Divulgación

El juego azteca de los frijoles

Cuando nos adentramos en la historia de las llamadas civilizaciones precolombinas, todos aquellos pueblos e imperios que se sucedieron en América hasta la llegada de los europeos, resultan innumerables la cantidad de episodios y aspectos curiosos que nos pueden llamar la atención. Desde la llegada de Colón hasta prácticamente nuestros días, han sido objeto de fascinación tanto la historia como la religión, tradiciones y costumbres de esta heterogénea mezcla de culturas, y de entre todos esos ejemplos, hoy nos gustaría dedicar especial atención a un aspecto de su vida cotidiana y su tiempo de ocio como es el de los juegos.

Recreación del "juego de pelota"

Recreación del “juego de pelota”

Normalmente, cuando hablamos de las actividades lúdicas practicadas por los aztecas o los mayas, a muchos se nos viene a la cabeza la imagen del célebre «juego de pelota», una competición por equipos en la que el objetivo principal era conseguir puntos introduciendo una pelota por un aro colocado en la pared. Sin embargo, esta llamativa competición, en la que confluían aspectos rituales y religiosos, y cuya ferocidad y violencia hacían que resultase tan atractiva como chocante para aquellos que la conocían por primera vez, no fue la única práctica de estos pueblos.

En el caso que hoy nos ocupa, queremos centrarnos en un juego más relajado, menos violento, y que puede recordarnos mucho a alguno de los actuales juegos de mesa que forman parte de nuestras horas de diversión. Hablamos del patolli o «juego de los frijoles», del que se tiene constancia desde época de los teotihucanos (hacia el siglo III a.C.) y que fue practicado por toltecas, mayas y aztecas hasta tiempos de la llegada de los españoles.

Patolli descrito por Bernardino de Sahagún en la Historia general de las cosas de la Nueva España.

Patolli descrito por Bernardino de Sahagún en la Historia general de las cosas de la Nueva España.

Aunque resulta difícil conocer con exactitud las reglas y probablemente su procedimiento sería diferente en función de cada pueblo y civilización precolombina, podemos generalizar que se solía jugar con un tablero compuesto por casillas en forma de cruz, de manera similar al actual parchís. Además, en él se disponían una serie de fichas elaboradas con piedras de colores y se utilizaban dado fabricados con frijoles para desplazarlas durante el recorrido desde la salida hasta la «casa». Si nos fijamos detenidamente, la estructura es prácticamente idéntica a la del parchís actual y guarda muchas similitudes también con el juego de la oca, pero hay una diferencia fundamental. En el caso del patolli, de manera previa a la partida, se llevaban a cabo apuestas en las que entrarían en juego desde mantas hasta piedras preciosas, plantas y piezas de oro.

Otra curiosidad que cabría destacar es el hecho de que el tablero tuviera normalmente 52 casillas, como 52 eran los años que componían el ciclo solar utilizado por adivinos y sacerdotes en la interpretación astrológica, una práctica muy arraigada en el mundo precolombino. Teniendo en cuenta este detalle, junto con el hecho de que las fuentes lo describen como el juego de Macuilxochitl, dios de la música, la danza y las apuestas, vemos cómo a su carácter lúdico se uniría un profundo simbolismo y religiosidad. De hecho, parece ser que durante el turno de apuestas se quemaba incienso y se hacían ofrendas y plegarias a la divinidad.

Para terminar, sería interesante dejar que las palabras del cronista Bernal Díaz del Castillo nos ilustrasen el trascurso de una partida y las reglas de este juego, que él llama totoloque. En ella utilizaban «unas pelotitas muy tersas, hechas de oro […] Arrojaban estas pelotitas a alguna distancia, lo mismo que unas pequeñas planchas, hechas también de oro […] En cinco jugadas e intentos ganaban o perdían ciertas piezas de oro o ricas joyas que apostaban». Curiosamente, el mismo cronista cuenta cómo Moctezuma llega a entablar una partida con Hernán Cortés y Pedro de Alvarado y acusa a estos dos últimos de hacer trampas a la hora de contar las casillas.

Representación de una partida de Patolli con el dios Macuilxochitl presente.

Representación de una partida de Patolli con el dios Macuilxochitl presente.

En resumen, se trata de una práctica de lo más curioso que poco tiene que ver con los otros juegos y deportes más violentos que se suelen asociar a los mayas, aztecas y otros pueblos precolombinos y que pese a ser los más conocidos en la actualidad, no fueron los únicos. Además, no deja de llamar la atención cuán parecido resulta el patolli al parchís o el juego de la oca, pudiéndonos llegar a plantear si no pudo servir éste último de inspiración para el primero o viceversa. Hasta ahí no llega nuestro conocimiento del tema, pero sería interesante investigarlo para conocer un poco más del intercambio cultural que se produce cuando dos mundos tan diferentes entran en contacto.

Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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