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Un coche «del pueblo»


Tal vez muchos conozcáis esta historia, pero no deja de resultar una curiosa anécdota que sirve para dar respuesta al origen de cuestiones tan cotidianas como el coche que hoy algunos conducen y a que tantos otros tampoco nos desagradaría tener. Volkswagen, una de las empresas más conocidas del sector automovilístico y que goza de un gran prestigio en todo el mundo, tiene sus orígenes en la Alemania Nazi, y surge precisamente por iniciativa del dictador Adolf Hitler.

Quede claro de antemano que la intención de este artículo no es otra que la de señalar lo llamativo de la situación, y en ningún momento desatar polémicas en torno a la marca ni tacharla de partidaria o defensora de dicho régimen totalitario.

Imagen publicitaria del Kdf-Wagen
Imagen publicitaria del Kdf-Wagen

Dicho esto, el primer proyecto era la elaboración de un coche accesible para la mayor parte de la ciudadanía alemana, de ahí el nombre que se le acabó dando (traducido al castellano como «coche del pueblo»), en torno a la década de 1930. Poco después de su llegada al poder en 1933, Hitler decidió dar un empujón a la industria automovilística nacional, aprovechando el tejido industrial germano y con la intención de poder hacer frente a la competencia internacional y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones de vida de un pueblo cuyo apoyo se antojaba imprescindible. Un pueblo que, como ya sabemos, tenía sus connotaciones étnicas y racistas y que no englobaba ni mucho menos a todos aquellos hombres y mujeres que vivían en la Alemania de aquellos momentos, pero ese es otro tema en el que hoy no entraremos.

En cualquier caso, para lanzar este proyecto se llevaría a cabo un proceso de selección en el que el finalmente resultaría elegido Ferdinand Porsche, un apellido que seguro nos resultará igualmente familiar. Pues bien, con la premisa de construir este modelo de automóvil sencillo y económicamente asequible, se empezó a gestar la elaboración de lo que posteriormente sería conocido como el Volkswagen, cuyo nombre oficial sería el de Kdf-Wagen (siglas de «Kraft durch Freude», algo así como fuerza a través de la alegría»). Esta era la idea de Hitler, pero parece ser que ni entre los trabajadores de la primera fábrica instalada en el pueblecito de Fallersleben ni entre el resto de la población tuvo mucho éxito este nombre, de manera que el primer modelo, hoy mundialmente conocido como «escarabajo» por cuestiones evidentes, sería para todos ellos el «coche del pueblo», mientras que el término acuñado por el Führer se limitó a los catálogos y exposiciones oficiales hasta adoptar finalmente su nombre definitivo.

Desde entonces, Hitler, al que ya sabemos que no desagradaban nada las grandes congregaciones y desfiles, llevó a cabo numerosas presentaciones por todo el país con el fin de mostrar a los alemanes el nuevo prodigio de la industria germana. Y para que todos ellos pudieran acceder a uno, puso en marcha un sistema de financiación semanal que nutrió de unos cuantos millones de marcos las arcas del Estado. Sin embargo, muy pocos de aquellos miembros del «pueblo» se vieron al volante de este automóvil, ya que la gran mayoría de recursos se destinaría al esfuerzo bélico derivado del estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939.

Ferdinand Porsche presenta el sorteo de un Volkswagen
Ferdinand Porsche presenta el sorteo de un Volkswagen

De hecho, el dictador fallecería al término de ésta, en 1945, sin ver realizado su proyecto de producción masiva de Volkswagen, cuya fábrica sería controlada entonces por los británicos. Durante los años siguientes, Porsche fue juzgado y encarcelado por su relación con el régimen nazi y dicha industria frenó su producción hasta la década siguiente, cuando se impondría la moda europea y norteamericana de tener un «escarabajo». Y es a partir de entonces cuando esta marca acaba despegando y convirtiéndose en una de las más reputadas y famosas en lo que a la producción de coches se refiere.

Hoy, «el coche del pueblo» es más bien el coche de aquellos de entre el pueblo que tengan la suerte de permitírselo, pero podemos decir que, por fortuna, no se limita a ningún pueblo en concreto, ninguna nación o ninguna «raza» (término este último muy utilizado por el nazismo pero con el que discrepamos). En fin, una más de las muchas pequeñas ramas que brotan del gran árbol que es la Historia, cuyos frutos disfrutamos y compartimos en este rinconcito de Internet.

 

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