Óleo del puerto de La Habana, de 1639

La «coartación» de esclavos en la Cuba colonial

Cuando estudiamos, aunque sólo sea de manera superficial, procesos tan amplios y complejos como el colonialismo, nos topamos enseguida con cuestiones de lo más interesante desde el punto de vista histórico, más aún si tenemos en cuenta lo que este proceso supuso para los pueblos y sociedades a las que envolvió y sobre las que jugó un papel determinante. En este sentido, quisiera llamar la atención sobre un concepto muy común de la Cuba de los siglos XVIII y XIX y que está estrechamente ligado al tema de la esclavitud, como es el de la llamada «coartación», en el que hoy me gustaría profundizar un poco a fin de mostrar el papel que jugó en la configuración social de la isla durante el tiempo que esta estuvo bajo dominio español.

image[4]Para situarnos un poco mejor en el contexto, debemos señalar en primer lugar que la esclavitud tenía por aquel entonces un gran peso en la economía de las colonias tanto españolas como del resto de las grandes potencias europeas, y que era sobre los hombros de los esclavos que se sostenían las grandes industrias que nutrían de azúcar, tabaco y otros productos al mercado europeo. En el caso de Cuba, predominaba la plantación de azúcar, en cuya labor se empeñaba una enorme cantidad de mano de obra esclava, como hemos señalado.

Dicho esto, podemos abordar el tema de la esclavitud y este mecanismo de regulación del acceso a la libertad, que funcionó prácticamente hasta la abolición de dicha institución a finales del siglo XIX, aunque no siempre de la misma manera. En cualquier caso, podríamos definir la «coartación» como un derecho de los esclavos a comprar su libertad a través de pagos periódicos a su amo; una forma de adquirir su libertad «por parcelas», que llevaría en última instancia a su manumisión. Esto no siempre funcionó así ni tampoco se constituyó como un mecanismo legal, sino que formaba parte del derecho consuetudinario. Es decir, que no se plasmó en ninguna ley pero sí que estuvo muy presente como norma jurídica no escrita durante los siglos XVIII y XIX.

Los llamados "cimarrones" eran esclavos que huían de las plantaciones
Los llamados «cimarrones» eran esclavos que se fugaban de las plantaciones

Pero no sería hasta 1768 cuando se configurase como tal, ya que hasta entonces el procedimiento más usual para que un esclavo alcanzase el estatus de libre pasaba por comprar su manumisión total, sin ningún tipo de porcentajes ni fracciones. Sencillamente, se era esclavo o se era manumitido a través de diversas vías: bien porque el amo decidiera concederle la libertad (al parecer, menos frecuente de lo que creen los historiadores más optimistas), o por otros procedimientos como la fuga y la constitución de quilombos lejos de las plantaciones. Pero siempre en términos absolutos.

El gran cambio llega hacia finales de la década de 1760, cuando se empiezan a ver en los documentos oficiales cada vez más menciones a los esclavos «coartados» como aquellos que con su propio dinero adquirían peculios o partes de su libertad hasta alcanzar el precio que se le asignó y poder finalmente quedar en libertad. Desde entonces, este procedimiento va a ganar peso e importancia y se va a convertir en una de las principales vías de manumisión en Cuba hasta la abolición de la esclavitud a finales del siglo XIX.

Pese a que ello permitió la constitución de un amplio grupo de negros[[Entiéndase el término sin connotaciones peyorativas de ningún tipo.]] libres en la estructura social de las colonias, donde convivirían con la minoría blanca y la población mestiza, lo cierto es que fue un procedimiento no exento de problemas y que contradecía los propios principios de la esclavitud como institución, lo que explica en parte que nunca se llegase a plasmar en una ley escrita. En primer lugar, el modo en que el esclavo comparaba su libertad hacía ver que la relación entre él y su amo era más bien comercial, y que el hombre era libre por naturaleza y esclavo por una situación y un contexto específico, lo cual desmontaba los tradicionales argumentos ideológicos en que se sustentaba los artífices del sistema esclavista, como la idea de que era una forma de educar y civilizar a pueblos considerados «inferiores». Además, el hecho de que el esclavo pudiera pagar estos abonos con su propio dinero muestra cómo es una situación reversible y con la que se puede acabar por vía económica.

La cuestión es que el hecho de que existiese una institución como esta, pese a que ayudó a que muchos hombres dejasen atrás esta vida de servidumbre, no siempre resultaría fácil. Para empezar, porque el dinero que necesitaban para ello lo obtendrían trabajando en sus horas libres, que normalmente eran pocas al día y que en teoría se dedicaban al descanso. Los hubo también que recurrieron a prestamistas, aunque luego tuvieron que saldar sus deudas una vez alcanzada la libertad. Y todo ello sin contar con los intentos de algunos amos de especular con el precio de sus esclavos y de subir el precio de aquellos a quienes habían enseñado un oficio o bajar el de aquellos otros que padecieran enfermedades. Casos de este tipo hubo muchos y no podemos detenernos a analizar todos, pero en cualquier caso, lo cierto es que las autoridades fijaron que su precio no se pudiese alterar.

Otra cuestión que suscitó cierta polémica entre los grandes propietarios y los esclavos fue el hecho de si una madre «coartada» podía legar su condición a su hijo, cosa que se aceptó durante un breve periodo de tiempo en algunas zonas, pero que se declinó definitivamente con la real cédula de 1789.

Óleo del puerto de La Habana, de 1639
Óleo del puerto de La Habana, de 1639

De este modo, se configura en la isla un procedimiento de derecho consuetudinario que permite que entre el siglo XVIII y la abolición de la esclavitud en 1880, un gran número de esclavos pueda obtener la libertad y origine un nuevo y cada vez más amplio grupo social de hombres libres. El camino no sería fácil, como podemos imaginar, y fueron diversos los problemas y enfrentamientos al respecto, pero a largo plazo jugó un papel esencial en la nueva configuración de la sociedad colonial.


Para quien quiera profundizar en el tema:

Lucena Salmoral, Manuel. El derecho de coartación del esclavo en la América española. Revista de Indias, Vol. LIX, 1999.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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