Fotograma de la película The Imitation Game (2015)

En numerosas ocasiones, la historia no hace justicia a sus protagonistas. Puede que porque, pese a que fueron quienes la transformaron o participaron activamente en ella, no tuvieron la suerte de escribirla. Incluso a pesar de formar parte del supuesto «bando vencedor» (irónico término éste cuando hablamos de algo tan trágico como una guerra), sus méritos y su contribución no son reconocidos por sus contemporáneos, ya sea por prejuicios morales, raciales o de cualquier otro tipo o bien por las «exigencias del guión» en el contexto en el que les tocó vivir.

Alan_Turing_croppedUna de esas muchas historias es la que hoy os traemos, recientemente llevada a la gran pantalla en un film muy recomendable titulado The Imitation Game, y que gira en torno a la vida del famoso matemático Alan Turing, considerado hoy uno de los padres de la computación y la informática, pero que no gozó en vida del reconocimiento de su país ni de una sociedad que lo condenó al ostracismo. Este científico, que durante la Segunda Guerra Mundial llevó a cabo una intensa labor para descifrar los códigos nazis de la máquina Enigma y que elaboró uno de los primeros computadores electrónicos mientras trabajaba para el Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido, tuvo que hacer frente, sin embargo, al rechazo y la marginación por su homosexualidad, algo indecoroso e impropio para los parámetros mentales de la Inglaterra de mediados de siglo.

Ya desde su infancia, Alan se sintió fascinado por el mundo de las matemáticas, sobre todo en lo que respecta a la solución de problemas y rompecabezas de todo tipo, en los que dio muestras de su gran ingenio y capacidad. Y esta afición durante su etapa escolar, cuando conoció a Cristopher Morcom, su gran cómplice y el que sería su primer amor, con quien compartiría confidencias e inquietudes al calor de los mensajes codificados y problemas que intercambiaban entre clases en Sherborne. La inesperada muerte de éste en 1930, cuando ya estaba finalizando sus estudios, sumió a nuestro protagonista en un auténtico shock, que le hizo replantearse su condición de creyente.

Pero de sus años de estudiante quedan otras muchas anécdotas menos trágicas  y que harían de Turing un personaje singular, como la resolución de problemas matemáticos y algebraicos muy por encima del nivel de los chicos de su edad. Con apenas 16 años, y después de estudiar en profundidad los trabajos de Albert Einstein, llegó incluso a deducir algunas de las ideas del científico alemán que no estaban presentes en sus textos. Sin embargo, su inclinación hacia las ciencias y las matemáticas no fue especialmente apreciada por sus profesores, que hacían más hincapié en el estudio de los clásicos, lo que explica que suspendiese algunos de sus exámenes finales y no fuese aceptado en Trinity, la que fuera su primera opción para su formación universitaria.

En King´s College, donde finalmente ingresó, pudo especializarse en ese ámbito que tanto le maravillaba y cuyos caminos exploró de la mano de reputados profesores y especialistas de la materia, lo que a la postre le serviría para obtener la plaza de profesor en ese mismo centro en 1935. Pero su vida daría un vuelco importante pocos años después, cuando Inglaterra entra oficialmente en la Segunda Guerra Mundial, momento en que se le encomendaría la misión de descifrar los códigos secretos de comunicación de los nazis.

Su tarea no sería otra que intentar descifrar los mensajes encriptados de la máquina germana conocida como Enigma, para permitir a los aliados prever los principales ataques y movimientos de las tropas alemanas. Con este fin, se embarcó en el diseño y construcción de una máquina que pudiera jugar con todas las combinaciones posibles y, en última instancia, resolver los intrincados mensajes del bando enemigo. Un arduo trabajo que se estima que influyó notablemente en el desarrollo del conflicto gracias a la ruptura de los códigos de Enigma, lo que permitió a Gran Bretaña y a los aliados ganar mucho tiempo y adelantar en cierta medida el fin de la contienda. Pese a todo, el carácter secreto de estas operaciones impidió que el resultado de sus investigaciones saliese a la luz hasta la década de los 70.

Máquina electromecánica de cifrado rotativo similar a Enigma
Máquina electromecánica de cifrado rotativo similar a Enigma

Tras la guerra, retomaría su carrera como investigador y llevaría a cabo importantes trabajos para el Laboratorio Nacional de Física, en esta ocasión con motivo del diseño del Automatic Computer Engine, un motor de computación automática, planificado desde un poco antes por otro científico pero al que Turing propuso ciertas modificaciones y un proyecto más complejo y detallado. En 1950, esta máquina ejecutaría su primer programa informático, aunque no exactamente en la versión que éste había propuesto. Pese a todo, sus aportaciones supusieron  la gran inspiración para el modelo de fabricación de computadoras que se fabricarían posteriormente.

Por otra parte, trabajó para la Universidad de Manchester, donde como director del laboratorio de computación elaboró el software de la Manchester Mark I, además de proponer la cuestión de la inteligencia artificial a través del llamado Test de Turing, un experimento para simular mediante un programa la mente de un niño. Curiosamente, hoy se utiliza a la inversa en Internet mediante los famosos captcha, que determinan si el usuario es un ser humano o un ordenador.

Una vida de dedicación y compromiso a las matemáticas, además de importantes contribuciones a su país y al resto del mundo, pero también una vida marcada por la incomprensión y el rechazo de la sociedad. Las desavenencias que pudiera tener en su infancia con los profesores que nunca llegaron a valorar todo su talento no fueron nada en comparación con el trágico final que le depararía el destino. Acusado de «indecencia grave y perversión sexual» por las autoridades del Reino Unido, fue condenado por su homosexualidad (considerada entonces un delito en ese país que tanto presumía de libertades), y sometido a un profundo proceso judicial. Finalmente, se le ofreció la posibilidad de someterse a un tratamiento de castración química como alternativa a la prisión, pero las secuelas provocadas por este a lo largo de todo un año lo conducirían a un callejón sin salida que lo empujarían a quitarse la vida.

En 1954, una manzana con cianuro sería la causante de la muerte de Alan en extrañas circunstancias no del todo aclaradas pero que apuntan más hacia el suicidio que a la ingesta involuntaria o el asesinato que algunos propusieron. Y como la historia, como hemos dicho, es a menudo injusta, muchos años habrían de pasar para que el gobierno británico concediera el indulto al malogrado Turing, a quien el Primer Ministro Gordon Brown pidió perdón de manera póstuma en nombre del Gobierno en 2009, y cuyos delitos de «indecencia» y «perversión» no fueron indultados por la reina hasta 2013.

Fotograma de la película The Imitation Game (2015)
Fotograma de la película The Imitation Game (2015)

Hoy queremos recordar al científico y matemático, pero también al hombre que jugó un papel trascendental en el tiempo que le tocó vivir, y llamar la atención sobre el trato injusto que recibió en vida por los prejuicios y convenciones morales y sociales que tanto daño han hecho a la humanidad. Poco podemos hacer ya por el bueno de Alan, pero que su historia sirva de ejemplo y que sus esfuerzos y logros no caigan en el olvido.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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