdote que acompaña al faraón, así como una representación del dios Horus, el halcón, posado sobre unos tallos de papiro (elemento típico del Bajo Egipto) y atrapando por la nariz a un enemigo, de nuevo como alusión al sometimiento del Norte ante el poderoso faraón y su divinidad correspondiente. Por último, en la parte inferior aparecen dos individuos en actitud de huida o de temor, probablemente hacia el faraón.

La doble corona simboliza la unión del Alto y Bajo Egipto.
La doble corona simboliza la unión del Alto y Bajo Egipto.

Por su parte, el reverso se encuentra coronado por una imagen idéntica dela diosa con cabeza de vaca, aunque presenta importantes cambios en el resto de la escena. Por ejemplo, Narmer aparece ahora con la doble corona del Alto y Bajo Egipto, una unión de ambas que a partir de entonces se convertirá en símbolo oficial del faraón, y se encontrará al frente de un séquito de sirvientes o personas que muy probablemente representen a las diferentes tribus que componen el nuevo y unificado Egipto, todas ellas sometidas a la autoridad real. Una autoridad que se refleja de manera más clara en la presencia de varios cuerpos decapitados, postrados ante el faraón. Pero la unificación de Egipto, además de guerra y sometimiento, fue resultado de un proceso de sincretismo, de convergencia de dos culturas y pueblos muy diferentes que ahora se entrelazan, del mismo modo que lo hacen los dos animales fantásticos que aparecen en el piso inferior, lo que podría ser una alegoría de la paz y la concordia que deriva de todo este proceso. Para terminar, y con la intención de resaltar una vez más el poderío de Narmer, se muestra a un toro que aplasta a un individuo en los límites de la muralla de la ciudad.

Restos de la tumba de Narmer, en Umm el-Qaab
Restos de la tumba de Narmer, en Umm el-Qaab

La información que podemos deducir de toda esta simbología no podría ser más elocuente, aunque es cierto que las diversas interpretaciones a las que puede dar pie impiden que haya unanimidad acerca del significado exacto de la pieza. Sin embargo, la mayoría de investigadores están de acuerdo en presentarla como un elemento de propaganda y homenaje al faraón, muy probablemente el Menes del que nos dan cuenta los historiadores griegos, y una forma simbólica y alegórica de conmemorar un episodio fundamental en la historia egipcia. Y todo ello, en una simple paleta de maquillaje. A ver quién es el listo que dice que la arqueología solo se encarga de recoger antiguallas.


La interpretación aquí recogida se basa en aquella realizada por Josué Llull, doctor en Historia del Arte, en el siguiente artículo: http://www.arteiconografia.com/2013/12/la-paleta-de-narmer.html

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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