Iván el Terrible, por Mark Antokolski (1871)

Iván el Terrible, una vida de luces y sombras

De entre todos los nombres de la historia de Rusia, la cual desgraciadamente es menos conocida de lo que quisiéramos pero no por ello menos rica y fascinante, uno de los que suele tener más eco e impacto es el de Iván IV Vasilievich, más conocido como Iván el Terrible. Considerado primer Zar y creador del Estado Ruso, este controvertido personaje se hizo con las riendas del principado de Moscú a una edad muy temprana y consiguió, a lo largo de su vida, llegar a extender su poder sobre toda Rusia e incluso más allá de sus fronteras.

Iván el Terrible, por Mark Antokolski (1871)
Iván el Terrible, por Mark Antokolski (1871)

Su historia comienza en 1533, cuando a la edad de tres años pierde a su padre, el príncipe Basilio III, heredando dicho título. Dada su corta edad, sería su madre quien se haría cargo de regentar el cargo, pero tan sólo cinco años después, esta muere en extrañas circunstancias, al parecer envenenada por los boyardos, nombre con el que se conoce a la nobleza rural rusa de la época. Siendo así, y teniendo en cuenta que el resto de su infancia la pasó confinado en el Kremlin y sometido a la crueldad y humillaciones de dichos clanes, podemos encontrar en estos momentos el origen de la permanente tensión y disputas que caracterizarían la relación del príncipe con la nobleza y la persecución que llevaría a cabo contra estos en años posteriores.

Durante su adolescencia, la vida de nuestro protagonista experimentaría una gran cambio, al atraer a un número cada vez de adeptos y apoyos ajenos al círculo de los boyardos. Poco a poco, iría ganándose el respeto de sus súbditos y alcanzando mayores cotas de poder gracias a la colaboración de personas como el obispo de Moscú, Macario, quien lo designó heredero del linaje de los césares romanes, otorgándole así una mayor legitimidad en su carrera hacia el trono. Además, conjugaría esta ascendente trayectoria política con una gran formación académica y física, mostrándose desde bien temprano como un ávido lector y un joven vigoroso según cuentan algunas crónicas.

A la altura de 1547, Iván ya es nombrado oficialmente el Zar y Príncipe de toda Rusia, y no sólo de Moscú, y contrae matrimonio con Anastasia Romanova, probablemente la más influyente (que no la única) de las ocho esposas que tuvo. En el apartado sentimental, la vida del príncipe no sería precisamente discreta, y mientras algunos de sus matrimonios acabaron con el envío de su pareja al convento, otras menos afortunadas fueron ejecutadas por uno u otro motivo. Pero sus aventuras amorosas, si bien darían para una extensa bibliografía, no son el centro de nuestra historia de hoy, por lo que volvemos a remontarnos a la época de sus primeros años de reinado.

Entre sus reformas a nivel interno, en su mayoría destinadas a limitar el consejo de los díscolos boyardos, creó un consejo integrado por la pequeña nobleza y los mercaderes, y convoca un concilio para adaptar el reorientar el rumbo de la Iglesia ortodoxa rusa hacia su proyecto político. También llevará a cabo una recopilación legal basada en compilaciones anteriores que se plasmaría en el llamado Sudébnik, en 1550. Pero una de sus actuaciones más llamativas fue la llevada a cabo en el ámbito exterior, donde sometió a los tártaros y conquistó el kanato de Kazán y Astracán entre 1552 y 1556.

Grabado que representa a un grupo de boyardos
Grabado que representa a un grupo de boyardos

Será a partir de 1560, con el fallecimiento de su esposa, cuando la personalidad del príncipe se torne aún más agresiva y psicótica, en parte agravada por los trastornos que ya desde la infancia sufrió pero también por sus propias frustraciones personales. En cualquier caso, a la pérdida de Anastasia se sumaría poco después la del obispo Macario, uno de sus principales apoyos. Desde este momento, su mirada se dirigirá hacia aquella nobleza que tantas sospechas le despertaba y a la que ahora se enfrentaría de una forma más abierta. En primer lugar, cuando ésta se niega a reconocer al hijo del zar como sucesor legítimo, y más aún cuando reclaman, con el nuevo obispo Afanasio, que Iván abdique de su trono.

Tras un amago de abandonar Moscú y marcharse al exilio, el Príncipe conseguiría despertar el fervor de las clases populares al acusar a los boyardos y el obispo de traición y ultraje hasta el punto de conseguir, finalmente, que estos acepten su regreso. La reacción posterior será aún más represiva, como podemos imaginar, y fruto de la nueva política zarista, se crea el cuerpo de los oprichnik, una especie de fuerza de seguridad que hacía a su vez de guardia personal de Iván al tiempo que sofocaba las múltiples rebeliones a las que éste tuvo que hacer frente en los diferentes puntos del vasto dominio territorial que había conseguido.

Iván el Terrible, por Iliá Repin
El asesinato de su hijo fue el episodio más traumático de su vida.

Precisamente es en estos años cuando se funde la realidad con el mito y cuando empieza a adquirir el apodo de “terrible” que lo acompañaría en la posteridad. Y es que los testimonios son tan dispares como las fuentes disponibles, de manera que resulta difícil distinguir cuáles de los episodios que se le atribuyen son ciertos. Aunque a buen seguro hubo exageraciones por parte de sus enemigos, algunos de los cuales lo acusaban de haber violado a miles de mujeres y asesinado a otros tantos niños; también existen otros datos que apuntan a su carácter implacable y feroz. Por ejemplo, el asesinato de entre 2.000 y 3.000 personas en Nóvgorod en un intento por sofocar una revuelta popular, o el homicidio de su hijo mayor en un ataque de ira. Ataques que, al parecer, fueron bastante frecuentes, no sabemos si por el uso incorrecto de ciertos medicamentos para tratar sus enfermedades o por los traumas que habían agravado su carácter ya de por sí un tanto psicótico. Tampoco podemos olvidar el hecho de que fueron muchos los boyardos que pagaron su oposición con la muerte, entre ellos los generales que lo acompañaron en sus campañas en Kazán.

Episodios como estos últimos, algunos más veraces y otros menos, son los que hicieron que pasara a la historia como una figura cruel y despiadada, aunque la profunda reforma política y legal que llevó a cabo, junto con sus éxitos militares y la configuración del poderoso estado que desembocaría en la Rusia zarista han hecho que se crease una imagen más condescendiente de él. Por todo ello, pasaría a la historia entre luces y sombras: Para algunos un desequilibrado cuyo carácter inestable desencadenó una cadena de ejecuciones y venganzas, y para otros una figura a tomar como referencia y un legislador que marcó un antes y un después. Pero más que juzgar sus actos, ni tampoco justificarlos, lo que hoy nos interesa es conocer un poco mejor la trascendencia de este personaje histórico sobre el cual, gracias al trabajo de numerosos investigadores en los últimos años, hoy podemos tener un conocimiento más veraz.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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